El valenciano Vicente Blasco Ibáñez publica en 1916, por encargo del presidente francés Raymond Poincaré, su novela “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, folletón anti bélico, más bien anti germano, sobre las familias del alemán Karl von Hartton y el francés Marcelo Desnoyers, casados, respectivamente, con las hijas de un rico terrateniente argentino, los cuales, ante la inminencia de la Primera Guerra Mundial, deciden regresar con sus familias, a sus países de origen. Ya en Europa, los primos adultos siguen diferentes caminos Heinrich ingresa al ejército donde pronto asciende a Coronel, por su parte Julio mantiene una vida frívola en París, al amparo de declararse neutral, apelando a sus raíces argentinas, enredándose con la esposa de un oficial francés. Al final, Julio comprende que no puede huir de su responsabilidad, participa en la guerra y se enfrenta con su primo Heinrich, ante el imperativo de detener el avance de la barbarie del ejército alemán, que pretende acabar con la civilización occidental.
La traductora Charlotte Brwester Jordan compra los derechos de autor en 300 dólares, creyendo Blasco Ibañez haber hecho un gran negocio, pero a finales de 1916, al salir la versión en inglés, en el mercado norteamericano, se convierte en un best seller, alcanzando ventas de más de 30,000 ejemplares durante varios meses. Al entrar en febrero de 1917 los Estados Unidos a la conflagración mundial, la prensa la considera “la novela de la guerra”, debido a su germanofobia, cayendo como anillo al dedo para los fines propagandísticos del momento, en que se requiere se enlisten en el ejercito los jóvenes americanos, para ir a combatir en Europa.
En 1921 la Metro produce la obra de Blasco Ibáñez, constituyéndose en la catapulta para el estrellato de Rodolfo Valentino en el rol de Julio Desnoyers y Alice Ferry en el de Margarita Laurier, bajo la batuta del reputado Rex Ingrem, siendo muy recordada la secuencia donde Valentino baila un tango. Cuarenta años más tarde la productora emprende el remake de “Los cuatro jinetes del Apocalipisis” (Four horseman of Apocalypse, ’61) con Glenn Ford e Ingrid Thulin, dirigidos por el talentoso Vincente Minnelli, aunque los aciertos artísticos de este sólido melodrama, no se vieron recompensados en la taquilla y junto con “Cimarrón”, fueron los más sonados fracasos económicos de Glenn Ford, al inicio de la década de los sesenta en proyectos ambiciosos y de gran coste.
La versión de 1961 trasladó la acción a la Segunda Guerra Mundial y Enrique Alberich en su ensayo “El compromiso del artista: Vincente Minnelli” publicado en la revista española ‘Dirigido’ en su número 140 dice: “se trata sin duda de un film importante, con todo lo que este término suele conllevar de superproducción, grandeza, ambición y, por qué no, de cierta irregularidad cuando el sentido de la medida escapa ligeramente al control, cosa bien usual en este tipo de empresas. Pero, más allá de sus posibles limitaciones y de sus deslices, ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ se impone como un filme inteligente, en el que el manifiesto barroquismo minnelliano no resulta siempre tan desaforado e injustificado como quizá pudiera parecer en un principio, y sí, en cambio, se vincula estrechamente a la historia y resulta coherentemente explicativo de la misma. Creo que, seguramente, la mejor forma de acercarse a un film así sería la misma que es también ideal para establecer una relación justa y apropiada en relación al cine de Douglas Sirk, eso es, la de ver el film no solamente como un ejemplo elocuente de cómo lo sobresaliente de una puesta en imágenes consigue trascender las debilidades o tópicos de una narración sino, mejor aún, reparar en cómo esa misma puesta en imágenes sirve para entresacar la verdadera esencia de la historia, para despojarla de lo accesorio –aunque se pueda pensar, a priori, que lo accesorio es la superficie formal, craso error- y rendirla auténticamente comprensible y emotiva. Si de verdad se cree en lo inseparable de la forma y el fondo, no tiene ningún valor ni sentido la alabanza a la forma ‘brillante’ que no evita que el contenido caiga en la banalidad, puesto que esta forma no es nunca nuestra, siempre ‘escoge’, determina, resalta aspectos concretos de esa historia y, por lo tanto, no es jamás inocente y sí, por el contrario, ‘responsable’. Así las cosas, Minnelli logra vía la responsabilidad de su puesta en escena, que el itinerario físico de Julio (Glenn Ford), ese protagonista que desea huir de todo compromiso pero que finalmente debe emprender el camino de la acción, se perciba como un itinerario moral desmenuzado, analizado con rigor, y que deviene emotivo para el espectador en su reproducción en la pantalla”.
Me encontraba de vacaciones en la ciudad de México, el 12 de julio de 1962 cuando se estrenó en el Cine Olimpia, aprovechando verla ese día y, otras siete u ocho ocasiones, durante esa década. Una revisión, ahora, de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” en DVD, difícilmente me haría cambiar el buen recuerdo que mantengo de este melodrama bélico al cual el guionista Robert Ardrey, tuvo el tino de expurgarle la visceral y pueril germano fobia del texto original, dándoles un mayor tamiz, valga la expresión, humano a los personajes, alejándoles del arquetipo simplista de símbolos de dos nacionalidades (Julio el bueno y el malo de Heinrich), ubicando el drama, entre seres atrapados a un destino trágico, sin posibilidad de escape.
