Jules Dassin, de lo sombrío del ‘film noir’ al vitalismo de “Nunca en Domingo”
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 2 de Abril de 2008 | Categorias: Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores | Tiempo de Lectura: 12m 19s | Leido 415 veces.
Hace sólo unos días dábamos cuenta de la carrera del actor Richard Widmark, quién murió el pasado 25 de marzo, destacando su actuación en “Siniestra Obsesión” (Night and the city, 1950) como Harry Fabian, un vivales de poca monta, que vive soñando en hacer el gran negocio, metiéndose a promotor de una lucha greco romana en Londres, que termina costándole la vida, al creer que podía engañar a unos miembros del crimen organizado y de las apuestas en esa ciudad, cuando nos llega la noticia de la muerte de Jules Dassin, director de dicha película, acaecida el lunes 31 de marzo, en la ciudad de Atenas, Grecia, donde vivía desde hace varias décadas.
Jules Dassin nació el 18 de diciembre de 1911, en Middletown, Connecticut, siendo uno de los ocho hijos de un barbero de origen judío, que había emigrado a Estados Unidos de su natal Rusia. Dassin se inició como actor en el llamado ARTEF (Yiddish Proletarian Theater) en Nueva York, pero sería en su faceta de director de cine, en particular de cuatro películas realizadas en Estados Unidos, enmarcadas en el “film noir” y una en Francia, como adquiere notoriedad, por su capacidad para crear una atmósfera de ambiente sombrío, acordes a sus temas, las cuales son “Entre Rejas” (Brute force, 1947); “La Ciudad Desnuda” (The naked city, 1948); “Mercado de Ladrones” (Thieves’ Highway, 1949); “Siniestra Obsesión” (Night and the city, 1950) y “Rififi entre los hombres” (Riffi, 1955).
En 1952 emigró a Europa, después de que Edward Dmytryck y Frank Tuttle lo mencionaran en sus declaraciones ante el HUAC (Comité de Actividades Antinorteamericanas), como miembro del Partido Comunista entre 1938 y 1940; aunque después de rodar en 1949 en Londres “Siniestra Obsesión”, al regresar a Estados Unidos se había refugiado en el teatro, al no ser llamado ya por Daryl Zanuck a trabajar en la Fox.
Jules Dassin, por su condición de perseguido político, encontró cierta simpatía y favoritismo de la crítica europea sobre su obra que llegó, en cierto sentido a la sobre valoración, como podría ser el caso de los “caheristas”, en contraste con la infla valoración mostrada por Andrew Sarris en su libro “El Cine Norteamericano” publicado en 1968: “Ante una carrera que linda en lo grotesco, podría decirse que es más fácil echar a un director de Hollywood que echar a Hollywood un director. La tonta conciencia social de Dassin nunca ha alcanzado a oscurecer sus pocos talentos. Después del disparejo proletarianismo de ‘He Who Must Die’ (El Que Debe Morir), las ridículas escapadas de ‘Never on Sunday’ (Nunca en Domingo) parecen más propias del desvariado director de ‘Brute Force’ (Entre Rejas) y ‘Night andthe City’ (Siniestra Obsesión). Si las obras del periodo ‘Mercourial’ de Dassin son particularmente mercuriales, tampoco tienen mucho del otro cine trasatlántico que se jacta de injertar intelectualismo europeo en la inteligencia norteamericana. Dassin sigue siendo un director vivaz en tono menor, tanto así, que hoy se nos antoja difícil explicar porqué se espero de él algo más de lo que ha sido. Como información sus películas más famosas, ‘The Naced City’ (La Ciudad Desnuda) y ‘Rififi’ (Rififi Entre los Hombres) son de las menos importantes.
A pesar de haber visto casi toda la obra de Jules Dassin, en los años cincuenta y sesenta, guardando un buen recuerdo, sobre todo de “Entre Rejas”; “La Ciudad Desnuda”; “Siniestra Obsesión”; “Riffi Entre los Hombres”; “Nunca en Domingo”; “Amor Profano” y el divertimiento de “Topkapi”, sobre todo por la actuación de Peter Ustinov, sería necesario hacer una revisión de estas y otras de sus películas, para no caer en los excesos de Sarris, pues por lo que puedo evocar de dichos filmes, estaría más bien de acuerdo con Pauline Kael cuando en su libro “Kiss Kiss Bang Bang: El Tiempo del Cine” al hablar de “Siniestra Obsesión” nos señala: “Varios años antes de filmar ‘Rififi’, Jules Dassin dirigió el ‘thriller’ ‘Siniestra Obsesión’ (Night and the city) menos rimbombante que no tuvo tanta difusión pero que, en ciertos sentidos, es superior. La terrible especialidad de Dassin –una especie de violencia reprimida que parece a punto de estallar en cualquier momento- encuentra el medio adecuado en la novela de Gerald Kersh, una compleja visión del submundo del entretenimiento londinense. El elenco anglonorteamericano está encabezado por Richard Widmark, que tiene su mejor papel en la figura de Harry Fabian, ‘el artista sin arte’, un espía con una pasión creativa por los planes fantásticos y sombríos. Las víctimas de su habilidad para la traición son Googie Withers, Francis L. Sullivan, Gene Tierney, Herbert Lom y Stanislaus Zbyszko, en el papel del viejo luchador incitado a pelaer contra Mike Mazurki. Además aparece Hugo Marlowe. Guión de Jo Esinger”.
