Deborah Kerr: la rosa inglesa (Segunda Parte)

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on nov 5th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

deborah-kerr-1.jpeg“Conocía sus propias limitaciones e intentó encontrar un punto de equilibrio entre la realidad y sus deseos. Nadie quiso cambiar su imagen candorosa y sacrificada y ahí quedaba marcado su territorio, pero tuvo la suficiente flexibilidad para saltarse la senda impuesta en cuanto le ofrecían la menor oportunidad”.
Cecilia García.

Terminado su contrato con la MGM e insatisfecha con el tipo de proyectos que le ofrecía el estudio, Deborah Kerr, se marchó a Broadway para acabar de sorprender al público con su cambio de imagen, al aceptar el rol de Laura Reynolds en la controvertida pieza de Robert Anderson “Té y Simpatía” (Tea and sympaty) estrenada en Nueva York el 30 de septiembre de 1953, dirigida por Elia Kazan. La obra gira sobre la confusión de un joven de 17 años, Tom Robinson, en su identidad sexual, siendo rechazado por sus compañeros al no gustarle ningún deporte, hablare de chicas o escuchar música moderna, ya que Tom prefiere la música clásica, leer libros y asistir al teatro. Solo encuentra comprensión en Laura, la esposa de uno de sus maestros, la cual le ayuda en la búsqueda de su orientación sexual. La pieza habla de homosexualismo y machismo yendo un paso más allá de lo que se permitía en la época. La obra llegó a las 712 representaciones y marcó la irrupción de Deborah Kerr como una actriz de primera categoría que dejaba los contratos de largo plazo, para convertirse en una exitosa “free-lance”.

kerr-1.JPGRegresó al cine en el melodrama “El Fin de la Aventura” (The end of the affair, 1955) bajo la dirección de Edward Dmytrick, en el rol de Sarah Miles (Deborah Kerr), una mujer casada, la cual unos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, vive una relación clandestina con Maurice Bendirx (Van Johnson), amigo de su esposo Henry Miles (Peter Cushing). Basada en la novela de Grahame Greene, con elementos autobiográficos de su romance con la norteamericana Catherine Walston, la adaptación es bastante tímida y poco clara en cuanto a los conflictos de conciencia de los personajes, sabedores de su traición a la amistad con su infidelidad y la manera de afrontarla, sobre todo por parte de la mujer, dado su catolicismo. Es indudable que la censura de la época metió su cuchara en esta adaptación, ya que la excelente versión dirigida por Neil Jordan “El Ocaso de un Amor” (The end of the affair, 1999) con Julianne Moore, Ralph Finnes y Stephen Rea, resulta más fiel a la novela original y rica en su complejidad del comportamiento de los personajes. Junto con las restricciones de la censura, algo que no funciona en la versión de Dmytrick es la poco convincente actuación de Van Johnson, en un papel que originalmente se le ofreció a Gregory Peck, quién lo rechazó.

kerr-2.jpgCon “La Orgullosa y el Libertino” (The Proud and the profane, 1956) de George Seaton parecía que ya agarraba camino en un nuevo encasillamiento al interpretar a Lee Ashley, una joven viuda que llega a Nueva Caldonia en busca de la tumba de su esposo muerto en Guadalcanal, tratando también de averiguar sobre como habían sido los últimos días de su marido. Allí se enrola en el staff de las enfermeras voluntarias de la Cruz Roja, conociendo al Coronel Colin Blake (William Holden) con el cual vive un apasionado romance, el cual se complica al quedar ella embarazada y averiguar, para variar en el estereotipo, que Colin está infelizmente casado con una alcohólica que le niega el divorcio. A pesar de su excelente reparto nunca levanta vuelo este melodrama, encabezado por William Holden y donde Deborah Kerr luce una sensual carnalidad, hay que agregar la siempre grata presencia de la estupenda secundaria Thelma Ritter. Hay en “La Orgullosa y el Libertino” demasiados elementos comunes a “De Aquí a la Eternidad”, en la manera de abordar los conflictos amorosos con integrantes de las fuerzas armadas, que la hacen ver como un mal remedo del film de Zinnemann..

