Douglas Fairbanks, prototipo de los galanes aventureros de Hollywood

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on dic 14th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

douglas-1.jpgDouglas Fairbanks, prototipo de los galanes aventureros de Hollywood, quién desde los lejanos días del cine mudo impusiera las pautas de la agilidad física, sonrisa cínica y un gusto irrefrenable por disfrutar de la vida al aire libre, en pos de aventuras peligrosas… o simplemente correr a los brazos de la mujer amada. En “El Ladrón de Bagdad” (The Thief of Bagdad) con un anillo en la oreja y una espada en la mano, era un héroe romántico y gran espadachín.

Errol Flynn ha sido quién más se ha acercado a la imagen propuesta por Fairbanks. Aunque tampoco hay que olvidar a Tyrone Power, con todo y su cara de niño bonito. Y, en parte, seguramente, Johnny Deep se inspiró en Fairbanks para su celebrada personificación del pirata Sparrows en la trilogía de “Piratas del Caribe”, por mencionar a una figura más cercana a las generaciones actuales de cinéfilos.

douglas-2.jpgDouglas Fairbanks nació el 23 de mayo de 1883 en Denver, Colorado, en el seno de una familia católica clase media, siendo su padre el abogado Hezekiah Charles Ullman, un abogado de Nueva York y su madre Ella Adelaide Marsh. Su verdadero nombre era el de Douglas Elton Thomas Ullman. Su madre estuvo antes casada con un John Fairbanks, del cual tomo el apellido el actor, cuando ingreso a los escenarios teatrales. Sus padres se divorciaron cuando tenía cinco años Comenzó a actuar en obras de aficionados desde los 12 años. En 1900 se mudó a Nueva York y debuto profesionalmente en Broadway en 1902. Aunque los críticos lo maltrataron, llamó la atención de la actriz Grace George, la cual convenció a su esposo, el productor William Brady, de que el muchacho tenía madera de “estrella”, acertando en su pronóstico, pues pronto tuvo éxito en el género de la comedia ligera.

El 11 de julio de 1907 se casó con Anna Beth Sully, hija de Daniel J. Sully, rico magnate conocido como “El Rey del Algodón”. Su boda se llevó a cabo de manera espléndida, con la asistencia de la alta sociedad de la época, en la mansión de los Sully, en Watch Hall, Rhode Island. Beth había insistido en que Douglas se buscara un empleo más apropiado y “decente”, por así decirlo de acuerdo a su alcurnia, a lo cual se rehusó, en buena hora el actor, ya que unos años más tarde el suegro perdió toda su fortuna en unos malos negocios, siendo entonces el sostén de la familia Fairbanks, quién ya tenía gran fama en los escenarios. Fue debido a su reconocimiento público que la Triangle Pictures le ofreció un contrato de 1,000 dólares a la semana, para que se marchara a Hollywood, en 1915. Con Beth procreó su único hijo Douglas Fairbanks Jr.,, quién nació en Nueva York, el 9 de diciembre de 1909.

douglas-3.jpgHoy en día resulta casi imposible ver las películas de Douglas Fairbanks Sr., salvo por las Cinetecas, cine clubs o en raras ocasiones en la televisión, en particular en Canal 11 de la ciudad de México, donde hace cosa de unos años pudimos ver “La Marca del Zorro” (The mark of Zorro, 1920) y “El Ladrón de Bagdad” (The Thief of Bagdad, 1924), siendo, igualmente, casi los únicos factibles de encontrar en el mercado del DVD, aquí en México. Otros de los más populares fueron “Los Tres Mosqueteros” (The Three Musketeers, 1921), “Las Aventuras de Robin Hood” (Robin Hood, 1922), “Don Q, Hijo del Zorro” (Don Q son of Zorro, 1924), “El Pirata Negro” (The black pirate, 1926), todas estas mudas. De su etapa del sonoro son recordables “La Doma de la Bravía” (The Taming of the Shrew, 1929) y “La Vida Privada de Don Juan” (The private life of Don Juan, 1934) que fuera precisamente su última película.

