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Cerca de la piratería en el cine.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 28 de Febrero de 2008 | Categorias: Cine de Siempre en DVD, Testimonios | Tiempo de Lectura: 6m 48s | Leido 357 veces.

piratas-1.jpgEncontrar películas que valgan la pena en la cartelera o en el mercado de grabaciones resulta toda una hazaña; los estrenos de importancia llegan tarde a las salas y a disco mucho después; o se recurre a las copias llamadas “piratas”. El mercado globalizado de cine ha masificado la oferta de obras de todos los orígenes culturales y temáticos hasta el punto de hacer imposible estar al día en la actualidad fílmica a menos que se dedique la totalidad del tiempo vital a ver y localizar películas.

En el caso de poder mantener el vicio del cine todavía hay muchos problemas: en primer lugar un sistema de exhibición que retira rápidamente las películas de cartelera cuando no cubren un mínimo de ingreso a taquilla que reponga la inversión inicial, lo que se traduce en muy pocas oportunidades para verlas en pantalla mayor, además la práctica de no hacer “segunda corrida”, como era antes en nuestro país (donde además había una tercera oportunidad en las salas de barrio o de pueblos pequeños) o puede optar uno por las salas universitarias y cineclubes, pero esta opción es paupérrima puesto que solamente instituciones mayores como la UNAM o la Autónoma de Guadalajara mantienen la práctica con regularidad.

Hay otra opción: desplazarse a los maratónicos festivales en Morelia, Puebla, Guanajuato, Guadalajara o la ciudad de México, pero aquí el reto es mayor en vista de la cantidad y simultaneidad en proyección y películas involucradas en ellos (250 cintas para mes y medio de festival tan solo en el FICCO del DF), así pues vivencial y económicamente resulta muy difícil estar al tanto de cuanto pasa en cine.

Claro que nos quedan los discos, que junto a los nuevos reproductores caseros de imagen están dando a las películas el estatus de los libros en la sociedad posmoderna; sin embargo parece repetirse el fenómeno de los inicios de la industria editorial, cuando el costo de los libros impresos fue mucho menos al de los manuscritos, pero todavía así el precio de los volúmenes (y de los discos hoy día) queda fuera del acceso a la mayoría.

piratas-2.jpgDesde luego el mercado es elástico por definición y en pocos años el precio de los discos ha bajado hasta nivel de formar un bien de consumo clásico para el ingreso medio, especialmente desde que el negocio de alquiler se vino abajo por su inoportunidad en ofrecer títulos de estreno y su escaso surtido en películas tradicionales o clásicas, a más de que algunos negocios ofrecían (y ofrecen) copias censuradas con el pretexto de que están destinadas al ámbito familiar.

Hacia principios de los años noventa aparecieron los “quemadores” de discos a precio razonable y rápidamente creció el negocio de copiar películas en disco compacto (CD) y venderlas baratas. En ese momento gran cantidad de colecciones particulares, formadas con celuloides de 8, 16 y hasta 35 milímetros, o desde cintas magnéticas en BETA, VHS y SVHS, comenzaron a dotar el mercado con copias no registradas de películas de todas las épocas, géneros y nacionalidades. Fue el principio de muchas “videotecas” particulares y un negocio con gran futuro.