kerr-3.jpg“No conseguí el premio de la academia, pero tuve en mis manos uno de los personajes mas ricos, bellos y a la vez mas tristes de cuantos interpreté. Realmente estoy orgullosa de haber participado en esta película”, fueron las declaraciones de la actriz poco después de la entrega de los Oscar de 1956, refiriéndose a su tercera nominación a Mejor Actriz, por su labor en “El Rey y Yo” (The King and I, 1956). La ganadora de ese año fue Ingrid Bergman por su labor en “Anastasia”. Sin embargo en el recuerdo de los cinéfilos su institutriz Anna Leonowens, junto con el rey Mongkut de Siam, interpretado por Yul Brynner, forma parte de las parejas inolvidables del cine, al igual que la exitosa comedia musical “El Rey y Yo” (The King and I, 1956) dirigida por Walter Lang, se mantiene como una de las grandes favoritas del género.

kerr-4.jpgLa versión fílmica de la pieza teatral “Te y Simpatía” fue llevada a la pantalla en 1956 bajo la dirección de Vincente Minnelli, llevando en los roles principales a los tres que ya la habían representado en Broadway: Deboerah Kerr como Laura Reynolds; Leif Ericson como Bill el marido de Laura y John Kerr (sin parentesco con Deborah) era Tom Robinson, el muchacho en busca de su sexualidad. Es poco lo que recuerdo de este melodrama, que sólo viera en una ocasión a finales de los cincuenta, por ello acudo a Enrique Alberich que en la revista Dirigido número 140, en su texto “El Compromiso del Artista: Vincente Minnelli” nos señala lo siguiente: “Se ha dicho en alguna oportunidad que “Té y Simpatía” es un film sobre la homosexualidad. No creo, la verdad, que dicha consideración sea exacta, y mucho menos todavía que rinda justicia a la riqueza de implicaciones del film, por cuanto a Minnelli le interesaba muchísimo menos esta cuestión –que pudiera atisbarse tal vez como trasfondo, aunque nunca explicito ni primordialmente- que el hecho en sí de la diferencia, de la disidencia de un concepto determinado y estandarizado del comportamiento.

“Pero sobre todo lo que merece destacarse de esta notable película –engendrada, y he aquí otro mérito de su director, a partir de una pieza teatral de Robert Anderson tópica y bien poco prometedora- es el poder comprobar como Minnelli hace derivar su historia hacía una crónica acerca de cómo determinado contexto conforma una personalidad, de cómo la afinidad adolescente puede llegar a pasión adulta, amén de desarrollar, de modo implícito, una nueva diatriba en contra de esa sociedad para la cual el gusto por la belleza y la sensibilidad son cosas ‘anormales’ y peligrosas, destabilizadoras”.

kerr-5.jpg“La evolución de la relación que paulatinamente se va conformando entre el protagonista, Tom (John Kerr), un estudiante presuntamente afeminado porque prefiere la lectura y la música al deporte y el ejercicio físico, y Laura Reynolds (Deborah Kerr), la esposa del director del colegio, relación finalmente trocada en amor, supone una nueva reivindicación minelliana de otra vía de masculinidad y seducción aún más exquisitas al tiempo que incluye, colateralmente, un toque incestuoso de resonancias nada desdeñables. Tom, ese adolescente problemático, desembocará finalmente en la personalidad de un escritor de éxito cuyo recuerdo de aquellos años pasará, indefectiblemente, por el afecto y la gratitud por la ayuda que le dispensó Laura. Film sobre el aprendizaje “Té y Simpatía” es también una sencilla y solapada parábola sobre la soledad del artista. Cuidada pincelada en torno a una educación sentimental – Flaubert, otra vez-, “Té y Simpatía” plantea una de las cuestiones capitales del cine de su máximo responsable: el conflicto entre lo que uno quiere ser y lo que la sociedad quiere que sea…”.

