Anthony Quinn: un largo camino al estrellato
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 25 de Abril de 2008 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 10m 29s | Leido 191 veces.
“Lo étnico no supone ninguna diferencia, soy una persona en el mundo”.
Anthony Quinn
El multifacético actor de origen mexicano Anthony Quinn, nació el 21 de abril de 1915, en la ciudad de Chihuahua, Chih. México y murió el 3 de junio de 2001, en Boston, Mass. Estados Unidos. Su padre Francisco Quinn, de origen irlandés era el hijo de una viuda, de nombre Sabina, a cuya casa llegó a trabajar Manuela Oaxaca, con sangre indígena en sus venas, a la cual sedujo el muchacho, quién a pesar de la oposición de la madre, terminó por casarse con la doncella, viéndose obligado a abandonar el hogar materno.
La familia se trasladó, primero a El Paso, Texas y más tarde emigró a Los Ángeles, California, en Estados Unidos, donde la familia paso un sinfín de penurias económicas, sobre todo a raíz de la muerte de Francisco Quinn, el 10 de enero de 1926, a consecuencia de un accidente automovilístico, dejando en la orfandad al futuro actor y su hermana menor Stella, para ese entonces la abuela paterna, de nombre Sabina, ya vivía con ellos y ejerció una enorme influencia en Anthony, quién reconocía que fue la persona que le llevó por primera vez al cine y le infundió su admiración por Antonio Moreno y Rodolfo Valentino.
Anthony se vio forzado a trabajar desde niño, en todo tipo de trabajos, conforme a su edad, o sea de bolero, repartidor de periódicos, etc. Antes que soñar con ser actor quiso ser arquitecto, acercándose al gran Frank Lloyd Wright en busca de trabajo, mostrándole sus dibujos y en la entrevista el genial arquitecto se dio cuenta de su dificultad para hablar, ya que Tony tartamudeaba ligeramente. Después de percatarse que no lo hacía por timidez, sino porque tenía un frenillo en la lengua, relata el actor en su libro de memorias “Tango de un Hombre” que Wright le señalo: “Tus dibujos están bien, pero no es suficiente ser un buen dibujante. Si deseas ser arquitecto, tienes que poder comunicar tus ideas. Tus clientes no te escucharán si tartamudeas”.
Wright le apuntó la dirección de un médico para que se operara, señalándole que no regresara hasta que hubiera corregido su defecto en el habla. Tony no le hizo caso y después de un año regreso con Wright, suponiendo que no se acordaría de su problema, el cual creía Tony que había superado. De inmediato el gran arquitecto le reconoció y lo volvió a mandar con un médico, el cual aceptó operarlo y que le fuera pagando a plazos. Como parte de la terapia y poder pronunciar correctamente entró a tomar clases de actuación con la ex actriz Katherine Hamil.
A partir de allí su vida o mejor dicho su vocación dio un giro inesperado, iniciando su carrera en grupos teatrales de aficionados, para pasar a las semi profesionales como “The Gateway Players”, donde conoció al director George Cukor, quién trató de acosarlo y seducirlo, llevándolo a cenar y tomar vino en su casa. Tony terminó por rechazarlo, provocando la ira del director.
En su citado libro nos cuenta sobre sus inicios y algunas formas de conseguir trabajo que no fueron de su agrado: “George Cukor no fue la única leyenda de Hollywood que intentó seducirme, aunque si fue el primero. Mae West pronto lo imitó y, una vez más, no supe como evitarlo o si debería. La señorita West era uno de los símbolos sexuales reinantes de la época, pero su comportamiento obsceno no incitó a mi libido más que la no tan latente homosexualidad de Cukor”.
A pesar del rechazo a tener relaciones sexuales con la actriz Mae West, esta, que era la productora de la obra de teatro, para la que supuestamente estaba haciendo una prueba Tony, terminó por contratarlo y darle un papel en la pieza “Clean Beds”, que supuestamente iba a interpretar John Barrymore, quién se negó a hacerlo por encontrar demasiados paralelismos con su vida real en el personaje.
Durante las representaciones de la obra el famoso John Barrymore fue a ver la actuación o mejor dicho la imitación que hacía Anthony Quinn del legendario actor alcohólico Barrymore, quedando gratamente impresionado por su desempeño, invitándole de inmediato a enrolarse en el “Clan Barrymore”, brindándole su amistad y ayudándole a conseguir trabajo en otras compañías teatrales, al tiempo que participaba con Barrymore y su grupo de amigos en sus juergas etílicas.
También, gracias a otro amigo, consiguió trabajo en los estudios Universal, en la película “Los Buitres del Presidio” (Parole,1936) en donde a pesar de la brevedad de su aparición, donde era ultimado en el interior de una prisión, su abuela Sabina tuvo oportunidad de verle, poco antes de su fallecimiento y vaticinarle que sería una gran estrella de cine. Pronóstico que tardó varios años en hacerse realidad, pues por más de quince años Quinn tuvo que batallar en roles secundarios, hasta conseguir llegar a encabezar un reparto.
