10,000 A. C., la nostalgia de inocencia
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 14 de Abril de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Cine Norteamericano, Estrenos, Estuvo en Portada | Tiempo de Lectura: 6m 13s | Leido 382 veces.
El cine de entretenimiento ha cambiado radicalmente con las generaciones del siglo XXI; los héroes del pasado no tienen sitio alguno en las nuevas preferencias y sin embargo hacen falta en las pantallas. A lo mejor es porque la distancia entre el postmodernismo globalizador y las generaciones que todavía reconocen la soledad y el aislamiento de la masificación urbana operan, es la generación que todavía disfrutó de la fantasía de “Tarzán” sin verlo como un racista colonial (aunque no lo ignorase), que aceptó los viajes de “Turok, el guerrero de piedra”, a entrañas terrestres pobladas de dinosaurios y que ahora agradece el último capricho y plagio de Roland Emmerich: “10,000 A. C”.
La película es la clase de fantasía llena de los anacronismos e imprecisiones históricas que acarreó mala fama a la ciencia-ficción y los relatos legendarios; su mezcla de elementos sociales, humanos y naturales irreconocibles hasta el punto de hacer su existencia repulsiva a los círculos académicos (que por otra parte los relegaron a la clasificación de Kitch o “cultura de masas” con la esperanza de borrar su existencia, sin lograrlo) no solamente le han dado permanencia sino que cobra carta de naturaleza postmoderna en las generaciones del Nintendo y el Manga.
En resumen se puede considerar que la película contiene dos historias fácilmente identificables a partir del propio cine: la primera parte es un ‘remake’ complicado de “El despertar del mundo”, “Un millón de años A. C”. y “Cuando los dinosaurios dominaban la tierra”; todas ellas intentos de crónica sobre la formación de la sociedad y sus mitos; para la segunda parte el cine proporciona pocos o nulos antecedentes, salvo las adaptaciones de Rider Haggard con su “Ella” y “Ayesha”, o sus “Minas del rey Salomón”, y quizá “Conan el destructor”; pero en la literatura es más directa su parentela con Edgar Rice Burroughs y Conan Doyle; las ciudades perdidas de Opar y la Atlántida sumergida, suya llegada al cine hubiera sido demasiado costosa, y sin embargo en su trama están los naturales inocentes y primitivos confrontándose a las civilizaciones totalitarias y teocráticas que debe conquistar el héroe (Tarzàn lo hacía a bordo de un triceratops o del león Dorado conquistado en el mundo perdido de Pal-Ul Don).
Es la clase de películas que representa un sueño imposible del hombre civilizado: el regreso a la naturaleza. Es un tipo de relato fantasioso donde lo importante es confrontar el estado prístino e inocente del ser humano antes de ser corrompido por el contrato social, una valoración de la existencia humana proveniente del modernismo histórico, de las reflexiones ilustradas que buscaban entender los males del hombre (y de la mujer también) como fruto de una corrupción paulatina de la bondad innata conforme se complicó su vida en sociedad.
Desde luego la trama resulta esquemática: una comunidad de nómadas encuentra un sobreviviente de la matanza hecha por gente civilizada y de inmediato surge la profecía premonitoria sobre el abandono de la vida idílica en naturaleza, después será la aparición del héroe civilizador y la derrota de los dioses sanguinarios para que se establezca la aventura.
Conan Doyle, Rider Haggard, Rice Burroughs y hasta Robert E. Howard serían los antecedentes inmediatos para la cinta, sin embargo no hay crédito alguno para ellos en la película, pero esto no es nuevo en el cine de Emmerich, quien olímpicamente se “fusiló” “La guerra de los mundos” de Wells al realizar “Día de la independencia”, y tan tranquilo como los siete grandes estudios antes de la huelga de escritores recién terminada.
Porque finalmente [este es un problema de posmodernidad estar en contra de todo lo propuesto por los modernos y actuar en consecuencia, negar los conceptos de racionalidad y naturaleza, incluso del ser del hombre, para imponer las leyes del mercado que se dirigen a satisfacer una sociedad hastiada, irracional y masificada donde todo puede venderse con tal de que aparezca diferente y novedoso.
