King Vidor: Maestro en el cine mudo y el sonoro

Escrito por on feb 8th, 2008 y archivado en Biofilmografias, Cine Mudo, Directores. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

kingvidor-1.jpgEl 23 de octubre de 1927 se proyectó por primera vez la cinta “El Cantante de Jazz” de Alan Crossland, la cual marca el inicio de la era del cine sonoro, pero sería el director King Vidor, quien nació el 8 de febrero de 1894, en Galveston, Texas, en Estados Unidos, quién pondría los cimientos o mejor dicho usaría y mostraría las potencialidades artísticas del sonoro, en su ya famosa cinta “Aleluya” (Hallelujah), realizada en 1929. También fue la primera cinta importante con negros de actores principales y un tema alrededor de ellos.

King Vidor toda su vida estuvo, prácticamente, ligado al cine, pues aunque pertenecía a una familia acomodada, ya desde los diez años, trabajaba durante sus vacaciones escolares de portero en el primer cine de Galveston, en donde según cuenta en su libro autobiográfico “A Tree is a Tree” (Un árbol es un árbol), la primera película que vio en su vida fue “Un Viaje a la Luna” de George Meliés. Dicha actividad de portero le dio la oportunidad de ver cientos de películas, las cuales veía repetidas veces, estudiando concienzudamente la técnica de la realización de cada uno de los directores.

kingvidor-2.jpgSe le considera el director que más tiempo ha trabajado en el cine, ya que su primera cinta data de 1913 y la última fue un corte metraje que realizó en 1980, dos años antes de su muerte acaecida el 1 de noviembre de 1982.

Influenciado por su experiencia de espectador, King Vidor, consideró siempre el trabajo de un director como un oficio, como un trabajador, antes que un artista, aunque él llegará a ser un gran artista. Para Vidor primero estuvo el aprender el “cómo” y después el “qué decir”. Todas sus obras denotan un gran dominio de la técnica cinematográfica. Pero King Vidor no es sólo un excelente técnico, sino como decimos líneas arriba, también es un gran artista del celuloide, siempre preocupado por el contenido de las historias que filmó.

El historiador Lewis Jacobs en su indispensable libro para conocer sobre el cine estadounidense en sus primeros años de 1896 a 1939, titulado “La Azarosa Historia del Cine Americano”, cuya primera edición en inglés data de 1939, con el título original de “The Rise of the American Film” nos señala: “King Vidor es un eminente director no sólo por sus brillantes realizaciones y la profundidad de sus criterios estéticos, sino también por una cierta sinceridad y un peculiar punto de vista que han elevado muchas veces sus filmes por encima del nivel medio y le han situado entre los directores más importantes desde los últimos años del mudo, cuando las principales figuras de la pantalla americana eran Von Stroheim, Sjöström y Lubitsch. Su compromiso social, en una actitud dispuesta siempre a incorporar ideas avanzadas, y su fe en la honestidad y el realismo le han llevado muchas veces al éxito, en los últimos quince años, después de largos intervalos como director de películas comerciales. Cuando los esfuerzos de Vidor se han basado en sus convicciones, los resultados han sido particularmente buenos; en el caso contrario, sus películas se han caracterizado por un estilo cinematográfico de nivel notable. Su última obra ‘La Ciudadela’ (The citadle) le ha confirmado una vez más como director que aún no ha realizado su obra maestra, pero que por la seriedad de su perspectiva social seguirá contándose entre los principales de su época”.

kingvidor-3.jpg“Antes de convertirse en director célebre, Vidor fue agente de publicidad, escritor, operador y ayudante de dirección. Este aprendizaje en tan diversas actividades le ha dado un profundo conocimiento práctico del medio. Como director, demuestra un estilo seguro y una considerable maestría, y cuando ha realizado temas auténticamente humanos, su estilo se personaliza de manera especial. En sus mejores películas hay que destacar una cuidada utilización de los recursos del medio, una peculiar habilidad para el tratamiento realista del material manejado y una matizada sensibilidad para la caracterización de personajes”.

Desde un principio, Vidor ha creído en la importancia social del cine. Sus primeros y oscuros filmes de los años veinte se iluminaban ya con este elemento y a él se deben la mayor parte de los escasos filmes realistas sobre el hombre y sus luchas, durante el diluvio de películas ‘picantes’ y de jazz de la posguerra”

kingvidor-4.jpgDurante su etapa de director en la época del cine mudo, su constante afán es el cristalizar filmes realistas y si de alguna manera podemos considerar a Frank Capra como el director de las expectativas o sueños del americano medio, King Vidor hará la contraparte a Capra, al presentarnos la realidad de ese americano medio con sus temores y dificultades para alcanzar sus ideales. Filmes como “El Gran Desfile” (The big parade, 1925) o “El Caballero del Amor” (Bardlys the magnificent, 1926), pero sobre todo en “La Multitud” o “El Mundo Marcha” (The crowd, 1928), nos ofrece la pintura perfecta del típico muchacho americano emprendedor y optimista, buscando siempre el éxito fácil. Mientras otros directores utilizaban ese arquetipo para realizar comedias bobaliconas, con finales felices, King Vidor hace una tragedia premonitoria, en tanto que al año siguiente, en 1929, sobrevendría el gran crak financiero. La película gustó poco cuando se estrenó en Estados Unidos, precisamente porque mostraba una realidad, que los americanos se negaban a ver, deslumbrados por el espejismo del auge económico de los años veintes.

