Glenn Ford: una estrella longeva (Segunda parte)

Escrito por on dic 17th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

glenn-2-oro-1.jpg“El tesoro de la Sierra Madre” (The treasure of the Sierra Madre, ‘48) dirigida por John Huston y filmada en 1947 en México, estrenada el 7 de enero de 1948; “Sangre y plata” (Silver river, ‘48) de Raoul Walsh, estrenada el 29 de mayo de 1948 y “Oro maldito” (Lust for gold, ‘49) estrenada el 10 de junio de 1949, entraron las tres en proceso de preparación entre 1946 y 1947, encuadradas de forma amplia en el género del western, cuyo tema central es la avaricia del hombre y lo que está dispuesto a hacer por encontrar una mina fabulosa, ya sea de oro o plata, la cual de la noche a la mañana lo convierta en ultra millonario.

Entre el común de los aficionados al cine la más famosa es, obviamente, “El tesoro de la Sierra Madre” con Humphrey Bogart en el papel de Dobbs, le sigue “Sangre y plata” con Errol Flynn en el rol de Mike McComb, que siendo el único que logra encontrar el precioso metal, sin embargo su vida es marcada por la tragedia con resonancias bíblicas, al llevarnos a paralelismos con el Rey David, al traicionar a su mejor amigo, con objeto de quitarle su mujer, sellando con ello su caída; mientras que a la fascinante “Oro maldito” ha sido el tiempo la que la ido convirtiendo en una joya, casi tan difícil de encontrar en las salas de proyección o en el mercado del DVD, como la misma “Mina del Holandes Perdido”.

glenn-2-oro-bis.jpg“Oro maldito”, basada en la novela de Barry Storm “Thunder Gods Gold”, cuyo título podemos traducirlo como “Los dioses dorados del trueno” iba a ser dirigida por el veterano George Marshall, pero después de varios guiones e intensas discusiones con el productor S. Sylvan Simon abandonó el proyecto, recayendo la dirección, precisamente, en Simon, con más experiencia de productor, aunque realizador de 34 filmes, la mayoría de ellos comedias de serie “B”, siendo “Oro maldito” su auténtico canto del cisne, al morir a los 41 años de edad, dos años después del estreno de dicho filme. La acción iniciaba en la fecha actual (1948) con el escritor Barry Storm (William Prince) acusado de haber matado a un hombre. Durante el interrogatorio, para probar su inocencia, le cuenta al sheriff del lugar (Paul Ford), que anda buscando la mina perdida de su tío Jacob Waltz (Glenn Ford), conocido también como El Holandés, la cual contiene millones de dólares en oro, localizada en las Montañas Superstición, a 50 kilómetros al este de Phoenix, Arizona. Pasamos a un flash-back, ubicado en 1840, cuando Ramón Peralta (Antonio Moreno) encuentra el sitio y realiza un mapa del lugar, resultando el mismo que ha llegado a las manos de Storm, faltándole un pedazo. Peralta regresa al sitio con un grupo de mineros, siendo atacados y muertos todos, a excepción de Peralta, por los apaches quienes consideran sagrado el lugar. Los indios bloquean la entrada para que nadie pueda entrar en la mina. Regresamos al presente en Phoenix donde Storm localiza a la Sra. Bannister (Elsepth Dudgeon), la cual conoció a Waltz en 1886; así sabemos que Peralta, ya envejecido, en compañía de su socio Ludi (Arthur Hunnicutt), volvió a buscar la mina, siendo seguidos por Waltz y su compañero Wiser (Edgar Buchanan), los cuales, una vez que la encuentran, matan a Peralta y a Ludi. Más tarde Waltz liquida a Wiser para tener la posesión total del hallazgo. Regresa a Phoenix con una buena cantidad de oro, hablando de la bonanza que significará para la región tal mina, sin revelar su ubicación. Conoce a Julia Thomas (Ida Lupino) casada con Pete (Gig Young), pero ella no le dice nada de su matrimonio, ya que pretende seducirlo para robarle su mina. Después de enamorarse de Julia, descubre sus verdaderas intenciones y la abandona para regresar por más oro. Es seguido por Julia y Pete. Al llegar a la mina Waltz los atrapa encerrándolos en un sitio sin comida y sin agua. Julia, esperando su perdón y prometiéndole que solo será suya, mata a Pete, como prueba de su afirmación. Sobreviene un terremoto y Julia queda atrapada en la mina, mientras el derrumbe vuelve a socavar el filón. Wultz escapa, pero sin comida y agua, enloquece y muere en el desierto. Regresamos al presente y, después de otros vericuetos, se descubre al verdadero autor de la muerte del hombre por el que se le acusa a Storm, al igual de otros que han ocurrido en la región y mantenido la leyenda de la maldición de la Mina Perdida del Holandés. Storm encuentra la parte faltante al viejo mapa de Peralta, con las indicaciones para hallar la mina, las cuales resultan, prácticamente, imposibles de solucionar o cumplir, dado que para ello se requiere saber la noche del aniversario en que hizo el mapa. Es necesario que la luna se encuentre en una posición tal, que sus rayos señalen el lugar por donde se puede entrar a la mina. La dificultad estriba en que el mapa no establece la fecha de su elaboración y el momento exacto. Igualmente recordemos que la tierra y la luna son objetos que se mueven, así que Storm se queda frustrado en su búsqueda del tesoro, sin que aún se haya podido volver a encontrar la mina, cuya leyenda de su existencia se inició desde la época cuando los españoles llegaron a colonizar Arizona.