Para una inmensa mayoría de aficionados al cine, mencionar a Blake Edwards significa hablar del maestro de la comedia sofisticada y la farsa gruesa, en que se va de un exceso a otro en cuanto a acumular improbabilidades tras improbabilidades y, como diría Andrews Sarris “no perder el equilibrio cómico”, tal y como se puede constatar en cualquiera de las cintas de la serie de “La pantera rosa”; sin embargo dentro de la filmografía de Edwards se encuentran, más o menos ocultas, como prueba fehaciente de su talento, tres gemas, para salir airoso en otros géneros. El desgarrador drama “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, ’63) sobre un matrimonio de alcohólicos (Jack Lemmon y Lee Remick) buscando salir del infierno de su dependencia. El western “Dos vaqueros errantes” (Wild rovers, ’71) con William Holden y Ryan O’Neal, en torno a la amistad de dos vaqueros, en el viejo oeste, el cual merece una revisión a la luz de la sobrevalorada “Secretos de la montaña” (Brokeback mountain, ’05) de Ang Lee y el thriller de suspenso “Mercader del terror” (Experiment in terror, ’63) con Glenn Ford y Lee Remick, en una adaptación de la novela “Operation terror” de Mildred Gordon.
Después de mi inocultable preferencia por los westerns, ocupan un lugar destacado los policíacos con sus diferentes subdivisiones. Son géneros en los cuales, una vez que estamos interiorizados de sus tópicos, sabemos que el placer de su visión no estará en el “qué” y el “por qué” del actuar de los personajes, sino en el “como” del desarrollo de la trama. En su momento “Mercader del terror”, desplegaba una considerable originalidad en el detalle de la trama policíaca, en donde la cajera Kelly Sherwood (Lee Remick) es amenazada o mejor dicho aterrorizada, en la oscuridad del garaje de su casa, por un hombre de voz asmática, obligándola sustraer 100,000 dólares de la caja del banco en que trabaja, si no la matará y a Toby (Stephanie Powers) su dependiente hermana menor enferma, si acaso osa ir a la policía. Kelly termina por recurrir a la ayuda del teniente John ‘Rip’ Ripley (Glenn Ford), cuya pista para dar con el malhechor es precisamente el dato de tratarse de un asmático. La fotografía en blanco y negro, combinando una eficaz música de fondo de Henry Mancini, junto con una adecuada utilización dramática de los escenarios, van dando una sensación de angustia y emoción, al igual que una atmósfera de terror y claustrofobia, en que el interés del espectador, como debe de ser en este tipo de filmes no debe de desmayar ni por un segundo, sabedores de que lo importante no es saber en ‘que va a terminar’, una vez arribemos al desenlace, de alguna manera intuido lo que ‘va a pasa’>, pero cinematográficamente lo valioso es ‘qué se va a ver’. Y a eso llamamos buen cine narrado a la perfección.Glenn Ford esta justo y sobrio en su rol de policía. Lee Remick antes que padecer la acción, sabe sufrirla, ayudándole su frágil apariencia física, mientras Stephanie Powers es una adolescente de belleza fresca, en uno de sus primeros roles, antes de ganar la fama con su labor en las series de televisión “McMillan and wife” y sobre todo en “Hart to Hart”.
El recientemente fallecido filosofo Julian Marías quién ejerció, con enorme acierto, la crítica cinematográfica nos comenta de “Mercader del terror” en su libro “Visto y no visto”: “El final en el estadio de béisbol es uno de los trozos de cine creador más perfectos que recuerdo. Tiene una unidad ‘sinfónica’: los elementos visuales van ‘entrando’ en su momento justo, cada uno con una doble significación: espectacular y argumental; cada cosa es una imagen oportuna y quiere decir algo preciso en función del drama que está aconteciendo. Para unos ojos con sensibilidad para lo especifícamente cinematográfico, el placer de los últimos diez minutos de esta película ‘sin importancia’ va a buscar su puesto en esa antología del cine, quizá bastante distinta de la que se obtendría de los certámenes y los premios, que cada uno guarda en su memoria”.
Simplemente agradable, pero olvidable es la comedia “Mercado de amor” (Love is a ball, ’63) situada en la Riviera francesa, donde M. Ettiene Pime (Charles Boyer) tiene el lucrativo negocio de educar en el arte de la seducción a nobles venidos a menos, como el Duque Gaspar Ducluzeau (Ricardo Montalban), a quién prepara para casarlo con la rica heredera norteamericana –‘but off course’- Millicent (Hope Lange), requiriendo los servicios del ex corredor de autos John Lathrop Davies (Glenn Ford) para enseñarle a manejar bolidos de carrera y hablar ingles. No es difícil de prever las complicaciones y enredos sucitados ante este intento de forzar las relaciones, en la búsqueda de matrimonios de conveniencia. Si recordamos que en esa época la agraciada Hope Lange era la amiguita en turno de Glenn Ford, coproductor del film, es fácil deducir el final de “Mercado de amor”, dirigida por David Swift, especialista en realizar comedias para la casa Disney, el cual mantuvo una conflictiva relación con Glenn Ford durante el rodaje, a causa de sus constantes intervenciones en el proceso y sus exigencias para protegerle a él y a Hope Lange en sus escenas, en detrimento del resto del elenco, al grado de tildar a Ford “como un hombre que se enfrenta a su profesión como un niño temperamental de doce años, al cual por su cualidad de ‘estrella’, en lugar de reprenderlo, había que cumplirle sus caprichos”.
