“El Nacimiento de ¡Que Viva México! De Aurelio de los Reyes,
Escrito por Jesús Eduardo Martín Jáuregui | 23 de Abril de 2008 | Categorias: Cine Mexicano, Estuvo en Portada, Libros de Cine | Tiempo de Lectura: 16m 39s | Leido 370 veces.
Yo pensaba titular mi intervención como “El Nacimiento de Aurelio” pero como tuvo un percance el día de hoy del que milagrosamente salió ileso, le llamaré
“El Renacimiento de Aurelio”.

Quiero agradecer al Dr. Víctor Manuel González la invitación que me honra para participar en este acto. Reclamarle a Sergio Flores Azco contribuyente indirecto para mi presencia aquí. De Gustavo de Alba tengo que decir que desde niños hemos sido compañeritos de banca y ya lo ven…seguimos. A Uds. Amable auditorio recordarles que les brindo la oportunidad de poner en práctica una de las siete obras de misericordia: “sufrir con paciencia las flaquezas de nuestro prójimo”.
A Aurelio que tiene un corazón tan grande, tan generoso, no tengo que decirle nada, me habrá de perdonar las barrabasadas que diga.
En este libro da cuenta y razón de las vicisitudes del proyecto del extraordinario cineasta ruso Sergei Mihailovich Einsestein para filmar una película sobre un México imaginado o imaginario, a partir de un reportaje de una revista y de la relación particularmente interesante para Aguascalientes, con Anita Brenner. Proyecto frustrado en muchos sentidos pero ejemplar por muchos otros.
Después de leer El nacimiento de ¡Qué Viva México! se fraguó en mi la convicción de que para presentarlo bastaría decir:
Es un libro de Aurelio de los Reyes.
Para que agregar vana palabrería, digo, por lo que a mi toca,
Para el que sabe, decir Aurelio de lo Reyes es sinónimo de rigor metodológico, de investigación exhaustiva, de pasión por su tema, de horas y horas de trabajo, de reflexión, de acopio, selección y ordenación de los materiales, hasta lograr una obra que como un rompecabazas, una vez armado, la falta de una sola de sus piezas se nota y resalta, porque se encuentra en interdepencia recíproca con las demás.
Si el rigor académico del trabajo no tiene pero, sus introducciones tienen además la característica de ser deliciosas, porque te preparan, como una buena entrada con un buen aperitivo, abriendo el apetito para las viandas que habrán de venir. En un tono coloquial nos narra las peripecias no siempre afortunadas del investigador, pero con un dejo de humor a veces involuntario. La anécdota del costo de las copias de los documentos en Moscú, si no fuera por la obstrucción que significó en el trabajo del investigador, es chistosísima. Parece que el valor de las copias se incrementaba en razón directa del interés mostrado por el investigador. Por cierto, hace algunos años cuando Aurelio me platicó su segunda estancia en Moscú le pregunté si allá también usaba sus imprescindibles huaraches. Me dijo que sí, no obstante los muchos grados bajo cero del clima moscovita. Todo sea en aras de la investigación. No hay clima ni burócrata que pueda impedir una investigación de Aurelio.