glenn-2-oro.jpgEsta síntesis de “Oro maldito” nos da cuenta de la obsesión de los diferentes personaje por obtener el oro, los cuales no se detienen ante nada, estando dispuestos a cualquier exceso y traición con tal de conseguirlo. La fotografía en blanco y negro, debida a Archie Stout es uno de los elementos básicos en el buen resultado del filme, cuya atmósfera siempre es opresiva, pero fascinante. Aunque la ví solo en dos ocasiones en los años sesenta, las notas y el recuerdo que guardo de ella es de ser una gran cinta, en donde ninguno de los personajes es rescatable, pero Glenn Ford en su rol más negativo o de villano, por así decirlo, logra una gran actuación, al igual que Ida Lupino. Y si en su momento no fue aquilatada “Oro maldito” como un gran filme, en gran medida se debió, en que a diferencia de “El tesoro de la Sierra Madre”, no hay justificación positiva alguna para el comportamiento mezquino y amoral de todos los que participan en la historia, mientras en la de Huston no llegaban a perder todos sus rasgos de humanidad y equilibrio ante la avaricia los compañeros de Bogart, interpretados por Walter Huston y Tim Holt. Ya circulan en los Estados Unidos copias en DVD de “Oro maldito”, que esperamos pronto lleguen al mercado de México, para redescubrir este recomendable y seductor filme.

Después de “Oro maldito” Glenn Ford regresó al buen camino de sus personajes cordiales y bonachones, no obstante no carentes de energía como en “Tu eres mi vida” (Mr. Soft touch, ‘49) regular comedia de cine negro dirigida por Gordon Douglas y Henry Levin, llevando de co-protagonista a Evelyn Keyes, en donde son una pareja de trabajadores sociales , involucrados en los negocios de un gangster, dueño de un cabaret. Otro tanto puede decirse de “Cuerpos y almas” (The doctor and the girl, ‘49) dirigido por Curtis Bernhardt. Es un idealista doctor casado con una chica pobre, practicando su profesión en uno de los barrios problemáticos de Nueva York. Lo mejor de esta cinta, para la carrera de Ford, es que la Columbia lo prestó a la MGM, estudio en que encontraría una mejor promoción, dado su prestigio de productora de cintas clase “A”.