Fairbanks llegó a Hollywood contratado para trabajar bajo la dirección de D.W. Griffith, pero su debut lo tuvo en “The Lamb” (El cordero) dirigida por Christy Cabanne, prolífico director que se encargaba de realizar aquellos proyectos “menores” de la compañía en que Griffith, a lo mucho supervisaba. “The Lamb” era una comedia mundana, en la cual, Douglas, tuvo oportunidad de mostrar sus dotes atléticas, causando la irritación de Griffith y de más de un técnico que le auguraron una corta carrera. (Es realmente un lugar común encontrar, en el caso de grandes estrellas, una anécdota sobre sus escasas posibilidades de éxito, profetizadas por alguien de la industria y, en lugar de considerarlos como malos pitonisos a los profesionales, es más acertado decir que su enajenación o exceso de compenetración del medio, les impide, con cierta regularidad, no percibir lo nuevo o simplemente la variante diferente en una figura debutante). Para sorpresa de muchos “The Lamb” funcionó en taquilla, marcando el inicio de la deslumbrante y exitosa carrera cinematográfica del actor que llegará a conocerse como “el héroe de América. Sus cinco películas estrenadas en 1917, para sólo mencionar como ejemplo estas, produjeron más de un millón de dólares de ganancias, al contar con alguien a quién le auguraron una corta carrera.

douglas-4.jpgEl historiador Gavin Lambert nos dice del actor: “En los años veinte, Fairbanks, un Robin Hood moderno, asombró a muchas personas reafirmando las cualidades más sencillas e ingeniosas del héroe –la galantería, el valor físico, el atravesar la vida con una sonrisa- y actuó con tal energía y convicción que impresionó considerablemente a un mundo cínico y desilusionado. El cine mudo se ajustaba en forma ideal a este gesto y justificaba sus exageraciones. Debe haber sido, en ese entonces, un actor de audacia insólita, y por más aburrido que Fairbanks haya resultado luego, se le recordará como la única figura de su tiempo que intentó resucitar el espíritu heroico en términos populares. Lo que acaso se pasó por alto en la emoción del momento fue que Fairbanks debió crear un mundo anticuado para contener sus hazañas”.

Siempre tuvo fama de ser galante con las mujeres y desde Nueva York Beth, su esposa, aprendió a aceptar sus infidelidades, siempre y cuando fueran simples aventuras pasajeras y regresara a casa; al fin de cuentas estaba en un medio en que era fácil encontrar muchachas hermosas, atractivas, dispuestas a romances fugaces, que les pudieran significar escalones en su búsqueda de obtener alguna influencia, que les ayudara a conseguir alguna prueba, para darse a conocer con el público.

Respecto a esa costumbre de su católico padre, en cuanto a tener sus aventuras extramaritales, el actor Douglas Fairbanks Jr. escribió en sus memorias que “…en muchos aspectos era un hombre convencional y mojigato, en particular en su actitud hacia costumbres y tradiciones. Si ciertas facetas de su vida personal revelaron un toque de hipocresía, creo que uno podía llamarlo ‘sincera hipocresía’. Tenía la firme creencia, hasta que dificultades domésticas lo contradijeron, de que la ‘respetabilidad’ era una capa que cualquiera debía utilizar en la vida pública seria”. En otras palabras, que mientras no fuera “piedra de escándalo” que empañara el buen nombre de su matrimonio y cumpliera con las obligaciones económicas de su hogar, el soltar “algunas canas al aire”, estaba en los límites de lo aceptado por la sociedad.

douglas-5.jpgDouglas Fairbanks asistió con su esposa Beth, al estreno en Nueva York de “The Lamb”, en donde le fue presentada “la novia de América”: Mary Pickford, a quién acompañaba el alcohólico de su esposo, el mediocre actor Owen Moore. Al regresar a Hollywood comenzó a tener una aventura con la pequeña Mary Pickford (medía 5’01”, 1.53 mts. mientras Douglas 5’9, 1.75 mts.), la cual fue ascendiendo en tono y pasión, al grado de que empezaron a cometer imprudencias, en el sentido de no cuidarse mucho de que la gente los viera y empezara a sospechar, con la posibilidad de que alguien hablara de su amorío o, saliera en letra impresa en alguna revista de aficionados al cine, con el riesgo que ello implicaba para sus carreras, al temer la reacción del público, por la conducta de sus ídolos, pues no en balde se les conocía como “la novia y el héroe de América”, lo cual implicaba mucho peso, en tanto modelos a seguir, que proyectaban altos valores morales en sus películas, al igual que tratándose de dos personas católicas, sabían que tenían que renunciar o, por lo menos, alejarse de su fe, si querían divorciarse de sus respectivos cónyuges y casarse entre sí ellos.

