La Fatalidad Urbana: El Cine de Roberto Gavaldón
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 30 de Diciembre de 2007 | Categorias: Cine Mexicano, Directores, Libros de Cine | Tiempo de Lectura: 6m 25s | Leido 491 veces.Siempre es sano hacer revisiones periódicas de películas y de la obra, por ejemplo, de determinado director, una vez alejados ya de modas o prejuicios derivados de banderías, fobias y poses en que se puede llegar a sobrevalorar la trascendencia de determinado personaje, los cuales nos llevaron, en una supuesta correspondencia con ciertos postulados, a subvalorar o denostar las aportaciones o visiones de otros creadores.
Fue lo primero que se me ocurrió comentarle a mi buen amigo Juan Jiménez Patiño, cuando en un reciente viaje a la ciudad de México, al encontrarnos en el “Bar Chapultepec”, de la Avenida Hidalgo, me recibió entregándome un ejemplar del libro “ “La Fatalidad Urbana: El Cine de Roberto Gavaldón”, de la autoría de Fernando Mino Gracia, editado por la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, y que forma parte de la colección Miradas en la Oscuridad, que fuera presentado a principios de noviembre, en esa ciudad.
Y es que en cuanto lo comencé a hojear y me encontré con la frase inicial del prefacio: “Que sería del cine mexicano sin la mirada certera, distante reflexiva, de Roberto Gavaldón. Se habría perdido, nada menos, la obra más redonda, acuciosa y acabada, para explicarnos un periodo fundamental del México del siglo XX, el que va desde el fin de la segunda Guerra Mundial hasta el inicio de la década de los sesenta”. Me llevó a imaginarme al influyente crítico Emilio García Riera, junto con algunos de sus compañeros del grupo “Nuevo Cine”, a revolverse en sus tumbas o el sitio en que se encuentren, ante la provocadora declaración de principios o por lo menos admiración de Fernando Mino Gracia, sobre la obra de un cineasta mexicano, al cual ellos, junto con los que en algún momento fuimos influenciados de su visión del cine nacional, el único elogio que se nos concedía hacerle era el reconocerle su fría capacidad técnica o como lo señala García Riera en su comentario a la cinta “La Otra” en el tomo III de su “Historia Documental del Cine Mexicano”, primera edición: “Gavaldón tenía el prurito de una perfección técnica que se traducía en el aplanamiento de las instancias psicológicas, o sea, en su reducción a una serie de procedimientos mecánicos y reiterativos”, elogio, que se repite hasta el cansancio en los diversos acercamientos a las películas de Gavaldón, que hace García Riera en su monumental obra, aunque siempre lo acusara, igualmente, de poco inspirado.
Por su parte Mino Gracia nos insiste en el prologo: “Porque Gavaldón es el cineasta que mejor diagnosticó, en el conjunto de su obra, el pulso de una sociedad en proceso de consolidación. Nada fue igual al terminar los años cincuenta y Gavaldón fue testigo y cronista privilegiado. Espejo que recrea con elaborada sutileza las desigualdades de esa sociedad, la que para bien y para mal, nos da hoy sustancia”.
Su acercamiento en detalle a seis películas de Roberto Gavaldón, buscará probar su contundente afirmación, a lo largo de una serie de interesantes planteamientos, con los cuales, los que alguna vez le ninguneamos méritos de autor a Gavaldón, a pesar de nuestra admiración por “Rosauro Castro” y “El Siete de Copas”, le concedemos la necesidad de revisar “El Socio”; “La Otra”; “En la Palma de tu Mano”; “La Noche Avanza”; “El Niño y la Niebla” y “Días de Otoño”, son, conforme su decir los “seis largometrajes representativos de la veta urbana explotada por el autor, sirven para el propósito… Filmes que abarcan 17 años de la vida del cineasta y ofrecen un panorama interesante sobre la evolución de su obra y los momentos históricos en que fueron realizados”. Y señalo revisar. en tanto son películas cuya última visión, que hicimos de ellas, data de por lo menos unos veinte años atrás, razón por la que tomamos con reservas, lo que ha momentos nos parece una desmesurada admiración, en que sin muchos ambages pareciera querer mover el péndulo de la añeja denostación, hacia los linderos de la sobrevaloración. Puede ser que Mino Gracia tenga razón en sus dichos y visiones de las películas, pero reitero que una nueva visión de estas cintas, nos ayudaría a buscar el justo equilibrio para acercarnos, nuevamente, a la obra de Gavaldón,
aunque si reconozco la validez, en principio, de la necesaria reivindicación del cineasta, como parte de nuestra cultura histórica-fílmica.
