Fred Astaire: Alas en los pies
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 13 de Mayo de 2008 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 13m 57s | Leido 283 veces.
Es uno de los más prodigiosos bailarines que han existido. Sus vuelos y gambitos son dignos de Nijinsky; es el máximo virtuoso del ‘tip-tap’ en la época de su auge (1934-37) y una de las máximas atracciones del público por votación y taquilla en aquellos mismos años. Fred Astaire es la personificación más completa y visible del género musical en la pantalla, uno de los más importantes, perfectos y bellos que el cinema ha logrado en su corta existencia”.
Manuel Villegas López.
Según Cesar Santos Fontenla, autor del libro “El Musical Americano” y de varios ensayos en torno a ese género cinematográfico, el comediante y bailarín “Fred Astaire es, por derecho propio, y con el debido respeto a los restantes mitos del género, el nombre clave y visible del musical americano, con treinta y cinco años de presencia ininterrumpida –o casi- en el mismo”. Para agregar “A conciencia de que si todos los musicales de Astaire no fueron de igual calidad, si títulos que pueden considerarse inapelablemente como fundamentales no le tuvieron en su reparto, y realizadores que, sin lugar a dudas, constituyeron la vanguardia del género, jamás le dirigieron, el rostro de Fred Astaire es el símbolo de aquel. Y de que un símbolo no deja de ser símbolo”.
Y efectivamente Fred Astaire es todo un referente o símbolo de la comedia musical, independientemente de si nos resulta el más simpático o el más sólido de los pilares del género, pues en mi caso y solo ateniéndome a los bailarines o actores danzantes mi preferencia es hacia Gene Kelly, por algo tan circunstancial como al hecho de que comencé a ver cine a mediados de los años cincuenta, cuando resultaba más fácil encontrar películas de Kelly, cuya primera película suya que me tocó su estreno fuera “Brigadoon” (Brigadoon, 1954) al que siguió “Siempre Hay un Día Feliz” (It’s Always Fair Weather, 1955) y ya después en una matinee “Cantado Sobre la Lluvia” (Singin’ in the Rain, 1952) que fue el acabose en cuanto a tornarse uno de mis favoritos del musical, junto con Cyd Charisse, en que reparando en los motivos libidinosos para buscar los musicales, creo que la principal inductora de estos gustos fue la exhuberancia de la belleza de Cyd Charisse, antes que mi capacidad para poder distinguir entre la maestría de uno u otro bailarín; esto último lo mal aprendí con el paso de los años, lo que supe, desde un inicio, es que también era factible admirar las bellas piernas de Ann Millar, Esther Williams, Eleanor Powell, Vera Ellen, Janet Leigh y un largo etcétera que hacían placentera la visión de los musicales.
En la caso de Fred Astaire el primer musical que vi de él fue “La Francesita Apasionada” (Daddy Long Legs, 1955) con Leslie Caron como su pareja, el cual no es precisamente lo más recomendable para adentrarse en el conocimiento o la preferencia por este bailarín y comediante quién naciera el 10 de mayo de 1899 en Omaha, Nebraska, en Estados Unidos y cuyo nombre de pila era el de Frederic Austerlitz Jr. y murió de neumonía el 22 de junio de 1987, en Los Ángeles, California, Estados Unidos. Hijo de un inmigrante austriaco y católico, especialista en efectos de sonido para los teatros, mientras su madre había nacido en los Estados Unidos, cuyos padres eran alemanes luteranos y para seguir con la apertura religiosa, Fred se convirtió en episcopaliano en 1912, lo cual es simplemente una anécdota, sin la menor importancia para el desarrollo de su carrera artística, lo que si es básico es el hecho de que su madre lo inscribió, a los cuatro años de edad, en una escuela de danza, para que pudiera ser pareja de su hermana mayor Adele, quién nació el 10 de septiembre de 1896. Los hermanos Astaire actuaban ya en el vodevil en Nueva York en 1905 y lo siguieron haciendo en el teatro de revista hasta 1932, en que Adele se caso, el 9 de mayo de 1932, con el aristócrata británico Lord Charles Cavendish y decidió retirarse de la farándula para dedicarse a su familia.