kerr-6.jpgLo que más me sorprende y me gusta de “El Cielo Fue Testigo” (Heaven Knows Mr. Allison, 1957) en las diferentes y múltiples ocasiones en que la he visto, desde su estreno y hace unos días en DVD, ha sido la capacidad del guionista y director John Huston, para sostener el interés y la tensión en una historia de dos personajes, una monja (Deborah Kerr) y un “marine” (Robert Mitchum) varados en una isla solitaria del Pacifico, en 1944 en plena Segunda Guerra Mundial, donde más que encontrar la carnalidad de un amor, que no se consumaba, descubrían su humanidad. Merced a su papel de la Hermana Angela la actriz Deborah Kerr consiguió su cuarta nominación, perdiendo en esta ocasión la batalla ante Joanne Woodward en “Tres Caras Tiene Eva” (The three faces of Eve).

kerr-7.jpgLa dificultada para clasificar “Algo Para Recordar” (An Affair to Remember, 1957) de Leo McCarey, que lo mismo cabe en el casillero de las comedias sofisticadas o, en el de los dramas dulzones, no es obstáculo para tenerla en nuestra lista de favoritas, desde los lejanos años de su estreno, en donde simplemente están encantadores Cary Grant y Deborah Kerr, como el hombre y la mujer que estando comprometidos con diferente pareja, ser conocen en un trasatlántico, se enamoran, se desencuentran, para volverse a encontrar después de muchos problemas y fundidos en un abrazo, llega la palabra fin, en done no queda muy claro el futuro de los amantes; pero si el gusto en los espectadores de haber visto uno de los mejores ¿melodramas? o ¿comedia romántica? del cine norteamericano en el siglo Veinte.

Hay otras dos versiones de esta historia de amor, la primera de ellas fue realizada también por Leo McCarey en 1939, la cual paso en México con el título de “Dos Corazones” (Love Affair) con Charles Boyer e Irene Dunne en los protagónicos. Estando el “hígado” de Boyer con sus presuntuosos aires de “latin lover”, es obvio que hay más drama que gracia en “Dos Corazones”. La otra es “Secretos del Corazón” (Love affair, 1994) dirigida por Glenn Gordon Caron, con Warren Beatty y Annete Bening, la cual simplemente no funciona, a mi gusto porque a pesar de ser esposos en la vida real Warren y Annete, no trasmiten la chispa y el sortilegio de una gran atracción mutua, como la que si proyecta la propia Annete al lado de Michael Douglas en la entretenida comedia “Mi Querido Presidente” (The American Presidente, 1995) de Rob Rainer. Indudablemente la mejor de las tres es “Algo Para Recordar” con Cary Grant y Deborah Kerr derrochando simpatía y seducción a lo largo del filme.

Centrada más en el personaje de la adolescente Cecile (Jean Seberg) con su despertar sexual y primeras experiencias amorosas, no por ello dejó de destacar Deborah Kerr como Anne Larson, la antigua amiga de la fallecida madre de Cecile y con la cual pretende casarse Raymond (David Niven) padre de la chica. Aparente melodrama de tema intrascendente, no deja de ser la adaptación de la obra de Freancoise Sagan “Buenos Días Tristeza” (Bonjour tristese, 1958) dirigida por Otto Prengier con su habitual maestría, un interesante estudio de las relajadas costumbres de una clase social, con acciones irreflexivas, sin percibir o tomar conciencia de las consecuencias morales de sus actos.

kerr-8.jpgAunque sería mas resonante para Deborah Kerr su interpretación de la reprimida solterona Sibyl Raylton en “Mesas Separadas”• (Separate tables, 1958), la cual dominada por su posesiva madre, es incapaz de aceptar su posible liberación en los brazos del mayor retirado del ejército británico, interpretado brillantemente por David Niven, en este film de varias historias entremezcladas en las habitaciones de un nhotel, aunque mejor habría que decir en los pasillos y comedor del mismo. Dirgida magistralmente por Delbert Mann, también destacaban en otros papeles Buró lancaster, Rita Hayworth, Rod Taylor, Wendy Hiller y Gladys Cooper. Deborah consiguió su quinta nominación al Oscar de Mejor Actriz que fue a dar a las manos de Susan Hayward, para la cual también era la quinta oportunidad, aunque esta si fue la vencida, por su labor en “La Mujer que Quería Vivir” (I want to live, 1958). Por su parte David Niven se alzó con la estatuilla de Mejor Actor, precisamente por su trabajo en “Mesas Separadas”.

