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Glenn Ford: una estrella longeva (Primera parte)

Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 16 de Diciembre de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 25m 38s | Leido 1105 veces.

glenn-1.jpgSi algo caracteriza a Glenn Ford es su longevidad, tanto en cuanto a los años que vivió, como a la duración de su carrera, iniciada en 1935 en escenarios teatrales, hasta su última aparición en una película para televisión en 1991, titulada “Final veredict” dirigida por Jack Fisk, en la cual hace del padre de un abogado interpretado por Treat Williams. 56 años de actividad profesional en donde de forma lenta y paulatina fue ascendiendo en la preferencia del público. Un tanto por estar ligado, en sus inicios a la Columbia Pictures, estudio que junto con la RKO, son considerados los “pequeños de los grandes”, en relación a la Metro, 20th Century Fox, Paramount, Universal y United Artists, los cinco de mayor renombre, ya que hasta a mediados de la década de los 50 se le consideró una “superestrella”, pues de 1956 y 1960 estuvo entre las “Top Ten Box Office Star”, siendo el primero de la lista en 1958. Alcanzó., por otra parte 90 años de existencia, al nacer el 1 de mayo de 1916, en la ciudad de Saint Christine, en Québec, Canadá y morir el pasado 30 de agosto de 2006, en su residencia de Beverly Hills, en Los Angeles, donde se encontraba prácticamente recluido desde 1992 debido a un ataque de apoplejía, que lo obligó a limitar sus apariciones en público, al grado que el pasado 1 de mayo, cuando la Filmoteca de Los Angeles le rindió un homenaje, en el cual se proyectó “Gilda” en una versión remasterizada, envió un mensaje de agradecimiento, grabado para tal ocasión.

Y efectivamente “Gilda” (Gilda) realizada en 1946 por Charles Vidor y en la cual brindó una sonora bofetada a su co-estrella Rita Hayworth, es una de las cintas que más fácil acude a la memoria de los aficionados, cuando se trata de evocar grandes escenas o momentos cinematográficos, aunque no se trata de la mejor de las obras protagonizadas por Glenn Ford, cuya filmografía abarca 106 títulos para el cine, aumentando a 150 si incluimos las películas y programas de las series que protagonizara para la televisión.

Gwylyn Samuel Newton Ford es el nombre de pila del actor, cuyo padre era un ejecutivo de los ferrocarriles canadienses, el cual se mudó con su familia a Santa Mónica, en California cuando tenía 8 años. Gwylyn manifestó pronto sus aspiraciones de convertirse en actor, participando en obras de teatro en la High School. Dada la situación económica de la familia pronto tuvo que trabajar, consiguiendo un empleo de mozo en la cuadra del célebre actor Will Rogers, quién influyó en el muchacho para que interviniera en obras teatrales de aficionados en su comunidad de Santa Mónica, al tiempo de instarlo a cursar estudios de Arte Dramático. Aunque también el comediante le enseñó a manejar, montar y realizar actos acrobáticos con los caballos, las cuales aprovechó en sus westerns, al grado de rehusarse a ser doblado en las escenas de acción.

En 1934 se enganchó en la compañía teatral de Lillian Hellman, participando en una gira por todo el país, como asistente de producción y script, terminando por aprenderse todos los papeles masculinos del repertorio, permitiéndole hacer suplencias, hasta terminar estableciéndose como actor. Participó en más de 50 piezas y para 1938 se le vio en Nueva York en una puesta en escena de “Soliloquy” y de la renombrada “Golden Boy”. Hizo entonces una prueba para la 20th Century Fox, sin causar mayor impresión. Regresó a California y cuando estaba en la obra “Judgement Day” de Elmer Rice, consiguió un contrato de exclusividad con la Columbia Pictures.

glenn-1-joven.jpgAunque en 1937 había aparecido en un corto titulado “Night in Manhattan”, como el maestro de ceremonias que presentaba los diversos números musicales que lo componían, utilizando el nombre de Gwylyn Ford, su debut en un largometraje sería en 1939 en el filme “Heaven with a barbed wire fence”, irónicamente para la Fox que lo pidió prestado a la Columbia, que ya le había cambiado el nombre artístico por el de Glenn Ford. Aparentemente este filme, dirigido por Ricardo Cortez, no tuvo exhibición en México, seguramente debido a que su protagonista Anita (Jean Rogers) era una mexicana ilegal, a la cual ayudaba Joe (Glenn Ford) a que no le deportaran las autoridades de Arizona, casándose con ella y el tratamiento para los mexicanos, es posible no fuera muy cordial que digamos. Como dato curioso cabe consignar que en dicho filme también debutó Nicholas Conte, a quién terminaríamos de conocer los cinéfilos como Richard Conte y, seguramente, las nuevas generaciones de aficionados lo recuerdan en su rol de “Emilio Barzini”, enemigo acérrimo de “Don Corleone” en “El Padrino I” (The Godfather, ‘72).