Adele y Fred fueron una pareja exitosa y entre 1917 y 1932 estuvieron en los repartos de 14 comedias o revistas musicales en Broadway, aparte de realizar multitud de giras por el interior de los Estados Unidos. Algunos de sus títulos más recordados de aquella época y los cuales llegaron a servir de base, aunque fuera solo el título para varias de las películas de Fred, son, entre otros, “Lady, Be Good!”; “Funny Face”; “Simles” y “The Band Wagon” que sería la última en que actuarían juntos Adele y Fred. El bailarín todavía estaría en otra comedia musical en Nueva York que fue “Gay Divorce” llevando de pareja a Claire Luce, pero lo cierto es que Fred resintió la marcha de su hermana Adele, quién por cierto, era más popular que su hermano.
Un tanto por cambiar de aires y otro por probar suerte en otro medio Fred Astaire aceptó participar como “estrella invitada” en el film “La Bailarina” ( Dancing lady, 1933) en los números “Heigh-ho, the gang’s all here” y “Let’s go bavarian”, como comparsa de Joan Crawford. Por cierto ya es legendario y lugar común citar el reporte que sobre su aparente desastroso debut hiciera un “caza talentos” de la MGM el cual dijo:”que no podía cantar, no podía actuar y podía bailar un poco”. En su ya referido libro César Santos Fíntela después de burlarse de la “perspicacia” de los “cazatalentos” señala: “La grandeza de Astaire consiste en no ser solo el prodigioso bailarín y coreógrafo cuya categoría nadie discute, sino también un excelente cantante y un portentoso actor de comedia, y esto no sólo a partir de la madurez en que ha alternado el género musical con el que no lo es, sino desde el principio de su carrera”.
Debido a esa gran visión de sus expertos la MGM no se interesó en contratarlo de planta y se marchó a la RKO en donde encontró cobijo en una comedia musical protagonizada por nuestra compatriota Dolores del Río, Gene Raymond y Paul Raoulien, mientras el cuarto y quinto crédito correspondió a Ginger Rogers y Fred Astaire. Fue tal el éxito de la pareja Rogers y Astaire, sobre todo bailando “The Carioca” que con el paso del tiempo y en sucesivos reestrenos de “Volando a Río” (Flying down to Rio, 1933) la publicidad se ha encargado de promocionarla como una película de Ginger Rogers y Fred Astaire, mandando, prácticamente, al cajón del olvido a sus “estrellas” Dolores del Río y Gene Raymond; sin embargo vale la pena recordar que el bailable de Fred y Dolores titulado “Orchids in the moonlight”, no resulta desdeñable.
Fred Astaire venía con una fama de elegancia y donarie en la escena teatral, mientras que Ginger Rogers había participado en poco más de una docena de películas en roles secundarios, dando vida a personajes de muchachas vulgares. La química o mezcla de la elegancia de uno con la vulgaridad de la otra dio un resultado estupendo a lo largo de otros ocho títulos en la RKO y uno más en la MGM, en donde con unas ligeras variantes y cambios de escenarios, asistíamos a la historia de que el chico Astaire conoce a la chica Rogers, detestándose ambos en el primer encuentro, en la segunda ocasión al chico le comienza a gustar la muchacha, la cual se resiste a sus avances. Hay una serie de malos entendidos en el transcurso y finalmente la chica se convence de que le conviene el muchacho y se reúnen para un gran baile final, utilizando como motivo principal la ya conocida “The Carioca”, claro que en el desarrollo de la trama ha habido oportunidad de por lo menos dos bailables de la pareja, varios de ellos inolvidables, así como “solos” de cada uno de ellos que son indudablemente el motivo principal de la vigencia de estas comedias musicales, cuyos títulos son: “La Alegre Divorciada” (The Gay divorce, 1934); “Roberta” (Roberta, 1935); “Sombrero de Copa” (Top Hat, 1935); “Siga a la Flota” (Follow the fleet, 1936); “Ritmo Loco” (Swing time, 1936); “Pies de Seda” (Shall we dance, 1937); “Baila Conmigo” (Carefree, 1938) y “La Historia de Irene y Vernon Castle (The story of Vernon e Irene Castle, 1939), que junto con “Volando a Río” son las nueve producidas por la RKO. Las relaciones fuera del set entre