“¿Dónde residió en realidad la fuerza de Gable? Fuese cual fuese, la pasó por toda clase de filmes (melodramas, westerns, aventuras marinas, evocaciones históricas, comedias, policíacas) y, si bien estuvo siempre encasillado en un determinado tipo de papeles, nuca pareció estarlo contra su voluntad. Ni contra la de los productores. Ni mucho menos contra la del público”.
Terenci Moix.
Desligado de la MGM Clark Gable pasó a las filas de los “free lance” con bastante éxito, al lograr un buen acuerdo con la Fox para protagonizar el filme “El Aventurero de Hong Kong” (Soldier of Fortune, 1955) dirigida con bastante tino por Edward Dmytryck. En un principio se especuló en las columnas periodísticas que volverían a trabajar juntos Gable y Grace Kelly, después de la excelente química mostrada en “Mogambo”, al igual de correr el rumor de su posible matrimonio, pero debido al compromiso de Grace Kelly de trabajar con Alfred Hitchcock en “Para Atrapar al Ladrón” (To Catch a Thief, 1955) la compañera del actor fue Susan Hayward. En “El Aventurero de Hong Kong” Gable es una especie de mafioso que controla el tráfico de armas y también realiza negocios de contrabando con la entonces llamada China Roja, desde la entonces colonia británica, razón por la cual le busca la Hayward, ya que su esposo Gene Barry, es un fotógrafo que se encuentra prisionero en algún lugar cercano de Hong Kong, en la China de Mao, acusado de actividades de espionaje. Antes de acudir en su rescate, Gable y Hayward tienen sus amores, pero al final, al igual que en “Casablanca” el aventurero se sacrifica y deja se marchen los esposos a reiniciar su vida en Estados Unidos. Sin ser una mala película, desafortunadamente, “El Aventurero de Hong Kong” nunca logra del todo la atmósfera de melodrama trágico como la ya mencionada “Casablanca” de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, razón por la cual, quizás, fue recibida con cierta indiferencia por parte del público.
En 1955 inicia una fructífera relación de tres películas bajo la dirección del veterano maestro del western Raoul Walsh, siendo la mejor de ellas la primera “Garras de Ambición” (The Tall Men, 1955) filmada en su mayor parte en Durango, México, en la cual también actuaban Jane Russell, Robert Ryan y Cameron Mitchell. Walsh maneja de forma estupenda el cinemascope, captando en toda su dimensión épica los espacios abiertos, desde la primera toma en que vemos en la lejanía emerger de la nieve a dos jinetes (Clark Gable y Cameron Mitchell), para más adelante emocionarnos en las tomas con grúa del arreo del ganado por la planicie y otras que sería largo enumerar, pero independientemente de su trama, la riqueza visual de “Garras de Ambición” la hace uno de los grandes westerns de Raoul Walsh. Los otros dos fueron: “Un Rey y Cuatro Reinas” (The King and Four Queens, 1956) con Eleanor Parker, Jo Van Flete (que prácticamente se roba la película con su actuación) y Barbara Nichols y, “Mi Pecado fue Nacer” (Band of Angels 1957) con Ivonne de Carlo y Sydney Poiter.
El propio director Raoul Walsh en su autobiografía “La Vida de un Hombre” (Each Man in His Time) nos cuenta una anécdota sobre la realización de “Garras de Ambición” en Durango. “Tropezamos con un problema antes de empezar el rodaje. La película requería una considerable manada de ganado “big horn” y, dado que no había demasiadas reses en Stateside, la filmación de exteriores tendría que ser en México. Dos semanas antes del comienzo del rodaje, partí para Durango, lugar en el que había cabalgado con Villa cuarenta años antes. Cuando Pancho dispersó a los federales y dispersó a los prisioneros, Durango era un pequeño pueblo. Ahora era una ciudad, con las calles pavimentadas llenas de edificios altos y parques repletos de flores y árboles. En la campiña circundante se decía que había más ganado con cuernos que en ninguna parte al norte de la frontera”.
“La ayuda me llegó en la persona de Carlos, el cuñado del gobernador. Además de ser conocido de los que criaban ganado en el estado, era un ardiente entusiasta del cine y hablaba inglés. Por una vez, mis demonios familiares aparcaron sus horcas y tuve toda la ayuda necesaria para gobernar a la gran manada y contratar a charros que la condujeran. Para el ganado hicimos contratos con varios propietarios de ranchos”.
