Liz Taylor y La Última Vez que Vi Paris

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Nov 8th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Melodrama, Que ver en TV. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

paris-1.jpgEn los ya lejanos Jueves Sociales del Cine Encanto, a finales de los cincuenta del siglo pasado, en donde solían programar sendos melodramas, propicios para ir ha tratar de ligar con las adolescentes de la época, sabedores de que las películas eran excelentes alcahuetas con sus temas románticos, para sensibilizar a las chicas, cabía entonces la posibilidad de “robarles” un candoroso beso, aprovechando la oscuridad y si, andábamos de suerte lograr un fajecín, gracias a la “complicidad” de programas encantadoramente cursis, que eran repetidos dos o tres ocasiones en el año, como el integrado por “Rapsodia” (Rhapsody, 1954) dirigida por Charles Vidor y “La Ultima Vez que Vi Paris” (The last time I saw Paris, 1954) dirigida por Richard Brooks y ambos protagonizados por una Elizabeth Taylor, que dejaba el capullo de la adolescencia de “Mujercitas” (Little Woman, 1948), para tornarse en una belleza madura derrochadora de erotismo.

Películas que como bien dice Terenci Moix en su “Hollywood Stories”, en el capítulo dedicado a Elizabeth Taylor son “recordadas con amor por todos los adolescentes reprimidos de la época”, tal y como me ocurre con “La Ultima Vez que Vi París”, la cual al saberla programada para ser exhibida este viernes 9 a las 17.00 hrs. (tiempo de México) en el canal de televisión TCM Classic Hollywood, tuve a bien hurgar en mi filmoteca ¿o deberemos decir dvdoteca?, para disfrutarla nuevamente.

paris-3.jpg“La Ultima Vez que Vi París” esta basada en el cuento “Babilonia Revisitada” de F. Scott Fitzgerald, publicado en 1930 dentro del grupo de historias breves que integran el volumen “Taps at Reville”, aunque en español circuló una edición con el título, precisamente, de “Babilonia Revisitada” y el guión se debe a los gemelos Julius J. y Philip G. Epstein, junto con el director Richard Brooks.

Al estar inspirada, la película, en la narración de una de las “vacas sagradas” de la literatura universal, en este caso en particular de la norteamericana de los años veinte, de la llamada “Generación Perdida”, ha llevado siempre, como suele suceder cuando se toca el “pétalo” de esas rosas, ha subestimar el producto fílmico, con la cantaleta de estar por debajo de la obra literaria.

El escritor chileno Antonio Skármeta en una entrevista hablando de literatura, novela, cuento y el cine nos señala: “El cine es un género absolutamente distinto del literario, porque es el arte más demoníaco, el arte que te proporciona la imagen visual en movimiento, casi como en la vida. Toda imagen cinematográfica es imagen realista. Es un arte completo. Ahí está su excelencia. Y también su límite. La literatura es el arte de lo posible, y el cuento, de lo superposible. Porque en su concentración, y en su capacidad de alusión, es incitador al desate de la fantasía. El cine, por complicada que sea su estructura y por sutil que sea su gramática, siempre es un arte completo. La irrealidad se agota en la sensualidad de la imagen. Y en el cuento, por el contrario, la imagen comienza a producirse cuando el cuento está terminado”. Y a su vez John Howard Lawson en su ensayo “El Proceso Creador del Film”, en su capítulo dedicado a la novela y el cine, sobre las diferencias entre la obra original y su adaptación, nos comenta: “Las adaptaciones más notables de novelas ofrecen marcadas diferencias de sus prototipos literarios. Estas diferencias surgen de las incongruencias de las dos artes. Una adaptación cinematográfica fiel de una novela no puede evitar ser prosaica en el sentido literal de la palabra: tener las características de la prosa sin su magia. Hollywood deforma con frecuencia una novela de tal forma que no queda nada más que el título – y a veces hasta se cambia el título-“.

paris-2.jpgAlgo de esto ocurre precisamente con la adaptación del cuento “Babilonia Revisitada”, empezando porque en cine la conocemos como “La Ultima Vez que Vi Paris”, después la acción inicial del cuento en presente, ocurre durante unos cuatro o cinco días en París, a finales de 1929 o principios de 1930, con Charlie tratando de recuperar la custodia de su hija Honoria, en manos de su cuñada Marion, aunque el centro de la historia estará dominado por los recuerdos de Charlie de su vida los últimos diez años en París y su relación con su fallecida esposa Helen.

