“Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!.”
Howard Hawks
A riesgo de iniciar con un lugar común en la experiencia de la mayoría, por no decir de todos los cinéfilos que iniciamos nuestro periplo de aficionados al cine desde la infancia, que primero disfrutamos o seleccionabamos la película que queríamos ver por sus actores o actrices, después vinieron los temas y finalmente entramos en la onda de identificarlas por sus directores. Si esto es válido considero que los jóvenes, en los ya lejanos años cincuenta del siglo pasado, que gustábamos, antes que nada de las de vaqueros (con el tiempo y ya en plan de conocedores las identificamos como westerns) junto con las policiacas (idem. que con las anteriores, al caer en la influencia de los cahieristas, aprendimos a decirles muestras de “film noir”). luego venían las de aventuras, pasando por las de guerra y terminando con las comedias, teníamos entre nuestras favoritas a “Río Rojo”(Red River, 1948); “Horizontes Salvajes” (The big sky, 1952), la cual en un reciclamiento nos la presentaron como “Sangre en el Río” y, sobre todo, a “Río Bravo”, en cuanto a westerns; en lo de policíacas estaba “Al Borde del Abismo” (The big sleep, 1946), en aventuras épicas o el llamado “peplum” “Tierra de Faraones” (Land of pharaohs”, 1955) resultaba entretenida, mientras que en las matinees nos parecían harto vigente “Los que Supieron Morir” (Air Force, 1943), una de las más impactantes cintas de propaganda bélica, junto con “La Patrulla de Bataan” (Bataan, 1942) de Tay Garnett y “Aventuras en Birmania” (Objective Bruma, 1945) de Raoul Walsh, para terminar desternillándonos de risa, hasta el cansancio de nuestra quijada con “La Novia Era Él” (I was a male war bride, 1948); “Vitaminas Para el Amor” (Monkey Buisness, 1952) y “Los Caballeros las Prefieren Rubias” (Gentlemen Prefer Blondes, 1953), todas ellas, salvo las dos en que señale a su director, tienen como común denominador ser realizaciones de Howard Hawks, a las cuales nadie que las haya disfrutado, sobre todo en el momento de su estreno, le resultaron estupendas y se mantuvieron populares, a pesar de no reconocerlas como parte de la obra de un gran artista y cineasta.
Inclusive, en mi caso, ya en lo sesenta, vi en reiteradas ocasiones en Aguascalientes “Hatari” (Hatari!, 1962) sin prestar mayor atención en quién la dirigía, sino en lo estupenda y divertida que era esta historia de cazadores de animales salvajes en Africa, para venderlos a los zoológicos. Después, ya viviendo en la ciudad de México, fui a la semana de preestrenos con que se inauguró el Cine Cuitláhuac a ver “El Dorado” (El Dorado, 1967) el 26 de octubre de 1967, atraído por el hecho de ser un western protagonizado por John Wayne y Robert Mitchum, disfrutándolo tanto, que esa misma tarde me quede a verlo por segunda ocasión, encontrando de inmediato las semejanzas con mi super favorita “Río Bravo”, cayendo en la cuenta que se trataban de dos obras debidas al mismo director, a quién, a partir de allí y con la ayuda de la crítica de José de la Colina sobre “El Dorado”, publicada en el suplemento “El Heraldo Cultural”, vine a “descubrir” a Howard Hawks, reconociendo que la mayor parte de sus películas estaban entre mis favoritas, ignorante del lazo común que las unía.
