Glenn Ford: una estrella longeva (Tercera parte)

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Dic 18th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

glenn-3-human.jpgEn 1938 Jean Renoir consiguió una de sus obras maestras del realismo poético, al llevar a la pantalla una adaptación de la obra de Emile Zola “La bestia humana” (La bete humanine, ‘38) con Simone Simon y Jean Gabin en los roles principales, la cual tuvo mucho éxito de público. Jerry Wald que estuvo a cargo de la producción de “Tempestad de pasiones” (Clash by night, ‘52) dirigida por Fritz Lang en la 20th Century Fox, cuando pasó a la Columbia y después de la acogida de “Los sobornados”, propuso a Harry Cohn que podría ser un buen vehículo para lucir a Rita Hayworth en una nueva versión de la obra de Zola, dirigida por Fritz Lang. Retrasos en el rodaje en Canáda y problemas de Rita para salir de los Estados Unidos la sacaron del proyecto y, aunque se terminaron filmando los exteriores en las instalaciones de un ferrocarril en California, la Columbia ya había decidido que Glenn Ford y Gloria Grahame fueran los protagonistas.

La versión francesa hacía hincapié en los aspectos sociales de las motivaciones de la conducta de los personajes, mientras que “La bestia humana” (Human desire, ‘54), lo hace en los individuales. Fritz Lang y el guionista Alfred Hayes conocían a profundidad la novela, pero cuando Jerry Wald vio el guión estuvo a punto de rechazarlo. Dándose la siguiente conversación, conforme al relato de Lang: “Están equivocados los dos. Esto se llama ‘La bestia humana’. Pero todo el mundo es malo en nuestra película”. Lang le respondió: “Naturalmente porque Zola quería mostrar que en todo ser humano hay una bestia”. Wald replicó: “Los dos no lo entienden. ¡La bestia humana es la mujer…!

glenn-3-human-a.jpgFernando Méndez-Leite en su libro Fritz Lang señala: “Mientras que ‘La bestia humana’, de Renoir reflejaba la trágica odisea de un ser, víctima de un destino, atrapado en lo mejor de su vida ‘Deseos humanos’ (título con el que paso en España), tal y como Lang y Hayes la desarrollaron, apenas representa la pesadilla de un inocente envuelto en las redes del destino”.

Sin embargo, para el espectador que no conoce la obra literaria, ni la versión francesa “La bestia humana” es un excelente melodrama de triangulo amoroso y celos, provocados por una ambiciosa mujer, caracterizada estupendamente por Gloria Grahame, capaz de llevar al asesinato a su esposo (Broderick Crawford), hacerse amante del mejor amigo de su marido (Glenn Ford) (en una actuación harto contenida, pero eficaz), a quién trata de convencer de ayudarla a eliminar a su esposo. En un delirante final Crawford mata a la Grahame, para después suicidarse. La puesta en escena de Lang tiene unos momentos muy bien logrados, pero algo le falta para equipararla con sus obras maestras, aunque es digna de verse y recomendarse.

Churro o mejor dicho gringada infumable es “El americano” (The americano, ‘55) dirigida por William Castle. Ford es un cowboy que vende unos toros a un brasileño y acepta ir a su país a supervisar su apareamiento. Situada en la época actual, “El americano”, sólo tuvo exhibición por televisión en nuestro país allá por 1973. Se maneja en su puesta en escena como un western, con todo y enfretameniento final de Ford con unos ladrones de ganado en Brasil. Sarita Montiel iba a ser la dama joven, pero finalmente después de varios retrasos y contratiempos en la filmación, quien se quedó con el papel fue fue Ursula Theiss, en esta producción independiente de la RKO, que estuvo a punto de abandonarla el actor y la terminó, mucho después del rodaje de “Los malos” (The violent men, ‘55) con la cual se empalmo su filmación.