“Mi hijo es vil” (My son is guilty, ‘39); “Mujer convicta” (Convicted woman, ‘40); “Hombres sin alma” (Men without souls, ‘40); “Traficantes de niños” (Babies for sale, ‘40); y “Cupido pide socorro” (Blondie plays cupid, ‘40) son típicos filmes policíacos clase “B”, sin mayor trascendencia, salvo que comenzaron a dar a conocer a Glenn Ford, quien recibiría una mejor oportunidad en la primer ocasión en que compartió créditos con Rita Hayworth, en la deliciosa comedia dramática “La intrusa” (The lady in question, ‘40) dirigida por Charles Vidor.

glenn-1-lady-in-question.jpg“La intrusa” era un remake del excelente filme francés “Fatalidad” (Gribouille, ‘38) dirigido por Marc Allégret, con Michele Morgan, Raimu y Gilbert Gil, sobre una chica que va a juicio, donde alega haber matado accidentalmente a su novio y uno de los miembros del jurado (Raimu en la versión francesa y Brian Aherne, en la norteamericana) convence a los otros miembros de la inocencia de la chica. Para probar que cree en ella, la contrata para trabajar en su tienda y pueda reivindicarse. Obviamente entra en conflicto con el hijo que también atiende el negocio familiar, sobre todo al enterarse del pasado de la chica y suponer un enredo amoroso con su padre; aunque, como es de preverse, al final todo se aclara y quienes terminan enamorados son los jóvenes en este entretenido melodrama. Rita y Glenn hicieron una buena pareja romántica, con química en la pantalla y fuera de ella, iniciándose así la fama del actor, en cuanto a tener romances con sus co-estrellas durante los rodajes.“Así termina la noche” (So ends our night, ‘41) dirigida por John Cromwell, especialista en melodramas que sabía sacar jugo a la belleza de sus estrellas femeninas, logró un excelente film anti-nazi, con la adaptación de la novela “Flotsam” de Erich Maria Remarque, trasladando la acción de finales de la Primera Guerra Mundial, a los inicios de la Segunda, manteniendo el conflicto de las terribles condiciones que pasaban los refugiados, al huir del conflicto bélico que azotaba a sus naciones, en este caso poniendo a Fredric March y a Margaret Sullavan, como un par de judíos sin pasaporte, escapando de la Alemania nazi, mientras Glenn Ford era un amigo que trataba de ayudarlos. Hace tanto tiempo la vimos, que debemos tomar con las reservas del caso la afirmación de tratarse de un buen filme, cuyo mensaje no resulta ahora obsoleto o simplemente blandengue y cursi. Un crítico de la época señalo que: “Ford era uno de los mejores hallazgos juveniles del año” después de verlo en “Así termina la noche”.