Por eso cuando en 1970 apareció, en español bajo el sello de Editorial Diana, el indispensable texto para cualquier cinéfilo que quiera acercarse al conocimiento del cine estadounidense, entre 1929 y 1968, “El Cine Norteamericano” de Andrew Sarris, no me fue difícil adherirme, casi al pie de la letra con sus afirmaciones en torno al director: “Hasta hace muy poco, Howard Hawks era el menos conocido y apreciado de los directores de Hollywood, de cualquier categoría. Su nombre no aparece en los índices de Kracauer –“Theory of Film, Grierson on Documentary” (que se ocupa de muchos directores de Hollywood), ni en “The Rise of the American Film” de Lewis Jacotas, ni tampoco en las series “Penguin Film” de Roger Manvell”. “The Film Till Now” de Paul Rotha hace una breve referencia a Hawks: ‘Muy bueno en todos los terrenos; excelente en The Crowd Roars (Rugue la Multitud), Scarface (Caracortada), Ball of Fire (Bola de Fuego) y The Big Sleep (Al Borde del Abismo)’. Por el contrario Hawks había sido muy admirado en Francia desde 1932 con ‘Scarface’; en ese entonces, los años treinta y cuarenta, era más fácil ver ‘Scarface’ en París que en Nueva York. Muchos cines del recuerdo presentaban un programa doble con ‘The Public Enemy’ y ‘Little Caesar’, pero ‘Scarface’ siempre era retirada de las carteleras por los intereses Howard Hughes. Pero una vez descubierto, Hawks reveló un vigoroso estilo personal y un peculiar modo de ver el mundo. ‘Man’s Favorite Sport’ (El Deporte Predilecto del Hombre), ‘Red Line-7000’ (Rojo 7000 Peligro) y ‘El Dorado’ son quintaesencialmente hawksianas; en una película tras otra, aparecen con poquísimas variaciones, los mismos lineamientos y situaciones básicas; llámese clasicismo o rutina, lo cierto es que para un director de méritos tan poco conocidos dentro de los círculos de habla inglesa, Hawks ha logrado un sorprendente control en sus películas; ha hecho las que eran de su agrado y ha metido mano en los guiones de todas ellas. El héroe hawkasiano obra con notable eficiencia en un universo predominantemente masculino”.
“Si a los héroes de Ford los sostiene la tradición, a los de Hawks los respalda un profesionalismo distintivo. Aún durante la depresión, los personajes de Hawks tienen buenos empleos. El concepto de que a un hombre se le debe medir por su trabajo y no por su habilidad para tratar a las mujeres es la clave de la masculinidad de Hawks, en tanto que lo contrario es la clave de la feminidad de Antonioni. Mientras que la actitud de Ford hacia sus mujeres puede definirse en términos de caballerosidad, la mujer de Hawks, es una manifestación de la galantería del director”.
“Como sus héroes, Howard Hawks ha llevado una existencia precaria y ha estado durante más de 40 años en una industria traicionera pero sin tener que renunciar a su identidad personal. Es imposible poner una sola de sus películas como ejemplo definitivo de su carrera; es también muy difícil que algún día deseche la máscara del realizador comercial aunque casi parece que lo hace en ‘El Dorado’, cuando uno de sus personajes recita ‘Eldorado’ de Poe, casi como un tributo a la perceptiva crítica francesa, tanto de Poe como Hawks”.
A lo largo de su carrera, Hawks se ha adaptado a los cambios técnicos pero sin dejar un sendero resplandeciente que pudieran seguir los demás directores; llegó tarde a las películas habladas, después de que Vidor, Lubitsch, von Sternberg y Mamoulian habían ya explorado sus posibilidades; llegó tardísimo al mundo del color y a pesar de que ‘Land of the Pharaohs’ (Tierra de Faraones) es un esfuerzo decoroso, puede decirse que el mundo de la pantalla ancha no lo encantó. Su técnica es una función de su personalidad y del material con que ha resuelto trabajar. Sus escenarios, que invariablemente indican acción dentro de un breve lapso de tiempo no se prestan a amaneramientos decorativos; cuando tiene ante sí temas épicos como en ‘Red River’ (Río Rojo) y ‘Land of the Pharaohs’ divide su historia en dos cortos segmentos de tiempo, digamos de dos lustros más o menos; nunca ha usado escenas retrospectivas e incluso en el decenio de 1930 rara vez recurrió al montaje degenerativo de los periodos de tiempo. Su manera de seguir a los actores, de hacer cortes y encuadrar nunca ha llamado la atención por sí misma, lo cual no es ninguna virtud, aunque se diga lo contrario. Los críticos que sostienen que la técnica no debe llamar la atención por sí, son por lo general, críticos que no quieren dar atención a la técnica; si Hawks no se vale de la técnica como un comentario que refleja la acción, ello es porque su personalidad expresa una inteligencia pragmática, que produce hábitos de acción y no una sabiduría filosófica”.
“Hawks tiene una habilidad increíble para establecer desde el principio el estado de ánimo de la película y para sostenerlo hasta el fin. La atmósfera establecida en las tomas iniciales, envueltas en niebla , de ‘Barbary Coast’ (La reina de la ruleta/Lucha de Malditos), ‘Road to Glory’ (Camino de la Gloria) y ‘Only Angels Have Wings’ (Sólo los ángeles tienen alas) produce un hechizo que es sólo hawksiano. Las secuencias iniciales de ‘Rio Bravo’, sin palabras, presentan todos los elementos morales del filme. La toma de Wayne mirando a Martin desde arriba, con penoso desdén, dice al público todo lo que tiene que saber sobe esos dos hombres; incluso Hawks inclina la cámara para aislar su relación con el fondo y para intensificar los sentimientos recíprocos de vergüenza y frustración. Ya no vuelve a inclinar la cámara en ese filme y la intensidad inicial va menguando hasta caer en lo cómico. Eso es algo típico de la tendencia del director a apartarse de la dramaticidad y verbalización de los sentimientos que van implícitos en la acción”.