glenn-3-violent.jpgEl polaco Rudolph Mate fue un reputado operador de fotografía desde los años veinte. Devino en director en 1947 con el melodrama “Tenías que ser tu” (It had to be you, ‘47) y sin jamás trascender la categoría de artesano, logró en el campo, sobre todo del cine negro y del western, algunos interesantes filmes, como es el caso de “Los malos”, en la cual Glenn Ford era un pequeño granjero en conflicto con el cattle king o poderoso ganadero Edward G. Robinson (Lee Wilkinson), empecinado en apoderarse de todas las pequeñas propiedades colindantes con su emporio. Robinson esta casado con Barbara Stanwyck, que no le va a la zaga en ambición y lo engaña con su cuñado Brian Keith con tal de lograr su propósito de dominación. Como es lógico suponer, Ford termina por encabezar a los granjeros en su lucha contra el clan Wilkinson, al tiempo de conseguir el amor de Dianne Foster, la hija de Robinson y Stanwyck, después de enterarse ella de la infidelidad de su madre.

Hay grandes momentos y escenas en “Los malos” que parecen enfilarla hacia un drama de proporciones épicas, pero el resultado final es que estamos ante una obra fallida, en donde lo más rescatable es la fotografía y el uso del espacio escénico, en particular durante el incendio de la casa del rancho de los Wilkinson, provocado por la propia Stanwyck para eliminar a su esposo. También resaltan sus secuencias de sadismo en los diversos enfrentamientos entre los protagonistas, justificando adecuadamente su titulo original en inglés “The violent men” (Hombres violentos). Pero es precisamente la presencia de esa gran actriz Barbara Stanwyck lo mejor del filme, al bordar todo un personaje inolvidable en su maldad, que difícilmente podemos olvidar, después de haber disfrutado “Los malos”.

glenn-3-semilla.jpgTres son las películas distintivas que imponen el tema de la delincuencia juvenil, en el cine americano durante la década de los cincuenta. Conforme a su fecha de estreno ellas son “El salvaje” (The wild one, ‘54) de Lazlo Benedeck; “Semilla de maldad” (The blackboard jungle, ‘55) de Richard Brooks y “Rebelde sin causa” (Rebel without cause, ‘55) de Nicholas Ray. Por coincidencia, las tres marcaron a sus protagonistas principales: Marlon Brando fortaleció su imagen de rebelde; Glenn Ford la del americano mesurado, justo y de ideas liberales; y James Dean se tornó en mito, símbolo de una generación.

“Semilla de maldad” inició su rodaje formal el 15 de noviembre de 1954, a partir de la novela publicada en 1952 “Blackboard jungle” de Evan Hunter, cuyo verdadero nombre era el de Salvatore Albert Lombino, maestro de escuela secundaria, quién plasmó en su obra precisamente su experiencia en el EVANder Childs High School and HUNTER College, localizado en Nueva York y de donde obtuvo su seudónimo, el cual seguiría utilizando en su obra posterior, junto con el de Ed McBain, entre otros.

La MGM compró los derechos del libro que armó revuelo y puso el proyecto en manos del inquieto y liberal director Richard Brooks, el cual en “Hollywood : la casa encantada” de Paul Mayersberg nos subraya: “Aunque estaba ligado por un contrato de siete años con la MGM, cuando el argumento de ‘Blackboard jungle’ (La Jungla del Pizarrón) llegó a mis manos, rehusé toda clase de compromiso con respecto al estilo de fotografía, montaje, reparto, etc., propios del estudio. Era la primera vez que se me presentaba la oportunidad de decir ‘No, no quiero hacer la película de este modo que no sea este’. Pero surgieron complicaciones. Intentaron no estrenarla porque la oficina de Nueva York opinó: ‘Es una película terrible. Verla no le hará bien a nadie’. Me enviaron una nueva escena para añadir en la cual Glenn Ford, el maestro, va a la policía o al director y dice: ‘Si cree que aquí tenemos problemas, tendría que ver como está la delincuencia en Rusia’. Entonces exploté: ‘¿Qué tiene que ver Rusia con este asunto? Yo conozco estos hechos. De chico he estudiado en escuelas como esta y puedo dar fe de su autenticidad. ¿Para que meten a Rusia en esto?’ Y me contestaron: ‘No queremos que nadie diga que estamos criticando a América’. ‘Qué hay de malo en criticar a América? Somos americanos. No pienso rodar la escena, tendrán que buscar a otro. ¡Si al público no le gusta, es algo que no puedo evitar¡’”. Efectivamente, la escena no se filmó.

