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2012, juicio final, o la falsa revitalización del mito.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 16 de Mayo de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Fantástico | Tiempo de Lectura: 7m 13s | Leido 159 veces.

Cuando el cine se aproxima a los mitos suele polarizarse: o bien juega a la reconstrucción más o menos afortunada gracias al talento o los efectos especiales, o ambas cosas (como en el caso de Pasolini con su “Edipo, hijo de la fortuna”, o la “Furia de titanes” de Harryhausen); o bien incursiona en la exploración del mito como mentira, como el engaño que el poder o las variaciones de la cultura han imbuido en muestra vida cotidiana, como hacen “Ciudadano Kane” o “Un domingo cualquiera”; básicamente el asunto atañe a la fantasía y en pos de ella el cine (y la televisión) han buscado lejos de Occidente lo que los “otros mitos” aportan a la cultura global, a esta vertiente quiere corresponder la película “2012, juicio final”, de Nick Everhart.

Para comenzar es un relato que traslada las Edas nórdicas a Mesoamérica en un ambiente que combina la ciencia-ficción y el relato voluntariamente virado al realismo fantástico. Una serie de fenómenos climáticos trastornan al planeta tierra en la segunda década del siglo XXI: deshielos, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y extraños males que provocan el suicidio o la simple desaparición de grupos humanos. Paralelamente un grupo de arqueólogos estadounidenses busca evidencias mayas (¡?) en Veracruz tras una pieza clave para resolver qué está sucediendo con el planeta que parece adentrarse en el Ragnarokr, el ocaso de los dioses.

La película es de una sencillez engañosa, pretende unir un grupo de historias en torno al fin del mundo. Detrás de todo la trama intenta que converjan hechos basados en la especulación arqueológica con las incapacidades de la ciencia moderna. De pronto resulta que una alteración impronosticable en el sol propicia las fallas en el eje terrestre y provoca las locuras meteorológicas, pero según los arqueólogos de la película todo está previsto en el calendario maya de cuenta larga y para averiguarlo tienen que localizar un crucifijo cristiano de oro que activa las ruedas del tiempo hechas de piedra dentro de una pirámide del Tajín(¡?).

Desde luego lo primero que destaca es la incongruencia entre los datos manejados por el guionista y director Everhart y los reales: pirámides mayas en Veracruz, crucifijos cristianos que hacen funcionar mecanismos interiores en una pirámide totonaca, y eso además de que de pronto hay disparates de tiempo y distancia cuando los viajeros buscan Chichén-itzá en Veracruz o van de San Diego a Yucatán en unas cuantas horas (un viaje de algo más de dos mil kilómetros) por carretera o en avioneta pequeña, pero lo más desconcertante es que se busca presentar a los antiguos documentos de la cultura maya como depositarios de profecías capaces de salvar a la humanidad.

Sin embargo estas incoherencias se remontan a varias versiones novelescas de la arqueología americana debida a la novelería de aventuras colonialista europea, y principalmente al éxito del libro “La nave de los dioses”, de Erick Von Daniken, que propone el origen extraterrestre de las culturas antiguas no europeas, y fascinó por muchos años a las generaciones de jóvenes decepcionados de la cultura occidental que buscaban en el hippismo y en la migración mística (a veces a través de los psicotrópicos) una respuesta descartada por las premisas morales y decepcionantemente racionales del pensamiento burgués en decadencia durante los años sesenta y setenta. Lo único bueno de aquel éxito literario fue la filmación de “Centinelas del silencio”, de Robert Amram, que guarda algunas de las mejores filmaciones aéreas de zonas arqueológicas mexicanas jamás logradas.

Viene a cuento porque esa película tuvo dos versiones, la que pasó en México y la que se distribuyó internacionalmente, cuya diferencia principal estaba en la muestra de la cobertura de la tumba de Palenque en la versión “internacional” se denominaba la cabina del astronauta (proposición que hasta una tesis profesional de MIT avala señalando la cabeza del dios en que descansa el rey Pakal como un motor extraterrestre). Lo interesante de esta proposición es la búsqueda de respuestas existenciales fuera de la supuesta racionalidad que guía la cultura occidental, y claro, esta búsqueda se inclina por culturas cuya explicación resulta misteriosa para la versión anglosajona de occidente, las indígenas, cuyos conocimientos en ciencias y humanidades resultan inexplicables para la mentalidad que supone al mundo un sujeto de la voluntad de poder que guía al mundo de habla inglesa.

En este tenor es que se enlaza la Eda del Ragnarokr con lasa supuestas profecías calendáricas de los mayas, sin considerar que la factura de calendarios entre los habitantes del mazapán mexicano era sencillamente un ejercicio matemático en el que se enlazaban los hechos ya sucedidos con algunas previsiones climáticas o cósmicas destinadas a la agricultura y la vida religiosa, pero jamás se hicieron con propósitos predictivos en lo social o histórico.