El reputado crítico Andrew Sarris tan dado a las frases lapidarias en una ocasión escribió lo siguiente: “Sólo Vincente Minnelli cree en el poder de su cámara para transformar la basura en arte, y la bazofia en caviar. Minnelli cree más en la belleza que en el arte” y nosotros podríamos agregar que solo en las manos de Minnelli resplandece una trama como la de “El amor llamó dos veces” (The courtship of Eddie’s father, ’63), llena de peligros para caer en el abismo de la chabacanería, lo cursi y la ternura facilona, haya resultado una encantadora comedia, a la cual el paso del tiempo sólo acrecienta su brillo, en donde tenemos a Eddie (Ron Howard) un niño de ocho años, carente de los artificios del falso comportamiento de los infantes sabelotodos de las película, el cual, en forma natural y creíble, se ha echado a cuestas la tarea de ayudar a su padre Tom Corbett (Glenn Ford), recién viudo, a buscar una nueva novia, que se convierta en su adorable madrastra o mejor dicho en una amiga maternal, para que la felicidad vuelva a reinar en su hogar. Obviamente, las selecciones de Tom van en contra de los parámetros de lo deseable de Eddie, pero el chiquillo, sutilmente se las ingeniará para ir eliminando a varias de las pretendientas, encarrilando a Tom a los brazos de la agraciada vecina Elizabeth (Shirley Jones), al descubrirle a su padre la verdad sobre el tipo de mujer que realmente prefiere. La historia fluye en forma natural, por los rumbos de una fina comedia, con diálogos inteligentes y sobresaltos, los cuales poco a poco van dándole credibilidad a la trama y sobre todo verosimilitud, independientemete de nuestro concepto de no ser así las cosas en la vida real, pero en la lógica interna de “El amor llamó dos veces” encontramos autenticidad en los personajes de Eddie y Tom, resultando harto disfrutable este film.
Para Julián Marías, en el libro antes citado, se trata de: “una película de interiores y poco personajes; hubiera podido ser poco cine, pero una vez más se ha evitado el peligro. Tom Corbett, el padre de Eddie, es Glenn Ford; no sólo un actor excelente, sino que tiene una presencia, una realidad inmediata, convincente; tiene una cualidad admirable para un actor cinematográfico: saber estar”. Ron Howard, es otro acierto, al saber darle naturalidad a su personaje, sin caer en el “divismo” de los niños actores, que suele hacerlos “chocantes”. Con el paso del tiempo, Ron Howard abandonó la actuación, para devenir en uno de los actuales directores exitosos de Hollywood, desde los años ochenta, con cintas como “Splash”; “Coccon”, “Un horizonte lejano”,“Apolo 13” y “Mente indomable”, entre otras. Parece ser que en esta ocasión Glenn Ford no puso remilgos a que su dama joven fuera la chispeante y bella Shirley Jones, aunque su “protegida” era la exuberante Stella Stevens, quién era en la película una rubia tonta, que no logró ganar el título de “Miss Montana”, rol que le venía como anillo al dedo, al estar recientes sus provocadores desnudos publicados en Playboy.
Es difuso el recuerdo que tengo del western satírico “Avance a la retaguardia” (Advance to the rear, ’64) dirigido por George Marshall, sobre un grupo de soldados de la Unión, que se niegan a adentrase en territorio del oeste, para perseguir a unos soldados confederados, aunque terminan capturando a la bella espía Martha Lou Williams (Stella Stevens), quién acaba enamorando al capitán Jared Heath (Glenn Ford) para lograr su liberación. El reparto incluía a algunos buenos secundarios como Melvyn Douglas, Joan Blondell y Jim Backus, por lo que es posible darle crédito a varios comentarios aparecidos, en diversas páginas del internet, donde lo consideran uno de los mejores westerns humorísticos.
Debido a los fracasos de taquilla de “Cimarrón” y “Los Cuatro jinetes del Apocalipsis” los buenos proyectos dejaron de llegarle a Glenn Ford, siendo “El destino me persigue” (Fate is the hunter, ’64) dirigida por Ralph Nelson, la última cinta de clase “A” que protagonizara; en ella es el ejecutivo de aviación Sam C. McBane, quién junto con la aeromoza Rally Freser (Nancy Kwan) son los únicos que se rehúsan a aceptar el dictamen de un accidente de aviación debido a un error del piloto Jack Savage (Rod Taylor), decidiendo por su cuenta emprender una investigación, conduciéndolos a descubrir torcidas complicidades de varios directivos de la compañía, como causantes de la tragedia y probar que su amigo fue una victima, de malos manejos y ahorros mal entendidos. Se trata de un recomendable film de suspenso, dirigido con habilidad por Ralph Nelson.
El director de teleteatros Delbert Mann saltó a la fama en 1955 al debutar, en la pantalla grande, con el sensible drama de gente común “Marty” (Marty, ’55) sobre las relaciones de un gordo y feo carnicero (Ernest Borgnine) con una tímida mujer de mediana edad (Betsy Blair). La cinta obtuvo 4 Oscars: mejor película, mejor director, mejor actor Ernest Borgnine y mejor guión para Paddy Chayefsky. A partir de alli continuó su carrera dividiéndola en los dos medios, con relativa fortuna en el cine, donde dirigió varias cintas como “Despedida de soltero” (The bachelor party, ’57), “Deseo bajo los olmos” (Desire under the elm, ’58) y “Mesas separadas” (Separate tables, ‘59) que no ocultaban su tufo a teatro filmado. Luego, dirigió rutinariamente a Doris Day en dos de sus exitosas comedias con el toque caracteristico de la actriz: “Vuelve amor mío” (Lover come back, ’61) y “Amor al vuelo” (That touch of mink, ’62) y, no exageramos que enderezó el camino al realizar “Corazón querido” (Dear heart, ’64), en donde, una vez más, se enredó, con gran acierto, en un sólido drama sobre dos solitarias personas, comunes y corrientes, de mediana edad, asistentes a una convención de empleados del correo en Nueva York donde se conocen. Ambos viven un ardiente romance, sabedores de no haber mucho futuro para ellos. Perciben estar hechos el uno para el otro, que son mutuamente la persona con la cual quisieran pasar el resto de su vida juntos, pero igualmente son seres atrapados en sus compromisos. En una vida hecha que los obliga a regresar a sus respectivos hogares, pues, por decirlo así, estamos ante un drama de la vida real, que no puede terminar como las películas con el típico “happy end” del amor rompiendo cualquier obstáculo o barrera que se les interponga. Lo más interesante de “Corazón querido” es que su visión no resulta amarga, sino emotiva y conmovedora, al darnos los elementos precisos para comprender a esos dos personajes enganchados en su soledad, interpretados magistralmente por Glenn Ford y Geraldine Page. Si usted considera “Los puentes de Madison” (The bridges of Madison county, ’95) como una gran película romántica, opinará lo mismo de “Corazón querido”, cuando logre verla en DVD o en pase por televisión.