glenn-1-texas.jpgEl primero de sus 25 westerns para la pantalla grande sería “Bandoleros de ayer” (Texas, ‘41) dirigido por el veterano George Marshall, llevando el crédito principal por encima de William Holden y Clarie Trevor, aunque el rol más lucidor fuera el de Holden en su carácter de “malo-bueno”. En el mercado alterno del DVD circula esta cinta bajo el nombre de su exhibición en España de “Texas: una amistad hasta el final”, siendo harto explicito en su contenido, al girar en torno a dos jóvenes exconfederados, los cuales al término de la Guerra Civil van en busca de fortuna a Texas, aunque en el camino no dejan de realizar algunas fechorías, metiéndose en problemas con la ley. En su huída deciden separarse para no ser capturados. Dan Thomas (William Holden) se une a una gavilla de abigeos, mientras Tod Ramsey (Glenn Ford) consigue empleo en un rancho ganadero, ganándose la confianza del dueño y su atractiva hija Mike King (Clarie Trevor). Desde el inicio del filme un texto nos explica que en 1868 había una abundancia de ganado en Texas, requiriendo ser trasladado a los mercados del norte, corriendo grandes riesgos al conducir los hatos hasta la ciudad de Abiline, en Kansas, hasta donde llegaban, en ese tiempo, las vías del tren que comunicaban con el mercado de Chicago y Nueva York. Pero el trasfondo histórico es un mero pretexto para contarnos una historia de acción, en donde después de salvarse mutuamente la vida los amigos terminarán en entrar en conflicto por el amor de Mike King, resolviéndose favor de Tod, ante el sacrificio de Dan, al reconocer que como fugitivo de la ley, es poco lo que puede ofrecerle a la chica. En “Bandoleros de ayer” ya encontramos algunos de los rasgos que caracterizarían al actor: sencillez y simpatía, naturalidad en la actuación y el semblante de hombre – niño que no lo abandonaría, dotando así de credibilidad a sus diversos personajes, al saber estar en la escena.

Dirigido por George Marshall, “Bandoleros de ayer” es un western de acción tradicional, bien realizado, donde encontramos una buena escena de estampida que destroza una ciudad y sobre todo, con la característica de Marshall de mezclar, correcta y adecuadamente el humor en sus filmes, consigue hacer simpático y hasta entrañable, al villano interpretado por Edgar Buchanan, uno de los mejores “supporting cast” de la Columbia en esos tiempos, presente en un sinnúmero de westerns.

glenn-1-go-west.jpgPenny (“Blondie”) Singleton fue una popular comediante que entre finales de los treinta y principios de los cincuenta, realizó una serie de cintas cuyos títulos, casi siempre, empezaban como “Blondie…” y luego se detallaba el motivo central de la trama, como “Blondie meets the boss” pero la comedia musical “Una chica valiente”(Go west young lady, ‘41), ambientada en el espacio mítico del “western”, no perteneció al ciclo de las “Blondie”, pero si esta considerada como una “joyita” del musical “B”, considerándola precursora o antecedente de otras mas renombradas en el género, como lo son “La liga de oro” (Calamity Jane, ’51) y la estupenda “Siete novias para siete hermanos” (Seven brides for seven brothers, ’54). Según las reseñas de la época, Glenn Ford daba muestras de su capacidad para la comedia en el rol del Sheriff Tex Miller, mientras la bailarina de tap Ann Miller como la cantante de la cantina, se roba la película, con sus números musicales. Parece que en el negocio del video circula ya, en los Estados Unidos, una versión remasterizada, dado el buen aprecio que de esta cinta tienen allá.

También hay buenas referencias sobre “Martin Eden” (The adventures of Martin Eden, ‘42), basada en la novela del mismo título de Jack London y por algunos episodios narrados allí, se le considera casi autobiográfica de su vida como marino. Glenn Ford logró llamar la atención en su rol del protagónico Martin Eden y dentro de la filmografía del artesanal Sydney Salkow resulto ser su mejor trabajo. En cuanto a “Ese es mi padre” (Flight lieutenant, ‘42) también de Sydney Salkow, con Pat O’Brian y Glenn Ford, es una mala y olvidable cinta de propaganda bélica, en la cual Ford se enrola en la Aviación, para buscar salvar el buen nombre de la familia, ya que su padre (O’Brian) es un piloto desacreditado en la milicia.

glenn-1-desperados.jpg“Los Desalmados” (The desperados, ‘43) dirigida por Charles Vidor fue emprendida como un western de gran presupuesto por la Columbia, al grado de ser la primer cinta en technicolor de Glenn Ford, en el rol de Cheyenne Rogers. Es un fugitivo de la ley, quién llega a un pueblo, en el cual el sheriff (Randolph Scott) es su viejo compinche, estableciéndose la típica confrontación entre amigos – enemigos, resuelta en un excelente duelo escenificado en la cantina. Otra secuencia, digna de recordar de este apreciable western, es una estampida que casi destroza el pueblo. Como dato curioso cabe consignar que la acción se ubica en 1863, en plena Guerra de Secesión y uno de los personajes, en el momento de la estampida, hace el comentario de que el estruendo de los animales le recuerda los gritos de guerra de los indios, cuanto atacaron a Custer en la batalla de Little Big Horn, acaecida el 25 de junio de 1876.