Con gran acierto Mino Gracia nos ubica o encuadra adecuadamente su análisis de las seis cintas en el contexto de obras que responden, en mayor o menor medida, a elementos del “cine negro”, pues como lo dice, fuera de cargas irónicas o lamentos estériles, sino como un hecho al que hay que prestar atención, sin adjetivaciones pueriles: “el destino del cine mexicano ha estado indisolublemente ligado al cine estadunidense. La influencia económica y artística norteamericanas han marcado el modo de ver y hacer el cine; el cine negro no es la excepción. El cine nacional recupera una y otra vez elementos, temas, detalles, personajes y ambientes, siempre procurando, con fortuna desigual, adaptarlos a la realidad del país”.
Adaptación tildada con demasiada rapidez y simpleza, en meras imitaciones, ante el desencanto o la simple impotencia de lamentar una vecindad, que esta allí. Afrontarla, antes que nada, como un hecho y actuar en consecuencia, dejando ya de lado el suspiro por un cine europeo o cineastas mejor dicho de ese continente, que con menos amargura, ha sabido aprovechar las influencias de un cine. Pienso en que mientras aquí, aquellos críticos de los años cincuenta y sesenta nos llamaban la atención, por ejemplo en el francés Jean Pierre Melvilla y sus realizaciones de cine negro como “El Samurai”, en tanto francos homenajes al género norteamericano, aquí el acercamiento a varias de las obras de Gavaldón, se enviaban al cesto del desprecio como burdas imitaciones, deficitarias del cine norteamericano. Algo que si bien no lo dice de manera tajante Mino Gracia, es factible deducirlo como implícito a lo largo de sus acercamientos, en particular a “La Otra” y “La Noche Avanza”, en que se asume la influencia y se trata de aprovecharla en el contexto y circunstancia nacional.
Uno de los grandes méritos de “La Fatalidad Urbana: El Cine de Roberto Gavaldón” debido al joven autor Fernando Mino Gracia es que su lectura nos va atrapando y llevando de manera natural a querer confrontar o constatar, los asertos, emociones y conclusiones del autor, con la visión de las películas en cuestión, por lo que una vez leído este interesante y recomendable libro, vamos a lanzarnos al mercado del DVD, en la búsqueda de “El Socio”; “La Otra”; “En la Palma de tu Mano”; “La Noche Avanza”; “El Niño y la Niebla” y “Días de Otoño”, como parte de nuestro redescubrimiento y seguramente merecida revaloración de un cineasta en que como nos advierte Mino Gracia: “subvalorado e incluso denostado, Gavaldón construyó, a través de sus películas, un particular modo de ver y de pensar al mexicano y la realidad que lo circunda. Su obra se ofrece amplia y compleja respecto a las posibilidades de análisis, cimentada en una serie de constantes que imprime un sello peculiar, un estilo de autor perfectamente reconocible”.
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Sr. Gustavo de verdad me sorprende su conocimiento acerca del cine, en general; un exahustivo trabajo; de manera particular y como antes se lo he dicho mi inclinación es así el cine mexicano; y en todos sus comentarios reafirmo, confirmo y descubro distintas facetas del cine y eso creame para mi tiene un valor superior
Atte
M.V.Z. Amanda Fabiola Hernàndez Magallanes
Amanda:
Te agradezco tus comentarios y espero nos sigas leyendo, ya que resulta grato encontrar personas que comparten nuestro gusto y afición por el cine.