Emparejada nuevamente con Yul Brynner no paso mayor cosa en el drama “Rojo Atardecer” (The Journey, 1959) dirigida por Anatole Litvak, sobre un grupo de extranjeros deseosos de salir de Hungría, a través de la frontera con Austria, durante la invasión de los soviéticos en 1956, durante el frustrado levantamiento de los húngaros, para deshacerse de los comunistas en el poder. Deborah era una dama inglesa, que intentaba ayudar a un miembro de la resistencia (Jason Robards, Jr.) a huir, mientras Brynner, era un mayor ruso, encargado de impedirlo.

Si mal no recuerdo “Siempre Te Amaré” (Count your blessing, 1959) dirigido por Jean Negulesco, es un melodrama sin mayor gracia, más bien malo, sobre una inglesa (Deborah Kerr) casada con un aristócrata francés (Rossano Brazzi), a los cuales la Segunda Guerra Mundial los ha separado. Cuando se vuelven a encontrar, nueve años después de no verse, es para luchar por la custodia de su hijo. No se pierde nada si no la ve.

Otro tanto puede decirse de la fallida “Mi Amada Infiel” (Beloved infidel, 1959) dirigida por Henry King, basada en los últimos años de la vida del escritor F. Scott Fitzgerald (Gregory Peck), al lado de su esposa, con la chismosa columnista, Sheilah Graham (Deborah Kerr). Basada en un libro escrito por la propia periodista, es obvio que el tono del mismo esta en el de mi “personaje inolvidable”, sin buscar meterse en camisa de once varas, tratando de comprender la caótica y depresiva vida del gran novelista, hundido en el alcoholismo. Por cierto el titulador de México lo puso en femenino como “Mi Amada Infiel”, suponiendo que era más taquillero un melodrama, sobre un supuesto amante femenino y no sobre un hombre supuestamente desleal.

kerr-9.jpgLa que es una joya de humor, alegría de vivir y muestrario de vida cotidiana, en la Australia de los años veinte del siglo pasado, sobre una familia de pastores irlandeses, es “Tres Vidas Errantes” (The sundowners, 1960) dirigida por Fred Zinnemann, con Robert Mitchum, Deborah Kerr, Peter Ustinov, Glynis Johns, Dina Merrill y Michael Anderson, Jr. como el conjunto de una serie de actores, cada uno, francamente inolvidables en sus caracterizaciones. “Tres Vidas Errantes” tuve ocasión de verla no menos de cinco ocasiones, allá por los años sesenta e, indudablemente, guardo un grato recuerdo de la misma, por lo que forma parte de mi extensa lista de las cintas a revisar, si es que nos la llegamos a encontrar en el mercado del DVD. Igualmente significó para Deborah Kerr recibir por su esplendida actuación, su sexta y última nominación para el Oscar de Mejor Actriz, el cual fue entregado por razones, mas sentimentales que justas, a Elizabeth Taylor por su rol de prostituta en “Una Venus en Visón” (Butterfield 8).

kerr-10.jpgViendo un repartazo integrado por Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum y Jean Simmons en “La Mujer que Quiso Pecar” (The grass is greener, 1960) no falta quién diga que es demasiado grande, para una simple comedia de salón sobre el juego del adulterio y la fidelidad conyugal, visto desde la muy particular óptica inglesa. Uno de ellos es el propio director de la cinta o sea Stanley Donen “No fue un éxito colosal, pero no podría llamarse un fracaso. Uno de los problemas fue el reparto, demasiado extenso, demasiado importante. Acababa desperdiciándose. La gente pensaba que iba a ver algo como ‘Horizontes de Grandeza’ (The big country, 1958), no una película sin importancia. Cuando uno ve estos cuatro nombres tan famosos, piensa que son demasiado importantes para esta obra. Creo que es muy teatral. No parece una película”.

