Harold Clayton Lloyd nació el 20 de abril de 1893 en Burchard, Nebraska, Estados Unidos y murió el 9 de marzo de 1971 en Beverly Hills, en Los Ángeles, California. Junto con Charles Chaplin y Búster Keaton, forma la gran trinidad de cómicos del cine mudo de Hollywood.
Se dice que desde su niñez demostró una férrea vocación hacia las actividades teatrales y que para poder asistir a las esporádicas representaciones que había en su pequeño pueblo, se contrataba de acomodador y así poder ver la función. Comenzó a trabajar en teatro como actor, cuando tenía unos quince años, y, más o menos, para 1914 ya trabajaba de extra en el cine, donde trabó una gran amistad con Hal Roach, quién en 1916 heredó de un tío suyo una gran fortuna, con la cual inició su productora, llevando a su amigo Harold Lloyd a trabajar a su lado, dándole sus primeras oportunidades en comedias de dos rollos, en las cuales aparecía con bigote, pantalones anchos, pequeño sombrero y chaqueta grande, sin que obtuviera éxito con esta caracterización cómica.
Pero Harold Lloyd no se dio por vencido e inventó un nuevo personaje llamado Lonsome Luke (El Solitario Luke), el cual era un muchacho medio perdido y solitario en el tumulto de la gran ciudad. Con estos rasgos iniciales su personaje fue evolucionando, hasta convertirse con sus gafas de carey y su sonrisa mecánica de optimista, en un joven representativo del típico hombre clase media de Estados Unidos. Era siempre un joven emprendedor, sin grandes conflictos psicológicos, ni complejidades humanas, pero lleno de optimismo vital, que lo ayudaba a terminar imponiéndose en los escenarios más adversos, en simpáticas y divertidas situaciones cómica. El crítico Gilbert Selds llamó a Harold Lloyd, allá en los años veinte: “…un hombre desprovisto de ternura, desprovisto de filosofía, la personificación del dinero y de la infatigable energía americana que le permitió representar el ideal de la joven generación de esos años”.
Manuel Villegas López nos dice en su libro “Los Grandes Nombres del Cine”: “El mundo cómico de Harold Lloyd es el orbe del ‘gag’. El mismo ‘es’ un ‘gag’ vivo, cuya existencia proviene de los complicados chistes y situaciones visuales en que tiene que moverse. Las mejores películas de Lloyd están construidas con un perfecto lenguaje de chistes ópticos, que muchas veces tienen actual validez. Pero a veces esta mecánica de lo cómico, completamente desnuda, se ha gastado con el uso, al agotarse la sorpresa que en su tiempo produjo”.
Por otra parte Andrew Sarris en su libro “El Cine Norteamericano” nos señala: “Harold Lloyd nunca logró ante la crítica la altura de Chaplin y Buster Keaton, si bien ‘El Novato’ (The freshman, 1925), es un clásico auténtico de la comedia cinematográfica norteamericana; siempre ha parecido menos universal que Chaplin, menos cabalmente norteamericano que Keaton y menos individualista que ambos”.
Como a todos los grandes cómicos de la “edad de oro” de la comedia, durante el cine mudo, el advenimiento del sonoro perjudicó grandemente a Harold Lloyd, pues eso marcó su decadencia, como podrá verse en el filme “¡Ay, que me caigo!” (Feet First, 1930), en el cual su agresividad resultó disparatada y sin sentido, y su rostro al envejecer no ganó en sabiduría o simpatía. Pero también es cierto que en sus obras cumbres como “El Tenorio Tímido” (Girl shy, 1924), “Relámpagos” (Speedy, 1928) y “El Novato” (The freshman, 1925) se justifica plenamente que digamos, junto con Villegas López, que Harold Lloyd es el chiste cinematográfico vivo, con la mecánica de la risa llevada a la perfección. En el mercado del DVD no es fácil encontrar sus largometrajes, pero hay colecciones de sus mejores comedias o, quizás sea mejor decir, de aquellos cortos que ha sido posible rescatar y en los cuales podemos aquilatar el gran talento de este comediante, cuya célebre secuencia de su película “El Hombre Mosca” (Safety Last, 1923) en que esta colgando de un reloj, fue motivadora de una infinidad de repeticiones y plagios descarados, en un sinfín de comedias del sonoro, no solamente en la cinematografía norteamericana, sino en la de otros países. Aquí en México con mucha buena voluntad, dados los resultados que obtuvo “Resortes”, en tratar de imitarlo en “Del Suelo No Paso”, encontramos la fuerte influencia que tuvo Lloyd, en lo particular con “El Hombre Mosca” y en lo general con su personaje de ese americano clase media, dispuesto a arrostrar cualquier peligro, llevado por su indomeñable optimismo, que le caracterizó a Harold Lloyd, el cómico de las gafas de carey.