“Hawks toma la mayor parte de sus escenas colocando su cámara a la altura del ojo de un espectador de pie; por ello, hasta sus espectáculos tienen una intimidad humana que no altera con tomas de falso buen gusto con la grúa; trabaja lo más posible dentro de un encuadre, y corta sólo cuando una toma demasiado larga o un rastro demasiado complicado puede ser la causa de que el público se distraiga. Se trata de un cine limpio, directo, funcional, que es quizá el más distintivo en el cine norteamericano; ciertamente no es la última palabra en el arte de hacer películas, pero sus cualidades son más raras de lo que muchos críticos han percibido. Aún en el momento en que se exhibían, los filmes de Hawks gustaron por su profesionalismo sólido. Hawks ha trabajado con los más distinguidos camarógrafos de Hollywood: Gregg Toland, Lee Grames, James Wong Howe, Tony Gaudio, Ernest Haller, Russell Harlan y Sid Hickox. Hawks ha sido algo más que un magnífico profesional. Su técnica ha servido para expresar su credo personal de que el hombre es la medida de todas las cosas”.
“Fuera de algunas burlas sobre la persecución de rojos en ‘His Girl Friday’ (Ayuno de Amor), Hawks no ha indicado nunca sus inclinaciones políticas. El religioso lunático de ‘Twentith Centuruy’ (Esclavos de la Farsa), el fervor religioso de ‘Seargent York’ (El Sargento York) y la mordaz piedad después del hecho brutal de ‘Red River’ (Río Rojo) son todo lo que hay de religión en el mundo de Hawks. Sólo en ‘Seargente York’ no se ha ocupado de la clase muy pobre y sólo en ‘Bringing Up Baby’ (La Fiera de mi Niña) se ha ocupado de los muy ricos. Hasta donde recuerdo nunca ha habido un divorcio o un suicidio inmotivado en sus filmes. Hawks rehusó dirigir ‘Fourteen Hours’ porque desaprobaba explícitamente el tema del suicido como forma de escape neurótico. Es curioso, sin embargo, que en ‘Dawn Patrol’ (El Escuadrón de la Muerte), ‘Today We Live’ (Perjura/Hoy Vivimos), ‘Ceiling Zero’ (Águilas Heroicas) y ‘Road to Glory’ (Camino de la Gloria) haya culminaciones casi suicidas en que los personajes aceptan misiones fatales, si bien la moral no sufre detrimento porque en cada uno de esos casos el mártir se encuentra ante una obligación; no deja de ser significativo que todos esos episodios de sacrificio ocurran en películas de los años treinta, época en que las virtudes hawksianas estaban en su apogeo. Hawks, director de porciones y también de un todo unificado, ha estampado su característico punto de vista amargo de la vida en melodramas de aventuras gangsteriles y detectivescos, del Oeste, musicales y comedias de excentricidades, que es lo que mejor hacen los norteamericanos y lo que menos aprecian. Ahora que su obra ha sido cabalmente revivida y revalorizada en el mundo de habla inglesa, no tiene objeto discutir con los escasos rezagados que sostienen que su arte no es Arte. El que podamos percibir las mismas características de dirección en una gran variedad de géneros es prueba indudable de su habilidad artística; y el que podamos gozar de los diferentes géneros es prueba evidente de que el director tiene el deseo, el anhelo de divertir”.
Y es quizás ese anhelo de divertir de Hawks, antes que nada, lo que le relego en el aprecio de la mayor parte de la crítica de su tiempo, aunque los espectadores disfrutáramos (seguimos gozando) de lo lindo con las películas, de alguien que supo cumplir a plenitud con su decálogo de mandamientos de ¡no aburrir por sobre todas las cosas!.