blackboardjunglebsm.JPGPor su parte David Manning White y Richard Averson en su libro “El arma del celuloide” comentan: “Si las numerosas informaciones periodísticas acerca de la tensión e incluso violencia reinantes en las escuelas de muchas ciudades norteamericanas no lograron que el público tuviera clara conciencia de esa grave situación, “Semilla de maldad”, dramatizó ese problema con un fuerte llamado de alarma. La escuela profesional donde se desarrolla la impresionante novela de Evan Hunter era un microcosmos de las convulsiones que desorganizabn las aulas de muchas grandes ciudades. Los indómitos muchachos de ‘Semilla de maldad’ agregan su propia ‘r’, ‘rampage’ (vandalismo), a las tres ‘r’ tradicionales correspondientes a ‘reading, riting y rithmetic’ (lectura, escritura y aritmética). (Incluso un Mr. Chips o una Miss Bishop, a pesar de ser grandes maestros, habrían levantado sus manos en señal de desesperación.) Su maestro, el señor Dadier –que pronto recibe el apodo de ‘Daddy-O’ por sus acusaciones- nunca siguió un curso que le enseñase cómo rechazar a un alumno que lo ataca con una navaja abierta. En contraste con las experiencias reales de muchos docentes que fueron vejados y golpeados en las ruinosas escuelas municipales de los barrios bajos, Dadier logra establecer finalmente cierta armonía en las relaciones con sus alumnos.”

“A causa de la imagen negativa que ofreció de una de las principales instituciones norteamericanas, la educación pública, ‘Semilla de maldad’ suscitó críticas por parte de aquellos que se preocupaban por la imagen de Estados Unidos en el exterior. Edward R. Murrow, en ese entonces director de la Oficina de Información de Estados Unidos, y Norman Cousins del Saturday Review, entre otros, expresaron el temor de que los públicos del extranjero pudieran extraer falsas conclusiones acerca de la vida norteamericana sobre la base de películas que Hollywood exportaba a otros países. Clare Boothe Luce, en aquel tiempo embajadora de Estados Unidos en Italia, acusó a ‘Semilla de maldad’ de no ser representativa de las escuela públicas norteamericanas”. (La embajadora Clare Boothe Luce intervino para que “Semilla de maldad” no fuera exhibida en el Festival de Venecia, en la sección oficial, a pesar de ya estar programada)

“Durante una entrevista, un periodista preguntó a Richard Brooks, director del filme, si pensaba que tenía derecho a mostrar a Estados Unidos bajo una luz tan desfavorable. Brooks respondió: ‘Lo importante no es ‘si yo tengo el derecho’ sino si es la verdad. Estados Unidos es un millón de cosas, y ésta es una de ellas, una cosa pequeña. Si es mala tenemos que corregirla. Si es una mentira, de todos modos nadie irá a verla. Si no se quiere decir la verdad, entonces es cuando andan mal las cosas’. Brooks recuerda que el día del estreno de la película en Nueva York un maestro fue herido de una puñalada y arrojado por el tejado”.

blackboardjungle.jpgLa MGM jugó con la idea de poner a Robert Taylor o Mickey Rooney, antes de decidirse por Glenn Ford, para el rol del excombatiente de Corea, Dick Dadier, quién al no encontrar trabajo, al regresar de la guerra, acepta el de maestro de escuela en una ‘high schoo’l de barrio bajo, con una serie de conflictos entre los mentores y los estudiantes, la mayoría de ellos pertenecientes a diversas minorías raciales, cuyo lazo en común es su marginalidad y ser prospectos de carne de presidio. Dadier busca ofrecerles, con sus enseñanzas, una posibilidad de salida a su situación y aunque hay un relativo final feliz, en el fondo queda la sensación de la imposibilidad de romper con el círculo de miseria y falta de oportunidades, desde la sociedad misma, para su posible recuperación. Junto con Glenn Ford destaca en “Semilla de maldad” la labor de Sidney Poiter y Vic Morrow. Igualmente el uso de “Rock around the clock” (Al compás del reloj) interpretada por Billy Haley y sus cometas, en los créditos iniciales y al final, así como algunos compases durante el desarrollo, para contrastarlos con melodías de jazz suave, que sirven de yuxtaposición, marcando con intensidad la violencia, son otro de los aciertos del film. La inclusión del tema de Haley se debió a Peter, el hijo de Glenn, quién en el verano del ’54 compró el album “Thirteen Women And Only One Man in Town”, haciéndoselo escuchar a su papá, gran aficionado a la música, al igual que su mamá Eleanor Powell, a quién también le gustó el estilo del roquero. Al reunirse el director Richard Brooks, con el actor en su casa, al discutir sobre la posible música, Peter puso el disco y Brooks terminó por convencerse y así la MGM compró los derechos de la pieza en 5,000 dólares, para ser utilizada, máximo, en tres ocasiones en la película. Si la productora hubiera pagado otros 2,500, se habría quedado con los derechos totales de una canción a la que seguramente no le vieron su potencial de éxito. Después del estreno de la película, el disco se mantuvo varias semanas en el primer lugar de ventas, hasta llegar a 25 millones de copias, sólo en los Estados Unidos.

