La Brújula (Dorada) Hacia las Dimensiones.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel on Ene 21st, 2008 y archivado en Aventuras, Cine Norteamericano, Estrenos, Fantástico. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

bru-1.jpgDesde la aparición de la Fantasía Heroica en el cine, durante los años ochenta, la expresión del mito y la ficción en las pantallas cambió radicalmente, su coherencia narrativa se basa en la mezcla de cosas que conocemos con imposibilidades temporarias y geográficas que se parecen mucho a la imagen del mundo que nos dan la globalización y la Internet.

Así no resulta extraño que cada vez haya más películas que se mueven dentro de esta intemporalidad ubicua que se parece al sueño, como sucede con “La brújula dorada”, de Chris Weitz.

En la estructura dramática de lo fantástico es posible cualquier cosa y gracias a un siglo de experiencia con la ciencia-ficción (forma literaria que funcionó de matriz para la Fantasía Heroica) el criterio actual para ver lo fantástico incluye lo científico en cuanto explicación que nos aproxime a la fantasía, aunque sea en la sola apariencia de ciencia, gracias a ello Weitz inicia su película con una afirmación insólita: hay muchos universos y mundos que se comunican entre sí. Claro que esto es posible porque ya exploró esa posibilidad en el cine Robert Zemeckis con su trilogía de “Volver al futuro”.

bru-2.jpgLa historia de la película es solo una aventura de infancia llena de símbolos anómalos y de nuevo cuño, pero que proceden de tradiciones culturales disímbolas, como la existencia de alter-egos animales para los personajes (los “daimonios”), los conflictos de cofradías secretas por el poder, las justas caballerescas entre animales, pero sobre todo la incursión de los niños como personajes centrales y lo mismo en calidad de víctimas que de paladines.

Desde que los medios de comunicación descubrieron la manera de conservar la atención del público a partir de la identificación del espectador con los personajes (a través de experiencias compatibles con su existencia personal principalmente) en los años setenta el papel de los niños como público se dinamizó mediante la intrusión, cada vez mayor, de la infancia como protagonista; solo que esta infancia está cada vez más lejos de la concepción tradicional de la niñez.

Para la narrativa literaria el concepto de infancia era separado del mundo adulto a partir de concebir al primero como de inocencia, de falta de experiencia vital, luego entonces lo contado era elemental y sin más complicaciones que provocar emociones destinadas a fijarse en el lector, para ello su lenguaje tendía a la simplicidad y la claridad; para los niños de la Era de la Información el término experiencia resulta muy diferente, la virtualidad de la información les otorga un contenido rico en lo racional y en lo emocional que los adultos de hoy no habíamos conocido.

bru-3.jpgMuy lejos quedan las tramas y personajes de dos dimensiones que propagaron cineastas como Walt Disney; los nuevos niños de la pantalla, por lo general, son seres que razonan mucho más limpiamente que sus adultos, sus emociones son casi tan maduras como las de cualquiera, salvo que actúan inmediatamente sin que se interponga reflexión alguna a su actuar (salvo cuando asumen su protagonismo en la trama) de la niñez que permeaba personajes como Dumbo o Bambi no queda más que el recuerdo gráfico desarrollado por los creadores del manga (los ojos enormes en sus personajes), ahora la distancia entre el adulto y el niño es un nivel de corrupción moral o política que aparece ajena a la niñez.

En el nuevo panteón de la Fantasía Heroica del cine se ha renunciado a las fórmulas fáciles de confrontar al guerrero con el brujo, los nuevos héroes participan de la hechicería o juegan con ella en tanto sus contrapartes usan el conocimiento y sus secretos lo mismo que la violencia física para finalidades aviesas; por esto es que no extraña que sea el nuevo James Bond (Daniel Craig) como Lord Asriel (¿Asrael?) quien ocupe el lugar destacado en la trama de esta primera entrega de “La Brújula Dorada”; deberá ser el protagonista definitorio que cierre el espacio de incógnita entre lo que hará ahora la pequeña Lyra Bellacqua y cómo resolverá el conflicto edípico hacia una madre que se ocupa del antagonismo y al padre cuya cercanía está condicionada por la tarea de combatir el autoritarismo del Magisterio.

