Rodolfo Valentino: El Gran Latin Lover
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 2 de Enero de 2008 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 11m 41s | Leido 1210 veces.
“Rodolfo Valentino se convirtió en la fantasía erótica de todas las féminas que en los desenfadados años veinte soñaban con dejarse llevar por los aires de libertad que enarbolaba esta gloriosa e ilusa década y vivir la aventura más pecaminosa, dejando atrás, de una vez por todas, todo rastro de la estricta moral que había sido impuesta tiempo atrás durante la prejuiciosa era victoriana”.
Rubila Andrea Araya Ariztía
“El público que en la actualidad tiene oportunidad de ver “El Sheik” se ríe de su melodramático argumento, los gestos exagerados, las ardientes miradas y el ampuloso jadeo de Valentino cuando éste expresa el afecto que Diana le inspira. Sin embargo, queda algo del impacto de su personalidad. Creaba una atmósfera de otro mundo. Y con razón, porque había en él mucho de eso”.
Adolph Zukor
El gran amante de la pantalla, prototipo del “latin lover”: Rodolfo Valentino, nació en la ciudad de Castellaneta, Tarento, Italia, el 6 de mayo de 1895 y fue bautizado con el nombre de Rodolfo Alfonso Rafael Pedro Gilberto Guillermo Guglielmi di Valentina d’ Antongolla. Su padre era un veterano al servicio de la armada de su país, por lo que Rodolfo fue enviado a los 13 años a estudiar la carrera militar, pero fracasó en ese intento.
En 1912 fue enviado una temporada a Paris, capital del país natal de su madre, con la supuesta intención de encontrar trabajo, pero en menos de un año de andar en bares y cafés, aprendiendo el llamado baile apache, bajo la guía del bailarín Jean Martin y su amante Coco, tuvo que pedir ayuda económica a su progenitora para regresar a su hogar, en Italia. Parte del método de enseñanza de Martin consistía en convencer a sus alumnos, en que debían realizar su baile, con la convicción de trasmitirle a su pareja que le estaban haciendo el amor. Por la manera, en que posteriormente, se desplegó en los salones y las películas al bailar el tango, el joven Guglielmi, fue un aventajado alumno al respecto. Según algunos autores fue en Francia donde conoció al viejo pedrasta y cantante Claude Rambeau, con quién mantuvo sus primeras relaciones homosexuales.
De vuelta a su casa, en Italia, se dedicó a perseguir a casi todas las muchachas de su pueblo en edad de merecer, causando infinidad de problemas a su madre y familiares, hasta que le dieron el dinero suficiente para embarcarse en “Cleveland” y marcharse a la gran tierra de promisión, o sea a Estados Unidos, en busca de oportunidades y fortuna. Arribó a Nueva York a finales de 1913. Comenzó a laborar en los más diversos empleos, como jardinero y camarero, al tiempo que frecuentaba los salones de baile. Aprendió a bailar el vals y el tango, lo cual lo transformó en una de las parejas mas populares del circuito de esos salones, a los que acudían mujeres solas que pagaban por bailar con él, mientras otras se animaban a contratarlo como amante ocasional. En su calidad de gigoló, pronto se convirtió en uno de los más cotizados de Nueva York. La dificultad para que las damas pronunciaran su apellido Guglielmi, lo llevo a masculinizar el de “di Valentina”, para transformarse en Rudolph Valentino, con el cual forjó su leyenda de gran amante, aunque en el mundo latino se le conoció como Rodolfo Valentino.
Según David Bret en su libro “Valentino, a Dream of Desire”, publicado en 1999 y el cual hay que tomar con las debidas reservas, ya que se trata de una supuesta investigación profusa, sobre las relaciones sexuales de Valentino, en particular su vida homosexual, después de definir a Valentino como “gay por inclinación natural y bisexual por conveniencia financiera”, señala que en su calidad de jardinero llegó a tener una aventura con su patrón el millonario Cornelio Bliss y, que una vez establecido, en el circuito de los bailarines, llegando al tope en el restaurante “Chez Maxim’s”, lo mismo se alquilaba a mujeres que hombres. Sin embargo algunos otros investigadores, como Carlos G. Groppa en su interesante artículo “Tango reporter”, que podemos encontrar en internet, da suficientes elementos para dudar de la aseveración de Bret, en el sentido de que Valentino mantuvo una relación sentimental con Carlos Gardel.