Jacobs nos comenta en su citado texto: “El Mundo Marcha’ era la irónica historia de una pareja de pequeños burgueses que aspiraba al amor, al matrimonio y a una felicidad sencilla, y todas sus ilusiones se frustraban en su lucha por la existencia. El tema del film se oponía abiertamente a todas las convenciones de Hollywood y el desarrollo de la trama contrataba crudamente con las ideas generalizadas de la ‘Coolidge propserty’, pues Vidor describía en su film la dura realidad del paro de los negocios mezquinos, los sueños imposibles, la opresión del individuo que trata de sobresalir de la mas y las múltiples desilusiones que van hundiendo a la persona en la ciénega de un sistema que le ahoga”.

Por su parte, el francés, Georges Sadoul en su “Historia del Cine Mundial” nos comenta: “El ejemplo del cine europeo inclinó a algunos directores norteamericanos hacia filmes en que el arte se anteponía al comercio. Algunos lograron esos fines. La víspera del cine hablado fue marcada por la revelación de nuevos talentos, que empezaron a hacer posible –en cierta medida- el relevo de los iniciadores”.

kingvidor-5-arbol.jpg“El prestigio que le había granjeado ‘The Big Parade’ autorizó a King Vidor a elegir su asunto para ‘The Crowd’ y pudo dirigir sin presiones un guión que había escrito en colaboración con J.V. Weaver y Harry Ben. Su héroe fue un modesto empleado que trataba irrisoriamente de elevarse por encima de su posición, y después volvía a caer en la mediocridad de un grano de arena perdido entre la multitud”.

“La influencia de la escuela alemana, más que la de Ströheim, apareció en los desfiles de rascacielos, de oficinas uniformes, en la marcha simbólica, a contracorriente, de un hombre que intenta conmover a una masa ciega; en la última imagen, Vidor presentaba al público, como un espejo, un circo en que centenares de espectadores eran sacudidos por una risa frenética y estúpida. El estilo era naturalista: fue el único film en que se vieron en las salas de baño ciertos accesorios íntimos. Lo que no impidió que la obra se dejara ir con frecuencia a un simbolismo declamatorio. Este film desigual manifestaba un pesimismo absoluto, que desesperaba de la sociedad y del individuo, al que presentaba cobarde, trivial, mediocre. La profesión de fe tuvo, como la de otros films negros, el valor de una confesión”.