Tiene algo de razón Donen en cuanto a no perder su raíz teatral la adaptación cinematográfica de la obra de Hugh Williams y Maragret Vyner, pero una revisión actual de “La Mujer que Quiso Pecar” nos confirma lo agradable y entretenida la visión de esta sátira sobre el adulterio, resuelta con la sutileza y elegancia afín a Donen, en la cual Grant es un lord inglés que dada su situación económica se ve obligado a abrir su castillo, en donde vive con su esposa Deborah Kerr, a la visita de los turistas, como el texano Robert Mitchum, quién en lugar de interesarse en las antigüedades del sitio, le echa el ojo a la mujer ajena o sea Deborah; mientras hace su aparición Jean Simmons, una antigua amante de Grant, quién ve la oportunidad de volver a echar arder las cenizas que han quedado de la relación. Abundan las frases inteligentes y las referencias profundas sobre los sentimientos amorosos, en un tono de aparente superficialidad, llevado todo en un frenético ritmo de diálogos ingeniosos y divertidas situaciones, resueltas, algunas de ellas con elipsis precisas y de buen gusto, como el cerrar de una puerta de un cuarto en que están Kerr y Mitchum, nos llega a decir mucho más, que si se nos mostrara una escena de sexo, al estilo de las que abundan hoy día, sin aportar algo más al desarrollo de la trama. Inclusive el convencional final termina por resultar convincente y apropiado a los argumentos esgrimidos a lo largo del film, sobre la relación y permanencia de las parejas.

El regular thriller de suspenso “Sombras de Sospecha” (The naked edge, 1961) dirigido por Michael Anderson, Jr. fue el último en que actuará Gary Cooper, quién despierta las sospechas en su esposa (Deborah Kerr) de ser un posible asesino, al cual están chantajeando. En rigor la cinta es fallida en cuanto a creer el suspenso, aún en esta época en que el actual público no tenga idea del estereotipo de honradez y cabalidad de Cooper, que lo hacía poco probable un criminal. Fue la última película de Gary Cooper, a quién unos meses antes las aseguradoras no le permitieron actuar en “Tres Vidas Errantes”, razón por la cual fue sustituido por Robert Mitchum y en “Sombras de Sospecha” se nota claramente que ya estaba sumamente aquejado del cáncer que finalmente le llevaría a la tumba el 14 de mayo de 1961.

innocents_xl_01.jpgTambién brindó otra de sus grandes actuaciones en la soberbia adaptación de la novela de terror de Henry James “Otra Vuelta de Tuerca” (The turn of the screw) la cual paso aquí en los cines con el título de “Posesión Satánica” (The Innocents, 1961). Deborah es la institutriz encargada de atender a dos muchachos, supuestamente poseídos o que escuchan las voces de un jardinero y una sirviente, que habían trabajado antes en su casa. Jack Clayton logró uno de los films más inquietantes de suspenso y terror psicológico, sin usar trucos baratos de fantasmas que se nos aparecen o chirridos de puertas. Todo esta logrado a través de ir creando una aterradora atmósfera de sugestión y paranoia, que la han llevado a ser una de las diez mejores cintas de horror o terror, en la historia del cine, no nada más del inglés o norteamericano.

“Corazones Heridos” (The Chalk Garden, 1964) dirigido por Ronald Neame es un fino y sensible melodrama, en el cual Deborah es la institutriz de la caprichosa y rebelde adolescente Hayley Mills, a la cual se le complica la existencia cuando el viudo padre de la chica (John Mills) se enamora de la educadora. El hombre comienza a debatirse entre el amor por la institutriz y los chantajes de la muchacha que no le quiere permitir rehacer su vida amorosa. La talentosa Hayley Mills, hija efectivamente de ese gran actor inglés John Mills, esta magnifica como la caprichosa Laurel, sin desentonar al lado de esos dos grandes actores que eran la Kerr y su padre, razón más que suficiente para ver “Corazones Heridos”.