glenn-2-torre-blanca.jpgTed Tetzlaff nació en 1903 y era hijo de un corredor de autos, del mismo nombre, que devino en stunt-men en el cine mudo, a mediados de l915, por lo que no es de extrañar la irrupción de Ted Jr. en el medio a principios de los años veinte como laboratorista y más tarde en calidad de director de fotografía en 1926, labor que desempeño durante varios años. En 1941 la Columbia le dio oportunidad de dirigir, especializándose, en thrillers y obras de cine negro, siendo “La ventana” (The window, ‘49) su filme más famoso, aunque “La torre blanca” (The white tower, ‘50) sobre un grupo de alpinistas de diversas nacionalidades, empujados por la bella Carla Alton (Alida Valli) a escalar en el Mattherhorn, el pico conocido como La torre blanca en los Alpes Suizos, para cumplir con el sueño de su padre, muerto unos años antes, intentando llegar a la cima. Lo que mejor recuerdo de esta cinta es su magnifica fotografía en technicolor en escenarios naturales y poco de la intriga, en que Lloyd Bridges resultaba un agente nazi encubierto empecinado en que no lograrán su objetivo, pero Glenn Ford, enamorado de Alida Valli terminaba por salvarla, en esta cinta debida a Ted Tetzlaff jr.

Joe Hufford (Glenn Ford) en “El destino manda” (Convicted, ‘50) después de cometer un homicidio accidental, es enviado a prisión a cumplir una dura condena, ya que por razones de ambiciones políticas el fiscal (Broderick Crawford) busca dar un duro ejemplo con él. Las cosas se le complican a Joe cuando dicho fiscal es nombrado alcalde de la prisión, en este drama carcelario dirigido con cierta fortuna por Henry Levin.

En un tono de semi documental “Destino en las nubes” (The flying missile, ‘50) dirigido por Henry Levin, nos cuenta la historia del comandante de un submarino (Glenn Ford), quién en contra la opinión de sus superiores prueba que desde ese tipo de naves se pueden lanzar misiles. Situada en la II Guerra Mundial, sin embargo, es poca la acción bélica en la cinta, centrada más en las dificultades para acondicionar los submarinos para su tarea, al tiempo que Ford se da tiempo de enamorar a Viveca Linfords, en el rol de la hija del comandante que más se opone a sus ideas.

“El secreto de la pelirroja” (The redhead and the cowboy, ‘51) fue el último dirigido por el artesano Leslie Fenton y la chica de este entretenido y pasable western no era otra que la sensual, efectivamente pelirroja, Rhonda Fleming, quién, debido a sus artes de seducción, convencía al cowboy Glenn Ford de involucrase en la guerra civil, para ayudarla a entregar un mensaje a las tropas de la Confederación, a través de territorio controlado por las fuerzas de la Unión.

glenn-2-ben-hogan.jpgBen Hogan fue un extraordinario campeón de golf, que supo sobreponerse a un accidente automovilístico y continuar su carrera. Hollywood aprovechó su historia para realizar una fantasiosa biografía que llevó por título “Devoción invencible” (Follow the sun, ‘51) dirigida por Sidney Lanfield, con Glenn Ford en el protagónico, acompañado por Anne Baxter en el rol de la abnegada esposa, siempre presta a apoyar a su marido, tal como debe de ser en un melodrama ejemplar, muy en la onda de la serie de “Mi personaje inolvidable” del Selecciones del Reader’s Digest. Siendo sinceros admito, en descargo de los aficionados al golf que disfrutaron con “Devoción invencible”, que en mi condición de fanático del béisbol goze con la lacrimógena “Retorna el campeón” (The Stratton story, ‘49) sobre el pitcher de los Medias Blancas de Chicago quién después de perder su pierna derecha en un accidente de cacería, regresó a jugar, en ligas menores, con una extremidad postiza de madera.

glenn-2-secret.JPGEn el predecible, pero entretenido western “Pueblo sin hombres” (The secret of Convict Lake, ‘51) dirigido por Michael Gordon, Ford es un convicto, acusado de un crimen que no cometió, el cual logra escapar de una prisión de Nevada. Junto con otros prisioneros llega a esconderse en un pueblo de California, cuyos habitantes en su mayoría son mujeres. Convence de su inocencia a Gene Tierney y a ella, junto con las otras mujeres las protege de las felonías de sus compañeros de cárcel.