Howard Winchester Hawks nació el 30 de mayo de 1896 en Goshen, Indiana, Estados Unidos, en el seno de una prominente familia de la localidad. Fue el primer hijo de Frank Winchester Hawks y de Helen Howard. Se dice que el día de su nacimiento el sheriff del pueblo, mató a un camorrista, que estaba alborotando en una de las cantinas del lugar. Si bien Howard no nació en los barios bajos de Goshen, supo de la violencia desde su tierna edad, como un hecho que influyó sobremanera en su forma de asumirla en su obra cinematográfica. Hawks venía de una familia de hondas raíces en los Estados Unidos, cuyos ancestros paternos arribaron al “nuevo mundo” en 1630 llegando a destacar pronto en la industria, sobre todo en la de papel, lo cual lo hace, entre los más grandes directores del cine estadounidense, cuyas carreras se iniciaron en los veinte o treinta del siglo pasado, prácticamente, el único WASP (White Anglo Saxon Prostestant: blanco, anglosajón y protestante), lo que como señala Emilio García Riera en su libro “Howard Hawks”: “explique la huella calvinista en el comportamiento de los personajes de Hawks, que no valen por lo que piensan o sienten, sino por lo que hacen, por como actúan: su virtud se prueba con su obra”.
Debido a problemas de salud de su madre, derivados de su quinto parto, la familia se mudó a Pasadena, California, donde realizó sus estudios de “high school”, para después ingresar a la Universidad Cornell a estudiar ingeniería. En unas vacaciones entabló relación con Douglas Fairbanks Sr. realizando para el actor unos bocetos para los sets, que utilizaría en una cinta que estaba rodando en locación. Al año siguiente, en 1917, colaboró con Mary Pickford en algunas labores en el rodaje de “The Little Princess”.. Ese mismo año marchó al frente en la Primera Guerra Mundial, como miembro de la Fuerza Árera, participando como piloto en misiones en Francia. Al regresar a Estados Unidos, ya no volvió a la escuela y se dedicó a piloto de carreras. Sus conocimientos de ingeniería le permitieron entrar en calidad de attrezzista en la Paramount en 1922. Después fue asistente de montaje en la Metro, para ascender a asistente de dirección, al tiempo que comienza a escribir guiones, lo que lo conduce a ser jefe del departamento de guiones de la Paramount. Pero sería William Fox, en su calidad de Presidente de Fox Film Corporetion, con el cual jugaba golf Hawks, quién le brinda, a cambio de firmar un contrato de exlusividad por varios años, la oportunidad de dirigir su primera película, a partir de un argumento de Howard titulada “The Road to Glory”. Para ese estudio dirigiría ocho películas mudas, marchándose a la First Nacional en 1930 donde dirige su primera sonora titulada “El Escuadrón de la Muerte” (The Dawn Patrol) a partir de un guión suyo. Es una película de guerra, ambientada en 1917 sobre una escuadrilla británica en misiones de combate en suelo francés. Son 32 las cintas en que aparece su crédito de director, entre 1930 y 1970 en que realiza en México “Río Lobo”.
Se retira del cine debido a problemas de arteroscleroisis, enfermedad que finalmente lo llevaría a la tumba el 26 de diciembre de 1977, aunque deja como herencia una serie de estimables películas, varias de ellas clásicas, en los diversos géneros cinematográficos en que incursionó, entre las cuales tenemos “Caracortada” y “Al Borde del Abismo” en el género políciaco. “Esclavos de la Farsa”, “La Fiera de mi niña”, “Ayuno de amor”, “La novia era él”, “Vitaminas Para el Amor” y “El Deporte Predilecto del Hombre” en comedias. “Sólo los Ángeles Tienen Alas”, “Hatari” y “Rojo 7000 Peligro” en aventuras. “Los Caballeros las Prefieren Rubias” en comedia musical. “Río Rojo”, “Horizontes Salvajes o Sangre en el Río ”; “Río Bravo” y “El Dorado” en westerns. “El Sargento York” y “Los que Supieron Morir” (Air force) en guerra. Por lo que prácticamente no hay un solo género que no haya dominado este gran director. Inclusive su “Tierra de Faraones” en que incursionó en el cine monumental o “semi histórico de la antigüedad” al estilo Cecil B. de Mille, no deja de ser una cinta que se puede disfrutar con agrado, pero en otra oportunidad retomaremos el tema de Howard Hawks, deteniéndonos en comentarios sobre cada una de sus películas que mas nos gustan de este excelente director cuya otra de sus características es su desbordante y fresco sentido del humor, por lo cual resultan bastante ágiles todas sus cintas. Al igual que su gran capacidad para resolver escenas llenas de contenido dramático y sentimental con meras miradas o gestos de sus actores sin llegar a verbalizaciones torpes, puesto que todo su cine está implícito en la acción de sus personajes, más en lo que hacen que en lo que dicen.