Al ser estrenada “Semilla de maldad” el 25 de marzo de 1955, “Rebelde sin causa” llevaba dos semanas de rodaje; al medir la Warner, el impacto del film de Glenn Ford, en su primer fin de semana, suspendió el rodaje en blanco y negro, pantalla plana, que estaba llevando a cabo, y lo que era un proyecto barato, se convirtió en algo prioritario, dándole instrucciones a Nicholas Ray, para utilizar el color y el cinemascope, ampliando, obviamente, el presupuesto de ese clásico del cine.

La diferencia básica, para mi gusto, entre “Semilla de maldad” y “Rebelde sin causa”, para que la primera tuviera mayores problemas de explotación y posterior exhibición, estriba en que “Semilla de maldad” hace un enfoque sobre las condiciones sociales que imperan en el entorno de esos seres marginales, para que no tengan escapatoria; mientras que “Rebelde sin causa”, lo reduce el conflicto a lo individual, siendo más optimista en cuanto a la posibilidad de salvación de sus personajes. Pero junto con “El salvaje” las tres, reitero, son importantes para entender el cine de delincuentes y marginales juveniles, durante los cincuenta.

melodia.jpgMarjorie Lawrence fue una exitosa cantante de ópera, entre finales de los años veinte y mediados de los cuarenta, quien viera interrumpida su carrera al sobrevenirle un ataque de polio, provocándole paralisis en sus piernas, pero merced a su tenacidad y la ayuda de su marido el Dr. Tom King, pudo volver a los escenarios a continuar su carrera. Esta lucha es narrada en el excelente melodrama “Melodía interrumpida” (Interrupted melody, ‘55) de Curtis Bernhardt. El film nos da una visión rápida de la vida de Marjorie en Australia, donde nació el 17 de febrero de 1907; a los 18 años estudió en Melbourne. Debutó profesionalmente en Monte Carlo, interpretando el rol de Isabel en la ópera “Tannhauser”. De 1933 a 1938 trabaja regularmente en la Opera de París, siendo considerada una de las grandes sopranos de su época. Estando en París, según la película, basada en la autobiografía de la cantante, conoce a su esposo Tom, quien estaba de visita en Paris durante una convención y en una escena, que se supone harto romántica, al estar en un restaurante de lujo, para demostrarle cuanto lo ha impresionado, pide se quite sus zapatos y sirve champaña en ellos para brindar, rendido a sus pies. Como atractivo adicional de este melodrama esta la utilización de varios fragmentos de óperas famosas, para deleite de los aficionados al ‘bel canto’. La pelirroja y atractiva Eleanor Parker logró una gran caracterización de Marjorie Lawrence, obteniendo su tercera nominación al Oscar, mientras Glenn Ford se muestra competente como el Dr. Tom King.