Ese mismo años de 1936 se hizo pasar por un auténtico indio cheyenne, para poder interpretar a un jefe en el western “La Jornada Trágica” (The plainsman) de Cecil B. De Mille. Aunque se le descubrió el “truco”, terminó haciendo el papel, después de una accidentada jornada de trabajo, en que intervino en su favor Katherine De Mille, una de las hijas adoptivas del director, que hacía un pequeño rol en la película. Dos años después Anthony se casaría con Katherine, llevando una relación conflictiva y traumática con la muchacha, debido a que no llegó virgen al matrimonio. Su conducta machista la detalla en su ya mencionado libro “Tango de un Hombre”. Con Katherine estuvo casado desde el 3 de octubre de 1937, hasta su divorcio el 21 de enero de 1965, con la cual procreó cinco hijos. Sin embargo sus infidelidades fueron frecuentes, como una forma de castigarla por no haber llegado pura al matrimonio. Algunos de sus “affairs” con estrellas de Hollywood y que menciona en su libro fueron con Rita Hayworth, Maureen O’Hara y Suzan Ball, entre otras. Durante el rodaje de “Barrabas” (Barabas, 1961) se enamoró de Yolanda Addolori, su asistente de vestuario, con la cual tuvo tres hijos, dos de ellos aún antes de su divorcio formal de Katherine. Oficialmente se casó con Yolanda el 2 de enero de 1966 y se divorció el 19 de agosto de 1997, a causa de que por esas fechas ya mantenía relaciones con su secretaria Kathy Benvin, con la cual tuvo dos hijos.
Regresando a los inicios de su carrera, la relación familiar con De Mille, una de las instituciones de la Paramount, en lugar de ayudarle para conseguir buenos papeles en el estudio fue uno de los obstáculos para su desarrollo, el cual, inclusive, prácticamente lo obligó a dirigir en 1957 el remake de “El Bucanero”, siguiendo de manera precisa las indicaciones del productor, que debido a razones desalad ya no pudo empuñar el megáfono.
Debido a lo difícil de su situación en la Parmount, en cuanto termino su compromiso con el estudio, en 1939, aceptó un contrato en la Warner y más tarde en la Fox. Durante varios años fue labrándose un nombre en el cine, hasta que en 1952 el papel de Eufemio Zapata en “¡Viva Zapata! bajo la dirección de Elia Kazan, aparte de darle su primer Oscar como Mejor Actor Secundario, le abrió las puertas de Italia, en donde le llamaron para que protagonizara algunas cintas, entre ellas “Ulises” al lado de Kirk Douglas; “Atila, El Azote de Dios”, junto con Sophia Loren y “Caballería Rusticana” donde compartió créditos con Giuletta Massina, quién le presentó a su marido Federico Fellini, quién le ofreció el rol de Zampano, el hombre fuerte errante en el filme “La Strada”. Inclusive debido a que la productora no le podía pagar su salario de 25,000 dólares, le ofrecieron el 25% de las ganancias de la película como aportación, con tal de hacer el filme. Cuando su agente vio la película le dijo que sería un gran fracaso, por lo que andando urgido de dinero aceptó vender su parte de la película en 12,500 dólares, pero dejemos hablar a Quinn al respecto: “La Strada’ me transportó de actor secundario al reconocimiento internacional. También me habría convertido en hombre rico, de haber conservado mi parte de la película. No tenía idea de que la película tendría tanto impacto, incluso después de que estuvo filmada. Hice arreglos para una función especial para mi agente y varios amigos y cuando las luces se encendieron en la sala de proyección, todos se rascaban la cabeza. Nadie pudo comprenderla y estaba tan convencido de que la película sería un fracaso, que permití que mi agente vendiera mi veinticinco por ciento por doce mil dólares, convirtiendo uno de los mejores negocios de mi vida en uno de los peores”.
“La Strada” fue un éxito de taquilla cuando se estreno en los Estados Unidos en 1956, ganado varios millones de dólares, a la vez que obtuvo el Oscar de Mejor Película Extranjera de ese año y, si bien Anthony Quinn no pudo disfrutar del triunfo económico, es indudable que la obra de Fellini lo catapulto al estrellato y a ser figura internacional, pudiendo, ahora si, encabezar los repartos de producciones ambiciosas.
Anthony Quinn ganó en dos ocasiones el Oscar de Mejor actor secundario. La primera vez en 1952 por su caracterización de Eufemio Zapata, en el filme “Viva Zapata” de Elia Kazan y, en 1956 por su papel del pintor impresionista Paul Gaugin, en la biografía fílmica de Vincent Van Gogh, dirigida por Vincente Minnelli titulada “Sed de vivir” (Lust for life). Aparte fue nominado otras dos oportunidades como Mejor Actor, en 1957 por “Furia de pasiones” (Wild in the wind) y en 1964 por su celebérrimo “Zorba, el Griego”.
Su presencia viril y fuerte, así como su gran versatilidad para poder interpretar personajes de las más diversas nacionalidades, son posiblemente las características principales que le permitieron llegar a ser considerado como uno de los mejores actores de cine, durante los largos años de su carrera.
Fue indio en infinidad de veces. Español en “Sangre y Arena” “La Sangre Llama”; mexicano en “Conciencias Muertas”, Guadalcanal”, “¡Viva Zapata!” y “Los Hijos de Sánchez”. En “Regreso a Batán” general filipino. En “Simbad, el Marino” era un emir árabe. Rey de los hunos en “Atila, el Azote de Dios”. Su Quasimodo en “El Jorobado de Nuestra Señora de París”, al lado de la bellísima Gina Lollobrigida es digno de recordarse. El esquimal de “Salvajes inocentes” tampoco es para olvidarse. Su griego en “Los Cañones de Navarone” le ayudó bastante para cimentar su fama en los años sesenta. Y su Papa ruso en “Las Sandalias del Pescador”, también es de sus recordados personajes. En fin que la lista de su extenso peregrinar racial y étnico resulta largo de enumerar y detallar en una filmografía cercana a los 170 títulos, si incluimos sus películas para la televisión, pero si hay que escoger un papel que lo defina, independiente de su Zampano de “La Strada” seria su vitalista caracterización del pícaro griego Zorba en “Zorba, el Griego”, cuya imagen lo ha impuesto como una de las grandes leyendas del cine internacional.
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