Maten al León: sátira a mitad del camino
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 1 de Marzo de 2008 | Categorias: Cine Mexicano, Comedia, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 7m 2s | Leido 563 veces.
La divertida novela satírica “Maten al León” de Jorge Ibargüengoitia, fue convertida por José Estrada, al trasladarla al cine, en una comedia de costumbres que jamás logra arrancar la carcajada estentórea, manteniendo siempre las risas al nivel del murmullo y dándose, la mayoría de las ocasiones, en forma asilada o desperdigada, tal y como puede constatarlo cualquier cinéfilo que reciba la señal del canal de televisión por cable “De Película”, donde pudimos verla en días pasados, pero dada la repetición constante de su acervo, pronto la veremos otra vez programada.
José Estrada realizó una adaptación fiel de la novela, lo cual la hace prosaica en el sentido literal del término: tener las características de la prosa sin su magia. Magia, representada en este caso, en gran parte, por el humor corrosivo del novelista, el cual en la película se diluye en una serie de “gags” (chistes visuales) mal terminados o, si vale la comparación taurina, mal rematados.
El director carga o matiza muy poco los caracteres satirizables de sus personajes. Lo cual se nota sobre todo en el Mariscal Belauzarán (David Reynoso), dado que este dictador está visto muy a flor de piel. En rigor no se le ridiculiza, más parece el retrato fiel de un “gorila” latinoamericano. De allí que se trata, más que nada, de una comedia costumbrista, antes que de una sátira política.
Juega también en contra de la película el híbrido lenguaje “caribeño” utilizado en forma desastrosa, dado que la mayoría de los actores lo mascullan y resulta imposible entenderles del todo. No alcanzamos a percibir el objeto de su uso, ya que si se pretendía ser realistas, debido a la influencia de los escenarios naturales de Puerto Rico, sería caer en el juego tonto de exigir en una película de “romanos” se hablara en latín. Ahora bien, si en ello se intentaba hacer más difusa la identificación de “Arepa” con México, resulta pueril ya que cualquier espectador atento percibe que “Maten al León”, está inspirada en la figura del general Alvaro Obregón y los múltiples atentados que sufrió durante su existencia. Y al final de cuentas todo este intento de hacer perder la inmediatez de la historia con nuestra realidad, van contra de la caricatura o satirización de los hechos que se pretenden narrar.
Aunque justo es reconocer que no estamos ante una deleznable comedia “Maten al León” se puede ver con cierto agrado. No todo en ella es fallido y mantiene un tono divertido a lo largo de su desarrollo. En rigor en cuanto a los resultados temáticos nos hemos encontrado con un filme mediano, cuyas pretensiones de sátira política jamás se ven colmadas por el éxito.
En el campo técnico sin llegar a ser cosa del otro mundo, los resultados son indudablemente más apreciables, sobre todo por la fotografía de Gabriel Figueroa, pues se nota que José Estrada supo controlarlo e impedir que se engolosinara con los bellos paisajes del trópico. Los escenarios naturales de Puerto Rico estuvieronb al servicio de “Maten al León”, antes que a un gratuito turismo fotográfico que para nada hubiera ayudado a la película.
En el renglón de la música el trabajo de Joaquín Gutiérrez Hereas resulta apreciable por su eficacia y buen gusto. Inclusive el momento en que los muchachos arepanos cantan el himno de Arepa, para rendirle honores al Mariscal Belauzarán se encuentran entre las secuencias más afortunadas. Aunque parece ser que la letra del himno se deba a José Estrada, quién en este caso si encontró el adecuado tono de chabacanería acorde con lo grotesco de la situación.
De las actuaciones cabe destacar la participación de Lucy Gallardo, Guillermo Orea y Martha Zamora. Enrique Lucero y Julián Pastor, a pesar de estar bien, los notamos desaprovechados por el director al no enriquecer mayormente sus personajes, que se notan “cortos”. Mientras que anodino Pereyra de Ernesto Gómez Cruz lo alarga innecesariamente, vendiendo con ello el final de “Maten al León” y la discreta actuación de Gómez Cruz, debió de convertirse mejor en la discreta aparición de Pereyra.