Con clara influencia de “El halcón maltés” y en el estilo de Alfred Hitchcock, el thriller de misterio y suspenso “El guante verde” (The green glove, ‘52) dirigido por Rudolph Mate, resultó una obra fallida, al no encontrar su propio rumbo o tono de narración, en esta historia sobre una mítica joya medieval oculta en una iglesia de Francia, país al que regresa el paracaidista Mike Blake (Glenn Ford) para comprobar si son ciertas las historias que sobre dicha pieza valiosa escuchó durante la guerra. No solamente Mike trata de encontrar “El guante verde” con el auxilio de su novia (Geraldine Brooks), sino que un experto francés en arte, excolaborador de los nazis, persigue igual propósito junto con otros compinches, dándose el consabido enfrentamiento final y la corroboración de que el guante verde esta hecho del mismo “material con que se forjan los sueños”, como ya lo había señalado Dashiell Hammet en su obra “El halcón maltés”

“Ambiciones de juventud” (Young man with ideas, ‘52) dirigida por el experto en comedias Mitchell Leisen, no pasa de ser una agradable y discreta cinta de enredos conyugales y familiares, entre Glenn Ford y su esposa Ruth Roman cuando decide cambiar su domicilio en Montana y emigrar a ejercer la abogacía en Los Angeles, California, con los previsibles conflictos de adaptación entre la pareja, a causa de los celos provocados por las nuevas amistades femeninas que encuentra Ford en su trabajo.

glenn-2-otro-amor.JPGDespués de filmar “Los amores de Carmen”, Rita Hayworth decidió tomarse unas vacaciones en Europa, donde conoció en la Riviera francesa al playboy y millonario príncipe Aga Khan, con el cual –una vez divorciada legalmente de Orson Welles-se casaría en 1949. Su contrato entró en suspensión, pero al manifestar en 1951 su deseo de separarse del príncipe y regresar al cine, Harry Cohn de inmediato se dio a la tarea de buscarle un guión, ofreciéndole primero el del western “Lona Hanson”, dirigiendo Charles Vidor, compartiendo créditos con Randolph Scott y William Holden; sin embargo, Rita lo rechazó, echándole el ojo a “Nacida ayer” (Born yesterday, 51). Encontró objeciones en el director George Cukor, quién manifestó su preferencia por Judy Holliday, dándole la razón el tiempo, ya que la comediante logró el éxito y un Oscar por su actuación en dicha película. Urgida Rita de que le levantaran la suspensión, por necesitar contar con efectivo y el tiempo encima, la Columbia echó andar a toda prisa, en noviembre de 1951. el rodaje de “Otro amor” (Affair in Trinidad, ‘52) a partir de una historia original de Virginia Van Upp y Berne Giller, con influencias en “Gilda”, cuyas semejanzas fueron haciéndose más notorias, en la medida que los guionistas Oscar Saul y James Gunn, entregaban, día a día, las escenas a filmar. La cinta fue dirigida por Vincent Sherman quién falleció el pasado 18 de junio en Los Angeles, faltándole solo un mes de llegar a cumplir los cien años, dado que habvía nacido el 16 de julio de 1906, en Viena, Georgia, Estados Unidos.

Steve Emery (Glenn Ford) es un ex paracaidista de la II Guerra Mundial, quién acudía a la isla caribeña de Trinidad, a pedido de su hermano, llegando tarde a su auxilio al encontrarlo ya muerto. Steve sospecha que su cuñada Chris Emery (Rita Hayworth), cantante de cabaret, esta implicada en su asesinato, junto con Max Fabian (Alexander Scoruby), con el cual parece mantiener relaciones sentimentales. Steve sucumbe a los encantos de seducción de Chris y lucha junto con ella en contra de Fabian, quién representa en la isla los intereses económicos de un grupo, para variar, de nazis.

En el cabaret Rita bailaba sensualmente la canción “Trinidad Lady”. En rigor era un arreglo del calypso “Rum and Coca Cola” popularizado a mediados de los años cuarenta por The Andrews Sisters. Y en una fiesta cantaba “Ya he sido besada antes” (I’ve Been Kissed Before) con dedicatoria a un enojado Glenn Ford, con toda la sana intención de atraerlo en su redes, logrando su objetivo, en esta ocasión, sin necesidad de bofetada de por medio.