En el “Maxim’s” conoció a la rica heredera chilena Bianca de Saulles, esposa de la estrella de fútbol americano Jack Saulles, quién no ocultaba sus infidelidades con coristas y actrices. Bianca decidió pagarle con la misma moneda a Jack, reclutando para dicho menester a Valentino, quién, igualmente, le ayudo a la chilena a tenderle una trampa a su marido, al presentarle el bailarín a Joan Sawyer, con la cual Jack mantuvo relaciones, las cuales salieron a relucir en la demanda de divorcio de Bianca contra el futbolista. De Saulles buscó vengarse de Valentino, denunciando sus actividades de gigoló con la policía. Parece ser que este escándalo, así como la cruzada emprendida por el Escuadrón del Vicio de la policía de Nueva York, para combatir la prostitución masculina, sobre todo, son las razones que llevaron a Valentino a buscar nuevos horizontes, marchándose a Los Ángeles, llegando a Hollywood en 1917.
Su camino al estrellato fue lento y empezó por ser extra, tal y como ya lo había sido en algunas películas en Nueva York; luego hizo pequeños papeles en que sólo servia como apoyo masculino a las estrellas femeninas, hasta que la guionista June Mathis, estimo que estaba perfecto para el rol de Julio Desonyers, en la primera versión de “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” (The four horsemen of Apocalypse”, basada en la célebre novela del valenciano Vicente Blasco Ibáñez, dirigida con gran acierto por Rex Ingram. Esa cinta descubrió el gran público la atrayente agresividad sexual de Valentino, quien fue inmediatamente tipificado como “el latin lover perfecto”. Cabe mencionar que en esa época estableció amistad con la influyente estrella de la Metro, Viola Dana, quién le presentó al productor Lewis Selznick, el cual lo puso en varias cintas que se rodaron en Nueva York y, las cuales, seguramente, vio June Mathis y le ayudaron a formarse la idea de que estaba perfecto para el rol de Julio Desonyers.
Sobre esto nos señala Alexander Walker en su libro “El Estrellato: el Fenómeno de Hollywood”: “Valentino fue tipificado desde el principio –en una frase que más tarde hería su sensibilidad nacional— como un ‘Amante Latino’, el tipo de seductor que saca inmediatamente provecho de una mujer, en circunstancias (que al menos para ella) pueden ser comprometedora. Pero esta etiqueta es insuficiente para describir el atractivo que Valentino ejerció tan eficazmente desde la pantalla. Desprecia sutilezas que hicieron de él una estrella de mayor variedad de lo que habitualmente se conoce. Y fracasa totalmente en cualquier tentativa de explicar por qué ‘El Amante Latino’, tal y como lo recrea, era aceptable para sí mismo y deseable para las mujeres. Porque en ningún caso Valentino fue el primer o único ‘Amante Latino’ del cine de Hollywood anterior a 1920. El personaje era tan habitual en los dramas de adulterio que se prodigaron con la permisividad de la posguerra, que se convirtió en un estereotipo mucho antes de que se hubiera oído hablar de él. La novedad de Valentino reside en que fue el primer ‘Amante Latino’ que causaba la impresión de ser audaz, original, desprendido y fundamentalmente tranquilizador para millones de mujeres”.
Agrega Walker: “Cuando se buscan las razones del ascenso de alguien al estrellato, hay que analizar siempre el primer gran impacto causado. Con Valentino tenemos mucha suerte. El impacto se puede centrar en una película que simultáneamente estableció sus características y asentó su reputación. Antes de hacer ‘Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” había sido únicamente el apoyo masculino de películas protagonizadas por estrellas femeninas de escaso atractivo. Después de hacerla, era un fenómeno nacional”.
“Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”, en la versión de Valentino, es, antes que nada, una historia de amor bohemio y seducción en medio del torbellino de la Primera Guerra Mundial, con una escena de baile de tango, que impactó sobremanera a los espectadores cuando su estreno y, nos señala Walker: “La escena completa del tango no sólo esta construida con gran deliberación en su intención y acción, sino que en el montaje hace la presentación de Valentino por medio de una serie de posturas dinámicas. En realidad la ceremonia de posar y cambiar de postura, y la habilidad para estar cómodo en cada una de ellas, constituía gran parte del atractivo de Valentino para el director Rex Ingrem”.
Después de “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” vino “El Sheik” con todo y su exotismo del sexo envuelto en el misterio oriental o por lo menos lo que Hollywood creía que era el erotismo al estilo árabe. Rodolfo tuvo un nuevo triunfo en “El Sheik” más que nada por lo que de sugerente tenía el personaje, poseedor de un harem, pero que sin embargo no había encontrado aún a la mujer de su vida, hasta que rapta y viola a Lady Diana Mayo. La novela y le película juegan mucho con la idea inconsciente, en la mayoría de los lectores o el público femenino, de que ellas se podían considerar como “la única mujer” en la vida de Ahmed Ben Hassan, quien terminaba enamorado de Lady Diana.