“Una mañana cuando ya llevábamos una semana de rodaje, me dirigí a trabajar más pronto de lo habitual. Un individuo con patillas y una pistola en el cinto se me acercó y se presentó como el jefe local de los ganaderos. Me olí problemas y le pedí a uno de los amigos de Carlos, que hacía de ayudante mío, que me tradujera.
“-Es Rodrigo Díaz –murmuró el ayudante-. Es un hombre terrible cuando se enfada”.
“Díaz se mostró beligerante de una manera blanda: Usted no paga lo suficiente por el ganado –dijo gruñendo-. Queremos más dinero”.
“Hizo el gesto habitual de mover billetes verdes entre el pulgar y el índice.
“Cuando mi intérprete lo tradujo al inglés , le pedí que fuera en busca de Carlos. Compareció cabalgando en una nube de polvo y preguntó que problemas teníamos”.
“-Tiembla –le dije-. Quieren subirnos el precio del ganado”.
-Tenemos un contrato –respondió Carlos-. Deje que le diga algo a este ‘chingado’ –y nos dirigimos hacia Díaz, con quién habló en español. Cuando el líder de los ganaderos sacudió los hombros y la cabeza, mi protector autocontratado saltó a su coche y levantó aún más polvo entre nosotros y la ciudad. Cuando regresó, conducía un camión con diez soldados.”
“Esto fue el final del soborno. Los soldados metieron a Díaz dentro del camión y le arrebataron su pistola.
-Ya puede poner en marcha sus cámaras, Mr. Walsh –concluyó Carlos con una mueca-. Pero le aconsejaría que se largara de la ciudad el mismo día que acabe la película”.
Quim Casas en su libro “El Western, el Género Americano” nos ofrece un amplio acercamiento a la obra de Raoul Walsh, y nos dice con relación a los tres realizados con Clark Gable de protagonista lo siguiente: “Si en ‘La Ley del Más Fuerte’ (The Lawless Bred, 1953), que podríamos considerar su último western de raigambre clásica, Walsh opera sobre el mito (el pistolero John Wesley Hardin, al que Bob Dylan dedicó un disco, presentado como producto de un destino fatalista que le convierte en un fuera de la ley pese a matar siempre en defensa propia) y construye su drama en torno a las férreas estructuras familiares, como en ‘Su Única Salida’ (Pursued, 1947) o ‘Los Viajero’s (Along the Great Divide, 1951) (Hardin inicia su errática carrera delictiva después de múltiples conflictos con su padre), en las tres películas con Clark Gable, adscritas de manera muy distinta al género, desarrolla un discurso personal en el que las formas tradicionales del western se van remodelando progresivamente. Hay aún rasgos de ese primitivismo, en concepto y plasmación, que recorre toda la obra walshiana. En ‘Garras de Ambición’, el mejor de estos tres filmes, los dos hermanos interpretados por Gable y Cameron Mitchell, ex voluntarios de Quantrill, cabalgan por las montañas heladas y ven a un hombre ahorcado en un árbol. ‘Al fin llegamos a la civilización’ comenta Gable, sintetizando en gesto y palabra el estadio natural e individualista que personifica el western de Walsh, desde el guía de ‘La Gran Jornada’ (The Big Trail, 1930) hasta los dos aventureros de ‘Garras de Ambición’. En ‘Un Rey y Cuatro Reinas’, Gable entra en el saloon tras un largo viaje digno del filme anterior, ve como el barman se está afeitando, le pide permiso para utilizar sus utensilios, se rasura tras la barra y, como loción, se pone un poco de whisky en la cara. Son personajes del tiempo clásico que irrumpen en una nueva concepción del western walshiano. ‘Garras de Ambición’ de desarrollo itinerante similar al de ‘La Gran Jornada’ (repite la secuencia de unos carromatos deslizados por un desfiladero mediante cuerdas, aunque ahora filmados en plano corto y formato Scope), resulta más admirable por partir del estereotipo y cubrir el relato de tintes realmente sombríos. Cuando Robert Ryan, que se ha disputado durante todo el filme el dinero de la venta de unas reses y la posesión de una mujer, Jane Russell, con el sudita Gable, comenta sobre su enemigo ‘es el único hombre que he respetado en mi vida, es lo que todo niño sueña que va a ser cuando crezca y lo que todo viejo siente no haber sido’, un extraño sentimiento de desequilibrio se produce. Gable, que representa al héroe de envergadura, al aventurero curtido en mil batallas, parece ganar la partida, consiguiendo su parte del dinero y quedándose en el último plano con la cantarina Jane Russell. Pero el comentario, laudatorio, del que ha sido su enemigo en los negocios y en el amor, encierra uan triste realidad: el personaje de Gable representa el pasado, lo que ya no tiene continuidad, la imagen ya cansada (en este sentido, la elección del actor fue fundamental) del western tradicional. Walsh le sitúa vencedor, pero sabe que los negociantes astutos e hipócritas como el que encarna Ryan están tomando el relevo.”