glenn-2-rita.jpgDescubrí a Rita Hayworth o más bien deba decir me atrapó su voluptuosidad, al verla por primera vez en una matinée en el Cine Colonial, allá por 1956 o 57, en su rol de la seductora Doña Sol en “Sangre y arena” (Blood and sand, ‘41) de Rouben Mamoulian y al poco tiempo, ahora en un jueves social del Cine Encanto, comprobé su cachondería al disfrutar de “Otro amor”. Siendo entonces un escuincle de diez años, al confesarle a mi hermano mayor Manuel, quién me llevaba 16 años, de lo que me encantaba y los sueños provocados por Rita, su lacónica respuesta fue: “Y eso que todavía no la ves en “Gilda”. Y efectivamente cuando uno llega a conocer las dos películas sucumbe ante la fascinación y permanencia de “Gilda” y comprueba los estragos provocados por el tiempo en una mala copia, poco inspirada, como lo es “Otro amor”.

El siguiente film de Glenn Ford fue “Time bomb” (‘53) dirigido por Ted Tetzlaff, jr., sobre unos terroristas que plantan una bomba en un tren y los expertos del ejército, en desmantelar esos artefactos, son llamados para hacerlo. Nunca se estrenó en México, ignorando si fue a causa de la censura o por ser tan mala, como lo sugieren las reseñas de la época en Estados Unidos.

En “¡Por la patria!” (The man from the Alamo, ‘53), producido por la Universal Pictures, Glenn Ford interpretaba a un sobreviviente de la batalla del Alamo, merced a que la noche anterior, sabedores los defensores del fuerte de su condena a morir, deciden hacer un sorteo, para que uno de ellos abandone El Alamo y vaya a proteger a las familias de los que se han quedado, las cuales han abandonado el sitio. Igualmente tiene el encargo de contar la masacre de El Alamo, a manos de las fuerzas de López de Santa Anna. Su historia no era aceptada por el general Jackson, tachándolo de ser un cobarde desertor y era dado de baja. Posteriormente se incorporaba, en calidad de guía, a una caravana de colonos, comandada por un sobreactuado y manco Chill Wills. Sólo la bella y desaprovechada Julia Adams creía en su versión y terminaba reivindicándose ante todos, al final, al enfrentarse a un grupo de mercenarios yankies que trabajaban para López de Santa Ana, a cambio de supuestas concesiones de tierras si eliminaban a todos los colonos rebeldes. No se trata de uno de los grandes westerns de Budd Boettichar, pero ya encontramos su depurado sentido del ritmo y la elipsis que alcanzará niveles de maestría en la serie de siete westerns protagonizados por Randolph Scott, dirigidos por Boettichear.

“Pillaje al sol” (Plunder of the sun, ‘53) dirigida por el eficaz artesano John Farrow, padre de la conocida Mia Farrow y producida por John Wayne para la Warner Brothers, es una rutinaria cinta de aventuras. Glenn Ford es un agente de seguros, envuelto en la búsqueda de un tesoro de los zapotecas, perdido en la selva de Oaxaca. La bella de Patricia Medina era la chica mexicana Ana Luz, despreciada por el gringo Ford, para hacerle caso a Diana Lynn. Si usted es muy nacionalista y cuenta con el servicio de Cinechannel Classics en el servicio de Sky, mejor no vea “Pillaje al sol”, para evitarse de un berrinche por el tratamiento de mexican curioos que nos dan en este filme.

glenn-2-big.jpgEn los años cincuenta, en Aguascalientes, los jesuitas atendían el Colegio Margil, donde tenían un cinito dominical, al cual solía ir, cuando en los grandes de la Cadena “Circuito Montes” exhibían películas para adultos. El hecho de ser manejado por los jesuitas era ya una garantía para no tener que pasar por la aduana de mi mamá el permiso correspondiente, una vez que se había corroborado la clasificación que tenían las cintas a proyectar en el auditorio del Colegio, ubicado entonces en la calle de Alvaro Obregón. Allí pude ver a los nueve o diez años “Los Sobornados” (The big heat, ‘53) dirigida por Fritz Lang, cuya clasificación debió ser, por lo menos, de “B3” (para mayores con restricciones) o “C1” (sólo para adultos), pero al no tener escenas de sexo atrevido, ya no digamos explicito como ahora se estila, al encargado del cinito debió parecerle solamente un entretenido policíaco con algo de balaceras y violencia, pero nada que no pudieran ver los chiquillos de la época.