Determinadas cintas simplemente se disfrutan por la empatía que tenemos, como espectadores, hacia los intérpretes de las mismas, siendo el caso del western moderno “Jinetes intrépidos” (The rounders, ’65) con Glenn Ford y Henry Fonda, en el rol de dos vaqueros, ya entrados en años, domadores de potros “broncos”, que llegan al rodeo de la ciudad de Sedona, en donde se topan con Chill Wills, promotor del espectáculo, el cual unos años atrás les hizo una trastada, decidiendo ahora cobrarse la añeja deuda. Dirigido por Burt Kennedy “Jinetes intrépidos” es uno de sus mejores trabajos,en el campo del western humorístico, en el cual el tono de la comedia y la gracejada va manando naturalmente y si resulta muy entretenido, en parte se debe a que como lo confesaron en diferentes entrevistas, tanto Fonda como Ford, ellos fueron los primeros en gozar a plenitud su filmación. Hay muchos guiños al espectador que conoce la trayectoria de ambos actores, con un buen número de bromas privadas entre ellos, pero aunque no se logren “pescar” todas, el espiritu de camaradería y complicidad que engloba a toda la película, termina por apoderarse de uno en este divertimento westerniano.
Burt Kennedy se inició en los cincuenta como guionista, especializado en westerns, y en su filmografía, tanto de películas para cine como televisión, el 95 % de la misma corresponden a ese género, por ello llama la atención que después del rodaje de “Jinetes intrépidos”, se avocara, con cierta fortuna, a la realización del policiaco “La trampa del dinero” (The money trap, ’66) basada en una novela de Lionel White y guión de Walter Bernsein, con la participación de Glenn Ford, lo anterior nos hace suponer que el actor quedó complacido con su labor en “Jinetes intrépidos” y ejerciera su derecho a opinar sobre sus directores, imponiendo a Burt Kennedy, en esta historia sobre un par de detectives corruptos, Joe Baron y Pete Delanos (Glenn Ford y Ricardo Montalban) los cuales al realizar un cateo en la oficina del Dr. Horace Van Tilden (Joseph Cotten) aprovechan que dejó abierta su caja fuerte, sustrayendo de ella una fuerte cantidad de dinero, sabedores de que no los delatará. Sin embargo pronto descubrirán haber cometido un gran error, pues parte de su botín le pertence a unos narcotraficantes. La realización de Kennedy es correcta, pero en rigor “La trampa del dinero” nunca alcanza los niveles de excelencia, debido a lo confuso de su relato, al introducir algunas sub tramas, las cuales deja inconclusas. Quizás lo mas interesante estaba en arriesgarse a mostar a dos oficiales corruptos, sin buscar paliativos a su conducta o arrepentimientos de última hora, tal y como se estilaba en los años cuarenta y cincuenta en el cine norteamericano, por razones de censura, reflejando en ello que estábamos en otra década donde la apertura para tratar temas escabrosos apenas comenzaba a darse. Elke Sommer luce bellisima como la esposa de Ford, acostumbrada a la buena vida, lo cual en parte justifica la necesidad de dinero facíl de Joe. Igualmente, Rita Hayworth tenía una pequeña participación como una prostituta madura, quien en un tiempo lejano tuvo sus amores con Joe. Obviamente esto era en gran medida un guiño a los espectadores, que seguramente esperaban algo así en un filme reunidos por cuarta y última ocasión Rita Hayworth y Glenn Ford.
En “¿Arde París?” (Is Paris burning?, ’66) dirigida por René Clement con un reparto multiestelar sobre la liberación de Paris por parte de los aliados y la orden de Hitler para que se incendiara la ciudad Lux, en caso de caer en manos del enemigo, Glenn Ford tenía una breve aparición en el rol del General Omar Bradley, en este tedioso film bélico.
Del 29 de noviembre de 1965 al 4 de febrero de 1966 se filmó en locaciones de Durango, Guanajuato y Guerrero, asi como en los estudios Churubusco, la coproducción mexico norteamericana “El mal” (The rage, ’66) dirigida por Gilberto Gazcón y protagonizada por Glenn Ford, Stella Stevens y David Reynoso. Mientras para el mercado norteamericano era un producto “B”, en el mexicano se consideraba una gran superproducción y en nuestra ciudad de Aguascalientes un acontecimiento su estreno en el Cine Colonial, pues después del éxito de “Viento negro” (’64) de Servando González, “El mal” significaba la consagración del paisano David Reynoso, al codearse con dos grandes “estrellas” de Hollywood. Así que allí estuvimos para emocionarnos con las tribulaciones del alcohólico doctor Rubén (Glenn Ford), agobiado por el recuerdo de no haber podido salvar a su mujer y su hijo durante el trabajo de parto de ella, así que no ha encontrado mejor forma de alejarse del mundo, que aceptar un trabajo en un campamento de constructores de una carretera, en un sitio inaccesible de la sierra. Un día cualquiera, un grupo de hombres llegan al campamento con Fortunato (José Elías Moreno), trayéndolo atado debido a su extraño comportamiento. Rubén lo examina y dice que ya no hay nada que hacer, más que esperar la muerte dolorosa de Fortunato, quien ha sido atacado por el mal, o sea, la rabia. Efectivamente se nos muestra la espantosa agonía de Fortunato.