Pronto las grabaciones pasaron a hacerse en DVD y a mejorar la calidad y oportunidad de las ventas, especialmente porque los estrenos comenzaron a llegar antes de que siquiera fuesen anunciados, aunque la calidad de las copias no siempre era aceptable (se continuó una práctica de grabarlas en pantalla en su exhibición para censura –sí, en gobernación- y con frecuencia presentaban desenfoques, fallas de sonido, o sombras que se atravesaban entre la pantalla y la cámara: que se colocaba según las enseñanzas de la Academia estadounidense al principio de la entrega de Oscares hace dos años), pero es oportuna, por lo que pululan esas copias y puede uno estar enterado antes que nadie, siempre y cuando se arriesgue a la compra de “piratería” .
Esto obliga a una reflexión acerca de lo que es la piratería y su trascendencia: desde luego es un robo al bolsillo de los cineastas, según lo contempla la legislación, pero resulta que ningún cineasta recibe lo justo por su obra porque todo pasa a través de las distribuidoras fílmicas, de hecho ni siquiera al fisco se le roba porque esta actividad jamás ha sido controlada por él y como parte de la iniciativa privada solo se puede condenar la venta pública, porque la adquisición de las copias parece estar encubierta por las instituciones en vista del procedimiento regular de copia en procesos de censura oficial (perdón, de “supervisión”), así pues que el daño no afecta directa ni indirectamente a los cineastas, quienes tendían menos público si no fuera por las copias piratas, ya que, en el caso de los mexicanos, sus películas a veces ni siquiera llegan a las salas pero si se pueden comprar en puestos ambulantes o en los centros de grabación y distribución (léase Tepito, a pesar de las continuas campañas de destrucción de discos).

Por otra parte las copias “oportunas” no se quedan en la calidad mediocre que tiene a veces para salir con premura, los copistas piratas consiguen copias en DVD y elaboran mejor su producto para los que no tienen prisa por ser los primeros, y son de verdadera calidad, a mucho menor precio que las que llegan al mercado normal, que, por otra parte, tampoco son confiables.

En el mercado de cine las tiendas especializadas tiene generalmente un surtido que corresponde a pié juntillas con los catálogos de las compañías distribuidoras, que, entre paréntesis, jamás está actualizado más allá de los ejemplares más taquilleros y algunas colecciones hechas en los EUA por especialistas (la MGM, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, y otras), no tienen más catálogo que las películas exhibidas en el último periodo estacional o, cuando mucho, el transcurso del último año; por esta razón las empresas representadas en el país apenas si cubren las necesidades de un mercado creciente, aunque por la Internet es posible acceder a los proveedores extranjeros (de EUA e Inglaterra, principalmente) a precios altos y en moneda extranjera (dólares o euros), con la incertidumbre de recibir el producto adquirido electrónicamente, aunque este mercado si nos da acceso a todo el panorama del cine mundial (o casi), y la oportunidad de verdaderamente darle a las películas grabadas el estatus de los libros.

En el mercado regular de México existen también opciones para conseguir clásicos en tiendas de autoservicio, incluso algunas cintas difíciles como La tiendita de los Horrores o la Penny serenade de Cary Grant e Irene Dunne, también piezas extrañas como La noche de los muertos vivientes, pero el costo es alto: su precio es casi el de los discos piratas, pero las copias son infumables extracciones de televisión dobladas a un español no siempre coherente, y lo que es peor, cortadas por razones jamás claras para quien las mira, de hecho representan una franquicia que firma como DIGIVIEW ENTERTAINMENT, y que resulta ser una compañía de piratería asiática, pero a estas copias nadie les pone objeción, se distribuyen “legalmente” en tiendas de origen estadounidense donde nunca entra la policía federal, a menos que vaya a hacer su mandado, y, por esto debemos suponer que no infringe las leyes de derechos de autor ni lesiona a la industria, pero eso sí, tiene el aval oficial para que compremos porquerías seleccionadas por empresas que las mutilan en el nombre de la sagrada moral de la familia y ni quien diga nada.

Por esto es que he necesitado reflexionar sobre la piratería, porque la palabra hace desmerecer el sentido de los antiguos asaltantes de los mares, que después de todo fueron héroes de sus naciones y de los infantes que ven sus películas y leen las narraciones románticas de ellos, mientras que la actividad pirata resulta tan solo un encubrimiento burdo de prácticas oficiales de control mercantil que son fallidas y hasta absurdas, pero van en contra del amor por el cine que nos hace conseguir estas cintas porque ahí si se encuentran clásicos o porque sencillamente son más baratas.

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