Ahora que fue programada, este año, en el canal de TCM Classic Hollywood, en el mes de noviembre, como parte de las cintas del ciclo dedicado al “cine negro” (Film Noir), me propuse verla, pues desde aquellos años, en que por única ocasión la ví, me gusto e impresionó por su gran dosis de violencia sugerida, tal y como se estilaba en la época, quedándome fijas en el recuerdo dos escenas, las cuales forman parte de mi catalogo de preferidas y pareciera, por la nitidez con las que podía recuperarlas al evocarlas haberlas visto ayer y no allá por 1958. La primera es cuando el detective Dave Bannion (Glenn Ford) se pone a jugar con su hija en la sala de su casa. La esposa le pide las llaves del auto, para ir al supermercado a comprar algo que se le olvidó para la cena. Hay un acercamiento al switch. Regresamos a la casa, escuchamos una explosión. Bannion sale y ve el auto en llamas y a su esposa atrapada. Es inútil tratar de sacarla. Lang filma la secuencia, casi en su totalidad, como si la estuviéramos viendo a través de los ojos de Ford, estableciendo de inmediato una relación entre los espectadores y el personaje, al sentir prácticamente la misma desesperación e impotencia del personaje, sabedores de que esa bomba ha matado a una persona inocente, al estar dirigida a Bannion.

La otra es más común, al ser compartida por casi todos los cinéfilos y estar referida en cualquier libro sobre cine y violencia. Efectivamente es la escena donde el gangster Vince Stone (Lee Marvin) durante una acre discusión con su amante Debby Marsh (Gloria Grahame) toma una cafetera, con café hirviendo, se la arroja a la chica y le desfigura su rostro.

glenn-2-big-heat.jpgJavier Coma en su “Diccionario del Cine Negro” nos cuenta en relación a esta película: “La historia de corrupción que relata “Los sobornados” procede de hechos auténticos, acaecidos en Filadelfia y revelados al público por tres diarios al mismo tiempo, puesto que el primero de ellos en obtener la información no se atrevió a difundirla en exclusiva. El novelista William P. McGivern, que trabajaba entonces en uno de aquellos periódicos (el Philadelphia Bulletin), recogió los materiales obtenidos en torno al caso y, desplazado a Italia, escribió allí en tres semanas la novela ‘The big heat’. Se publicó por entregas (siete) en el magazine Saturday Evening Post y fue adquirida por la Columbia para una adaptación cinematográfica cuando aún no había visto la luz el cuarto capítulo.”

“Una característica abstracción de Lang, a comienzos del film, puede sintetizar el sentido de éste. La niña del detective sargento de policía Dave Bannion (Glenn Ford) le muestra un edificio que ha levantado con un juego de construcciones y le dice que es como ‘tu estación de policía, papá’. A Bannion se le cae una pieza del juego sobre el edificio y éste se derrumba.”

“Tal secuencia ha llegado después de aparecer consecutivas anomalías en el ambiente policial. El sargento Tom Duncan se suicidó, y su esposa, indiferente por completo ante el hecho, ocultó a la policía la declaración que aquél había suscrito antes de dispararse. Una amiga del suicida hablaba con Bannion y seguidamente se hallaba su cadáver, con muestras de recientes torturas. El teniente Wilkes, superior de Bannion, ordenaba a éste suspender toda investigación en torno al caso, según decisión del comisionado de policía. Las pesquisas de Bannion le conducían hasta Mike Lagana (Alexander Scoruby), fuerza viva de la ciudad con poder sobre políticos, con una lujosísima residencia y con diez agentes de policía para su protección”.

“La esposa de Bannion fallece en un atentado y la corrupción policial se desencadena: el sargento abandona el Cuerpo y se oculta en un paradero que ignoren incluso las llamadas fuerzas de la ley. El comisionado, que se reúne para jugar al poker en la casa del sádico lugarteniente de Lagana, cuida de que éste, Stone (Lee Marvin), no tenga problema alguno después de que queme con café hirviendo el rostro de su amiga Debby (Gloria Grahame). El propio comisionado retira la custodia policial del hogar donde se ha alojado la hija de Bannion”.