A raíz del éxito de “Semilla de maldad” y “Melodía Interrumpida” estrenadas el mismo día, la MGM le ofreció a Ford un jugoso contrato por varios años y un determinado número de películas, convirtiéndolo en la estrella masculina mejor pagada del momento, por encima de Jerry Lewis, Rock Hudson y Tony Curtis. Ford obtuvo, adicionalmente, el beneficio de poder trabajar, con otros estudios, bajo ciertas condiciones, pero en rigor beneficiosas para él.

furiajustos.jpgEstablecido ya su millonario contrato con la MGM, el estudio no quiso desaprovechar la imagen que le proporcionó “Semilla de maldad”, así su siguiente película “La furia de los justos” (Trial, ‘55) dirigida por Mark Robson, trataba un tema polémico, sobre un joven mexicano-norteamericano, acusado de haber intentado violar a una adolescente, la cual sufre un paro cardíaco. El muchacho Rafael Campos (Angel Chávez) es arrestado al haber estado cerca del lugar donde se encontraba la chica. La multitud trata de lincharlo, pero la policía lo impide. El abogado pro comunista Barney Castle (Arthur Kennedy) le ofrece a Consuelo (Katy Jurado) defender a su hijo. En el equipo de la defensa participa David Blke (Glenn Ford) maestro de derecho, quién se da cuenta de las intenciones de Barney de utilizar al chico como un mártir de la causa, al encauzar la defensa por los rumbos de la propaganda política. Al final David consigue un juicio justo, con todo y juez negro (Juano Hernandez).

A pesar de su mensaje anticomunista, muy acorde con el momento histórico de su realización en pleno macartismo, “La furia de los justos” es un tenso drama de conflictos de prejuicios raciales y manipulación política, articulado en un excelente guión de Don M. Mankiewicz, adaptado a partir de su propia novela. Don es hijo de Herman J. Mankiewicz, renombrado guionista a quién se debe el texto de “El ciudadano Kane”. A la vez, sobrino del director Joseph L. Mankiewicz. Tanto Herman como Joe gozaron siempre de reputación de intelectuales, propensos a abordar temas de actualidad, comprometiéndose con su material, por ello no es de extrañar que Don incursionara en los temas controversiales, impregnando a su historia de contenido y tesis.

Glenn Ford y Dorothy McGuire, en el rol de su novia, tienen buenos momentos de actuación, junto con Katy Jurado, pero quien se “roba” la película es Arthur Kennedy, como el abogado demagogo, recibiendo por ello la tercera de sus cinco nominaciones al Oscar de Mejor Actor Secundario, aunque nunca lo ganó.

glenn-3-rescate.jpgEn 1996 Mel Gibson y Renne Russo protagonizaron el excelente thriller “El Rescate” (Ransom, 96) dirigido acertadamente por Ron Howard, con un guión de Richard Price y Alexander Ignon, teniendo como base la bien estructurada historia de Cyril Hume y Richard Maibaum, que treinta años atrás le significó a Glenn Ford y Donna Reed uno de sus mejores filmes de suspenso y acción, cuyo titulo fue igualmente “Rescate” (Ransom, ‘56) dirigido por Alex Segal, jefe de Departamento de Drama de la Universidad de California, quién sólo en cuatro ocasiones tomó el megáfono de director, siendo “Rescate” su mejor trabajo. La historia gira sobre un alto ejecutivo al cual le secuestran su hijo, quién decide no pagar el rescate y ofrecer, en cambio, el dinero del mismo a aquél que le entregue al secuestrador. Para aquellos aficionados interesados en la evolución del cine y la forma de resolver similares situaciones, en diferente momento, les sugiero conseguir ambas versiones para compararlas, dado que la de Gibson, no se limita a seguir la historia original, al ofrecernos nuevas perspectivas de solución tanto en la trama , como en la puesta en escena, derivadas de los avances en la técnica y el ritmo narrativo. En rigor una no excluye la visión de la otra, en la de 1956, Glenn Ford logró uno de sus mejores trabajos de interpretación.