“Si en ‘Garras de Ambición’, escrita por el fordiano Frank S. Nugent y, curiosamente, Sydney Boehm (un periodista reciclado en guioniusta de thrillers urbanos como ‘Destino de Fuego’ Undercover Man, 1949 de Joseph H. Lewis y ‘Los Sobornados’, The Big Heat, 1955, de Fritz Lang), la geografía resulta cambiante y varipinta y se pasa de una escaramuza con los indios en la nieve a una fulgurante refriega con unos bandidos dispuestos a hacer pagar peaje a los protagonistas para cruzar un territorio libre, en ‘Un Rey y Cuatro Reinas’ y ‘Mi Pecado Fue Nacer’, el tercer filme con Gable, los espacios abiertos se empequeñecen y un inesperado tono claustrofóbico se apodera de la mecánica del relato. Las dos películas, además, se sirven de otros géneros para ratificar la apertura walshiana hacia nuevos temas y ámbitos. ‘Un Rey Cuatro Reinas’ parece fluctuar en el inicio con la comedia, al presentar una situación de parodia, desarrollo y final ciertamente atípicos: Gable, que se define con sorna como un vendedor de ideas, llega al rancho donde la madre de cuatro forajidos y sus respectivas esposas se han atrincherado esperando el regreso del único miembro de la banda que sobrevivió al atraco a un banco. La situación es por momentos irreal, desconcertante, con permutación constante de sentimientos y afectos engañosos que Walsh maneja con especial disciplina para que los personajes no se le escurran entre los dedos. ‘Mi Pecado Fue Nacer’, por el contrario, se empapa desde su primera secuencia de los atributos del melodrama sureño (sin relación alguna con ‘Lo Que El Viento Se Llevó’, filme con el que fue comparado en el momento de su estreno) , utiliza la esclavitud y la guerra civil como decorado vivencial, y se implica hasta el fondo en los amores de una mestiza, Ivonne de Carlo, y un negrero, Gable. Walsh toma elementos muy puntuales del género, más marcados por el escenario histórico que por el propio relato (en similar situación está otro filme del autor, ‘Sangre y Plata’ Silver River, 1948, una tragedia humanista ambientada en los días posteriores a la batalla de Gettysburg), y demuestra su filiación emotiva y física a ciertos ideales sureño, que ocupan una parcela importante en su dedicación al western”.
Por su parte Javier Coma en su “Diccionario del Western Clásico” en su capítulo dedicado a Walsh resalta:”Quizás resultara significativo que mediante ‘Garras de Ambición’, se citara a sí mismo y con referencia a su primer gran western, ‘The Big Trail’, en diversos pasajes. La comparación entre los dos films, puede servir para constatar el largo camino recorrido por su autor: desde ka epopeya colectiva, descrita en función de movimientos corales, a que dio lugar ‘The Big Trail’, hasta la sarcástica mirada en torno a los protagonistas, veteranos, de ‘Garras de Ambición’, habían transcurrido veinticinco años y se había materializado una evolución considerable en los puntos de vista de Walsh, ahora ya decantado hacia la mordacidad y el escepticismo; cabría simbolizar las distancias entre las tragedias de los años cuarenta y las comedias de la segunda mitad de los años cincuenta con las figuras de los intérpretes respectivamente característicos, Errol Flynn y Clark Gable. Éste, a la edad de cincuenta y cinco años, aportó a ‘Garras de Ambición’ y a la pesimista farsa con cierta ebullición sexual ‘Un Rey y Cuatro Reinas’ un look de hombre de vuelta de todo y relativamente perdedor que encajaba en la actitud desencantada de Walsh.