El espíritu mágico de las antiguas sagas nórdicas, base de la religión vikinga, apela a cierta forma poética de premonición que permitiese el control de la población inculta de guerreros y campesinos, igual que los documentos de u pueblo imperialista como el mexica que atribuye eventos históricos a los fenómenos celestes (como la aparición del cometa de Haley que definieron como premonitorio del regreso de Quetzalcóatl y después los asociaron con la llegada de los españoles), pero entre los mayas solamente hubo algunos documentos de este tipo, como el Chilar Balam de Chumayel, que mejor eran crónicas históricas donde el intérprete en turno invocaba un devenir histórico mas bien fantástico, y este es el pretexto aparente para que Everhart inserte su trama en la película.

La cinta corresponde a determinado tipo de propaganda posmoderna que pretende desacreditar los sueños y proposiciones de la ilustración en la Edad Moderna, es parte de un conjunto de cintas no siempre fantásticas que pretenden decirnos que no todo lo que la ciencia conoce es cierto ni todo lo que sabemos cierto somos capaces de entenderlo, esto, a buen juicio, resulta convincente, pero a cambio no dan alternativas, sino sugieren que entre las materias que no conocemos bien (como el conocimiento de algunos pueblos antiguos) puede estar la respuesta a muchas preguntas que no podemos planteas bien siquiera, es así como de pronto entre la enorme cantidad de conocimientos que todavía no somos capaces de interpretar y proceden del pueblo maya podría haber respuestas si dejamos de verlos con la perspectiva actual, solo que no creo que la perspectiva mágico-religiosa se pueda llegar a un conocimiento valedero, al menos no a través del cine.
Algunas fantasías valen la pena verse. Todo lo fantástico es capaz de aportar algo a nuestro sitio en el mundo, pero hay que leerlas claramente y no dejarse llevar pos la superficie. Técnicamente podrían pasarse por alto las incongruencias de tiempo y espacio que presenta la película (como pasamos, por ejemplo las incongruencias de Jaime Humberto hermosillo cuando nos hace pasar de una calle céntrica de Aguascalientes al borde del mar en Veracruz tan solo para fincar una fantasía personal en “Las apariencias engañan”), pero esto solo sucede cuando no somos parte de la imagen que se proyecta (a ningún aquicalitense le debe haber pasado desapercibido el exceso de fantasía de Jaime Humberto), pero la visión de México y los mexicanos en la cinta de Everhart responde mejor a la ignorancia supina y cultivada de los estadounidenses que parecen creer que solamente su país tiene orden y desarrollo, y también que a falta de fe tiene que buscarse una religión, aunque sea inventada mezclando elementos de otras (como ya hicieron con la Iglesia de los santos de los últimos días), lo malo es que quien no conozca México puede tragarse la píldora, de la misma manera en que muchos se tragaron los cuentos de “La nave de los dioses”, hasta el punto de todavía buscar señales extraterrestres en las zonas arqueológicas de todo el mundo.

Filmografía:
“2012, juicio final.(2012:doomsday”). D. Nick Everhart. Con: Cliff Deyoung, Dale Midkiff, Ami Polenz. Guión: N. Everhart y Naomi L. Selfman. EUA. 2008.
“Apariencias engañan, Las”. D. Jaime Humberto Hermosillo. Con: Isela Vega, Gonzalo Vega, Manuel Ojeda, Margarita Isabel. Guión: J. H. Hermosillo. MEX. 1971.
“Centinelas del silencio”. D. Robert Amram. DOCUMENTAL, Narración: Ricardo Montalbán y Orson Welles. Guión: R. Amram. MEX/EUA. 1971.
“Ciudadano Kane”. (Citizen Kane). D. Orson Welles. Con: O. Welles, Joseph Cotten, Agnes Moorehead, Everett Sloane. Guión: Hermann J. Mankiewicz y O. Welles. EUA. 1941.
“Edipo, hijo de la fortuna”. (Oedipus rex). D Pier Paollo Pasolini. Con: Franco Citti, Silvana Mangano, Alida Vali. Guión: P. Paolo Pasolini basado en la tragedia de Sófocles. ITAL. 1967.
“Furia de titanes”. (The clash of the Titans). D. Desmond Davies. Con: Laurence Olivier, Harry Hamlin, Judy Bowker. Guión: Beverly Cross. EUA/GB. 1981.
“Un domingo cualquiera”. (Any given Sunday). D. Oliver Stone. Con: Al Pacino, Dennis Quaid, Keanu Reeves. Guión: Daniel Pyne y John Logan. EUA. 1999.

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