Con estas dos películas se estableció la fama de Valentino entre el público femenino, atraído por su arrogante presencia en la que a la vez se denotaba una ambivalencia o cierta proyección de búsqueda de ternura que para sus detractores era una prueba concluyente de su homosexualidad y para las mujeres el rasgo de niño que quieren encontrar en todos los hombres, con el cual pueden jugar plenamente sus roles de amante madre. Por un lado atraídas por la violencia sexual masculina y por el otro, su capacidad de proteger a su “hombre” con la ternura de su amor.
Inclusive esto se puede ver claramente en “Sangre y Arena”, reflejado en la relación de Juan Gallardo con sus dos mujeres, por un lado su esposa abnegada y sufrida, que cumple su rol de “madre” y por el otro la “amante” que juega con los sentimientos del torero, que termina su conflicto amoroso, arrojándose a las astas del toro.
Una vez más las interpretaciones psicológicas nos dicen que en el público femenino, cada una de estas admiradoras de Valentino, soñaba inconcientemente en amalgamarse y ser la “madre amante” del gran “Latin Lover”: Rodolfo Valentino.
Valentino en 1919 se casó con la actriz Jean Acker, la cual tenía fama de lesbiana y amante de Alla Nazimova. Jean Acker fue Margarita Gautier en la versión de 1921 de “La Dama de las Camelias” (Camille) dirigida por Ray C. Smallwood, en la cual Rodolfo era el apuesto Armand Duval.
El rompimiento de Jean Acker con Rodolfo Valentino fue todo un escándalo en 1921, al demandarle la actriz la manutención por 300 dólares al mes, ya que supuestamente el actor la había abandonado, al marcharse por mas de seis meses a Nueva York, antes de filmar “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” en Hollywood.
Se dice que durante el rodaje de “La Dama de las Camelias” llegó al set Alla Nazimova, acompañada de otra mujer, la cual llamó la atención de Valentino. Se trataba de la diseñadora de vestuario Natasha Rambova, cuyo verdadero nombre era el de Winifred Hudnut, hijastra de uno de los grandes millonarios de Estados Unidos, en la industria de los cosméticos. Aunque Nazimova estaba resentido con Valentino, debido a su ruptura con Jean Acker, terminó por presentarlos y, en cuanto se decretó su divorcio con Acker el 4 de marzo de 1923, el actor se casó, a los pocos días, con Natasha el 17 de ese mismo mes y después de una tormentosa y agitada relación se divorciaron el 19 de enero de 1926. Los rumores indican que la Rambova era también lesbiana, de allí la idea de que los dos matrimonios de Valentino, eran más que nada una fachada, que le servía de tapadera para sus relaciones homosexuales o, quizás sea mejor dicho bisexuales, pues la diosa sexi Pola Negri, con la cual salía antes de la muerte del actor y aún en vida de Valentino, hablaba maravillas de sus proezas en la cama.
El actor se sometió el 15 de agosto de 1926 a la operación de una úlcera perforada. Aparentemente se recuperaba pero una peritonitis que se le complicó, provocó su muerte el 23 de agosto de 1926. La histeria colectiva, desatadas entre sus admiradoras femeninas, no tenía precedente en el mundo del espectáculo, provocando tumultos durante sus funerales, llegándose a afirmar que más de 100,000 personas desfilaron, en la funeraria de Nueva York, ante su cuerpo. En Londres, rodeada de varias fotografías de Valentino, que tapizaban su recamara, la actriz Peggy Scott se suicidó, lo que motivo, más tarde, que se hablara de varios a causa de la desaparición de Rodolfo Valentino, cuya leyenda de “latin lover”, le ha sobrevivido, circulando en el mercado del DVD, varias de sus célebres películas, que nos permiten acercarnos a esta estrella y tratar de explicarnos, en el contexto de este 2008, que tanto de su magnetismo permanece o si solamente es una pieza de museo, cuya vida sexual, tanto la pública en las imágenes de sus películas, como la privada sigue siendo materia de escrutinio, con libros controvertidos como el el Bret, que pretenden llamar la atención de los cinéfilos, con supuestas nuevas revelaciones de ese gran seductor del cine mudo, que como mencionara la chilena Rubila Andrea Araya Ariztía en un texto, publicado en la revista virtual “Escáner Cultural” fue “el primer mito erótico del cine”.
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