El trío compuesto por el director Delmer Daves, el cine fotógrafo Charles Lawton Jr. y el actor Glenn Ford, unieron sus talentos en la realización de una tercia de magníficos westerns integrada por “El hombre pacífico” (Jubal, ‘56), “El tren de las 3:10 a Yuma” (3;10 a Yuma, ‘57) y “Cowboy” (Cowboy, ‘58). El primero en estrenarse el 6 de abril de 1956 fue “El hombre pacífico” basado en una novela de Paul Wellman y guión de Russell S. Hughes y el propio Daves, quién naciera el 24 de julio de 1904 en San Francisco, California, dentro del seno de una familia de abuelos pioneros. Durante una etapa de su infancia y juventud vivió entre los navajos y los hopis, cuyas costumbres aprendió y reflejó en varios de sus filmes. Para “La flecha rota” (Broken arrow, 50), “Toque de tambores” (Drum beat, 54) y “La última carreta” (The last wagon, 56), hizo sendas investigaciones, rechazando las visiones folklóricas sobre los hábitos de los chiricahuas (apaches), los moloc y los comanches, respectivamente, sobre los cuales giran los tres filmes citados. Estudió Derecho en la Universidad de Stanford, pero nunca ejerció. Ingresó al cine en 1923, en el departamento de diseño artístico trabajando en el western clásico del cine mudo “La caravana del oeste” (The covered wagon, 23) de James Cruze. Hizo algunas apariciones como actor entre 1928 y 1932, pero más en en plan de extra.A partir de 1929 realiza labores de guionista en la Warner por varios años, hasta saltar a la dirección en 1943 con “Cuando yo vuelva” (Destination Tokio, ‘43), filme de propaganda bélica, en tono de semi documental sobre la vida cotidiana en un submarino, siguiendo un guión suyo. Entre 1943 y 1965 dirigió 30 películas de las cuales nueve de ellos fueron westerns. A excepción de “El retorno del texano” (Return of the texan, ‘52) y “Los malvados de Yuma” (The badlanders, ‘58), los otros siete, faltando solo por mencionar “El árbol de la horca” (The hanging tree, ‘59) van de lo bueno a lo excelente. Figurando, por lo menos, tres de ellos, en cualquier antología o encuesta sobre los mejores 100 westerns del cine; dependiendo el orden del gusto del crítico o aficionado los títulos que incluya de entre esos siete, en dicha selección.

jubal.jpgEn “El hombre pacífico” Jubal (Glenn Ford) es un solitario y errante vaquero, con pasado tortuoso, el cual consigue trabajo y ganarse la confianza del bondadoso terrateniente Shep Horgan (Ernest Borgnine), quién lo nombra su capataz, por encima de las ambiciones de su empleado “Pinky” Pinkum (Rod Steiger), con más tiempo de trabajar en el rancho. Shep esta casado con la atractiva y sexualmente insatisfecha Mae Horgan (Valerie French), quién intenta seducir a Jubal, pero este esquiva sus claras insinuaciones, al no querer ser desleal a Shep, quién sin conocerlo le brindó su apoyo y confió en que Jubal podría enderezar su camino. A su vez “Pinky” busca a Mae para poserla, pero ella lo rechaza. Llevado por su frustración “Pinky” siembra la cizaña de los celos en Shep, para provocar el enfrentamiento entre Jubal y su patrón, con los resultados trágicos previsibles en una adaptación del drama de William Shakespeare “Otelo” trasladado al universo del western. Charles Lawton consigue una brillante fotografía en color y cinemascope, tendiente a los tonos ocres, en que lucen esplendidos los paisajes naturales. El ritmo tenso y de pasión in crescendo, impuesto por Daves, a su puesta en escena, le dan a “El hombre pacífico” un tono de vibrante drama de principio a fin, con un brillante plantel de actores, en que destacan, junto a Ford y Borgnine, Rod Steiger y la provocativa Valerie French. Sin olvidar en roles secundarios a Felicia Farr; Charles Bronson; Jack Elam y Noah Beery Jr.

A un pueblo del oeste arriba el despiadado y neurótico bandolero Vinnie Harold (Broderick Crawford) acompañado por dos secuaces Tylor Swope (John Denher) y Dink Welles (Noah Beery Jr.); detiene su caballo frente al saloon, al desmontar grita el nombre de Fallon, desafiándolo para demostrar quién es el más rápido de los dos. Se enfrentan y muere Fallon. Vinnie le ordena al sepulturero que lo entierre y ponga en la lápida de su tumba que fue muerto por el pistolero más rápido vivo. Conforme se alejan del villorio, el ciego del pueblo pronuncia la frase: “No matter how fast you are, there’s always someone faster.” (No importa lo rápido que seas, siempre habrá alguien mejor que tú). Han transcurrido menos de cuatro minutos y la secuencia inicial de “El pistolero invencible” (The fastest gun alive, 56) ya nos ha atrapado y, la frase del ciego pronunciada un tanto en sentido profétoico y otro de maldición, nos remite al tema de “Fiebre de sangre” (The gunfighter, ‘50) de Henry King, sobre el sino trágico del pistolero famoso, expuesto a ser ultimado por alguien deseoso de adquirir renombre matándolo.