bru-4.jpgPor debajo de la superficie en esta trama subsiste la teoría de la conspiración, una creencia consecuente con la sociedad invadida por las organizaciones criminales dentro y fuera del estado y las instituciones, así como el Magisterio ocupa la parafernalia de las Academias, ocupadas del quehacer cultural y las brujas y Egiptianos (¿gitanos?) ocupan el sitio de las organizaciones contra institucionales que equilibran la justicia social, aunque sus métodos sean abiertamente brutales contra la formalidad “aceptable” con que el Magisterio y sus aliados realizan sus aviesos mecanismos de sostenimiento del poder.

De eso se trata “La brújula dorada”, del único campo donde los niños han estado excluidos a lo largo de la historia del cine: el poder político (Con excepción de la primera cinta animada: “Little Nemo in slumberland”, a la sazón modernizada en los noventa por Masanori Hata) aunque en esta primera entrega Weitz nos adelanta el conflicto a la manera de George Lucas cuando Lyra conoce que la guía de las intrigas malignas es su propia madre, la dama Coultec (Nicole Kidman) y que el héroe por cuajar es su propio padre, lord Asrael (Craig); de tal forma que todo quedará en familia con el correr del pietaje, o de las páginas, según se lea.

bru-5.jpgPara esta nueva sensibilidad a que se ha dirigido la película no se sacrifica la violencia ni la sanguinariedad, como queda patente en la lucha del oso Loret Byrnison contra el usurpador Ragnar, en la que la brutal acción debió teñir de rojo las nieves y tan solo nos deja el desconcierto de una mutilación brutal como efecto de la lucha.

Acción sin freno es lo que ofrece la cinta, pero creando una trama enredada donde quedan muchos cabos sueltos, que nos preparan a las secuelas, se rige mejor por la idea de los seriales que del cine tradicional, aunque lejos de las formas televisivas; en este mundo imaginario hay demasiadas pistas de nuestra realidad objetiva, referencias al mu8ndo animal y geológico que nos remiten a la cultura “científica” de los canales especializados (la “cultura Discovery”) y la conducta de sus personajes resulta concomitante con la de los individuos del mundo globalizado, no busca reivindicaciones de cualquier tipo sino la evidencia de los errores de la civilización (en una sociedad donde se ha desarrollado un uso racional de los energéticos como al utilizar aerostatos y globos en lugar de aviones contaminantes y el transporte de tierra no utiliza motores de explosión sino mecanismos de relojería, pero el conflicto por el poder es el mismo y más brutal aún, pero sobreviven sentimientos personales y familiares que nos aproximan a sus personajes).

Claro que no hay en alguna parte referencia alguna a la religión o la mística, pero tampoco la hay a Culpa o pecado de cualquier clase, la libertad solo es constreñida por la acción del Magisterio, que nos es presentado con la parafernalia de las grandes universidades, la nobleza o la iglesia romana, quizá por esto disgustó la Vaticano, pero igualmente obtuvo propaganda gratuita de ello, aunque temo no obtendrá el éxito de taquilla que merece por lo complicado de su trama y porque el concepto de sociedad de la Información o del Conocimiento aún no se ha extendido popularmente, y el tema central es una crítica al desarrollo de esta nueva modalidad de civilización.

Brújula dorada, La. (The Golden Compass). D. Chris Weitz. Con: Nicole Kidman, Eva Green, Daniel Craig. Guión: Ch. Weitz, basado en la trilogía La material Oscura y el libro Luces del norte, de Philip Pullman. EUA/GB. 2007.

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1 comentario en “La Brújula (Dorada) Hacia las Dimensiones.”

  1. Hernán de Alba Casillas dice:

    No es Lord Asrael, si no, Lord Asriel, también no es señora Coultec, sino Coulter. El oso no es Loret Byrnison, sino Iorek Byrnison. Sobre la crítica estoy de acuerdo con ella: la película no alude explícitamente a la Iglesia, aunque el libro si lo hace.

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