“En estas condiciones la lucha queda establecida entre gente del pueblo y los gangsters que, por medio del comisionado, controlan a la policía. Amigos del matrimonio que cuida a la hija de Bannion acuden para suplir a los agentes de la ley, y comparecen con idéntico fin y de forma particular el teniente Wilkes y un subordinado. Debby se ha convertido en un ángel vengador: sabedora de que en la hipótesis de un fallecimiento de la viuda Duncan la declaración de su marido saldría a la luz pública y destruiría a Lagana y su banda, mata a la mujer; luego se presenta en casa de Stone y le arroja café hirviendo a la cara. La organización criminal se desmorona”.

glenn-2-big-heat-bis.jpg“Pero se desmorona no gracias a la policía sino a pesar de ella y, según el símbolo propiciado por la hija de Bannion, junto con ella. ¿Qué otra imagen arroja, en caso contrario, ‘The big heat’ sobre la fuerzas de la ley y el orden?. El dilema del sargento Bannion ha quedado muy claro: o continuaba en la policía y se arrodillaba ante la corrupción, o salía de ella para cumplir su compromiso ético”.

En su libro entrevista “Fritz Lang en América” de Peter Bogdanovich nos dice Lang: “Cada film tiene su propio ritmo. Una historia de amor sentimental debe tener un ritmo diferente que una historia de amor apasionado. Una historia de ‘odio, asesinato y venganza’ tiene un ritmo diferente que una historia de alguien que va de casa en casa buscando trabajo. En ‘The big heat’, empezamos con un hombre que se suicida: su mujer entra y roba algo y después empieza a hacer chantaje a alguien. Así que el principio es ya más bien violento y rápido, y esta primera escena marca el ‘el tempo’ de la película”.

Para una buena parte de la crítica “Los sobornados” (The big heat) es la mejor película de las dirigidas por el vienes en su período en el cine norteamericano, y conste que al autor de “Metropolis” y “Dr. Mabuse” obras maestras del expresionismo alemán, realizó en Estados Unidos obras de similar calidad como “Furia” (Fury, ‘36): “Solo se vive una vez” (You only live once, ‘37); “La mujer en el cuadro” (The woman in the window, ‘45); “Mala mujer” (Scarlet street, ‘45); “El refugio” (Rancho Notorius, ‘52) “Tempestad de pasiones” (Clash by night, ‘52) y “El tesoro de Barbaroja” (Moonfleet, ‘55) por mencionar solo a las que se pueden equiparar o de acuerdo al gusto de otros entendidos desbancar a “Los sobornados”.

Para Glenn Ford significó su primer gran éxito taquillero, después de “Gilda” y el estirón definitivo hacia el estrellato, al resultar harto convincente en su rol del sargento Bannion, dándole credibilidad, con sus características maneras tranquilas pero vigorosas, a ese personaje de ciudadano común y corriente, quien por cumplir con su deber se pone ante el dilema de servir al gangsterismo y ser una pieza más en la corrupción policíaca o convertirse en un vengador individual, en su búsqueda de encontrar una especie de paz interior, después de venirse abajo su mundo con el asesinato de su esposa.

“Los Sobornados” (The big heat) es una de las películas más populares de Fritz Lang, sobre la cual se ha escrito infinidad de textos elogiosos, pudiéndome percatar, en esta segunda ocasión en que he podido disfrutar de esta obra maestra de Lang, la enorme influencia de los textos en su servidor, ya que en su proyección del pasado 24 de noviembre, TCM nos la presento en su versión original, sin el doblaje distorsionante al español y a pesar de mi dificultad para entender el inglés en su forma verbal, me fue fácil seguir la trama, pues prácticamente me la sabía al dedillo, por el cúmulo de textos leídos en torno a “Los Sobornados”, lo cual me permitió prestar mayor atención a la puesta en escena de Lang, porque tampoco se contaba con subtítulos, que si bien son menos enfadosos que el doblaje, no dejan de ser un factor de distracción, para el disfrute pleno de las películas, pues no olvidemos que antes que nada el cine es imagen en movimiento.