glenn.jpgLa acción se traslada a Cross Creak en donde el tendero del pueblo George Temple (Glenn Ford), vive frustrado al estar obligado a cumplirle a su esposa Dora (Jeanne Crain) la promesa de no usar una pistola. George es el hijo de un sheriff, el cual le enseño el manejo de las armas y a desenfundar con rapidez. Sin embargo una noche en que unos malhechores emboscaron a su progenitor, se paralizó de miedo y no pudo impedir lo mataran. Tiene cuatro años de no probar licor y batallar con su cobardía. Un día se harta de ser el hazmerreír de sus conciudadanos, se pasa de copas y les demuestra su habilidad en el manejo de las armas. El pueblo se reúne y toman la decisión de pedirle a George marcharse, ya que de saberse que vive allí no faltarán los pistoleros dispuestos a probar ser mejores que él.

Vinnie y su pandilla asaltan el banco de Yellow Fork, matando al hermano del sheriff del lugar, quién forma una partida para atraparlos. En su huída llegan a Cross Creak y se enteran de la existencia de George. Y aunque los compinches de Vinnie lo urgen a continuar su escape, para Vinnie es más importante probar que es el pistolero más rápido vivo y amenaza con prenderle fuego al pueblo si George no acepta su reto. Después de una discusión en la iglesia, al tipo de “A la hora señalada” (High noon, 52), otro referente para el entendimiento de la atmósfera y el contexto de este modesto, pero extraordinario western. Forzado por quiénes querían expulsarlo, George deberá superar su miedo a matar, debiendo enfrentarse a Vinnie.

Russell Rouse escritor, director y productor independiente de cintas de bajo presupuesto, destacó en el cine negro con sus guiones. De las 10 películas que dirigió, dos de ellas fueron westerns “El pistolero invencible” y el un tanto exótico o heterodoxo, pero de cierto interés “Tormenta bajo el sol” (Thunder in the sun, ‘59) con Jeff Chandler y Susan Hayward. “El pistolero invencible” filmada en blanco y negro, como prueba de ser un proyecto modesto y concesión a su estrella Glenn Ford de parte de la MGM, cuando se empecinó en protagonizarla al haberle gustado el guión. Fue estrenada el 15 de julio de 1956 en unos cuantos cines. Para sorpresa del estudio se convirtió en un éxito de taquilla y con el tiempo en un filme de culto del género. Aunque hay demasiadas explicaciones de “psicología de bolsillo”, con el objeto de hacernos entender las motivaciones de George y Vinnie, las sólidas actuaciones de Broderick Crawford y Glenn Ford, mantienen a flote el clima de tensión de la historia. Crawford le da fuerza y credibilidad a su pistolero de actitudes esquizoides, sin caer en la sobre actuación. Igualmente Ford nos convence de la tortura de su personaje y convicción de no desenfundar a menos que vaya a disparar y cuando dispare pegar al blanco en el centro del mismo. George no cree, a diferencia del macho de Vinnie, que la medida de un hombre esté en su habilidad para el manejo de las armas. “El pistolero invencible” es, indudablemente, uno de los cinco mejores westerns de Glenn Ford y según el director David Cronsberg inspirarle, en parte, el tema de su thriller “Una historia de violencia” (A history of violence, 05,) con Virgo Mortesen, en el cual encontramos, sobre todo en su arranque y planteamiento del tema, referencias a la cinta de Glenn Ford y, más que nada, en hacer participes a sus mafiosos de un código de comportamiento, si vale llamarle así, westerniano.