Pancho (David Reynoso) llega por el doctor para que asista a su esposa María (Dacia González) en su parto. Rubén acepta con reticencia, ya que les había advertido el niño venía con complicaciones y era mejor que lo atendiera un médico de la capital. En el camino se topan con el perro del doctor, al cual mata y ante la mirada de reporche de Pancho, solo contesta: rabia. Rubén recuerda entonces algo, se levanta una manga del saco y se encuentra con la marca de la mordida de su perro. Le insiste a Pancho que mejor se vayan a la ciudad, porque no tardarán en mostrarse los sintomas del mal, también en él. Pancho lo amenaza con su pistola y le promete que después de ayudar a parir a su esposa, lo llevará a la ciudad para que lo curen. Y así, después del parto, vamos a ver que pasarán un sin fin de peripecias, para tratar de llegar al hospital. Se quedan sin gasolina, caminan por un atajo y ya en esos vericuetos, les acompaña la prostituta Perla (Stella Stevens), la cual tiene simpatía por Rubén y considera que mutuamente se pueden redimir, merced a su amor.
Y hasta aquí les cuento de este truculento film, con el cual Gilberto Gazcón buscó hacer su anhelada “gran película”, que le abriría las puertas del mercado internacional, en la que no escatimó ninguno de los recursos melodramáticos, para ir “atrapando” al espectador poco exigente, o simplemente dispuesto a pasar un rato entretenido sin mayores complicaciones de temas trascendentes. “El mal” originalmente se filmó en inglés y se pretendía explotar con subtítulos, sin embargo a la postre se convenció Gazcón de la conveniencia de doblarla al español, para una mejor recaudación en taquilla en México. Si bien no es de mis favoritas “El mal”, reconozco que Gilberto Gazcón, hijo del productor Valentín Gazcón y sobrino de don Raúl de Anda (El Charro Negro) es, quizás, junto con Arturo Ripstein, el mejor de los directores salidos de la familia cinematográfica. Aunque es obvio que Ripstein siempre se quiso alejar del concepto de cine comercial, buscando concientemente hacer un cine de autor, lejos del gusto del grueso del público mayoritario; mientras Gilberto Gazcón de Anda, aunque con similares inquietudes de autoría, se mantuvo dentro de las reglas, para bien y para mal de sus resultados, en el cine industrial y comercial. Su filmografía merece una revisión, la cual, obviamente, no haremos en este texto, pero cuenta con títulos interesantes, aparte de “El mal”, como “El boxeador” (’57); “Los desarraigados (’58), “Suerte te dé Dios” (’59), “La cárcel de Cananea” (’60) (entre los diez mejores westerns del cine nacional); “La risa de la ciudad” (’62) y “Perro callejero I” (’78) entre otros.
“Furia sin freno” (A time for killing, ’67) de Phil Karlson, situada durante la guerra de secesión, trata sobre un grupo de soldados confederados, al mando del capitán Bently (George Hamilton) los cuales escapan de una prisión situada cerca de la frontera con México, llevándose con ellos a Emily Biddle (Inger Stevens), novia del mayor Wolcott (Glenn Ford). En su huída capturan y matan a un mensajero que trae la noticia del fin de la guerra civil, pero Bently destruye la carta, sin avisarle a sus hombres del contenido, al tener la intención de enfrentarse al grupo de soldados de la Unión que le persiguen, al mando del mayor Wolcott y zanjar las diferencias personales entre ellos, a costa de la posible masacre de sus hombres. Originalmente la iba a dirigir Roger Corman, pero a los cinco días de rodaje dejó la filmación, entrando al rescate Karlson a terminar este western, con reminicensias temáticas al excelente “Hombres o bestias” (Escape from Fort Bravo, ’53) de John Sturges, “Furia de valientes” (Two flags west, ’51) y “Juramento de venganza” (Major Dundee, ’65). El personaje de Ford tiene algunos de los rasgos del vengativo y enfermo Coronel Owen Devereaux de “Sueños de gloria” (The man from Colorado), pero lo cierto es que aunque Phil Karlson cuenta con varios buenos westerns en su haber, en el caso de “Furia sin freno”, se nota cierta falta de coherencia y de que los guionistas, tomaron elementos dispersos de otros, para su historia, sin lograr una correcta amalgama de los mismos. Hoy en día, parece ser que lo más interesante de este western sobre conflictos entre soldados de la Unión y sus prisioneros confederados es la presencia de Harrison Ford, quién tiene una pequeña parte como el Teniente Shaffer, en lo que fue su segunda película con diálogo. Antes, en calidad de extra, participo en más de dos docenas de films.
Más interesante en cuanto sus resultados es “Pistolero” (The last challenge, ’67) dirigido por el veterano Richard Torpe. Glenn Ford, con antecedentes de gatillero es el Marshall Dan Blaine de un apacible pueblo, manteniendo una relación estable con Lisa Denton (Angie Dickinson) dueña de una de las cantinas del lugar, al cual llega el joven Lot McGuire (Chad Everett) con la intención de batirse en duelo con Blaine, para mostrar que es el hombre más rápido del oeste, a pesar de que en forma accidental iniciaron una amistad, antes de que Lot llegara al pueblo y supiera de quién se trataba, lo cual no obsta para persistir en su intención de convertirse en el hombre que mató a Dan Blaine.
El guión y la novela en que esta basada “Pistolero” originalmente se atribuía a un tal John B. Sherry, quién no era otro que el guionista Albert Maltz, uno mas de los famosos “Diez de Hollywood” que durante la infausta era de la cacería de brujas, en el macartismo, sufrió prision, a causa de negarse a testificar y delatar compañeros, que hubieran militado o simpatizado con el comunismo. En el caso de “Pistolero” es facíl detectar que, para un aficionado mediano al western, estamos ante una mezcla de elementos o tópicos de “Fiebre de sangre” (The gunfighter, ’50), “A la hora señalada” (High Noon, ’52) y dada la presencia de Glenn Ford, con “El pistolero invencible” (The fastest gun alive, ’56) entre otros, pero a diferencia de lo ocurrido con “Furia sin freno” no hay dispersión, sino una adecuada integración, en donde sin superar a los modelos mencionados, se trata, indudablemente, de un interesante western menor con diálogos inteligentes, que buscan hacernos entender la psicología de estos hombres del oeste, en busca de sus 15 minutos de gloria, que dijera Andy Warhol. Cabe mencionar que antes de caer en prisión, Albert Maltz pudo firmar su excelente guión de “La flecha rota” (Broken arrow, ’50), abriendo la brecha de los westerns pro indios. El pueril y retorcido de McCarthy, vió en “La flecha rota”, con su tema del posible entendimiento entre los blancos y los indios, el avieso mensaje de la coexistencia pacifíca con los comunistas, confirmando con ello que Maltz era un “rojillo” contumaz.