Acostumbrados a la solvencia de Deborah Kerr para sacar adelante sus roles de mujeres discretas para manejar sus emociones, fue razón para que no llamara mayor cosa la atención de la crítica, como la solterona pintora Hannah Jelkes, quién sublima su sexualidad a través de ejercer la bondad social, en la versión fílmica de “La Noche de la Iguana” (The Night of the Iguana, 1963) dirigida y rodada por John Huston en 1963, en Puerto Vallarta México, a partir de la obra teatral de Tennesse Williams. Efectivamente los elogios fueron para Ava Gardner y su exhuberancia expresiva como la viuda Maxine, sin embargo la escena en que Hannah, reprueba y consuela al mismo tiempo al reverendo Shannon (Richard Burton) obligándolo a enfrentarse consigo mismo, terminando su cuestionamiento con la frase “¿a quién no le gustaría expiar los propios pecados y los del mundo unido a una hamaca en lugar de una cruz?”, ha quedado como uno de los momentos brillantes de la actuación de Deborah y de las escenas cumbres del film, tal y como lo señala John Huston en sus memorias “A Libro Abierto”: “El núcleo de la película es una larga escena entre Richard y Deborah. La rodé y me pareció que estaba bien. Tony y Ray (productores) vieron las tomas antes que yo y les defraudó. Cuando la vi, tuve que reconocer que tenían razón. Deborah había elaborado su interpretación como para un público teatral, y su diálogo salía de la Real Academia de Arte Dramático en vez de salir del interior de su alma. Se lo señale. Volvimos a rodarla, y la escena se convirtió en lo que tenía que ser: la más significativa de la película”.

noche-iguana.jpgComo parte del cotilleo y los enredos extra cinematográficos vale la pena recordar a este respecto lo que nos cuenta Huston en sus citadas memorias: “La enmarañada red de relaciones que intervenían en ‘La Noche de la Iguana’ establecía un récord. Richard Burton venía acompañado de Elizabeth Taylor, que todavía estaba casada con Eddie Fisher. Michael Wilding, ex marido de Elizabeth, vino para encargarse de la publicidad de Richard Burton. Meter Viertel, el segundo marido de Deborah, había tenido que ver anteriormente con Ava Gardner. Los ‘acompañantes’ de Ava en la película eran dos chicos mexicanos y la seguían a todas partes donde iba. Por supuesto, todos los machos conquistadores del pueblo iban detrás de Sue Lyons, la cual –desgraciadamente para ellos- estaba celosamente guardada por su madre y su prometido”.

Al final de cuentas todos se comportaron guardando discretamente sus viejos rencores, si es que los había o, los intentos de volver a encender hogueras amorosas, dejando que cada cual durmiera con su cada quién del momento, sin acercarse a “frutas prohibidas”, para frustración de la prensa amarillista de la época, que se dio cita en Puerto Vallarta, esperando poder cubrir algún escándalo de sabanas ajenas, que simplemente no se dio.

A partir de “La Noche de la Iguana” como consecuencia de pasar de los cuarenta años, conforme a la costumbre de Hollywood, los papeles estelares interesantes, acordes a su edad, empezaron a escasear. Participa en la comedia “Marriage on the Rocks” (1965) dirigida por Jack Donahue, en la cual era la esposa de Frank Sinatra, quién buscaba divorciarse de ella, debido a un enredo de supuesto adulterio en que la metía Dean Martin. Como el trámite del divorcio lo lograban en Tijuana, haciendo burla del estilo “fast-track” con que las autoridades mexicanas, estaban prestas a $olucionar ese tipo de conflictos, eliminando engorrosos trámites burocráticos, razón por la que fue prohibida su exhibición en México, ya que se atrevían a denigrar a nuestras sacrosantas autoridades judiciales, insinuando que eran capaces de corromperse por unos cuantos dolárucos. De cualquier manera “Marriage on the Rocks” fue una comedia que no tuvo mayor repercusión en su momento, salvo el ridículo que hicieron las autoridades mexicanas pretendiendo “tapar el sol con un dedo”, cuando todo mundo hablaba del escandaloso divorcio y matrimonio de Carlo Ponti, el mismo día, primero de la esposa con que estaba casado y luego contraer nupcias con Sophia Loren.

