Mongol, una antropología del Khan.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 19 de Febrero de 2008 | Categorias: Epico, Estrenos, Otros países | Tiempo de Lectura: 4m 13s | Leido 271 veces.
Para muchos aficionados a la vida fue crucial leer El conquistador de Mongolia, de Harold Lamb, en los años en que termina la niñez y comienza la juventud; las hazañas de Temujín sosteniéndose por días en un solo pié o uniendo los clanes dispersos en la estepa y el desierto para derrotar finalmente al pueblo de la Gran Muralla, fueron tanto estremecedoras cuanto inspiradoras para tener una visión del mundo más interesante y menos circunscrita a las fronteras del barrio, el pueblo o la patria; pero sobre todo eran una puerta al exotismo, algo así pasa con la cinta rusa “Mongol”, de Sergei Bodrov.
Toda aquella espectacularidad de tomar lo legendario para hacer una lectura interesante se volvió decepción cuando Dick Powell llevó a la pantalla grande El conquistador de Mongolia” con John Wayne en el papel del Khan y Pedro Armendáriz como su lugarteniente Jamuga; ni el mejor maquillista de Hollywood habría podido convencernos de que el rostro de india vieja de Wayne podía parecer el de un mongólico (aunque su mentalidad política así fuera), en cuanto a Armendáriz estaba demasiado identificado con lo exótico (María Candelaria, La perla, etc.) como para no ser más que otro personaje en su carrera.
Desde luego el personaje del Gengis ha sido tratado muchas veces en la pantalla, pero algunas vale la pena recordarlas por señeras o por pésimas, aunque algunas se convirtieron en punto memorable de la historia del cine y del humanismo del medio, como cuando Orson Welles encarna al líder mongol en “La rosa negra”, con el nombre de Bayán, con la que el actor-director hizo una encarnación genial del mongol acompañado del Marco Polo(?) inglés de Tyrone Power(Walter de Gurnie, en la cinta), ya que a pesar de todos los subterfugios fílmicos y de Hollywood la presencia del líder de las estepas cristalizó en un excelente retrato de la voluntad de poder y la imaginación estratégica personalizadas por un Welles asiático solo por ser ya universal.
La cinta de Bodorov plantea la historia en términos de cine étnico, explora la vida cotidiana de las hordas esteparias como un documentalista más, siguiendo a pie juntillas, aunque en color, los pasos de Flaherty en cintas como “Nanouk el esquimal”. Con esta visión semi-documental, Bodorov encuentra parra nosotros un mito reducido a la humanidad que admira el hombre occidental en los “salvajes inocentes”; para acentuar esta visión el director hace que la película sea hablada en lengua mogola, pero sus diálogos llegan a nosotros a través de la narración en ruso (y desde luego, con subtítulos para nosotros) y con todo el ruso se muestra fascinado por el personaje y sus motivaciones.
Aunque muy de lejos de la ruta dramática de Lamb, Bodorov muestra la vocación epopéyica en la segunda mitad de la película, justo antes de que el conquistador emprenda su campaña contra los constructores de la Gran Muralla, tendrá que someter a las tribus dispersas y entonces aúna la gloriosidad del genio militar (una cabalgata de “inmortales”, o su equivalente mongol) con el despliegue de fuerzas de la naturaleza (la tormenta eléctrica de las estepas, brillantemente lograda con ayuda de la computadora) para hacer confluir la voluntad de poder y el designio sobrehumano en la entronización del guerrero mítico, cuya historia posterior es archisabida.
Por esto es importante ver con nuevos ojos a esta película que recurre al formato del cine documental para presentar un personaje histórico. Al parecer, es una forma de señalarnos al público que es historia y no lo es, porque no pertenece a nuestra tradición occidental, es un asunto exótico puesto que es de origen extraño, extranjero, según señala el diccionario de autoridades; para asegurar esto aún más al encararlo como un documento referido a una cultura cuyos detalles han de recogerse cuidadosamente para entender el proceder de los personajes, afirma todavía más su exterioridad puesto que así demuestra que todavía no es o no puede ser aceptado como parte del acervo “patrio” de la historia, es exótico porque aún no ha sido asimilado a nuestra forma de ser y ver el mundo, y desde luego esto podría ser solamente un ejercicio de romanticismo, como el hecho por Lamb y otros autores respecto de la narrativa épica, pero al parecer deberemos considerarlo mejor como una muestra de separatidad voluntaria por parte de Bodorov respecto de la cultura occidental, una cierta forma de racismo que explicaría mejor el por qué los estadounidenses seleccionaron esta película para competir por el Oscar a mejor película extranjera mientras que el amor en los tiempos del cólera forma parte de la producción “nacional” en inglés, aunque sea parte de un autor señero del español.
“Mongol” Монгол/Mongol, 2007 (Rusia) Dir. Sergi Bodrov. Con Tadanobu Asano, Ying Bai, Aliya.
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