Evidentemente la secuencia en la cual Stone le arroja el café hirviendo a Debby, la cual ya es una imagen icónica en la historia del “film noir”, sigue siendo impactante y estremecedora por la brillantez de Lang para hacer los intercortes y sin realmente ver el liquido correr o estrellarse en el rostro de Debby, al no estar en una obra de “cine gore”, sino, simplemente con la gran capacidad de sugerencia, nos quedamos los espectadores con la idea de haber visto a Stone lanzar el café. Lang nos muestra, en un primer plano, la jarra de café en la estufa, al tiempo que Stone trata de tomarla con una de sus manos. Corte a un plano medio de los amigos de Stone, que están en su departamento jugando póker. Escuchamos un grito de dolor de Debby, para ir entonces a un corte a Stone con la jarra en su mano y Debby corriendo por la estancia, tapándose el rostro.

gloria-grahame.JPGFilm estremecedor con una serie de personajes violentos y a la vez solitarios, los cuales van transitando amargamente por la vida, aferrados a una serie de relaciones ficticias e interesadas, en que todo presagia que terminarán mal por una u otra causa. En rigor sólo el afán de venganza de Debby Marsh tiene éxito al estar dispuesta a ofrendar su vida y, posible relación sentimental con Bannion, al matar a la viuda del corrupto Duncan, para que se pueda destapar la cloaca de la corrupción policíaca. Y después regresar al departamento de Stone, para en una estremecedora escena en que vemos el frágil rostro de Debby (Gloria Grahame) en sus dos mitades: una tersa y hermosamente bella, mientras la otra vejada por los estragos del hirviente café, disfruta de poder efectuar una venganza “ojo por ojo” arrojándole igualmente café hirviendo a su rostro, para confesarle, cara a cara, que lo ha destruido, al igual que a su compinche Lagana, al ultimar a la viuda de Duncan.

Por su parte Luis R. Aller en su ensayo “Fritz Lang: la sombra de los gigantes” le da una connotación de suicidio, en estos términos: “Debby Marsh, cuya lúcida y violenta reacción tras haberle quemado el rostro Vince Stone, imprime al film una emotividad fuera de toda medida. Perdida su belleza, único apoyo y valor de su vacía vida, se refugiará en unas desconsoladas tinieblas, y tras comprender la imposibilidad de acercarse emocionalmente a Bannion, el único que tal vez podría salvarla, en un magnífico plano en que aquél mira al vacío por la ventana, de espaldas a ella y a la cámara, recordando a su mujer, camina hacia un vertiginoso suicidio aplicando un temible talión. Lang, poco dado a mostrar muertes que frenen su ritmo, detiene su trepidante acción para cantar su muerte lírica y pudorosamente, retocando al personaje con una pincelada difícilmente olvidable: temerosa aún de que la encuentre fea, se tapa sus cicatrices con un visión que Bannion le había puesto como cojín”.

Quién a la postre termina por dominar en “Los Sobornados”, por encima de la sobria actuación de Glenn Ford y por un Lee Marvin en una de sus grandes creaciones de villano, es indudablemente Gloria Grahame, como personaje y presencia inquietante, a la cual simplemente no se le puede olvidar como una de las grandes heroínas del “film noir”, una vez que se la ha visto llena de sensualidad y a la misma vez taciturna pasearse en una serie de escenas inolvidables, mas que nada por su capacidad de dominarlas, algunas de ellas con simples gestos como ese de que con una mano se sujeta el cuello del abrigo de visón y con la otra empuñando la pistola da cuenta de la miserable y patética viuda de Duncan.

Desconozco “Cita en Honduras” (Appointment in Honduras, ‘53), pero tratándose de un filme de Jacques Tourneur, uno de los más interesante realizadores de cintas “serie B” supongo, será entretenido este film de aventuras selváticas, en que Glenn Ford se enfrentaba a unos contrarrevolucionarios, que secuestraban a una pareja de norteamericanos.

(Continuará)

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3 comentarios en “Glenn Ford: una estrella longeva (Segunda parte)”

  1. Anónimo dice:

    no es muy bueno

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