Con la narración de sus peripecias de hecho la introducción se convierte en realidad en una pequeña obertura: el nacimiento del nacimiento de ¡Que Viva México!. Como en otras obras de Aurelio una investigación incidental o complementaria de otro proyecto mayor, empieza a crecer por si misma como en la leyenda judía del Golem. Se acuerdan, un rabino fabricaba una figurilla de barro y mediante un ritual específico y la inscripción en la frente de la figurilla de la palabra “emeth” vida, le infundía un aliento vital y el muñeco empezaba a crecer, a crecer, a crecer, hasta que el rabino valiéndose de alguna estratagema lograba borrar de la frente la grafía “E” y dejaba solamente “meth” muerte, con lo que acababa con el aquel muñecote. A Aurelio le suelen crecer sus obras infundidas por su aliento vital y su capacidad endemoniada de trabajo. Pero alguna vez tiene que ponerles el punto final. No obstante, tengo entendido que algunas siguen creciendo. Es mas este nacimiento ya anuncia la posibilidad de continuar la investigación explorando los archivos del fotógrafo Eduard Tissé y de Alexandrov, colaboradores muy cercanos de Einsestein e incluso profundizar en el análisis de las fotografías tomadas para la película para deslindar la autoría de ellas. Como ven, las investigaciones de Aurelio son como la Hidra de Lerna: donde pone un punto final surgen siete puntos suspensivos. Mientras trabaja en un proyecto, los huevecillos de otros se transforman en larvas, éstas en crisálidas y todo es cuestión de tiempo y no mucho para tener las mariposas.
Su temperamento perfeccionista le impele a cuidar el mas mínimo detalle. Sus libros suelen, ser, salvo alguna edición que él y yo sabemos, de cuyo nombre no quiero acordarme, un conjunto armónico en el que la forma se corresponde con el contenido, con el que se complementa y enriquece. Invitan a tocarse, a sentirse, la disposición visual, la composición, la selección y tratamiento de las ilustraciones, son un homenaje al buen gusto, tanto mas estimable en una época de chabacanería insulsa, cuando sufrimos como decía Jorge Luis Borges, una aparente voluntad general de aplebeyarlo todo.
Aurelio, es un obsesivo compulsivo, que digo compulsivo, ¡repulsivo!, a cualquier persona normal verlo trabajar así, causa repulsión…imáginense a un burócrata, y que conste, por aquello de las dudas y de algunos callos sensibles, que digo burócrata no como clase sino como estado de ánimo al que suelen sucumbir los servidores públicos. Llamo en mi auxilio a la lógica, en materia contingente toda generalización es falsa. Es más, yo me refería a los burócratas rusos, los mismos a los que Aurelio alude en el nacimiento del Nacimiento y que por parecerles que trabajaba rápido, “excesivamente rápido”, “se enojaron y suspendieron la consulta”, semejantes a los que luego de su tercera visita al Archivo de Moscú le dijeron “Usted trabaja mucho y todo el archivo está trabajando para usted. Por lo tanto el lunes y martes no hay servicio para usted”.
No me quisiera imaginar lo que sucedería si algún día se le ocurriera hacer una investigación en la Suprema Corte de Justicia, algún estudio sobre iconografía de la administración de justicia. ¡Qué barbaridad! Con las pachorras de la Corte, no solamente no le permitirían trabajar, ¡lo deportaban! porque si lo condenaran a trabajos forzados Aurelio, estaría feliz.
Siempre he pensado que la presentación de un libro debe ser, no un intento de explicación, ni su análisis exhaustivo, ni una reseña, sino ocasión para invitar a la lectura, para incitar a la lectura, y para intercambiar dos o tres ocurrencias
Aurelio nos cuenta como la relación de Einsestein con Anita Brenner, nacida en Aguascalientes en la época en que la gran Fundición Central funcionaba a plenitud, en particular por su obra Idolos detrás de los Altares, propició acrecentar el impulso de venir a México y vivir, ahora dicen vivenciar ¡que feo!, y vivir de cerca la emoción de un pueblo que podía reverenciar a la muerte de una forma tan singular y podía producir genios de la talla de Posada y Orozco.
Proustiana pero al revés. ¡No!, no fue el sabor de la magdalena la que provoca la recreación de una imagen del pasado, sino la mencion de Anita Brenner la que me trajo el sabor amable pero áspero del te negro acompañado de unos tallos de apio, ¡vaya combinación! En casa de Anita en La Barranca. Nadie que la viera en la calle podría pensar que tras la apariencia masculinoide y un tanto ruda se escondía una personalidad sensible. Su atuendo normal era de pantalones, camisa y botas. Gente de trabajo, gente de lucha, que tuvo que lidiar no solamente con el trabajo del campo de por sí duro, sino con la invasión de sus tierras, la insensibilidad de las autoridades, y la visión machista, mas acendrada en su tiempo. Tras un episodio judicial Anita me invitó a tomar el té, yo me pertreché con Sergio Flores, (la personalidad de Anita infundía un leve temor reverencial), y fuimos a la Cantera. La tertulia fue enriquecedora…creo.