(A finales de los años cincuenta una revista especializada en cine y en particular en el western, realizó una medición sobre la rapidez de algunos actores para desenfundar una pistola, tomando en cuenta escenas en donde no se apreciaba un corte o inserto que desvirtuara la habilidad, o simplemente recibiera ayuda técnica el actor. Entre los finalistas estuvieron, entre otros, John Wayne, Randolph Scott, Joel MacRea, Kirk Douglas y Burt Lancaster, entre otros. Glenn Ford resultó el pistolero más rápido de Hollywood al promediar 0.4 segundos)

Vern Sneider sirvió en la marina durante la Segunda Guerra Mundial, tocándole estar en la isla de Okinawa cuando fue ocupada por las fuerzas norteamericanas. Tuvo a su cargo la administración de la aldea de Tobaru, un campo nativo de más de 5,000 refugiados. Tal experiencia la plasmó en la novela “La casa de te de la luna de agosto”, reservándole algunas de sus características al personaje del capitan Fisby y recurriendo a compañeros de armas como modelos para otros. Estando en 1951 la novela en galeras, su agente y productor teatral Maurice Evans le urgió en realizar la adaptación teatral de la misma, pero al fin de cuentas se debió recurrir al dramaturgo John Patrick, quién realizó con enorme fortuna dicha labor. La novela se convirtió en un best seller al salir al mercado a finales de 1951. Mientras la obra se retrasó debido a tener ocupado Evans su teatro con “Dial M for murder” y sería hasta el 15 de octubre de 1953, bajo la dirección de Robert Lewis el estreno en Broadway, con David Wayne en el rol del traductor Sakini y John Forsythe como Fisby.

Hollywood le echó el ojo de inmediato al éxito teatral de esa temporada, quedándose finalmente con los derechos la MGM para filmar “La casa de té de la luna de agosto”. Marlon Brando manifestó su interés en participar en el proyecto, suponiéndose, en un principio, haría de Fisby, el capitán del ejército encargado de introducir a los japoneses de Okinawa, en las bondades del american way of life, pero el actor se empecinó en sacar adelante el de Sakini, razón para entrar Glenn Ford al proyecto como Fisby.

brando-teahouse-02.jpgSi uno se atiene a los recuerdos de Brando “La casa de té de la luna de agosto” (The teahouse of august moon, ‘56) fue un completo desastre, por ejemplo en el libro “Brando sobre Brando” nos encontramos esta referencia: “La obra de Broadway, en la que David Wayne interpretaba maravillosamente a Sakini, era una divertida y delicada comedia de costumbres, ambientada en un tempestuoso enfrentamiento de culturas. Como he comentado con anterioridad, una obra bien escrita casi es una obra a prueba de actores, pero Glenn Ford y yo demostramos con que facilidad los actores pueden echar a perder una buena obra o una buena película cuando están tan preocupados por ellos mismos y por su interpretación que no actúan de común acuerdo. Fue una película espantosa y el papel que me dieron no era apropiado para mí”.

En rigor lo que no marcharon adecuadamente fueron las relaciones entre los dos “divos” durante el rodaje, al empecinarse en reñirse mutuamente, tratando de robarse cada uno las escenas en que estaban juntos, en tanto el público abarrotó los cines desde su estreno durante la última semana de 1956, convirtiéndola en la sexta más taquillera de 1957, sin importar las historias “detrás de cámaras”.

Quizás lo que hace funcionar a “La casa de té de la luna de agosto”, aparte de su entretenida historia es el conjunto de los actores secundarios como Eddie Albert y Machito Kyo, pero sobre todo Paul Ford como el Coronel Wainwright Prudy III, al que llegó de rebote el papel, a pesar de haberlo representado en la versión de Broadway. La MGM había puesto en dicho rol a Louis Calhern, destacado actor secundario que tenía bajo contrato, pasando por una difícil etapa emocional en esos tiempos, debido a la separación de su cuarta esposa Marianne Stwart, cayendo en una profunda depresión, manteniéndose casi todo el tiempo borracho, hasta que el 12 de mayo de 1956, a mitad del rodaje, falleció a causa de un infarto al miocardio. De inmediato Daniel Mann, quién dirigía la película por imposición de Brando, sugirió que Paul Ford entrara a sacar adelante el rol del presuntuoso comandante, siendo uno de los inolvidables personajes que interpretó en cine, este notable actor, con mayor carrera en el teatro y en la televisión.

(Continuará)

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