glenn-1-powell.jpgLa Columbia intentó que Ford no fuera a la guerra, al ser su estrella más prometedora, pero al final de cuentas fue llamado por la Marina, sirviendo en la misma entre 1943 y 1945, permaneciendo la mayoría del tiempo en Hawai, en labores de escritorio y de entretenimiento de los soldados, sin participar en acciones bélicas. Mediante un permiso del ejército, pudo casarse el 24 de octubre de 1943 con Eleanor Powell, cuatro años mayor que él y destacada bailarina de claqué y el tap. No muy atractiva de cara, pero con fabulosas piernas, a la cual siempre se le consideró demasiado perfeccionista, pero al decir de Fred Astaire, harto mecánica y poco dada a la invención o improvisación, con la cual compartió créditos en “Melodía de Broadway 1940”. Eleanor Powell lucía más en sus “solos” o cuando la acompañaban bailarines de menor talla como George Murphy. Ford y Eleanor tuvieron un hijo de nombre Peter en 1945 y se divorciaron, formalmente, el 23 de noviembre de 1959. Las revistas de cotilleo siempre especularon sobre un posible arreglo entre los dos durante su matrimonio, debido a conducirse como un solterón sin compromiso, dada la frecuencia en que se le veía acompañado de otras damas, sin llegar a ventilar públicamente sus diferencias.

Antes de marchar al servicio militar, tuvo tiempo de realizar el entretenido filme bélico “Algo más que la vida” (Destroyer, ‘43) compartiendo créditos con Edward G. Robinson, quién era el oficial veterano que enseñaba al novato de Ford a comandar un destroyer en labores de correo, el cual accidentalmente se topaba con un submarino japonés y terminaban hundiéndolo.

Ya fuera de la milicia, a principios de 1945, es incorporado, por instrucciones de Harry Cohn, mandamás de la Columbia, en “Gilda” dirigida por Charles Vidor, con quién ya había trabajado en “La intrusa” y “Los desalmados”. Su contrato estaba por fenecer y el estudio quería sacarle algo de beneficio a los años que no había podido trabajar, aunque todo indicaba que no entraba en sus planes impulsarlo mucho. Entonces Ford comenzó a buscar otros sitios para trabajar al terminar el rodaje, inclusive fuera del cine en labores de relaciones públicas en una empresa de Howard Hughes. Pero Bette Davis se encapricho en imponerlo como su co-estrella en su producción “Una vida robada” (A stolen life, ‘46). Después de ver los rushes de “Gilda”, Cohn se dio cuenta que iba a significar un empujón fuerte para la carrera de Ford y por ello le puso como condición que para prestarlo a la Warner Brothers, debía renovar el contrato de exclusividad por otros siete años, accediendo a regañadientes; un tanto decepcionado por no haber encontrado otras opciones de trabajo. Cuando más tarde se enteró de la razón de la urgencia de Cohn para presionarlo a firmar, con un precario aumento, ante el vaticinado éxito que iba a significar “Gilda”, Ford se sintió engañado, siendo motivo para frecuentes disputas y exigencias, con el paso del tiempo, a la Columbia.

glenn-1-gilda.jpgEl 15 de mayo de 1946 se estrenó “Gilda” en los Estados Unidos, convirtiéndose de inmediato en la cinta taquillera del año. Fue tal el impacto causado por Rita Hayworth con su sensual, erótico e insinuante número de strip-tease al cantar “Put the blame on mame”, traducido por algunos libremente como “Echame a mi la culpa”, que se convirtió en el objeto generalizado del deseo del público masculino. La conmoción fue de tal dimensión que el capitán de la nave que arrojó la bomba atómica, en las pruebas del 1 de julio de 1946, en el atolón Bikini, le pusiera por nombre a su avión: Rita.

Ese rol convirtió a Rita Hayworth en un mito cinematográfico y la marcó en su intimidad, al grado que cuando daba cuenta de sus infortunios amorosos y de la ilusión que provocaba en los hombres que buscaban poseerla, merced a los sueños vendidos en celuloide, llegó a pronunciar la frase compendio de su tragedia personal: “Los hombres se acostaban con Gilda y se despertaban con Rita Hayworth”.

