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Cloverfield monstruo, ¿documental ficticio?

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 3 de Abril de 2008 | Categorias: Ciencia Ficción, Cine Norteamericano, Estrenos | Tiempo de Lectura: 7m 38s | Leido 233 veces.

cloverfield.jpgDocumentar es certificar; según el Diccionario de autoridades todo aquello que sirva para comprobar la verdad de un hecho es un documento, por esto es que en el cine el género documental tiene un sitio preeminente desde el nacimiento del medio, de hecho éste nace con vocación de documentar la naturaleza del movimiento, según declaró alguna vez Louis Lumière. Esto hace poner en cuestionamiento la posibilidad de existir un documental de ciencia-ficción como la película “Cloverfield Monstruo”, de Matt Reeves.

En la televisión habría muchos ejemplos de ello gracias a la existencia del Science-fiction Channel (muy poco solicitado en nuestro país) y de numerosos documentales de la Deutsche Welle acerca de los géneros fantásticos en el cine; todo este material documenta la forma en que el cine fantástico y de ciencia-ficción ha ocupado un sitio importante, aunque mal apreciado, en el desarrollo de la industria. “Cloverfield Monstruo” es el testimonio de una víctima del ataque de un monstruo más a Manhatann

Faltaría admitir la existencia de este ataque a la Gran Manzana, aunque la manera de narrar audiovisualmente por Matt Reeves podría convencernos de que el ataque es real. En términos del género no es más que otra destrucción de Nueva York por gigantes imposibles con una genealogía que va desde “King Kong” hasta el “Godzilla” de Roland Emmerich; esto forma parte de una oleada destructiva contra los grandes centros de la civilización que comenzó Harry O. Hoyt con su adaptación de “El mundo perdido”, de Conan Doyle en los años veinte, y después del corazón de la gran Albión han sido víctimas de los colosos imposibles Nueva York, Tokio, san Francisco y hasta la ciudad de México es semidestruida por “El escorpión negro” de Ray Harrihausen y Willis O’Brien.

Gracias al éxito de este tipo de cintas, cuya función catártica en masa está comprobada claramente, los efectos especiales o efectos visuales tuvieron un desarrollo extraordinario hacia la formación de un cine basado exclusivamente en ellos sin más contenido que la fantasía aparentemente libre, pero en realidad sometida a interesar en la tecnología despojada de los humano.

cloverfield11.jpgHaciendo un breve recuento de las técnicas en la película de Reeves resulta que es una de las más convincentes realizadas últimamente y sin embargo nos desconcierta como espectadores: es difícil aceptar que un aficionado maneje una cámara casera incesantemente durante una crisis, aunque una de las propuestas fílmicas más interesantes hechas por la Nouvelle Vague francesa fue justamente filmar a alguien que filma (especialmente pensando en filmadores no profesionales), como algunas veces propuso y ensayó Jean-Luc Godard; pero esta propuesta supone una duda acerca de quién y por qué hace la narración fílmica.

Inicialmente la narración de “Cloverfield…” es coherente porque toda la película está relatada en primera persona utilizando el recurso de la cámara subjetiva (también uno de los grandes éxitos de la Nouvelle Vague francesa), propuesta lograda mediante un breve prólogo en que nos enteramos de que la cinta es parte de un rescate de la cámara por el Pentágono en el sitio del desastre. Esta “cámara subjetiva” consiste en colocar la toma como si fuesen los ojos de uno de los participantes en la trama y es un recurso utilizado brevemente en tan solo algunos relatos fílmicos y hasta ahora solamente había ocupado toda la narración en una adaptación de las novelas de Mike Spillane, que alcanzó muy poco éxito y sin embargo ahora, en “Cloverfield Monstruo”, resulta increíblemente efectiva.

cloverfield-3.jpgJustamente la narración es el mejor mérito de una película realizada para simular pobreza de producción: la imagen resulta oscura la mayor parte del tiempo, el encuadre nunca es preciso sino se mueve constantemente al r8itmo de la acción que captura el camarógrafo supuestamente improvisado, y sin embrago los efectos especiales, el monstruo y sus crías, son un ejemplo de diseño y realización computarizada.

Las secuencias destructivas de la Urbe de Hierro siguen el ritmo y el carácter documental que nos han dejado tanto el cine como la televisión con respecto a la crisis del once de septiembre, de hecho el tema de la película es una sublimación de lo que vivieron los neoyorquinos con la destrucción de las Torres gemelas, pretende profundizar en qué sucedió con el ciudadano común ante la primera situación de ser víctimas de un ataque en casa, con el manejo de su pequeño grupo de clase media sorprendido por esta destrucción en medio de una fiesta, Reeves explora los sentimientos de hombres y mujeres ante lo imponderable y prepara un retrato fidedigno de la condición humana al inicio del siglo XXI .