Cabe consignar que si bien “Garras de Ambición” y sus otros filmes realizados después de marcharse de la MGM, no fueron unos grandes éxitos de taquilla, al estilo de sus películas de los años treinta, si rindieron frutos económicos como para que los directivos de la Metro se arrepintieran de considerar “acabado” al Rey, el cual logró verse bien en la comedia “Enseñame a Querer” (Teacher’s Pet, 1958) en donde es un veterano periodista, forjado en la batalla diaria de los linotipos y la mesa de redacción, el cual se burla de tener que admitir en su periódico a mozalbetes presuntuosos egresados de escuelas de periodismo. Dispuesto a demostrar la inutilidad de la precarrera de Periodismo que ahora conocemos como licenciatura en Medios Masivos de Comunicación, se inscribe en un curso nocturno, para probarle a la maestra, interpretada por Doris Day, que el periodista nace y no se hace. Los diálogos chispeantes, ingeniosos e inteligentes de los guionistas Fay y Michael Kanin, conducen por buen camino el enfrentamiento entre las dos visiones del aprendizaje y, como toda buena comedia, en que también se da la batalla de los sexos, se culmina con el enamoramiento de los personajes. Fue la décima ocasión en que Gable interpretaba a un periodista, siendo la profesión que más “ejerció” en el cine. Las otras nueve fueron en “Seis Misterios”, “Sucedió una Noche”, “After Office Hours”, “Amor a Toda Maquina”, “El Irresistible”, “Camarada X”, “Reportaje Sensacional”, “Mercader de Ilusiones”, y “Nunca me Abandones”.A su vez, la canción tema “Teacher’s Pet”, fue un gran éxito de la cantante y actriz Doris Day en esa época.
Interesante e intenso drama de guerra resultó “Colosos del Mar” (Run Silent, Run Deep, 1958) en que era el comandante de un submarino, obsesionado por localizar y torpedear al “Destroyer” japonés que le hundiera, unos meses antes, en el Estrecho de Bongo. El parangón con el capitán Ahab de “Moby Dick” en cuanto al que el Destroyer es su “Ballena Blanca” resulta obvia, al igual, también, el encontrar elementos del Capitán Bligh de “Motín a Bordo” en su comportamiento como comandante, a punto de provocar la rebelión de sus subordinados, debido a sus roces, principalmente, con su segundo de abordo, Starbuck, interpretado magníficamente por Burt Lancaster, en una especie de replica del Fletcher Christian, que el propio Gable, interpretara en el filme antes señalado. El director Robert Wise logró con “Colosos del Mar”, uno de los mejores filmes del género bélico en los cincuentas, en el cual como muestra de la influencia del cine en los soldados, se hacía un merecido homenaje a Betty Grable, ya que la tripulación usaba como amuleto de buena suerte la foto más popular de la actriz en traje de baño, a la cual antes de entrar en combate le daban una palmada en donde la espalda pierde su casto nombre y cuando aceptan que Gable ya se ha integrado a la tripulación, le permiten que la toque.
Es muy débil mí recuerdo de la comedia “No me Abandones” (But Not For Me, 1959) dirigida por Walter Lang y en la cual compartió créditos con Lili Palmer, Carroll Baker y Lee J. Cobb, aunque algunos críticos, como Leonard Malting, recomiendan su visión. Gable es un veterano productor de Broadway, el cual busca tener un nuevo éxito en los escenarios, promoviendo el debut de su bien dotada secretaria como actriz.
“La Bahía de los Ensueños” (It Started in Naples, 1960) es una comedia poco inspirada, dirigida por el artesano Melville Shavelson, con poca chispa, a pesar de que la coprotagonista de Gable era la exuberante y apetecible Sophia Loren, quién por cierto en su libro de memorias, escrito junto con A. E. Hotchner titulado “Sofía: Vivir y Amar” el único recuerdo del actor que nos dice: “La primera vez que me ocurrió con Clark Gable, quedé realmente sorprendida. Estábamos en medio de una escena amorosa de ‘La Bahía de los Ensueños’ cuando emergió un zumbido de la zona de su muñeca. Clark me soltó de inmediato, me dedicó una palmada y un te-veré-mañana, y desapareció.”
“Así ocurría con Gable. Un profesional completo. Llegaba a la hora en punto, se sabía sus líneas de diálogo y se iba en el mismo momento en que su reloj despertador anunciaba las cinco de la tarde. Para él, se trataba de un trabajo de nueve a cinco, y su reloj era el equivalente de la sirena de una fábrica”.