Angel Fernández Santos en el diario El País, a los cincuenta años del estreno de “Gilda” señalo: “La película, después de tantos años, mantiene intacto su misterio. Es un filme hermoso, más complejo de lo que parece. Bajo él hay un trabajo fílmico de primer orden, uno de los umbrales del cine moderno, en el borde de la perfección”. Y efectivamente, visto con los ojos de un espectador actual, acostumbrado a lo explicito en el tratamiento de ciertas situaciones sexuales, termina uno por sucumbir ante la transpiración erótica de la Hayworth en su baile, a pesar de solo insinuar su desnudez, al iniciar el doblado de su guante para quitárselo. Nunca enseñó más, aunque no faltó el espectador viajero de la época, que si estaba con sus amigos de Barcelona, presumía haber visto una copia en Francia donde se mostraba desnuda. Los de México decían que en Venezuela, por esos tiempos menos timorata en su censura, el “strip-tease” duraba diez minutos. En fin, en cada región donde se exhibió “Gilda” se tejieron leyendas sin fin, sobre cuanto enseñaba su cuerpo desnudo Rita en el filme y en particular en esa escena, culminada con el célebre bofetón propinado por el celoso de Glenn Ford, para sacarla del escenario.

glenn-1-rita-gilda.jpg“Gilda” inicia con Johnny Farell (Glenn Ford) a punto de ser asaltado por un ladrón en el muelle de Buenos Aires, siendo salvado del ataque y su posible muerte por Ballin Mundson (George MaCready) blandiendo un bastón-espada, que aleja al malhechor. Comienza una oscura amistad entre los dos hombres, al ofrecerle Mundson empleo en su casino a Johnny y convertirlo en su brazo derecho. Mundson, que también es un agente nazi, realiza un viaje a Córdoba y regresa casado con Gilda (Rita Hayworth), antigua amante de Johnny. Esté le monta una escena de celos a Ballin, diciéndole: “¿Cuando la conociste? ¿Sabes quién es? Habíamos dicho que las mujeres y el juego no concuerdan”. Mundson le replica, en actitud de mando: “Ninguno de los tres tenemos pasado. Quiero que te lleves bien con ella”.

Gilda es desatendida por Mundson. Intenta seducir a Johnny, quien la rechaza. La mujer entonces busca la satisfacción en otros hombres. Farell, por lealtad a Mundson, para no provocarle un disgusto, tapa las infidelidades de Gilda.

glenn-1-rita-gilda-bis.jpgAl descubrirse las actividades delictivas de Mundson, escapa y simula su muerte en un avión en llamas. Farell sustituye a Mundson en la administración del casino y se casa con Gilda, sin llegar a tener relaciones sexuales. La mujer escapa a Montevideo a trabajar en un cabaret, hasta donde llega Farell a obligarla a regresar. Viene entonces la famosa secuencia del baile y la cachetada, provocando efectos catárticos en la pareja, la cual ahora si consuma su relación, al asumir su virilidad Johnny, con su potencia erótica, de celos y necesidad de ella. Regresa Mundson a querer ajustar las cuentas con la pareja, pero es ajusticiado por un viejo empleado, al tiempo que Johnny y Gilda se liberan de sus ataduras de servilismo, porque Gilda, más que una femme-fatale que destruya a los hombres, como es típico en el “cine negro”, es una mujer desvalorizada por los dos dementes con quienes se ha casado, la cual para no perder en el amor, busca producir estimulo sexual hasta conseguirlo con su erótico baile.

“Gilda” ha tenido una infinitud de interpretaciones sobre su tema, en que se ha querido ver una alegoría del complejo de Edipo, con el hijo sometido al padre; al igual que la historia de un triángulo con vínculos homosexuales no consumados o insinuados en la pantalla a causa de la censura y evadirla por el lado del conflicto de la lealtad varonil, de la culpa, del servilismo y la sumisión al amo y protector. En cierta medida la vigencia de “Gilda” es posible que se finque en todo el simbolismo que subyace en la historia, con unos diálogos donde su ambigüedad y posibilidad de dobles interpretaciones, permiten cualquier especulación sobre las motivaciones de los tres personajes de esta excelente joya del “cine negro”, la cual no solamente convirtió en mito a Margarita Cansino, sino también puso camino del estrellato a Glenn Ford, al no estar a la zaga a la actriz en cuanto a conseguir el aprecio del público femenino y la envidia del masculino por ser el hombre que abofeteó y amo a Rita Hayworth.