Y para no variar, como ya estaba caminando por los terrenos de los films “B” o de presupuesto modesto, para decirlo de una manera “politicamente correcta” el western “Las armas del diablo” (The day of the evil gun, ’68) dirigido por Jerry Thorpe, con guión de Charles Marquis Warren, resultaba facíl detectar los paralelismos con “Más corazón que odio” (The searchers, ’56), “Misión de dos valientes” (Two rode togheter, ’62) y “El secreto del jinete” (Rides lonesom, ’59) entre otros. Los dos primeros dirigidos por John Ford y el tercero debido a Budd Boetticher.
En “Las armas del diablo” el pistolero Lorne Warfield regresa a su granja, después de tres años de ausencia, con la intención de guardar sus armas, se entera que su mujer y su hijo fueron ultimados por una gavilla de apaches. Su vecino Owen Forbes (Arthur Kennedy) lo contrata para que lo acompañe a rescatar a su esposa e hijos, que están en manos de unos apaches. Warfield acepta, impelido por el deseo de venganza y la frágil esperanza de encontrar con vida a su familia. En el trayecto, aflora el racismo y el odio de Forbes hacia los indios y, en Warfield la sospecha de que su vecino algo tuvo que ver en la desaparición de su familia. Y quizás la mayor diferencia entre los citados es que tratándose de una historia de Charles Marquis Warren, (a quién se debe el western más profunda y claramente racista “Hogueras de odio” (Arrowhead, ’53)) sea el énfasis y la sinceridad con que se expone la necesidad de exterminar a los indios, sin utilizar, como se diría hoy un evasivo lenguaje políticamente correcto. Por otra parte Jerry Thorpe, hijo de Richard, hace un correcto trabajo en la puesta de escena, sin dejar de observar que se trata de un realizador cuyo grueso de su labor la desarrollo en series y películas para la television. En todo caso, lo que hace visible y se salga de lo rutinario “Las armas del diablo” es la sólida presencia de Glenn Ford y Arthur Kennedy, cuyas actuaciones les otorgan densidad dramática a sus personajes.
El western “Smith”, (Smith,’69), dirigido por Michael O’Herlihy, producción Disney, con Glenn Ford a la cabeza del reparto no tuvo corrida de estreno en México, pudiendo decir poco sobre este film, en el cual, aparentemente, Ford era un ranchero que protector y tolerante de los indios, causandole problemas al ocultar a uno acusado de cometer un asesinato.
Mayor fortuna tuvo el pasable western “Los violentos van al cielo” (Heaven with a gun, ’69) de Lee H. Katzin., director de series y películas para televisión, el cual incursionó en algunas ocasiones en la pantalla grande, como es el caso de la que nos ocupa, sobre la extraña presencia en el pueblo de Vinegarron del ministro de culto Jim Killian (Glenn Ford) con pasado tormentoso, quien al verse envuelto en una guerra entre ganaderos y ovejeros, debe tomar partido por uno de ellos, poniéndose nuevamente las armas, al no ser persusivo, desde el pulpito, su mensaje de concordia.
La falla en taquilla de “Smith” lo llevó a realizar para la television la cinta “La hermandad de la campana” (The brotherhood of the bell, ’70) de Paul Wendekos, interesante thriller sobre el profesor Andrew Patterson (Glenn Ford) al cual un viejo compañero de escuela le exigir realizar un “trabajo sucio”, apelando a su compromiso con la sociedad secreta a la que pertenecieron en la escuela, unos 25 años atrás. En México se llegó a estrenar en cine, pero lo cierto es que su carrera, a partir de allí, se canalizó hacia la televisión, participando en la serie “Cade’s county”, exhibida en México por el nombre del personaje principal “Sam Cade”, encarnado por Glenn Ford, durante los tres años que duró la serie de 1971 a 1973.
En el año de 1973 protagonizó su última película en cine “Santee, el vengador” (Santee, ’73) dirigida por Gary Nelson, el cual tuvo una tardía y breve corrida de estreno en México, allá por 1978, teniendo referencias de que se trata de un western menor en que el pistolero Santee (Glenn Ford), a quien se le ha muerto su hijo, decide quedarse con el de un pistolero al que ha ultimado. Con el tiempo, al crecer el chico se da el conflicto entre los dos.
Después de “Santee, el violento” sus apariciones en cine fueron en roles secundarios o actuaciones especiales como cuando fue el papa terráqueo del hombre de acero en “Superman” (Superman, ’78) o el Almirante Raymond Sprunce en “La batalla de Midway” (Midway, ’76). En rigor lo que lo mantuvo en activo hasta 1991, fueron sus actuaciones en unas veinte cintas para television, pero es evidente que ya había pasado su momento de estar en la cumbre como una de las estrellas más taquilleras y populares del cine, en los años cincuenta y sesenta.
En la mayoría de las entrevistas sobre su obra cinematográfica, de una manera u otra, se las ingeniaba para terminar hablando de las películas de vaqueros: su género favorito y de estas charlas les ofrecemos esta síntesis sobre su visión del género: “El western es un mundo de hombres y me gusta. El western es directo y sin complicaciones. Historias sencillas sobre grandes emociones. Esa es una razón por lo cual es apreciado tanto en otras naciones. Mis películas de western aún son muy populares en países como Japón, Italia, Francia y Alemania”.