Estando en Nápoles recibió el guión preliminar de “Los Inadaptados” (The Misfits, 1960) aceptando la oferta de participar en el filme con un salario de 750,000 dólares, cuyo rodaje iniciaría a principios de 1960. Sin embargo la huelga de actores y escritores, en enero de 1960 junto con el retraso en el rodaje de “La Adorable Pecadora” (Let’s Make Love, 1960) con Marilyn Monroe provocaron que fuera hasta mediados de julio el comienzo en Reno, Nevada de la filmación bajo las órdenes de John Huston.
Arthur Miller había publicado, en 1957, una breve historia en la revista “Esquire” sobre su estancia en Reno de dos meses, en 1956, cuando estaba tramitando su divorcio de Mary Grace Slattery, para poder casarse, con Marilyn el 29 de junio de 1956. En el artículo narraba su relación con algunos vaqueros, como los que interpretarían a la postre Clark Gable y Montgomery Clift, los cuales vivían de capturar caballos salvajes o también conocidos como “mustangs” que servían para hacer comida para perros. Sam Shaw, un fotógrafo amigo de la Monroe, fue quién aconsejó a Miller lo usara como guión cinematográfico, ya que si ampliaba alguno de los personajes femeninos esquematizados en el texto podría salir una buena historia en la que podría participar Marilyn.
John Huston decidió filmar la historia de forma continuada –de principio al fin- como una forma de que los actores se compenetraran mejor de sus personajes y evolucionaran junto con ellos, lo cual permitió que Miller, igualmente, fuera rescribiendo el guión con la supervisión de Huston.
Adam Victor en su libro “La Enciclopedia de Marilyn Monroe” señala: “Como muchas películas de Marilyn, el argumento refleja la historia de su propia vida en varios puntos importantes. Se ha dicho que Arthur Miller intentó, mediante la elección de Clark Gable como coprotagonista de su esposa, exponer a ésta, a modo de catarsis, ante sus eternos miedos y llevarla al otro lado donde pudiera vivir su vida libre de las continuas alusiones a la falta de cariño durante su infancia y su juventud. Para la joven Norma Jean, la elegante figura de Clark Gable que había visto en la pantalla se convirtió en su imaginación, en su verdadero padre.” Se cuenta que la madre de Marilyn, cuando esta era una niña de seis años, le mostró a su hija una foto de Gable diciéndole que el actor era o se parecía a su padre que las había abandonado, con lo cual Norma Jean se forjó el sueño de que el actor era su padre y la anécdota se reciclo, sobre todo, durante el super comentado rodaje de “Los Inadaptados”.
“Los Inadaptados” fue un fracaso de taquilla en el momento de su estreno y suele ser recordada por el grueso del público, más por las dificultades y las tensiones que se acumularon en la difícil relación entre los participantes, durante su realización, que por el resultado final de esta interesante película, la cual contiene un conjunto de actuaciones dramáticas dignas de destacar, como la de Marilyn Monroe, Eli Wallach, Montgomery Clift y Thelma Ritter, pero en particular Gable logró, quizás, su mejor actuación de la parte final de su carrera y existencia.
Sin embargo independientemente de su naufragio pecuniario, desde un primer momento la crítica, en su gran mayoría, elogió la película, la cual con el paso del tiempo se ha convertido en un filme de culto, en particular entre los analistas del western, al considerarlo uno de los baluartes del género en su vertiente “crepuscular”, como es el caso de Georges-Albert Astre y Albert-Patric Hoarau en su libro “El Universo del Western” en donde le dedican un amplio capítulo a “Los Inadaptados” , a la cual consideran una saga de la desolación y la falta de sentido que le encuentran a su existencia los americanos, después de la II Guerra Mundial, con unos personajes que se aferran a su individualidad, en su búsqueda de preservar una manera de vivir fundamental para ellos o como dicen los autores: “La tentativa del ‘cow-boy’ encarnado por Clark Gable no tiene tal vez muchas posibilidades de éxito, pero no importa, pues la estrella que le guía, a Roselyn (Marilyn Monroe) y a él, es una nueva realidad que resplandece dentro de ellos mismos. Más allá del final del Oeste, el ‘cow-boy’ intenta aún encontrar la libertad”.
Por otra parte Alexander Walker nos dice: “Los Inadaptados” se le presentó a Gable en el momento oportuno para evitarle afrontar la inevitable decisión de tener que aceptar papeles de apoyo o personajes secundarios, dándole la posibilidad de interpretar en la pantalla el papel de aquello en lo que, en realidad, se había convertido él mismo: el último representante de una especia de héroes, en vía de desaparición, no complicados, no neuróticos y viriles”.