La entrada a la Primera Guerra Mundial por parte de los Estados Unidos vino en su ayuda, pues al solicitarles Washington que recorrieran el país, en una gira para recaudar fondos para la guerra, al tiempo de servirles para estrechar su unión, sirvió para que el público los fuera viendo como algo natural que terminaran enamorándose. Beth se puso furiosa, cuando finalmente comprendió que, su amiga Mary y su marido Douglas, eran amantes. Montó en cólera, yendo a los periódicos a denunciar el adulterio, pero la prensa no publicó nada. Por su parte Douglas achacó a la propaganda alemana, los rumores del romance, como una forma de desprestigiarlos, ya que estaban teniendo mucho éxito en su recaudación de fondos para la guerra.

douglas-6.jpgAl final de cuentas Douglas llegó a un acuerdo económico con Beth, entregándole 500,000 dólares, quedando legalmente separados con fecha del 30 de noviembre de 1919. Algo similar ocurrió con Mary, una vez que le aseguró un buen fajo de billetes a Owen, este firmó el divorcio y el 2 de marzo de 1920, quedaron libres. Mary de inmediato declaró a la prensa que no estaba entre sus planes casarse. La boda, entre Mary y Douglas se llevó a cabo el 28 de marzo de 1920, entre los los máximos ídolos populares de la farándula en esa década de los veinte, porque en el béisbol no hay que olvidar a Babe Ruth, sin embargo este último, en cierto sentido lo era solamente en los Estados Unidos, mientras que la pareja, gozaba de gran fama en el resto del planeta, pues cuando hicieron su viaje de “luna de miel”, alrededor del mundo, fueron recibidos con grandes honores en todos los países que visitaron, como si fueran miembros de una familia real. Presidentes, reyes, primeros ministros o secretarios de Estado, les hacían los honores de recibirlos como huéspedes distinguidos de sus países. Sobre su unión el escritor Alistair Cooke llegó a comentar: “Llegaron a representar más que una pareja de casada de estrellas de cine. Eran la prueba viviente de la creencia norteamericana de los finales felices”.

Cuando regresaron de su viaje de “luna de miel” se fueron a residir a la mansión semicolonial conocida como de Pickfair, en una de las cumbres de Beverly Hills, que meses antes de su boda había comprado Douglas. En dicho lugar vivió en ella, hasta su muerte, Mary. Casi al año de la desaparición de “la novia de América”, sus herederos la vendieron, en 1980, en 5 millones 362 mil dólares. Fue vuelta a vender en 1988 por una cantidad algo mayor a los 7 millones de dólares, para que más o menos nos demos una idea de la pequeña mansión que habitaron Mary y Douglas. Igualmente refleja la enorme cantidad de dinero que llegó a ganar en el cine Douglas Fairbanks, el cual junto con Mary Pickford, Charles Chaplin y Davoid W. Griffith, fundaron en 1919 la compañía United Artists.

douglas-7.jpgEn cierta medida si uno ha visto “La Marca del Zorro” (The Mark of Zorro, 1940) que dirigiera Rouben Mamoulian, con Tyrone Power en el rol de Don Diego, se da una idea, más o menos, exacta de la versión de Douglas Fairbanks, con sus respectivos actos acrobáticos, así como su habilidad para el manejo de la espada. En aquellos tiempos, no era común el uso de “stunt men” (dobles), así que la mayoría de las escenas de acción corrieron a cargo del propio Douglas. La película, vista con los ojos de un aficionado actual, hay que hacerlo con cierta complacencia o espíritu benigno, aceptando que se está ante una obra representativa de una época y cierta lentitud o reiteración para narrarnos la historia.