Rogers y Astaire no eran nada cordiales, carentes del “happy end”, a pesar de todo, de sus películas, así que la Rogers que tenía ambiciones de tornarse una actriz dramática le exigió a la compañía que le pusiera en otros filmes y en 1940 protagonizó el dramón “Espejismo de Amor” (Kitty Foyle) por cuya actuación se ganó el Oscar de Mejor Actriz. En 1949 volvieron a reunirse Ginger y Fred en “La Magia de Tus Bailes” (The Barkleys of Broadway) comedia de la MGM, que debería haber protagonizado Judy Garland, pero que debido a una más de sus crisis depresivas y problemas con su adicción a los calmantes tuvo que abandonar la filmación, entrando en su reemplazo, a última hora, Ginger Rogers, dirigida por Charles Walters la comedia resulta bastante entretenida, con varios buenos momentos, pero en sentido estricto no tiene nada que ver con las otras nueve películas de la pareja, inclusive es la única rodada en brillante technicolor. Puestos a escoger entre las cintas de la pareja, en que cada una de ellas tiene por lo menos un número inolvidable, en su conjunto mis favoritas son “Sombrero de Copa” y “La Alegre Divorciada”; pero en rigor no me sorprendería que cada uno de los aficionados al musical no tenga entre sus preferidas, en una lista de quince títulos, alguno de los protagonizados por Ginger Rogers y Fred Astaire, films en que según el aserto de Katherine Hepburn: “la clase la da él y el sexo ella”.
Cuando irrumpe el sonoro la revista musical teatral estaba viviendo uno de sus grandes momentos y por ello Manuel Villegas López en su libro “Los Grandes Nombres del Cine” al referirse a Fred Astaire nos señala: “al llegar el sonoro, la comedia musical domina el cine como el gran espectáculo capaz de superar el escenario teatral. La cámara es la mirada del espectador que entra en escena para cada uno; las rampas y las pasarelas son sustituidas por ‘travellings’ atrás y adelante, las complicadas y pesadas piezas movibles, cargadas de ‘girls’, son superadas por el girar y el volar de la cámara en todas direcciones: los cuadros plásticos y los decorados no tienen limitaciones y cobran toda su dimensión y fantasía. El coreógrafo Busby Berkeley es el gran creador de la revista musical cinematográfica, sobre la renovación de lo teatral, pero también sobre su misma concepción espectacular”.
Al mismo tiempo el musical teatral había ido experimentando, desde 1925 en la búsqueda de la sencillez y el realismo, que en el cine vendrá a culminar con las aportaciones de Minnelli, Kelly y Donen en el musical en que, como dice Villegas López: “La participación del espectador en la pantalla no será ya puramente óptica, sensorial, sino psicológica, intimista. El actor, y sobre todo el bailarín, no actúan ya para la cámara, sino la cámara para el bailarín y su danza, en la que toma parte respondiendo a sus actitudes y ademanes. La cámara no sólo ‘ve’ la danza, sino que forma parte de ella. El baile se despoja de sus accesorios más espectaculares, y este espectáculo se vincula y circunscribe a la danza misma”.
“Astaire –continúa López Villegas- aparece en ese exacto punto de transición entre el gran espectáculo revisteril y la simplificación realista de la danza por sí misma. Encarna mejor que nadie el sentido intimista de la revista y la comedia musicale. Su personaje es típico y representativo de esta ambigüedad. Aún es elegante, con traje de etiqueta, sombrero de copa y bastón, o trajes blancos con reminiscencias de los brillantes atuendos de las revista clásica; pero también viste de calle, de manera realista, según el papel que represente, siempre un tanto castizo y arrabalero. El perfil humano del personaje cinematográfico ofrece esta misma duplicidad; no se sabe si es el caballero elegante, con aire de golfo, o el golfo con distinción de caballero. Siempre es simpático, confidencial, como un amigo del espectador que le cuenta sus aventuras, con su voz aflautada, quebrada. Algo de lo que constituyó el éxito de Max Linder en el cine cómico de los años cinco y diez. El gran momento en que se forja el film musical moderno es el de este gran bailarín”.