kingvidor-6.jpgEn relación a la importancia de “Aleluya” como primera película sonora de Vidor, Lewis Jacobs señala: “Como muchos otros directores, el sonido y el diálogo le abrieron amplias posibilidades, le proporcionaron nuevos estímulos. Con su primera obra hablada ‘Aleluya’, clasificado en el referéndum de ‘The Film Daily’ como uno de los diez mejores filmes de 1929, Vidor demostró e nuevo su capacidad de excelente director. Se arriesgó a realizar una película de ambiente negro, con un reparto completo de actores negros, lo que ya era un acontecimiento históricamente importante en el cine. A pesar de lo sorprendente que pueda parecer para la industria cinematográfica, no lo fue tanto si se piensa que uno de los mayores éxitos de Broadway era entonces ‘Porgy’, espectáculo íntegramente interpretado por negros. Vidor realizó ‘Aleluya’ intuyendo en la nueva forma sonora una gran oportunidad para incluir música y canciones. Comprendió en seguida que el sonido debía emplearse imaginativamente, antes que con un criterio demasiado realista o literario. En muchas entrevistas aparecidas en la prensa, declaró que trataba de grabar los ruidos según ciertos esquemas formales, usando un fondo sonoro con una finalidad expresiva. Mantenía que había mucho que aprender de los dibujos animados, que él admiraba profundamente. Al mismo tiempo, Vidor manifestaba su intención de adaptar a la pantalla los principios y orientaciones resultantes de las obras de artistas modernos como Léger, Picasso, Matisse y De Chirico. Subrayó que los pintores obtenían extraordinarios efectos de la deformación y que se podía hacer lo mismo en cine, pues, como le gustaba añadir, la forma hollywoodiana de hacer cine no era necesariamente la única posible. Cuando realizó ‘Aleluya’ dijo que le interesaba primordialmente mostrar al negro del Sur tal y como era. El resultado, sin embargo, no respondía a sus intenciones, pues el film resultó melodramático y plagado de todas las ideas convencionales del blanco sobre el negro, cantante de espirituales y jugador de dados. Pero a pesar de sus insuficiencias de carácter sociológico, la técnica del film demostraba la presencia de un director inteligente. Utilizando la experiencia adquirida en el mudo, Vidor empleó con eficacia los efectos sonoros y reducía el diálogo al mínimo. Procuró sortear las servidumbres del micrófono y mantuvo la supremacía de la cámara (cediendo sorprendentemente en las escenas cantadas). En una época en que la mayoría de los directores tenían ideas confusas sobre las relaciones entre la acción y el sonido, Vidor concibió su película de forma que el movimiento estaba absolutamente integrado en el sonido. De ahí que el film ofreciera mayor fluidez de la habitual en aquella época”.
“Aleluya” no tuvo éxito de público, pero la crítica llamó la atención sobre ella, al abrir o mostrar con sus experimentaciones con el manejo del sonido, un campo por el cual otros directores seguirían buscando el desarrollo la película audiovisual, al mostrar que se podían filmar o darles a las escenas un ritmo o ‘tempo’, al que Vidor solía llamar de “música silenciosa”, por la cadencia que le imprimía a sus secuencias.
kingvidor-7.jpg Cabe hacer notar que su filmografía, en cuanto largometrajes, abarca 54 títulos de los cuales 26 pertenecen a la etapa el cine mudo, lo cual significa que salvo dos o tres de ellas, como “El Gran Desfile” y “La Multitud” es posible apreciarlas en exhibiciones especiales de ciclos en filmotecas, de allí la necesidad de recurrir a referencias, como las de Lewis Jacobs, quién las vio en el momento de su estreno, para aquilatar la importancia de King Vidor, en la historia del cine norteamericano, ya que de las 28 sonoras, la mayoría de ellas son obras de encargo, en que solo hay muestras aisladas de su enorme talento, que hace valida la afirmación de Andrew Sarris en su libro “El Cine Norteamericano” al decirnos: “King Vidor es un director de antología; ha creado más grandes momentos y menos grandes películas que cualquier otro director de su talla. El suyo es un talento desusadamente intuitivo, que se basa poco en la teoría. Los clásicos de su periodo humanístico –‘The Big Parade’ (El Gran Desfile), ‘The Crowd’ (La Multitud), ‘Hallelujah! (Aleluya)- son tan irregulares y tan impresionantes como los clásicos de su delirante periodo moderno –‘Duel in the Sun’ (Duelo al Sol), ‘The Fountainhead’ (Uno Contra Todos), ‘Ruby Gentry’ (La Furia del Deseo)”.
A reserva de referirnos en otra ocasión con mayor amplitud a varias de sus interesantes obras del cine sonoro, que son las que conocemos, aparte de las ya mencionadas en la cita de Sarris, considero que “Armas Prohibidas” (Billy the Kid, 1930) con el cual intentó una desmistificación del oeste, a través de la visión romántica del bandido generoso, es digna de revisarse. “El Campeón” (The Champ, 1932) con todo y su lastre sentimentaloide nos ofrece unas excelentes actuaciones de Wallace Beary y Jackie Cooper. Hay que asomarnos a la magnífica “El Pan Nuestro de Cada Día” (Our daily bread, 1933) en el cual retoma a sus personajes principales de “La Multitud” y los lleva, ya sin empleo, al campo donde esa pareja, al igual que miles de otras en ese tiempo, en Estados Unidos, buscaban en ámbito rural iniciar una nueva vida. La película no tuvo éxito de público, una vez más, porque mostraba de manera cruda la realidad nacional.

Aunque sea como una muestra de camp vale la pena disfrutar de “Ave del Paraíso” (Bird of the paradise, 1932) con nuestra Dolores del Río, en el papel de una nativa de una tribu de las islas del sur. “La Ciudadela” (The Citadel, 1938) es un claro ejemplo de su preocupación por temas en que coloca a sus personajes como hombres en busca de la verdad, con gran necesidad de autoconocimiento y buscando no perder su integridad. “Hacia Otros Mundos” (Northwest passage, 1940) es un western al que aunque sea para disfrutar de su plasticidad en la fotografía, hay que ver. Mientras que “Hombre Sin Rumbo” (Man without a star, 1955) concebido o emprendido como una obra de encargo, es uno de los grandes westerns de Kirk Douglas y la faustosa superproducción “La Guerra y la Paz” (The war and the peace, 1956), alejados ya del prejuicio de considerarla deleznable por el simple hecho de plantearse como un filme espectacular en el momento de su estreno, merece una revisión. Desafortunadamente no puede decirse lo mismo de la mediocre “Salomón y la Reina de Saba” (Solomon and Sheba, 1959), con la cual selló su carrera de director en la industria, pero de ninguna manera significo el olvido para uno de los grandes maestros del cine, en cuya obra podemos encontrar varias, que a pesar del tiempo transcurrido de su realización, se mantienen vigentes y vitales, sin que pueda desvanecerse su importancia y su calidad cinemática, ahora que hemos querido evocarlo, en este día, en que se cumplen 114 años de su nacimiento.

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4 comentarios en “King Vidor: Maestro en el cine mudo y el sonoro”

  1. [...] « King Vidor: Maestro en el cine mudo y el sonoro Ava Gardner: sus películas [...]

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  3. [...] King Vidor maestro en el cine mudo y el sonoro [...]

  4. Francisco Javier Portillo Ruiz dice:

    Tienes razón mi estimado Gustavo Arturo, cuando hablas de su “delirante periodo moderno”. Con Duelo al sol, yo también deliro, es una de mis películas favoritas

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