En todo caso es mucho más interesante disfrutar de la visión de “El Ladrón de Bagdad”, que fue la primera película importante o grande en la filmografía del director Raoul Walsh, experto en el cine de acción y aventuras. Para aquellos que piensan realizar cine o les gusta acercarse al conocimiento y desarrollo de los trucos cinematográficos “El Ladrón de Bagdad”, resulta una valiosa experiencia, además de que la vitalidad y las demás virtudes, que se dicen caracterizaron a Douglas Fairbanks, las ve uno expuestas a plenitud.

douglas-8.jpgRaoul Walsh en su libro de memorias “La Vida de un Hombre: Raoul Walsh, la época dorada de Hollywood” nos da una serie de interesantes referencias y amenas anécdotas en torno al rodaje de “El Ladrón de Bagdad”, por lo que nos resistimos a reproducir algunas de ellas: “-No tengo demasiada seguridad en ésta película, Doug- le dije cuando nos dimos un apretón de manos.
“-Adelante –mostrándome aquellos dientes que ya habían hecho famosa la sonrisa Fairbanks-. Ven y verás lo que ya hemos hecho. Creo que cambiarás de idea”.

“Me acompaño a la parte trasera del estudio y me quedé sin aliento cuando vi los decorados. Los había diseñado William Cameron Menzies. Su talento artístico era lo bastante grande como para convencerme de que estaba paseando por las calles de Bagdad. Douglas estaba en lo cierto y cambie de idea entonces y allí. Realizaría ‘El Ladrón de Bagdad’ y sería la mejor película que jamás hubiera dirigido. Esto es lo que la genialidad de un hombre puede hacer por el ego de otro”.

“-Tal vez tenderemos problemas con los extras para las escenas multitudinarias –predijo Doug-. Necesitaremos tipos orientales”.

“-Conozco algunos sirios, pero necesitaríamos unos doscientos extras para la multitud congregada en el patio del palacio”.

“-¿De dónde los sacaremos? –preguntó Doug”.

douglas-9.jpg“-En el barrio mexicano –dije súbitamente. Me refería a la parte céntrica del sur de Los Ángeles, donde los amero-mexicanos habían establecido su propio barrio-. Un mexicano de cara morena, con la cabeza cubierta y viéndosele sólo los ojos, la nariz y la boca, pasaría siempre por un árabe”.

“El Ladrón de Bagdad’, la primera película –señala Raoul Walsh- que costó un millón de dólares, se realizó en treinta y cinco días. Mitchell Leiden diseño el vestuario de la princesa y de sus acompañantes en el reparto; su olfato por los trajes de época complementó maravillosamente la extravagancia de los decorados de Menzie. Todos siguieron el guión y todo cuanto hice fue mantener los ojos abiertos y maravillarme ante la facilidad con que Fairbanks se convertía en una mosca humana y subía por las paredes de la ciudad y del palacio sin esfuerzo aparente. Doug llevaba unos pantalones abombachados, zapatillas y su propia piel. Este equipo mostraba muy bien su rudeza atlética. No quedaba muy claro si la princesa respondía a sus vehementes declaraciones de amor o a su atractivo físico”.

“Intencionadamente di mas peso a la acción, de manera que el desarrollo de la trama que lleva al final fantástico no resultara aburrido. Los príncipes rivales consiguieron más de lo que procuraba el guión. Hacia el final, hice que corrieran por el palacio en busca del impostor, pidiendo su cabeza en una bandeja. La idea de hacer que el ladrón fuera invisible fue de mi propia cosecha. Confió en que mi idea luminosa no provocará que la inteligente Scherzada diera un brinco en su tumba”.

bagdadstill61.jpg“Lo habíamos rodado todo excepto las últimas escenas; la batalla para conquistar el palacio y el desalojamiento de los príncipes, mientras el ladrón y la princesa se dan a la fuga. Los que hayan leído ‘Las Mil y Una Noche’ recordarán muy bien que la huída exige una alfombra mágica, que pueda volar por el aire según el deseo de su propietario. Me devané los sesos intentando encontrar algún truco que hiciera que la alfombra resultará, de manera fantástica, plausible, sabiendo que de no sugerir cierto realismo, toda la película resultaría un fracaso”.