El candor metódico de Aurelio. A la manera de René Descartes, nuestro autor se acerca a su investigación no con una duda metódica como la que gestara en La Fleche el francés, sí con pureza de ánimo. Desprovisto de prejuicios, dejando que los resultados de su investigación tomen la palabra y asumiendo el papel modesto de ser un simple expositor de sus hallazgos. Si Picasso alguna vez petulantemene dijo: “Yo no busco, encuentro”, Aurelio podría decir: “Yo encuentro lo que busco”, y para muestra hay muchos botones.
Pero despojarse de los idola, que llamaba Francis Bacon, los de la especie, los de la caverna, los del foro, los del teatro, requiere una disciplina, una conciente diposición de alerta, para no sucumbir a la tentación de la economía del pensar del monje Avenarius: reducir los nuevos conocimientos a formas conocidas.
Cita Aurelio que en la disposición argumental de Einsestein existían seis novelas, cada una de ellas dedicada a un artista: Prólogo a David Alfaro Siqueiros, Sandunga a Jean Charlot, Maguey a Diego Rivera, Fiesta a Francisco de Goya, Soldadera a José Clemente Orozco y el Epílogo a José Guadalupe Posada. ¿Por qué Goya?, ¿Sería Goitia?, no, por supuesto, seguro Icaza nuestro ilustrador de la vida campirana charra y torera, resultaba un artista menor frente a la descomunal talla de los otros. Entre las seis partes originales se encuentran dos de los 5 genios que Víctor Sandoval reconoce en México: Posada, Orozco, Sor Juana, Revueltas y Juan Rulfo. Víctor se aferra a esos aunque casi lo convenzo de que, si no como titulares, permita estar en la reserva a Juan Ruíz de Alarcón, Alfonso Reyes, David Alfaro Siqueiros y Octavio Paz.
Debo confesar un pecadillo que a mi parecer es venial. Leí de corridito hasta la página 310, hasta antes del apartado ¿Cómo se llamará la criatura?, por cierto aunque el uso ha equiparado, por una parte y casi desterrado por otra al término creatura en relación con criatura, el verbo criar hoy tiene que ver mas con alimentar y el verbo crear es mas cercano al étimo latino…producir algo que no existía… El libro como todo lo de Aurelio se deja leer, mas aún, desde las primeras líneas te convida a una lectura activa en la que compartes las cuestiones que suscitan el interés del investigador, no ofende con la traducción de citas literales por aquello que ya se sabe: Tradutore, traditore, pero las citas son arropadas con un contexto que permite captar el sentido general, fluyen naturalmente, pero no nos engañemos con la aparente facilidad con la que los datos se presentan, los documentos se citan, los vacíos se colman, las cuestiones se resuelven. Esa es la cortesía de Aurelio. Estamos frente a un trabajo de investigación académica de un investigador acucioso que no hace concesiones.