“El Signo del Diablo” (Eye of the debil, 1966) es una olvidable cinta de terror, en la cual entro de emergente a sustituir a Kim Novak. Tuvo una pequeña, pero divertida intervención en la farsa james bondiana “Casino Royale” (Casino Royale, 1967) como una especie de matrona escocesa de un grupo de féminas dedicadas al espionaje, haciendo toda una sátira de la forma de hablar de los escoceses, que lo hace a uno desternillarse de la risa, siempre y cuando la vea en versión original en ingles y subtítulos en español. Mientras que “Prudencia y la Píldora” (Prudence and the pill, 1968) dirigida por Fielder Cook y Ronald Neame, es una discreta y agradable comedia, en que tomando el tema en boga, entonces, de las píldoras anticonceptivas, se armaba un enredo cuando a la precavida Prudencia (Deborah Kerr), casada con Gerald (David Niven) su adolescente hija Grace (Joyce Redman), si no mal recuerdo, le cambiaba sus pastillas, por unas de azúcar. A su vez Prudencia le ponía, sin que se enterara Grace, unas anticonceptivas en su frasco de vitaminas, previendo que la chica tuviera relaciones con su novio. Al final, como es lógico suponer, se hacía un enredo en que prácticamente todas las mujeres que aparecían en la película terminaban embarazadas, al hacer un soberano revoltijo con las pastillas. Era una divertida forma de burlarse de los timoratos que gritaban al cielo, que la aparición de las anticonceptivas, iba a traer la degeneración de los jóvenes, quiénes iban a darle rienda suelta a su activismo sexual, pues ya no corrían riesgos de embarazarse.

thegipsymoths.jpgSe suele decir que hay películas que ganan con el tiempo o que simplemente una segunda visión de ellas nos modifica el aprecio a las mismas, eso me sucedió cuando recientemente me volví a encontrar con “Llegaron los Paracaidistas” (The gypsy moths, 1969), la cual cuando su estreno, imbuido de esa jeringonza del cine de autor, me embarcaba con algunos amigos a dilucidar si el director John Frankenheimer era autor o un artesano con ínfulas de autor, al cubrir sus historias de acción, como “Grand Prix” y “Llegaron los Paracidistas” con supuestos diálogos trascendentes cuestionando la profesionalidad de sus personajes, en la primera sobre el impulso suicida de los pilotos de coches de carreras y en la segunda la vacua motivación de un grupo de acróbatas paracaidistas, haciendo piruetas a cielo abierto, arriesgando la vida por unos míseros dólares, casi en plan de menesterosos; sin llegar a apreciar, en ese entonces, el profundo drama romántico y existencial tanto de Mike Rettig (Burt Lancaster), el jefe de los acróbatas, como la cuarentona Elizabeth Brandon, (Deborah Kerr), que acepta darles cobijo por unos días a los paracaidistas, al venir con ellos un sobrino suyo (Scott Wilson). Mike atisba una motivación para seguir viviendo al enamorarse de Elizabeth, la cual lleva años viviendo una ficción de matrimonio con su esposo Allen (William Window), sin atreverse a terminar con la relación, como muchas mujeres, en este caso del Medio Oeste de los Estados Unidos, por no reconocer que han fracasado y que sólo es una ficción esa de que la mujer para realizarse debe de casarse y formar un hogar. Aunque viven una intensa noche arrebatada, haciendo el amor, Mike y Elizabeth, en la sala de la casa de la mujer, con el esposo en su recamara simulando dormir, Elizabeth se niega a abandonar la seguridad de su casa, siguiendo a Mike en su errabundo andar por ferias pueblerinas con su espectáculo de acrobacia aérea, al ser incapaz de abandonarse al riesgo que implica hacerle caso a los arrebatos de su corazón. Efectivamente no es una gran historia o mejor dicho algo que no hayamos visto en otra ocasión, pero atrás del film, hay un guión con diálogos inteligentes y bien escrito, al igual que un estilo lento de una cierta morosidad, que va comunicando adecuadamente la soledad sin esperanza de esos personajes que se han labrado su destino trágico.