“Literalmente no tienes que hablar inglés para entender la historia. Toma un buen western clásico de John Ford, puedes entender toda la historia sin tener que oir una línea del diálogo. Ford, que no es mi pariente, era tan gráfico que contaba la historia con su cámara y las actitudes de sus actores. El verdadero drama se desarrolla en los rostros de la gente, John Ford, junto con Henry Hathaway y George Marshall, al igual que otros pocos más, aprendieron hace mucho que en las películas sonoras hay una tendencia a hablar demasiado. Ellos tuvieron la habilidad de hacer una película delgada, esbelta, a la que le quitaron la grasa o sea diálogos, sobre todo. No creo que un buen director deba ponerse nervioso cuando hay un poco de silencio. Algunos piensan que no esta sucediendo nada si no se habla todo el tiempo, pero yo no estoy de acuerdo con ello. Resumiendo en un par de frases hechas: el silencio es oro. La acción habla más fuerte que las palabras”.
Glenn Ford nunca trabajó bajo las órdenes de John Ford, Henry Hathawy o Raoul Walsh, pero si lo hizo con Delmer Daves, George Marshall, Anthony Mann y Henry Levin, entre otros, los cuales a través de 25 westerns le ayudaron a moldearse un tipo de hombre del oeste, que se mantiene vigente en el recuerdo de los aficionados al lado de otros grandes protagonistas como John Wayne, Gary Cooper, Randolph Scott, Henry Fonda. Joel McCrea, James Stewart o inclusive ese estrella de los westerns menores Audie Murphy. Bastaría revisar su trilogía de los dirigidos por Delmer Daves (“El hombre pacifico”, “El tren de las 3.10 a Yuma” y “Cowboy”) para darnos cuenta de su trasendencia en el western. Varias de sus comedias están entre las mejores de la decada de los cincuenta y sesenta, al igual que su aportación al cine negro en la extraordinaria “Los sobornados” de Fritz Lang, todos ellos nos permiten afirmar que Glenn Ford fue para una época del cine norteamericano, algo más que el hombre que abofeteó a Rita Hayworth.
Filmografia de Glenn Ford
(Nota primero va el título original de la película, seguido del utilizado en México, en la fecha de su estreno, el cual no necesariamente coincide con el que fueron exhibidas en España y que aparece en la infinidad de libros editados en ese país, dificultando identificar los films en cuestión en Latino América, al no incluir el original. Cuando después del título va en paréntesis (TVM) significa que fue una película hecha para televisión. No hemos puesto en esta lista las intervenciones en programas y series de televisión).
1937.- Night in Manhattan (1937) (Su crédito fue como Gwyllyn Ford) (Emcee)
1939.- Heaven with a Barbed Wire Fence (Su crédito ya fue de Glenn Ford) (Joe Riley)
1939.- My Son Is Guilty (MI HIJO ES VIL) (Barney)
1940.- Convicted Woman (MUJER CONVICTA) (Jim Brent, reportero)
1940.- Men Without Souls (HOMBRES SIN ALMA) (Johnny Adams)
1940.- Babies for Sale (TRAFICANTES DE NIÑOS) (Steve Burton)
1940.- The Lady in Question (LA INTRUSA/LA PROTEGIDA DE PAPA) (Pierre Morestan)
1940.- Blondie Plays Cupid (CUPIDO PIDE SOCORRO) (Charlie)
1941.- So Ends Our Night (ASI TERMINA LA NOCHE) (Ludwig Kern)
1941.- Texas (BANDOLEROS DE AYER) (Tod Ramsey)
1941.- Go West, Young Lady (UNA CHIC VALIENTE) (Sheriff Tex Miller)
1942.- The Adventures of Martin Eden (MARTIN EDEN) (Martin Eden)
1942.- Flight Lieutenant (ESE ES MI PADRE) (Danny Doyle)
1943.- The Desperadoes (LOS DESALMADOS) (Cheyenne Rogers)
1043.- Destroyer (ALGO MAS QUE LA VIDA/DESTROYER) (Mickey Donohue)
1946.- Gilda (GILDA) (Johnny Farrell)
1946.- A Stolen Life (VIDA ROBADA) (Bill Emerson)
1946.- Gallant Journey (JORNADA GLORIOSA) (John J. Montgomery)
1947.- Framed (PAULA) (Mike Lambert)
1948.- The Mating of Millie (HOMBRE DE MIS AMORES) (Doug Andrews)
1948.- The Man from Colorado (SUEÑOS DE ODIO) (Col. Owen Devereaux)
1948.- The Loves of Carmen (LOS AMORES DE CARMEN) (Don José)
1948.- The Return of October (EL ENSUEÑO DE MI VIDA) (Prof. Bentley Bassett Jr.)