Por su parte Alberto Abuín en “Blog de Cine”, al poder revisar
“Siniestra Obsesión” al salir en DVD en España nos comenta: “Había visto esta película hace años, y sólo recordaba que me había gustado, más algunas escenas en concreto, pero nada más. Ahora, que he podido disfrutarla por segunda vez gracias al maravilloso mundo del dvd, ha sido un verdadero placer comprobar que estamos ante una de las grandes del cine negro, ante una de las grandes de Dassin, ante una de las grandes. Un film, que además te deja un sabor de boca realmente amargo, por su dureza”.
”Dassin, ayudado por un guión ejemplar, una fotografía única, y una interpretaciones de primer nivel, narra una historia de un perdedor, que lo único que puede hacer en la vida para llegar a ser alguien es soñar. Las ilusiones que tiene es lo más cerca que estará del éxito. El film avanza con una inquietante atmósfera donde se respira todo ese aire de falsas esperanzas, de traiciones, y en la que la noche juega un papel importante. La noche es oscura, como el futuro del protagonista, mientras que el día, sólo presente en el final de la película, es algo que parece no llegar nunca, algo anhelado, su luz, su claridad, su limpieza. Junto a la noche, la ciudad, que alcanza otra dimensión en medio de las sombras nocturnas, abre sus más profundos recovecos y escondites, para que cierto tipo de personas se muevan, escondidas, como si nunca existieran. Una ciudad que Dassin retrata maravillosamente, sobre todo sus barrios bajos. El film fue rodado en escenarios naturales, por lo que el realismo en ese aspecto, es extraordinario”.
“Los actores que desfilan por todo este universon de oscuridad y maldad, son sencillamente magníficos. Para empezar, la estrella de la función, y sobre la que Dassin basa su película, Richard Widmark. Sólo él es capaz de interpretar este papel, un perdedor si un sólo rasgo de honestidad, engañando a todo el mundo, y capaz de las bajezas más rastreras a las que puede llegar el ser humano. Sus expresiones son antológicas, su cínica e hipócrita risa, inolvidable y única. El espectador es capaz de amarlo y odiarlo al mismo tiempo, de querer que lo maten, y de compadecerse de él”. El interesante comentario de Alberto es más amplio por lo que les recomiendo visitar su blog en la siguiente dirección: http://www.blogdecine.com/2006/03/24-noche-en-la-ciudad-un-grandioso-jules-dassin
En tanto los franceses R. Borde y E. Chaumeton en su libro “Panorama del Cine Negro”, se muestran ardientes panegiristas de la obra de Dassin, en particular de “Entre Rejas”; “Siniestra Obsesión”; “Mercado de Ladrones” y “Rififi Entre los Hombres”, concluyendo su amplio comentario sobre “Rififi…” en estos términos: “La película termina como es frecuente en Dassin, con una carrera desesperada por la gran ciudad. ‘Tony le Stéphanois’ agoniza al volante de su coche, mientras atraviesa el arrabal sur y la ribera izquierda. El asesino de ‘La Ciudad Desnuda’ fue muerto en el puente de Brooklyn. El sensacional neurótico de ‘Siniestra Obsesión’ encuentra una ridícula muerte huyendo a lo largo del Támesis”.
“Rififi es, pues, el único film ‘auténtico’ de la serie negra francesa. Es el punto final de un estilo. Por la calidad del relato, puede soportar la comparación con una de las obras maestras americanas (‘Mientras la Ciudad Duerme’). El pintoresquismo en lo humano está menos afianzado. César el Milanés es sólo una pálida copia del sorprendente Doc Riedenschneider, ese viejo alemán que amaba a las jovenzuelas. El gran muchacho deportivo tenía en con Huston una nostalgia simpática: volver a ver las praderas de su Kentucky natal. Aquí es un simple padre de familia. Pero Dassin ha sobrepasado a Huston en la secuencia del robo”.
Javier Coma en su “Diccionario del Cine Negro” nos comenta: “Durante el ocaso de los años cuarenta dirigió cuatro filmes que componen una importante tetralogía del cine negro. No los une sólo la personalidad del realizador: los dos primeros ‘Entre Rejas’ y ‘La Ciudad Desnuda’, fueron producciones de Mark Hellinger y ostentaron la marca de documentalismo que éste gustaba implantar por aquel entonces, a más del hálito progresista que caracterizaba a dicho productor y a los escritores que colaboraban con él; los dos siguientes ‘Mercado de Ladrones’ y ‘Siniestra Obsesión’ (terminado en octubre de 1949, aunque estrenado hasta junio de 1950), prosiguieron casi idéntica línea gracias, en parte, a estar realizados en el seno de la 20th Century Fox, una productora que había albergado films negros de índole documentalista paralelamente a las tentativas de Hellinger”.