“Hallé la respuesta mientras contemplaba una casa en construcción en la esquina Higland y Hollywood Boulevard. Los obreros estaban en lo alto y uno de ellos hacía correr una carga de vigas, subiéndola desde el suelo a base de una grúa inmensa. Me dio la clave. Si podía hacer correr hierro, en consecuencia el ladrón y la princesa podían correr montados en una alfombra mágica. La sujetaría a un andamio sujeto a cables y encontraría algún sistema para que no se viera el soporte. Cuando explique mi plan a Fairbanks, sonrió y me dijo:”

“-Adelante, irlandés, pero si nos dejas caer sobre un minarete, volveré para hechizarte”.

“No resultó difícil encontrar una grúa apropiada. El problema estaba en dónde ponerla. Según el cuento, volaban atravesando una ventana de palacio y por encima de los tejados de Bagdad. Algo así como levitación hipnótica inducida, aunque yo no sabía cómo los haría despegar del suelo de la habitación. Finalmente resolví el problema a base de instalar una polea encima de la cámara y un montacargas manual (ambos fuera del campo de la cámara), y sirviéndome de un fornido extra para mover la manivela. El resultado fue mejor de lo que había esperado. La alfombra tenía un marco de acero y unas tiras, también de acero, debajo. Cuando la manivela se puso en marcha todo se movió, con Fairbanks y Miss. Johnston sentados con las piernas cruzadas, levantándose ante los ojos de los espectadores adecuadamente atónitos. Luego, unos cables delgados tiraron de la alfombra hasta la ventana y se consiguió la sugestión de vuelo inminente. El resto fue bastante fácil. Corté la acción cuando el ingenio llegó a la ventana abierta y las cámaras filmaron de nuevo después de conectar la alfombra a una grúa situada en la parte exterior del palacio”.

thief-of-bagdad.jpg“La grúa que instalé tenía un aguilón de veinticuatro metros, lo suficientemente lar5go para mecer a los enamorados en fuga sobre la ciudad. Para reforzar la ilusión de vuelo, hice tomas de ángulo corto, añadí planos de gente contemplándoles desde las calles –conseguidos a base de colgar a los cámaras y a mí mismo de una plataforma situada en la parte alta del aguilón- y luego volví a unos planos lentos que mostraban el curso de los viajeros. Algunos metros de película laterales los conseguimos con la grúa trabajando desde una rampa especial que habíamos construido en la plaza de la ciudad. Marchó tan bien que me sentí obligado a mandar un cheque a la fundación de pensionistas de obreros del metal. Los cables de la grúa resultaron invisibles incluso en los primeros planos porque los había pintado de blanco. Cuando vimos la proyección de todo lo que había rodado aquel día, Fairbanks me agarró en un abrazo impulsivo y cariñoso y me dijo:”

“-¡Irlandés, has vuelto a conseguirlo!”

La cinta tuvo una gran acogida de publico y The New York Times dijo: “Imagínense una sátira inteligente de ‘Las Mil y Una Noche’, con una extraordinaria fotografía, y ya tienen idea del nuevo filme de Fairbanks. Morris Gest ha conseguido un ambiente oriental total en el cine. Es una película fascinante, acabada y bella, una hazaña del arte cinematográfico que jamás ha tenido igual”.