Lo verdaderamente nuevo en “10,000 A. C”. son los efectos de computadora, no porque su sistema de CGI aporte algo a lo existente, sino que posibilita coexistencias imposibles para el cine, mamuts y pirámides, dientes de sable y cazadores africanos, aves carnívoras gigantes y caballos árabes, blancos y negros son conflicto racial. Lo otro es el admirable sentido del tiempo y el ritmo cinematográficos de Emmerich, que en coherencia narrativa a lo que podría ser aburrido (como hizo ya con la persecución de Godzilla), que sabe alternar la acción acelerada con la nitidez visual para presentarla y no se conforma con movimientos raudos de cámara y personajes ni con los recortes y repeticiones fijos que caracterizan al Manga y al cine de oriente extremo.
Sería falaz acusar a Emmerich de hacer la trama sin fundamento de hechos, solo que sus hechos pertenecen a la esfera de la Cultura Discovery, porque cualquiera que puede adquirir este canal trasnacional (Discovery Channel), por antena o por cable, sabe que los mamuts se extinguieron cuando se construían las primeras pirámides (aunque esto pasaba a miles de kilómetros al sur de Siberia), que las pirámides ya se edificaban antes que las de Keops, Kefren y Mikerino, que el hombre cuaternario conoció al dientes de sable y a la Diatrima (el ave gigante del ataque), que el caballo fue factor de expansión esclavista, que muchos creen que los constructores de pirámides en Egipto, México, Centro y Sudamérica vinieron de otro planeta, y así, todos ellos son datos que cotidianamente nos ha dado la televisión.
A pesar de haber utilizado un estilo antropologista o de verismo afincado en las teorías de Pasolini, Emmerich no pretende explorar los orígenes del hombre, de su habla o de la civilización, mas bien trata de penetrar la coraza del mito, de explicarnos la formalidad de su relato y su trascendencia en la vida cotidiana, pero en el fondo solo realiza un cine para vender entretenimiento, para devolver a la pantalla grande el rol de completar los sueños cotidianos, de compensar al espectador dándole alternativas ante la rutina y la amargura de lo cotidiano y para eso nació el cine de espectáculo. O nó?
Filmografía:
10,000 A. C. D. Roland Emmerich. Con Steven Strait, Carmilla Belle, Cliff Curtis. Guión R. Emmerich y Harald Kloser. EUA2008.
Despertar del mundo, El, (One million BC). D. Hal Roach. Con. Víctor Mature, Carole Landis, Lon Chaney Jr. Guión: Mikel Novak y George Baker. EUA. 1940.
Ella. (She). D. Lansig C. Holden e Irving Pichel. Con: Helen Gahan, Randolph Scott, Helen Mack. Guión: Ruth Rose, basada en la novela de H. Rider Haggard. EUA. 1935.
Cuando los dinosaurios dominaban la tierra. (When dinosaurs ruled the Heart). D. Val Guest. Con, Victoria Vetri, Robin Hawdon, Patrick Allen. Guión V. Guest, basado en un relato de J. G. Ballard. GB. 1970.
Día de la independencia. (Independence Day). D. Roland Emmerich. Con: Hill Smith, Hill Pullman, Jeff Goldbloom. Guión: Dan Devlin y R., Emmerich. EUA1996.
Minas del rey salomón, Las. (King Solomon’s mines). D. Compton Bennett y Andrew Marton. Con: Stewart Granger, Deborah Kerr, Richard Carson. Guión: Helen Deutsch, basada en la novela de H, Rider Haggard. EUA1950.
Conan el destructor. (Conan the destroyer). D. Richard Fleischer. Con: Arnold Schwarzenegger, Grace Jones, Wilt Chamberlain. Guión: Roy Thomas, basado en la novela de Robert E. Howard. EUA. 1984.










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