1949.- The Undercover Man (DESTINO DE FUEGO) (Frank Warren)
1949.- Lust for Gold (ORO MALDITO) (Jacob ‘Dutch’ Walz)
1949.- Mr. Soft Touch (TU ERES MI VIDA) (Joe Miracle)
1949.- The Doctor and the Girl (CUERPOS Y ALMAS) (Dr. Michael Corday)
1950.- The White Tower (LA TORRE BLANCA) (Martin Ordway)
1950.- Convicted (EL DESTINO MANDA) (Joe Hufford)
1950.- The Flying Missile (DESTINO EN LAS NUBES) (Cmdr. William A. Talbot)
1951.- The Redhead and the Cowboy (EL SECRETO DE LA PELIRROJA) (Gil Kyle)
1951.- Follow the Sun (DEVOCION INVENCIBLE) (Ben Hogan)
1951.- The Secret of Convict Lake (PUEBLO SIN HOMBRES) (Jim Canfield)
1952.- The Green Glove (EL GUANTE VERDE) (Michael ‘Mike’ Blake)
1952.- Young Man with Ideas (AMBICIONES DE JUVENTUD) (Maxwell Webster)
1952.- Affair in Trinidad (OTRO AMOR) (Steve Emery)
1953.- Time Bomb (Maj. Peter Lyncort)
1953.- The Man from the Alamo (POR LA PATRIA) (John Stroud)
1953.- Plunder of the Sun (PILLAJE AL SOL) (Al Colby)
1953.- The Big Heat (LOS SOBORNADOS) (Det. Sgt. Dave Bannion)
1953.- Appointment in Honduras (CITA EN HONDURAS) (Jim Corbett)
1954.- Human Desire (LA BESTIA HUMANA) (Jeff Warren)
1955.- The Americano (EL AMERICANO) (Sam Dent)
1955.- The Violent Men (LOS MALOS) (John Parrish)
1955.- Blackboard Jungle (SEMILLA DE MALDAD) (Richard Dadier)
1955.- Interrupted Melody (MELODIA INTERRUMPIDA) (Dr. Thomas ‘Tom’King)
1956.- Trial (LA FURIA DE LOS JUSTOS) (David)
1956.- Ransom (RESCATE) (David Stanard)
1956.- Jubal (EL HOMBRE PACIFICO) (Jubal Troop)
1956.- The Fastest Gun Alive (EL PISTOLERO INVENCIBLE) (George Temple/George Kelby, Jr.)
1956.- The Teahouse of the August Moon (LA CASA DE TE DE LA LUNA DE AGOSTO) (Capt. Fisby)
1957.- 3:10 to Yuma (EL TREN DE LAS 3:10 A YUMA) (Ben Wade)
1957.- Don’t Go Near the Water (MARINERO NO TE METAS AL AGUA) (Lt. J.G. Max Siegel)
1958.- Cowboy (COWBOY) (Tom Reese)
1958.- The Sheepman (PASTO DE SANGRE) (Jason Sweet)
1958.- Imitation General (GENERAL IMPROVISADO) (MSgt. Murphy Savage)
1958.- Torpedo Run (ATAQUE SUBMARINO) (Lt. Cmdr. Barney Doyle)
1959.- It Started with a Kiss (COMENZO CON UN BESO) (Sgt. Joe Fitzpatrick)
1959.- The Gazebo (SIN TALENTO PARA MATAR) (Elliott Nash)
1960.- Cimarron (CIMARRON) Yancey ‘Cimarron’ Cravat
1961.- Cry for Happy (LA CASA DE LAS TRES GEISHAS) (CPO Andy Cyphers)
1961.- Pocketful of Miracles (MILAGRO POR UN DIAA) (Dave ‘the Dude’ Conway)
1962.- The Four Horsemen of the Apocalypse (LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS) (Julio Desnoyers)
1962.- Experiment in Terror (MERCADER DEL TERROR) (John ‘Rip’ Ripley)
1963.- The Courtship of Eddie’s Father (EL AMOR LLAMO DOS VECES) (Tom Corbett)
1963.- Love Is a Ball (MERCADO DE AMOR) (John Lathrop Davis)
1964.- Advance to the Rear (AVANCE A LA RETAGUARDIA) (Capt. Jared Heath)
1964.- Fate Is the Hunter (EL DESTINO ME PERSIGUE) (Sam C. McBane)
1964.- Dear Heart (CORAZON QUERIDO) (Harry Mork)
1965.- The Rounders (JINETES INTREPIDOS) (Ben Jones)
1965.- The Money Trap (LA TRAMPA DEL DINERO) (Joe Baron)
1966.- Paris brûle-t-il? (¡ARDE PARIS!) (Général Bradley / Lt. Gen. Omar N. Bradley)
1966.- Rage (EL MAL) (Doc Reuben)
1967.- A Time for Killing (FURIA SIN FRENO) (Maj. Tom Wolcott)
1967.- The Last Challenge (PISTOLERO) (Marshal Dan Blaine)
1968.- Day of the Evil Gun (LAS ARMAS DEL DIABLO) (Lorn Warfield)
1969.- Smith (Smith)
1969.- Heaven with a Gun (LOS VIOLOENTOS VAN AL CIELO) (Jim Killian/Pastor Jim)
1970.- The Brotherhood of the Bell (TVM) (LA HERMANDAD DE LA CAMPANA) (Prof. Andrew Patterson)
1973.- Jarrett (TVM) (Sam Jarrett)
1973.- Santee (SANTEE, EL VENGADOR) Santee
1974.- The Disappearance of Flight 412 (TVM) (Colonel Pete Moore)
1974.- The Greatest Gift (TVM) (Rev. Holvak)
1974.- Punch and Jody (TVM) (Peter ‘Punch’ Travers)
1976.- Midway (LA BATALLA DE MIDWAY) (Rear Admiral Raymond A. Spruance)
1976.- Once an Eagle (Mini serie de TV) (George Caldwell)
1977.- The 3,000 Mile Chase (TVM) (Paul Dvorak/Leonard Staveck)
1977.- Evening in Byzantium (TVM) (Jesse Craig)
1978.- Superman (SUPERMAN) (Jonathan Kent)
1979.- The Visitor (VISITANTE DEL MAS ALLA) (Det. Jake Durham)
1979.- The Sacketts (TVM) (Tom Sunday)
1979.- Beggarman, Thief (TVM) (David Donnelly)
1979.- Day of the Assassin (EL DIA DE LOS ASESINOS) (Christakis)
1979.- The Gift (TVM) (Billy Devlin)
1980.- Fukkatsu no hi (EL FINAL) (President Richardson)
1981.- Happy Birthday to Me (FELIZ CUMPLEAÑOS PARA MI) (Dr. David Faraday)
1986.- My Town (TVM) (Lucas Wheeler)
1989.- Law at Randado (TVM)
1989.- Casablanca Express (Major Gen. Williams)
1990.- Border Shootout (Sheriff John Danaher)
1991.- Raw Nerve (Captain Gavin)
1991.- Final Verdict (TVM) (Rev. Rogers)