Más que cualquiera otra cosa la película muestra el sentido gratuito del heroísmo cuando Rob Hawkins (Michael Stahl-David) decide ignorar el peligro de muestre para rescatar a su amada Jessica Lucas (Lily Ford) y en un acto Tan inútil como absurdo logra sacarla del sitio de peligro tan solo para llevarla a morir absurdamente debajo de un puente del Parque Central.

Narrada con una aceleración creciente de los hechos provoca desconcierto ver una ficción tan bien trazada en el escrito que se deforma voluntariamente para darle el tono de documento recatado del desastre, su carácter experimentador con este formato resulta una crítica marginal a la “democratización” de la cultura de la imagen, esa que en la actualidad pretende “documentarlo” todo mediante la fotografía, fija o en movimiento, haciendo del humano globalizado un turista permanente de la existencia, alguien que pasa por su propia vida sin motivo alguno para la permanencia y entonces se aferra a las imágenes como una liga con el mundo que permanece más allá de la memoria y del paso de los individuos perdidos en la multitud, y eso quede muy bien ilustrado por la cámara “cándida” de ‘Hud’ Platt (T. J. Miller) que registra todo desde el único punto de vista posible: el limitado del individuo.

Otros intentos de capturar el pánico y la angustia sufridos por los neoyorquinos el once de septiembre han quedado en frutos desconcertados ante la magnitud del hecho, así en “Torres gemelas” Oliver Stone roza apenas la superficie emocional de las víctimas, pero se pierde en la búsqueda de una explicación al heroísmo improvisado por muchos e introduce al marine Boel (Dara Coleman) que llega como avatar de un destino manifiesto y choca con los hechos brutales e inexplicables de la impredecible multitud donde oscilaron el heroísmo y el crimen al mismo tiempo. En “Cloverfield…” vemos el trayecto hacia el heroísmo marcado por las sendas del vandalismo que azota las tiendas y almacenes de Manhattan, pero tan solo son un escenario de fondo al transcurso de los héroes.
Para aproximarse a la multiplicidad de actos sin explicación de aquel día, también le tocó a Paul Greengrass, con su “Vuelo 93”, buscar la forma de exaltar el heroísmo de los pasajeros que evitaron orto ataque con su avión, pero también buscando un tono documental que no cristalizó y resultó un ridículo melodrama glorificador y patriotero. “Cloverfield…” Hace referencia lateral a ese hecho cuando sitúa a sus personajes rescatados en un helicóptero, lo que permitirá a Reeves mostrar en todo su esplendor al monstruo y la angustia de una caída inevitable desde el aire.

Queriendo ser menos injusto con las aproximaciones al 9-11, debemos reconocer el mérito de la televisión con su serie “Emergencias urbanas” que si logra un buen acercamiento al desconcierto y la decisión de los neoyorquinos ese día, y lo hace en varios episodio seguidos, con los que jamás pretende ser documental pero su equipo de guionistas y directores logra un retrato fidedigno a través del melodrama policial.

Racionalmente es difícil no tener aprecio por un experimento fílmico de la naturaleza y posibilidad de alcances como éste que ha realizado Reeves, pero infortunadamente creo que la taquilla no responderá consecuentemente bien, la película le parecerá barata y mal hecha al público normal de cine, sin embrago, vale la pena verla.

Filmografía:
Cloverfield Monstruo. (Cloverfield monster). D. Matt Reeves. Com: Lizzi Caplan, Jessica Lucas, T. J. Miller, Michael Stahl-David. Guión: Drew Goddard. EUA&RUS. 2008.
Emergencias urbanas. (Third watch). 3a. Temporada, episodio 1: En sus propias palabras. D. Christopher Chualk y Julie Hébert. Con: Cody Bell, Jason Wiles, Michael Beach. Guión: Edward Allen Bernero y John Wells. EUA. 2001.
Escorpión negro, EL. (The black Scorpion). D. Edward Ludwig. Con. Richar Denning, Mara Corday, Carlos Rivas. Guión: Robert Blees y David Duncan, basados en una idea de Willis O’Brian. EUA. 1957.
Mundo perdido, El. (The lost world). D. Harry O. Hoyt. Con: Bessie Love, Lewis Srtone, Wallace Berry. Guión: Marion Fairfax, basada en la novela de Arthur Conan Doyle. EUA. 1925.
Torres gemelas. (World Trade center). D. Oliver Stone. Con: Nicholas Cage, Marìa Bello, Connor Paolo. Guiòn: Andre Berloff, John McLoughlin, Donna McLoughlin, William Jimeno, Allison Jimeno. EUA. 2006.
Vuelo 93. (United 93). D. Paul Greengrass. Con: J. J. Johnson, Gary Commock, Polly Adams. Guión: P. Greengrass. EUA. 2006.

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