En la versión cinematográfica la acción comienza, igualmente, en tiempo presente (la época del rodaje del film 1954) cuando Charlie (Van Johnson) llega a París, con la intención de recuperar a su hija Vicky (Sandy Descher), bajo la custodia de su cuñada Marion (Donna Reed). Charlie pasa al Café Dhingo, atendido por su amigo Maurice (Kart Kasznar), a solicitar la única copa de whisky que se toma todos los días, como parte de su tratamiento para curarse de su alcoholismo. Posa su mirada en el mural que adorna el café, donde en medio del mismo vemos el retrato de una hermosa chica o sea Helen (Elizabeth Taylor) lo cual provoca el inicio de un largo “flash back” en que se nos contará la forma como el corresponsal de guerra Charlie, el día de la entrada de las fuerzas aliadas a París en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, se topa con Helen, en el tumulto callejero del festejo de la liberación, la cual esta repartiendo besos y abrazos al por mayor, tocándole, precisamente, uno al periodista. Más tarde Charlie, en el café Dhingo, conoce a Marion que esta en compañía de su pretendiente Claude (George Dolenz), la cual es hermana de Helen, invitándolos, la muchacha, a continuar la celebración en su casa, donde ha organizado una fiesta su padre James (Walter Pidgeon). Al descubrir a Helen Charlie la corteja y fascinado por la fiebre de vivir de la chica en un constante divertimento, acabará casándose con ella. Más tarde la súbita riqueza de la pareja, al encontrarse petróleo en unas tierras áridas que poseían en Texas, les permite seguir una inercia de autodestrucción con Charlie sumido en el alcoholismo y Helen en la búsqueda de romances efímeros. Hasta que en una noche invernal, después de haber discutido en un bar Charlie y Helen, este regresa solo a su casa completamente borracho, cierra con pasador la puerta, impidiendo que más tarde Helen pueda abrirla, quedando a la intemperie, lo cual le provoca una neumonía que terminará matándola.

paris-5.jpgAl hacer la adaptación del cuento para el guión cinematográfico Brooks y los Epstein, tuvieron que darle forma de imágenes a la gran concentración y capacidad de alusión del cuento, tal y como lo manifiesta Skármeta, al tiempo, si nos atenemos a los señalamientos de los exegetas del escritor, a una versión sentimentaloide y blanda del original. Por ejemplo Foster Hirsch en su libro “Elizabeth Taylor” al referirse a este film nos dice: “Ampliación de “Babilonia Revisitada”, el vertiginoso y mordaz relato de F. Scott Fitzgerald, ‘La Ultima Vez que Vi París’ degrada la sensibilidad del autor en patetismo y melodrama. La película traiciona el implacable punto de vista del material original. La primera equivocación residió, no obstante, en el cambio de época, pasando de la Generación perdida de los años 20 a la segunda postguerra mundial. El espíritu de la era del jazz, captado en el relato, la mística de París en los 20, estos signos clave de la sensibilidad de Fitzgerald se perdieron”.

paris-6.jpegEl asunto de fondo o la inquietud que siempre me han despertado este tipo de comentarios, es en relación a su validez o más bien dicho a la pertinencia en cuanto al disfrute de la película en si misma. La gran parte de los espectadores carecemos de antecedentes sobre el origen de la mayoría de las historias que vemos en pantalla, por ello nuestro gusto o disgusto en cuanto al efecto que nos provoca la visión de una película determinada, como sería el caso de “La Ultima Vez que Vi Paris”, en una primera oportunidad será guiado por la cinta en si misma y lo que se nos trató de decir, si no nos quedamos en el simple disfrute de si nos entretuvo o no. Solamente una minoría escarbara en los meandros o recovecos de la inspiración original, por así decirlo.

En mi caso habré visto, entre 1956 y 1978, unas ocho ocasiones “La Ultima Vez que Vi París”, disfrutando su melcocha cursi, empujado por la fascinación de la presencia de Elizabeth Taylor, sin hacer caso o más bien ignorando opiniones como las de Bosley Crowther del New York Times o del crítico del New York Herald Tribune, que en la época del estreno del filme se limitaban a ponderar lo agradable de Liz o a señalar “con respecto a la señorita Taylor, es decorativa, pero no muy convincente”, aunque película a película la actriz de los ojos violeta fuera engrosando la lista de sus admiradores, donde su sensualidad de caprichosa niña mimada encuadraba perfectamente en aquellos melodramas de “qualite”, con personajes pertenecientes al jet-set, enfundada en lujosos vestidos para deleite de las espectadoras.

paris-4.jpgY aunque no resultaban del todo convincentes como una pareja que vivían desesperadamente un “amor-fou”, un tanto por cierta fatuidad de Van Johnson y otro a una Liz Taylor actuando con ciertos altibajos, en momentos dándole una personalidad inmadura a Helen, para después buscar dar la impresión de una joven esposa moderada, lo cual puede deberse a problemas del guión por tratar de llenar la historia con una serie de incidentes, mostrados fragmentariamente, lo cual da la impresión de cierta falta de cohesión en la historia, aunque la cinta toma un levantón, como buen melodrama, en el momento de su fase final, con la trágica muerte de Helen, para disfrutar a plenitud este kitsch melodrama.