glenn-1-bette.jpgLa insistencia de Bette Davis en llevar de galán a un actor del tipo, mas o menos agradable y pasivo de Glenn Ford en “Una vida robada” (A stolen life, ‘46) dirigida por Curtis Bernhardt, obedeció a un cálculo deliberado para dejarle libre todo el campo de dominación a sus personajes de las gemelas Kate y Patricia, enamoradas del mismo hombre Bill Emerson (Glenn Ford). Hubo Bette Davis por partida doble, como rezó la publicidad de la época, al interpretar a la mala y caprichuda de Kate casada con Bill y a la buena de Patricia. Durante una tormenta, yendo las hermanas en un bote, sufren un accidente. Kate muere y Patricia se hace pasar por ella para conseguir a Hill. Al principio no la descubre, pero al final acepta el cambio. Lo recordable de este melodrama es Bette Davis ofreciedo dos de sus mejores actuaciones.

Entretenida, aunque algo fantasiosa, como casi todas las biografías fílmicas resultó “Jornada gloriosa” (Gallart Journey, ‘46) inspirada en la vida del pionero de la aviación John J. Montgomery, interpretado por Glenn Ford y dirigida por William Wellman, experto en películas de aviadores, desde su época del cine mudo debido a que había sido piloto en la I Guerra Mundial y por ello se le consideraba experto en el tema. Montgomery ya en 1883, 20 años antes que los hermanos Wright, experimentaba en hacer volar un aparato y se estima que sus mayores aportaciones son en el campo de la teoría del vuelo y en la invención del paracaídas.

A principios de los setenta pude ver, por esa sola ocasión, “Paula” (Framed, ‘47) dirigida por Richard Wallace, reputada ya en esa época como una pequeña gema del “cine negro” clase B, con una historia cercana al universo del novelista James M. Cain, en donde una seductora rubia (Janis Carter) empuja al desempleado Mike Lambert (Glenn Ford) a cometer un robo y ayudarle a eliminar a su cincuentón marido (Edgar Buchanan). Guardo un buen recuerdo de “Paula” y su protagonista Janis Carter, una rubia bonita que nunca logró trascender el universo de las cintas “B” en los cuarenta.

“Hombre de mis amores” (The mating of Millie, ‘48) dirigida por el competente artesano Henry Levin, es una predecible y agradable comedia en la cual Glenn Ford se ofrece a conseguirle un marido a Evelyn Kayes, para que pueda adoptar un niño. Después de examinar a varios prospectos, terminan por descubrir que ellos hacen una buena pareja.

Al terminar “Gilda” Rita Hayworth filmó la comedia musical “Sueños dorados” (Down to heart, ‘47) sin mayor trascendencia. Luego se embarcó en el proyecto de su marido Orson Welles “La dama de Shanghai” (The lady from Shanghai, ‘48) terminada de rodar el 28 de febrero de 1947, pero que pasaría 15 meses en un caótico proceso de edición, poniendo en alarma a la Columbia. Buscando resarcirse de lo que parecía un fracaso en taquilla, independiente del aprecio que la crítica tuviera por dicho filme posteriormente, el estudio quiso tener un producto sólido de Rita Hayworth y no se les ocurrió nada mejor que volver a emparejarla con Glenn Ford, en una nueva versión de la obra “Carmen”, basada en el texto de Prospero Mérimée, que llevó por titulo “Los amores de Carmen” (The loves of Carmen, ‘48).