“En consecuencia ‘Mercado de Ladrones’, film en torno a las desventuras de un camionero transportista de frutas, se rodó en diversos escenarios naturales de California, incluyendo el mercado adonde el protagonista llevaba la carga, y ‘Siniestra Obsesión’, con ambientación en un Londres sombrío, fue filmada en interiores y exteriores de esta ciudad”.
“Tras la violenta crónica de prisión en ‘Entre Rejas’, el semicoral reportaje urbano de ‘La Ciudad Desnuda’, y el drama proletario de ‘Mercado de Ladrones’, Dassin externa la nota fatalista y la escenificación lúgubre en ‘Siniestra Obsesión’, brillante ejercicio de estilo en las profundidades del cine negro. Dos estrellas de este movimiento, Richard Widmark, en el rol de un personaje que quiere abrirse camino en el submundo mediante la promoción de espectáculos de lucha grecorromana, y Gene Tierney, como cantante de club nocturno, contribuyeron a la mitificación de este film junto con el gigantesco actor secundario Mike Mazurki, aquí como el luchador The Strangler que se encargaba de asesinar al protagonista para cobrar la recompensa ofrecida por un promotor deportivo en este universo decididamente infernal”.
Pero quizás la cinta de Jules Dassin que marcó más a una generación de cinéfilos fue la vitalista “Nunca en Domingo”, que nos llevó a casi todos a comprar la música debida a Manos Hatzidakis, al tiempo que convertía en estrella a su esposa Melina Mercouri y en esta catarata de citas no me resisto a consignar la siguiente que me he encontrado en ese estupendo libro de reciente aparición de Francisco Sánchez “El Cine Nuevo del Nuevo Siglo (y otras nostalgias), pues es un buen ejemplo del impacto del cine en sus espectadores, provocando, en diferentes sitios, similares reacciones o experiencias. Nos cuenta el popular crítico mexicano “Pancho” Sánchez: “Otro que nos sorprendió una mañana de tertulia fue Jaime Casillas, que tiene fama y provecho de gente formal. Se comentaba ‘Nunca en Domingo’, la alegre y bulliciosa comedia griega en que la actriz Melina Mercouri interpreta a una encantadora puta de El Pireo, desenfadada y sin complejos de culpa (es decir, felizmente no sermoneable). De pronto,evocativo, nuestro amigo empieza a canturrear la letrilla de una de las canciones de dicha película. Con el perdón de ustedes, no la reproduzco, porque descifrar el griego está en ídem, o sea en chino”.
“No para ahí el chisme, pues el referido, ya lanzado, se pone incluso de pie y da unos pasos a la manera en que se bailaba en el filme, ondulando armoniosamente los brazos y chasqueando los dedos. Me doy cuenta que está rememorando una vivencia que es gemela a otra mía. Desplázome así en el tiempo a aquella tarde en que, con un grupo de camaradas, vi por primera vez la mencionada cinta en el cine Latino. Al término de la función, salimos eufóricos al Paseo de la Reformna. Una de las lindas muchachas que nos acompañaban, de nombre Martha Moreno (¡caray, no lo he olvidado!), nos dijo que en su casa tenía el disco con la música de la película, que sus papás iban a estar ausentes y que nos invitaba a ir con ella para seguir con la juerga. Aceptamos, claro, y fuimos. Todo fue llegar y preparar unas bebidas, luego el tocadiscos empezó a sonar e, influidos por la peli, nos pusimos a bailar un poco alocados y como Dios nos dio a entender (nunca fui bueno para eso). Voló el tiempo y, al filo de las doce de la noche, que van llegando los papás de nuestra bella anfitriona y sin miramientos nos pusieron a todos de patitas en la calle”.
“Así terminó para mí para lo que conmigo iban el memorable día que el calendario en uso establecía como el 29 de enero de 1961. Parece que fue ayer pero, ¡vaya fecha distante! ¿Se dan cuenta?: ¡ha pasado casi medio siglo de aquel acontecer! En ese entonces, Jaime y yo no nos conocíamos más nada me impide imaginar que ambos, cada quién con su grupo, coincidiéramos por obra del azar en la misma función de ‘Nunca en Domingo’, que igualmente la pasaramos bien y que luego, salmodiando alguna melodía del filme, nos fuésemos por ahí a darle vuelo a la hilacha –como diría nuestro ‘Resortes’-, aunque concedo que él y a sus amigos no los habrían corrido finalmente de ninguna parte”.
Indudablemente la más popular de sus películas, en el grueso de los espectadores, es “Nunca en Domingo”, la cual en su manera desenfadada y divertida de tomar a su Ilya (Melina Mercouri), con sus ganas de disfrutar la vida, viendo tan naturalmente su profesión, terminaba por provocar la euforia de los asistentes a sus proyecciones y en este momento a hurgar, entre mis discos de acetato, el de la película, para esta tarde, ya no postergar el transfer del mismo, pues los tocadiscos hay que utilizarlos como joyas valiosas y recurrir a los medios de reproducción modernos, al tiempo que iré al video club a buscar algún dvd con la obra de Dassin, que seguramente será “Nunca en Domingo”, pues aunque el director haya partido, su imperecedera obra ha quedado con nosotros.
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