Juno, crecer, correr y tropezar, o el realismo crudo del siglo XXI.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Mar 13th, 2008 y archivado en Cine Norteamericano, Comedia, Estrenos. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

juno-1.jpgJuno, crecer, correr y tropezar, o el realismo crudo del siglo XXI.

La comedia contemporánea sigue el rastro más profundo trazado por los genios del cine primitivo: Chaplin, Keaton, Mae West, en cuanto que la risa surge de la categoría menos agraciada de la estética: el patetismo. Una comedia como “Juno, crecer, correr y tropezarse”, de Jason Reitman, confirma esta idea.

Estos comediantes clásicos para la cultura de la imagen establecieron una actitud ambivalente hacia sí mismos, un cierto desprecio por el dolor y la inevitabilidad de los “otros” (los ineludibles acompañantes humanos de la vida en sociedad), pero también una necesidad inmensa de entrar en contacto con ellos, la certeza de que el individuo solo tiene sentido al encontrar en el amor y la satisfacción una relación que se establece más allá de sí para confirmar el yo, lo que sucede con la respuesta que los demás le otorguen, no obstante que ésta no sea agradable.

Quizá ésta es la fuente de que la comedia del cine sea un conjunto de conflictos seriados, donde el individuo vive perpetuamente en persecución y tropieza, en un movimiento patético desde y hacia los otros que provoca equívocos constantes, desatando nuestra risa por la falla continua de contacto: nos hace reír el que toda la acción para comunicarse termine en desastre: pastelazos, caídas, persecuciones.

En el caso de “Juno”, la risa es fruto de confrontar continuamente la inocencia de la adolescente con la experiencia de una moralidad del siglo XX: la de unos padres impertérritos ante el embarazo de la hija, la del “padre”, también adolescente, que solo concede importancia al hecho por cuanto afecta su independencia; y la de los prospectos para adopción del “producto”, cuando su cómoda vida de pareja armónica (en sentido musical, literalmente) se ve amenazada por una paternidad deseada y no; y la de los espectadores que vemos rotas todas las convenciones del melodrama ante la indiferencia de la muchacha.

juno-2.jpgY no es que tenga algo en contra del melodrama, después de todo sin él no habría cine mexicano ni de América Latina, sino que tratándose de una comedia es inevitable rememorar a los clásicos, quiénes en sus mejores obras siempre tienen un trasfondo sentimental que apunta necesariamente al melodrama, pero en esta comedia lo difícil es saber de qué demonios se ríe uno, aparentemente es la fascinación de una puesta en pantalla que utiliza sabiamente los recursos del gag y de la buena actuación, pero no mucho antes de que termine de correr la historia ya esta uno preguntándose de que demonios me estoy riendo.

Porque si bien es cierto que la perspectiva de la libertad está en la individualidad separada de los traumas y la posibilidad de elegir libremente el qué y cómo hacer lo que nos venga en gana, lo cierto es que todos sabemos que la comunidad, los “otros”, inevitablemente han de limitarnos; el caso es que esta Juno es una adolescente que recuerda a la Lenina Disney de Aldus Huxley (en “Un mundo feliz”, claro), con ese desparpajo para ver el sexo como algo sencillamente utilizable pero sin esperar, temer o enfrentar consecuencias. El caso es que lo más risible es la forma en que ella llega a la decisión de permitir el nacimiento del “producto”, como una confrontación al burocratismo de las feministas que tienen la organización de ayuda, como una confirmación de que su voluntad es soberana, como la imposición de su individualidad contra cualquiera otra.

Pero la diferencia entre Juno y Lenina consiste en que la segunda tiene una sociedad hecha de tal manera que su conducta solo responde a la actitud aceptable local, mientras que Juno va descubriéndonos que esa sociedad en que vive (la nuestra, aunque esté situada en Canadá) tiene el mismo tipo de valores que predica Huxley como deseables para su mundo feliz, y que en esa realidad cercana a la nuestra, Juno es ya la encarnación del cinismo agresivo de Mae West, es también la materialización de la indiferencia emocional y la adopción de una racionalidad sin más pretensión que seguir en el mundo, mantener la inercia del entorno sin involucrarse para crear vínculos que pongan en peligro la integridad individual.

Es así como el parto jamás aparece en pantalla, hemos de suponer que fue profilácticamente correcto y se suprimió toda posibilidad de dolor o dificultad fisiológica, porque Juno queda sin mostrar emoción alguna por la criatura que fue parte de su cuerpo, lo deposita en brazos de la madre adoptiva aún estando conciente de que el destino que trazó para la criatura no estará conforme a lo delineado, puesto que la mujer y el músico se separan, tan solo nos queda un gesto perdido en toda la narración, donde adivinamos alguna clase de emoción profunda en Juno: ve con aprobación el amor con que la madre infértil acoge al “producto”, y después Juno se va a hacer música con el padre de la criatura, el director nos deja viéndolos en la calle mientras frente a ellos, por la acera, el eterno equipo de jockey pasa en su entrenamiento cotidiano.

juno-3.jpgEn suma la película “Juno, crecer, correr y tropezarse”, resulta ser un estremecedor retrato del ser humano en el siglo XXI, su propio nombre (originado en las lecturas clásicas del padre, quien parece haberlo seleccionado para emparentar con alguna clase de Zeus –como lo demuestra en su rechazo a Paulie Bleeker/Michael Cera como padre de su nieto por venir) indica ya el abandono de valores y referencias clásicas y un aislamiento cultural de una civilización que tiende a convertir al individuo en una isla donde no habiten estorbos como los sentimientos o la significación social de las relaciones humanas, nos hace reír de todo lo que provoque un conflicto interno pero sin proponer otra solución que desaparecerlos; no hay posición alguna del director o de la guionista Diablo Cody, simplemente es una exposición de hechos, una fotografía “cándida”del ser humano que estamos deviniendo en la aldea globalizada.

Juno, crecer, correr y tropezarse. (Juno). D. Jason Reitman. Con: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman. Guión: Diablo Cody. EUA/HUNG/CAN. 2007.

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1 comentario en “Juno, crecer, correr y tropezar, o el realismo crudo del siglo XXI.”

  1. zaira dice:

    se que ya tiene un poco de tiempo que salio esta peli…
    pero es un tema del que siempre se ha tenid nocion, pero en la actulidad se ha dado de manera sorprendente y triste y que muchos de los joves estan espuestos a este tipo de riesgos sin tener la verdadesra conciesa de lo que representa el cuidado, y cubrimiento de las necesidades de un tan hermoso y lo que es aún más grave el poco amor con que crecen las vidas que vienen a este mundo.

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