Pero como dice el adagio popular en “gustos se rompen géneros”, al historiador y crítico Emilio García Riera, le agradó bastante la cinta, como lo señala en su libro “Historia Documental del Cine Mexicano, Tomo 17”, en donde nos dice, entre varias cosas: “Una voz en ‘off’ que imita a la de Fortunat Baronat, antiguo narrador en castellano de cortos hollyoodenses, informa al comienzo de esta sátira política que la república (imaginaria) de Arepa está en el mar caribe, que tiene la forma de un círculo perfecto de 36 km. De diámetro y 250 mil habitantes (negros, blancos e indios guarupas), que exporta caña, tabaco y piña madura, que su capital, Puerto Alegre, tiene 125 mil habitantes, que el país se independizó después de 88 años de lucha en 1911 y que el tirano bien interpretado por David Reynoso con gran bigote y muchas medallas en el pecho es el último superviviente de la gesta independentista. En ese lugar transcurre una historia muy inspirada por realidades latinoamericanas que el talentoso y ocurrente Jorge Ibargüengoitia imaginó con buen conocimiento de causa, pero sin el estorbo de servir a una moda ideológica, y fue una fortuna que el director José Estrada, en su empresa más ambiciosa y costosa, se apegara bastante a la obra adaptada y respetara la intención del escritor. La película, llena de incidentes y detalles, con gran variedad de escenarios y muy poblada, no acierta siempre en el ritmo y en el tono, pero logra hacerse interesante y divertida, pues la guía en lo esencial el deseo de valorizar con la imagen y un sustancioso diálogo los agudos apuntes de Ibargüengoitia”.
Por su parte el escritor, muy dentro del lugar común de los autores de disgustarles sus adaptaciones hizo un amplio comentario a la cinta cuando se estreno, publicándolo en el diario Excelsior y el cual fue recopilado por Guillermo Sheridan en el libro “Autopsias Rápidas” de Editorial Vuelta, que recogía una buena cantidad de los textos semanales del guanajuatense y cuya parte final cita García Riera, en su ya citado tomo de su enciclopédica historia del cine mexicano: “En conclusión, estoy hablando de una película que tiene defectos, pero también virtudes. Casi salió bien: Tiene, eso sí, el grandísimo defecto de estar al lado opuesto de las trancas de las ‘grandes’ películas mexicanas contemporáneas. No contiene una denuncia contra Porfirio Díaz, ni pone de manifiesto las crueldades que se cometieron en algún pueblo de Chile, ni presenta tampoco la malicia de un sacerdote sádico que se parece a Díaz Ordaz”.
“El que crea que el cine es el camino fácil para los escritores se equivoca. Ahora más que nunca, me alegro de haber escrito ‘Maten al León’ como novela y no como guión. Los que hicieron la película con tantos trabajos vieron el resultado de sus esfuerzos exhibirse quince días en el cine Chapultepec y después desaparecer en la noche de la provincia y de los tiempos. Yo tengo el libro a mi lado, me quedó bien y que, afortunadamente, se sigue vendiendo igual que si no hubiera habido película”.
Si en algo tiene mucha razón Jorge Ibargüengoitia es en que ni la mejor adaptación, de un buen libro, como es el caso de la novela “Maten al León”, sustituye su lectura. Ojalá la visión de la película llevara a los espectadores jóvenes de hoy en día, a motivarse a leer la obra, que se mantiene sumamente divertida y entretenida, pues un medio no excluye al otro. Son dos formas de expresión validas dentro de sus parámetros y sus cauces. Por último, ya que citamos a Ibargüengoitia y en su texto publicado en 1976 hace referencias a cuatro cintas que tuvieron una amplia repercusión en esos años, por los que omite sus títulos, creo que en aras de las nuevas generaciones se vale que los ponga en este comentario. La denuncia contra Porifirio Díaz es “El Principio” y “Longitud de Guerra”, ambas de Gonzalo Martínez. La represión en un pueblo chileno es “Actas de Marusia” de Miguel Littin y lo del sacerdote (Enrique Lucero) con parecido intencional a Gustavo Díaz Ordaz es “Canoa” de Felipe Cazals.
Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código