Mary Pickford se había quedado estereotipada en roles de la chica inocente, virginal y pura, alejada de los hombres; sin embargo llegó el momento de crecer. En 1927 rodó “My Best Girl”dirigida por Sam Taylor, con Charles “Buddy” Rogers de coprotagonista, en la que sería su última cinta muda. Mary hacia de una adolescente enamorada de un amigo de la infancia. La película tenía escenas de besos y arrumacos entre Mary y Buddy, lo cual enojó a Douglas, pues en una ocasión en que pasó por el set y los vio rodar una escena de amor, le pareció que lo hacían con demasiada enjundia. A partir de allí sonó la alarma en la relación, que tenía algún tiempo deteriorándose, debido a las infidelidades de Douglas, quién era abstemio y el exceso en la bebida de Mary. Después de filmar juntos en 1929 una versión de “La Doma de la Bravía” (The taming of the shrew), Douglas emprendió un viaje solo a Europa, llegando noticias a los Estados Unidos sobre que se le había visto “acompañado de una dama de la sociedad”. Mary le alcanzó en Roma donde le recriminó sus indiscreciones sexuales. La Pickford se regresó sola a su mansión y cuando Douglas regreso a buscarla, se enteró de que se había marchado a la Feria Mundial de Chicago, acompañada por Buddy Rogers. Hasta donde la alcanzó, hubo una breve reconciliación, pero en junio de 1933 Douglas decidió viajar a Inglaterra, desde donde le mandó un telegrama a Mary, diciéndole que era su intención vivir para siempre en ese país y que si ella quería conservar Pickfire, no se oponía a ello, siempre y cuando los gastos corrieran por su cuenta. Mary le mostró el telegrama a la columnista Louella Parsons, quién de inmediato dio la noticia de la terrible situación por la que pasaba “la novia de América”, abandonada por su marido. Pronto encontró consuelo en los brazos de Buddy Rogers entablando la demanda de divorcio, que se le concedió el 10 de enero de 1936. Mary terminó casándose con Charles “Buddy Rogers” el 26 de junio de 1937, permaneciendo a su lado hasta la muerte del actor el 29 de mayo de 1979.

Mientras tanto Douglas Fairbanks se vio envuelto en la demanda de divorcio que entabló Lord Ashley, heredero del Duque de Shaftesbury, contra su esposa Lady Ashley, acusándola de adulterio, precisamente con el actor. En realidad Lady Ashley no tenía nada de aristócrata, pues era una corista de nombre Edith Louise Sylvia Hawkes, alta y rubia, con la cual se casaría Fairbanks el 7 de marzo de 1936, permaneciendo juntos hasta la muerte de Douglas, el 12 de diciembre de 1939. Años después Lady Ashley, quién conservó el nombre para darse aires de aristócrata, se casaría con Clark Gable, pues se le atribuía un cierto parecido con Carole Lombard, el amor inolvidable de Gable, durando casados solo unos cuantos años.

Douglas Fairbanks había regresado a Hollywood en el verano de 1939, con la intención de reanudar su carrera y en parte por los vientos de guerra que soplaban en Europa, porque en realidad sus últimos años los había pasado más bien como productor.

bagdad2.jpgFrank Nugent publicó en New York Times, a los pocos días de su fallecimiento, un ensayo que entre otras cosas dice: “Doug Fairbanks era el fingimiento en su mejor acepción, un juego que los jóvenes nunca nos cansábamos de jugar, un juego –estamos seguros- que nuestros padres compartían secretamente. Era la fantasía completa, no como la de Disney, recubierta de blandura y sofisticación, sino franca y alegre. Las balaustradas estaban echas para saltarse, los candiles para colgarse de ellos, las ciudadelas para tomarse por asalto. No había en todo el barrio un niño que no se viera a sí mismo en una película de Fairbanks, triunfando sobre el perdonavidas local, ganando la adoración de cualquier rubia de diez años que anduviese cortejando y vengándose del maestro que lo había castigado esa tarde…”.

En los buenos tiempos de su fama, Fairbanks tenía instalado un gimnasio en un solar de los estudios United Artists, al cual llegaron a concurrir gente como Babe Ruth, Jack Dempsey, Gene Tunney, El Duque de Sutherland, el rey de Siam, el Duque de Alba, Conan Doyle, el príncipe Jorge de Inglaterra y el príncipe Guillermo de Suecia, entre otros, cuando los artistas y sobre todo los ídolos del cine, eran vistos como figuras míticas, seres excepcionales, por la simple y sencilla razón de que su imagen proyectada en la pantalla, daba vida a los sueños “imposibles” del público, que arrobado contemplaba las “hazañas” de su héroe. Douglas Fairbanks logró provocar muchos “sueños” a su público y por ello aún se le recuerda.

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