“Y sin embargo no fue, ni mucho menos, tan sencillo. Porque la vieja ética masculina de Gable no funcionaba ya frente a una diosa del sexo como Marilyn Monroe. Era una mujer a la que no podía darle un puñetazo en la mandíbula –tal vez al principio de la carrera de Marilyn hubiera podido hacerlo, pero ahora no-, porque en la película ella es casi incorpórea. La Rosalyn de Marilyn es menos un símbolo sexual que un símbolo de la naturaleza, un tipo de mujer que ofrece pocos asideros para un determinado hombre de acción. Cuando la fuerza bruta se encuentra con la fuerza de la vida, la primera tiene que rendirse. Los diferentes aspectos de una mujer que la hacen adorable en abstracto, a menudo se transforman inquietamente en reflejos neuróticos insoportables en la vida práctica. En lugar de ver su ego engrandecido, el personaje de Gable descubre su espíritu domado de la misma forma que él en una ocasión domaba a los caballos salvajes. El hombre heroico ha encontrado su pareja en la mujer neurótica”.
El director John Huston en sus memorias publicadas bajo el título de “A Libro Abierto” hace una larga referencia a “Los Inadaptados”, tanto con relación a su trato con Marilyn, Arthur Miller, Montgomery Clift, la película en sí misma como sobre Clark Gable de quién comenta: “Clark Gable padecía de la espalda, y durante el rodaje de una escena, conduciendo por entre la multitud, camino del rodeo, Monty no dejaba de darle puñetazos en la espalda por pura excitación”.
“-¡Por Dios santo, Monty! ¡Ten más cuidado”- le dijo Clark.
“Cuando se quitó la camisa más tarde tenía cardenales en los hombros y en los brazos. Pero esto no le hizo impresión a Monty, que estba profundamente metido en su papel, y volvió a hacer lo mismo. Entonces Clark se enfureció. Se enfrentó a Monty y le dijo:”
-¡Te voy a partir la cara, hijo de puta, si vuelves a hacerlo!”
“Monty se echó a llorar”.
“Uno de los mitos asociados a “Los Inadaptados” fue que Clark Gable había muerto de un ataque al corazón debido a que había hecho excesivos esfuerzos durante el rodaje. Eso es una estupidez total. Hacia el final de la película había una lucha entre Clark y el semental atrapado por los vaqueros. Parecía un trabajo durísimo y lo era, pero los que fueron zarandeados y arrojados al suelo eran los especialistas, no Clark”.
“Yo me lleve bien con Clark. Pasé muchas horas con él en su remolque… gracias a Marilyn. Él se consideraba un actor, no una estrella de la pantalla. Le gustaba recordar sus comienzos en el teatro; eran conversaciones de actores de los viejos tiempos. En dos o tres ocasiones creí ver maneras de mejorar su interpretación. Me equivocaba. Siempre tenía que pedirle que volviese a hacerlo a su modo. Él estaba perplejo por el comportamiento de Marilyn. Era como si ella le hubiese revelado alguna horrenda realidad de la vida que simplemente no podía encajar en su esquema de las cosas.”
“Como voy seleccionando el material a medida que ruedo, Clark llegó a ver el primer montaje de la película, y le encantó.
La película había excedido, con mucho, el presupuesto. Costaría cuatro millones de dólares, y eso era un montón de dinero en aquellos tiempos para una película en blanco y negro”.
“-¡Diantre, John!- me dijo Clark-. Si el estudio no está contento debido al coste, yo compraré esta película por cuatro millones de dólares. Creo que es lo mejor que he hecho nunca. ¡Ahora lo único que deseo es ver nacer a mi hijo!”.
El rodaje concluyó el 4 de noviembre con la línea final de Gable “Just head for that big star. It will take us home” (Solo encamínate hacia esa gran estrella. Nos llevará a casa). Cuatro días más tarde sufrió un ataque al corazón y doce días después, el 16 de noviembre, sin llegar a conocer a su hijo John, fruto de su unión con su quinta esposa Kay Williams, moría el hombre que con su última película podría, nuevamente, tener oportunidad de lucir los atributos de personalidad que forjaron su arquetipo de macho del cine norteamericano, lo cual le permitió ingresar en la historia del cine como uno de los grandes de Hollywood, a pesar del pronóstico de Darryl Zanuck cuando apenas iniciaba su carrera: “Hermano, sus orejas son demasiado grandes. Nunca será estrella”.
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