Establecido que mi relación con Fred Astaire y sus películas no fue espontánea, al tipo de la que tuve con Gene Kelly, sino que sería ya en los finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando establezco una relación profesional con el medio, al iniciar una serie de colaboraciones en revistas y periódicos, comienzo a conocer su cine a través de cine clubs, en que pude entender entonces la importancia de este extraordinario bailarín con magia en sus pies, al desplazarse con una inigualable elegancia en sus movimientos de baile, con o sin pareja, ya que varios de sus solos son dignos de una antología, mientras que en sus combinaciones con otras bailarinas, aparte de Ginger Rogers, hay que verlo danzar junto a Rita Hayworth en “Nunca Tendrás un Centavo” (You’ll never get rich, 1941) , pero sobre todo en “Bailando Nace el Amor” (You were never lovelier, 1942); con Judy Garland en “Intermezo Lírico” aunque en la televisión nos la anuncian con el título de “Desfile de Pascua” (Easter parade, 1948), en la que igualmente encontramos su “solo” “Drum Crazy”. En “La Magia de Tus Bailes” (The Barkleys of Broadway, 1949) más que su emparejamiento con Ginger Rogers, esta su “solo” “Shoes with wings on” en que baila acompañado por una docena de pares de zapatos. En cuanto a “Boda Real” (Royal wedding, 1951) más que sus momentos con Jane Powell, siempre será recordada por su número de bailar por el techo y las paredes de su cuarto en el número “You’re all the world to me”. “La Eterna Tentación” (The belle of New York, 1952) nos resulta recordable por su número “I Wanna be a dancen man” con una atractiva Vera Ellen; mi amigo José Luis Esparza, fanático del género, simplemente no me perdonaría que no mencionara como uno de sus grandes musicales “La Ceniciente en París” (Funny Face, 1957) con Audrey Hepburn su pareja, al negarse la MGM en prestarle a la Paramount a la siempre bella Cyd Charisse y precisamente con ella termino este repaso sobre las inolvidables comedias de Fred Astaire, ya que “Brindis al Amor” (The band wagon, 1953) y “Muñeca de Seda” (Silk stockings, 1957) son dos clásicos, que si no los ha visto, todavía no puede decir que se ha graduado como fanático de la comedia musical cinematográfica.
De sus participaciones en películas no musicales destacaría su actuación dramática en “La Hora Final” (On the beach, 1960) el film anti guerra nuclear de Stanley Kramer, pero sobre todo la soberbia comedia “Mi Bella Acusada” (Thed notorious landlady, 1962) dirigida por Richard Quine, compartiendo créditos con Jack Lemmon y la siempre guaperrima Kim Novak.
Fred Astaire se casó en dos ocasiones la primera el 12 de julio de 1933 con Phyllis Linvingston Potter, con la cual procreo dos hijos y se mantuvo casado con ella, hasta su muerte el 13 de septiembre de 1954. Mientras el 27 de junio de 1980 se casó con Robyn Smith, a la cual dejó viuda el 22 de junio de 1987.
En Wikpendia la enciclopedia libre en internet nos comentan acertadamente en torno al comediante: “Astaire fue un bailarín virtuoso, capaz de transmitir riesgos despreocupadamente o emociones profundas cuando se exigía. Su control técnico y sentido del ritmo fueron asombrosos; según una anécdota, era capaz, cuando era llamado de nuevo al estudio de rehacer un número de baile que había filmado hacía varias semanas para un número de efectos especiales, de reproducir la rutina con exactitud hasta el último gesto. La ejecución de una rutina de baile de Astaire era de primera por su elegancia, gracia, originalidad y precisión. Él tiró de una variedad de influencias, incluyendo claqué y otros ritmos afroamericanos, baile clásico y el estilo elevado de Vernon y Irene Castle, para crear un estilo de baile único y reconocible que influyó ampliamente el estilo “American Smooth” del baile de salón, y fijó los estándares contra los que los posteriores musicales en cine serían juzgados. Coreografió todas sus propias rutinas, normalmente con la ayuda de otros coreógrafos, principalmente Hermes Pan”.
“Su perfeccionismo fue legendario así como lo fue su modestia y consideración hacia sus artistas prójimos; sin embargo, su implacable insistencia en ensayos y nuevas tomas fue una carga para algunos. Aunque se veía a sí mismo principalmente como un artista, su consumado arte le dio la adulación de algunas leyendas del baile del siglo XX como George Balanchine, los hermanos Nicholas, Mikhail Baryshnikov, Margot Fonteyn, Bob Fosse, Gregory Hines, Gene Kelly, Rudolf Nureyev y Bill Robinson”.
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