Perdón, ya andaba yo por los cerros de Úbeda. Confesaba mi pecado venial que consistió en saltarme el bautizo para llegar al epílogo y al apéndice. Me parecía superada la visión arquetípica del nombre. Otra vez Borges: “Si como piensa el griego en el Cratilo/ el nombre es arquetipo de la cosa/ en el nombre de rosa está la Rosa/ y todo el Nilo en la palabra nilo.”. La cuestión del bautizo me parecía menor. Hace unos días me habló Aurelió y le cuestioné: ¿Dónde quedó la Cristera?, ¿Cómo es posible que si la visita de Einsestein se dio a caballo entre la primera Cristiada y el Rescoldo no se perciba la presencia de esa revolución, esa sí, auténticamente popular? Aunque como diría Unamuno fuese no una guerra civil sino incivil. Aurelio pacientemente me explicó lo que leí esa misma tarde, y que ustedes encontrarán en ese apartado. La fuerte censura mexicana, igual que la censura de cualquier parte que hace suya como divisa el grito del fascista Millán Astray el Día de la Raza de 1936 en el Paraninfo Salmantino: “Muera la inteligencia”, presionó, cercenó, para que, como en los libros de historia de mi niñez la Cristera no apareciera en “Que viva México”. Terminé de leer y como el Dr. Watson tras la agudeza de Sherlock Holmes, exclamé: “Ahora lo comprendo todo”. ¡Mentira! No comprendo nada. No comprendo la censura estúpida, menos aún la autocensura. ¡Muera la censura!.
De paso, también me hizo acordarme del jueguito de los italianos que gritando a pleno pulmón Viva VERDI, ocultaban en el grito, que fungía como un acróstico, su verdadera intención: Viva Vitorio Emmanuel Rey di Italia. Así Einsestein, según Aurelio, oculta con el “Que Viva México” su homenaje a los cristeros, su repudio a la jerarquía y a la autocracia.
Me pregunto que es lo que hace que un trabajo de Aurelio pareza un trabajo de Aurelio, me parece que el mismo nos da la clave de su trabajo, utilizando el símil de la relación teatro cine, en el apartado Una Película Sincronizada de El Nacimiento. Es tan sencillo, pero quizás nunca me lo habían dicho tan claramente, la difencia fundamental está en la visión. En el teatro el espectador tiene un solo ángulo de visión, el cine es llevar el cubismo al teatro, tantos ángulos de visión como la historia o el narrador quieran. La riqueza de la exploración, el acopio de documentos, la presentación de los textos en su idioma original, el cúmulo de información que nos presenta, como quien no quiere la cosa, nos está dando los diversos ángulos del cine. De hecho Aurelio es un cineasta por escrito. Solo que en la escritura no es posible la sincronía pero su efecto se logra con el manejo maestro de la diacronía. La presentación y disposición programática del texto que tiene una interdependencia recíproca con la presentación y disposición de los conceptos que darán lugar a las imágenes que el lector recreará a partir del texto pero condicionado, que se le va a hacer, a su equipo mental, a su cultura y a su experiencia.
Por momentos el libro me recuerda un nacimiento, un nacimiento de los que se acostumbraban en Aguascalientes, se acuerdan,
hoy les llamarían instalaciones. Nacimientos que ocupaban toda la sala de la casa y en la que junto al indispensable misterio, encontrábamos pastores, borregos, reyes, plebeyos, gallinas, cerdos, charros, chinas poblanas, gitanos, y etcétera y después de etcétera el imprescindible diablo. Un nacimiento que era una alegoría de la vida, una alegoría de la historia.
El Nacimiento de Aurelio es la reconstrucción del México de los 30s. que para nuestro mal prefigura el contemporáneo: Con sus ángeles y demonios, con sus ermitaños y sus pastores, con sus agudos contrastes, con sus insuperadas contradicciones, con una injusticia endémica y una corrupción que permea todos los estratos de vida pública.
En una visión objetiva, serena, madura, crítica y enriquecedora. Ni con amargura ni con triunfalismo.
Sencillamente como el proverbio: “La yerba crece aunque la maldigamos, la flor se marchita aunque la bendigamos. Es así”.
Sencillamente como Aurelio de los Reyes.
¡Viva Aurelio! O por que no ¡Qué viva Aurelio!
Texto leído el viernes 18 de abril de 2008, en la presentación del libro “El Nacimiento de ¡Que Viva México! De Aurelio de los Reyes, en el CIELA Fraguas, de la ciudad de Aguascalientes, Ags.
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