Señalaba, líneas arriba el año de 1978, en relación a que entonces conocí el volumen de cuentos, en que venía “Babilonia Revisitada” pudiendo entender, un poco, las acusaciones de la supuesta traición de los guionistas a Fitzgerald, aunque al tratarse de un cuento o sea rico en alusiones y no en descripciones detalladas del carácter o motivaciones de los personajes, los adaptadores tenían que acudir a recrear a Charlie y Helen a partir del sabido lugar común utilizado por los críticos de Fitzgerald, en el sentido de que en ese cuento y en varios otros encontramos elementos autobiográficos del escritor, en su relación con su esposa Zelda, que para las fechas de la elaboración de la historia, ya se encontraba internada en un asilo psiquiátrico, atribuyéndole al alcohólico de Scott una gran parte de culpa, en el desarrollo de la enfermedad mental de su esposa, literalmente muerta en vida, lo que se traduce en “Babilonia Revisitada” en Charlie provocando, en cierto sentido accidentalmente, la muerte de Helen.

paris-6-violeta.jpgY es precisamente en esa recreación que Skármeta le atina al señalar que en el cine “la irrealidad se agota en la sensualidad de la imagen. Y en el cuento, por el contrario, la imagen comienza a producirse cuando el cuento está terminado”. Los lectores vamos a producir nuestra propia imagen de Helen, que no necesariamente coincide con la que cada uno de nosotros se haya forjado, mientras que los guionistas y al final de cuentas el director del film, o quién decidió que a Helen la interpretara Elizabeth Taylor, para el espectador de cine la imagen de Helen que vale será esa y no otra. Esto es lo que lleva a discusiones, casi bizantinas, entre los lectores que han concebido su propia imagen de Helen y su carácter y la cercanía o lejanía con la propuesta cinematográfica, dando lugar a las sobadas acusaciones de traición.

En descargo de los guionistas y volviendo a las alusiones pongámonos en sus zapatos y a partir del siguiente fragmento del cuento, donde se dan los mayores elementos de Helen, construyamos al personaje, que son los elementos con que ellos contaban para darle densidad dramática a la historia de Charlie y Helen: “La imagen de Helen lo obsesionaba. Helen, a quien amaba tanto, hasta que tan insensatamente comenzaron a abusar del amor, a hacerlo jirones. Esa terrible noche de febrero, que Marion recordaba en forma tan vívida, hacía horas que se desarrollaba una lenta riña. Hubo una escena en el Florida, y luego él intentó llevarla a casa, y después ella besó al joven Webb, que se encontraba sentado a una mesa; luego vino lo que Helen dijo histéricamente. Cuando Charlie llegó a su casa, solo, hizo girar la llave en la cerradura, loco de ira. ¿Como podía saber que Helen regresaría una hora más tarde, también sola, y que habría una tormenta de nieve por la cual vagaría con zapatos livianos, demasiado confundida para tomar un taxi? Y luego la secuela, su salvación de la pulmonía por un milagro, y todos los horrores concomitantes. Se ‘reconciliaron’, pero ese fue el principio del fin, y Marion, que lo había visto todo con los propios ojos y que imaginó que se trataba de una de tantas escenas en el martirio de su hermana, jamás lo olvidó”.

Los lectores curiosos pueden encontrar el texto de “Babilonia Revisitada” y hacer su propia comparación entre el cuento y la película, yendo al siguiente sitio: http://www.geocities.com/roland557/ficcion/babilonia.htm

Lo evidente es que debemos de disfrutar o disgustarnos con el texto literario y con la versión cinematográfica, haciéndolo a la luz de estar ante dos formas de arte independientes entre sí, con sus propias virtudes y limitaciones, a partir de sus diferencias y no de la supeditación de una a la otra, exigiéndole a la película una fidelidad literal, imposible de cumplir, como si fuera el cine un mero ilustrador de historias y no un interprete de universos y propuestas de imágenes. Siendo así entonces posible que sin prejuicios sea posible el goce de la lectura de “Babilonia Revisitada” y el solaz esparcimiento y entretenimiento de “La Ultima Vez que Vi París” con su sublime cursilería, enmarcada en el inolvidable rostro de una vivida morena llamada Elizabeth Taylor, eternamente joven.

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