glenn-1-carmen.jpgLa primera versión de “Carmen” data de 1904 y fue filmada por la compañía de Edison, a la cual siguieron otras muchas, incluyendo una farsa protagonizada por Charles Chaplin en el papel de Don José y Edna Purviance en el de la cigarrera. Pola Negri estelarizó en 1921 “Gypsy blood” dirigida por Ernst Lubitsch y la Fox en 1927 otra, bien valorada, con la mexicana Dolores del Río, precisamente con el título de “The loves of Carmen”. La primera versión sonora se filmó en 1931 con Marguerite Namara en Inglaterra. España aportó en 1937 “Carmen la de Triana” con Imperio Argentina, al igual que Francia e Italia hicieron sus propias versiones, en que más o menos se utilizó el texto de Mérimée y la música de Bizet; en cuanto a la de Rita Hayworth, el reclamo publicitario fue enfático en el sentido de tratarse de un drama romántico y no una ópera filmada y aunque no tuvo el mismo efecto en taquilla que “Gilda”, sí funcionó la apuesta de la Columbia. Glenn Ford se nota forzado en su papel del celoso Don José que sucumbe ante los encantos de la gitana Carmen, al grado de matar por ella. En rigor “Los amores de Carmen” resulta entretenida si uno la ve con el ánimo de estar ante una muestra de cine “kitsch”, con todo y la música instrumental de Bizet, sin ponerse en el plan de los críticos españoles que le reclamaron, en cierta ocasión, a Charles Vidor, el hecho de que los escenarios de Lone Pine, California y los alrededores de Mount Whitney, no tenían nada que ver con los de la sierra de Sevilla, donde se supone ocurre la historia. El director de origen húngaro les replicó: “Y eso que. El público mayoritario queda encantado con las bellísimas tomas que logramos y sólo una minoría sabe que no concuerdan con los escenarios auténticos.

glenn-1-colorado.jpgMucho más interesante, dentro de la filmografía del actor, es el western de tintes psicológicos “Sueños de gloria” (The man from Colorado, ‘48), también conocido como “El hombre de Colorado”, cuando su reestreno en los años sesenta. El Coronel Owen Devereaux (Glenn Ford) y el capitán Del Stewart (William Holden), ambos amigos, regresan a su hogar, después de combatir juntos en el ejército confederado, durante la guerra civil. Devereau deviene en juez y Stewart en Marshall federal del territorio. Sin embargo, su amistad será puesta en riesgo, debido a que Owen comienza a manifestar un desequilibrio emocional, derivado de angustias y secuelas de su participación en la guerra, al comenzar a aplicar las draconianas medidas de los “norteños”, en los derrotados del sur, la mayoría de ellos compañeros de armas del Coronel, a los que no le importa mandar ahora a la muerte, por carecer de dinero para pagar los impuestos y despojarlos de sus derechos de explotación de sus minas. Realizada en 1948, cuando otros filmes también tocaban el tema de la dificultad de algunos veteranos, para readaptarse a la vida civil después de participar en la Segunda Guerra Mundial, “Sueños de gloria”, con un sólido guión de Borden Chase y una correcta dirección del prolífico artesano Henry Levin, introducía con buena fortuna dicho tema en el western y la guerra de secesión. Glenn Ford lograba una estupenda y convincente actuación en su rol del desequilibrado y brutal juez. Cabe mencionar que en esta segunda ocasión en que compartieron roles Ford y Holden, al último le tocó ser ahora “el bueno” y a Ford “el malo” a diferencia de lo acontecido en “Bandoleros de ayer”.

Es poco lo que recuerdo de la comedia “El ensueño de una vida” (The return of Octubre, ‘48) dirigida por Joseph H. Lewis, en la cual una bella Terry Moore trataba de convencer a Glenn Ford, que su tío favorito había rencarnado en un caballo llamado Octubre. (En cierto sentido René Cardona Jr. se inspiró en esa cinta para su comedia “Ok Cleoptara” (‘70) donde Angel Garasa, rencarnaba en el cuerpo de la yegua Cleopatra).

Más interesante resultó “Destino de fuego” (The undercover man, ‘49) dirigida, también, por Joseph H. Lewis, un artesano al cual se le daban mejor los westerns y los policíacos, como fue el caso de “Destino de fuego” muestra del “cine negro” en su vertiente de semi-documental. Un agente federal del fisco (Glenn Ford) en trabajo encubierto, se introduce en la pandilla de un jefe de la mafia en Chicago, hasta lograr llevarlo a la justicia. Aunque oficialmente no se reconoció, todo parece indicar que se trata de una reconstrucción de parte de la indagatoria que condujo a prisión al célebre Al Capone. Joseph H. Lewis maneja bien el ritmo y cuida sus decorados, creando una atmósfera adecuada para la historia y se podría decir que junto con “El genio del crimen” (The big combo, ‘55) y, sobre todo, el film de culto “Muerte al amancer” (Gun crazy/Deadley is the female, ‘49) son sus tres grandes aportaciones al “cine negro”.

(Continuará)

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