Por otra parte cuando hacen el amor Lancaster y la Kerr en la sala de la casa, tenemos una intensa escena pasional que recuerda a la que años antes tuvieron estos actores en “De Aquí a la Eternidad”; pero sin el escándalo de aquella, a pesar de que en esta había un semidesnudo de Deborah, que a sus cuarenta y tantos años, podía aún desplegar sexualidad y cachondez, en “Llegaron los Paracaidistas”..

En cierto sentido “El Arreglo” (The Arrangement, 1969) dirigida por Elia Kazan y basada en una novela del propio director es una especie de parábola, sobre la capitulación que el mismo Kazan realizará lo largo de su existencia, al ir aceptando proyectos teatrales o cinematográficos, que lo alejaban sus auténticos intereses creativos. En el caso de “El Arreglo” Eddie (Kirk Douglas) es un arquitecto exitoso, de mediana edad, el cual después de sobrevivir a un aparatoso accidente de coche, decide hacer un alto en su vida y reflexionar sobre lo que ha logrado, aparte de mucho dinero, una distinguida, fría y distante esposa (Deborah Kerr) y una interesada amante (Faye Dunaway) con ese “arreglo” que le fue, primero haciendo posponer sus ideales creativos y al final simplemente capitular en sus metas de realización personal. Kazan utiliza a Deborah Kerr en sus pocas escenas, con toda la conciencia de estar con el icono o la imagen adecuada de mujer de belleza serena, porte aristocrático y modales exquisitos, tal y como la definiera la crítica española Cecilia García, hace unos años. Era Deborah Kerr en el papel de Deborah Kerr, en un film dominado o centrado en el personaje de Eddie. Quizá era poca cosa para sus enormes dotes histriónicas, pero en el fondo era una especie de homenaje, al usarla en la que sería su penúltima película para cine, como la encarnación de un símbolo, ella misma, en esa simbiosis de personaje – actriz tan cara a Hollywood.

deborah-2-en-1994.jpgA partir de 1969 inició un semi retiro, entre voluntario y forzado, que la llevó a vivir, conforme era la temporada del año, en su chalet en Suiza o en su mansión en Marbella, con la compañía de su esposo y sus hijas, teniendo algunas esporádicas apariciones especiales en algunas series de televisión o en películas para dicho medio como una buena versión de la obra de Agatha Christie “Testigo de Cargo” (Witness for Prosecution, 1982) en el rol de la enfermera Plimsoll del testarudo abogado defensor Sir Wilfraed Roberts (Ralph Richardson) de Leonard Vole (Beau Bridges). En 1957 Billy Wilder dirigió una esplendida versión para cine con Elsa Lancaster en el mismo papel de Deborah Kerr, mientras Charles Laughton era el abogado del pillo de Leonard Vole (Tyrone Power). En rigor ninguna de las dos versiones de “Testigo de Cargo” desmerece ante la otra, por lo que si se las encuentra en el mercado del DVD, adquiera cualquiera de ellas, para gozar de una buena adaptación de la obra de Agatha Christie.

La última película que filmó fue “The Assam Garden” en 1985 dirigida por Mary MacMurray y de la cual no tengo mayor información, salvo de que antes la había representado en teatro. Al igual que la mayoría de sus encantadores personajes, que sabían moverse con gracia, simpatía, donaire y sobre todo discreción, parece ser que Deborah Kerr era mas o menos igual en la vida real, manifestando siempre un gran interés por seguirse cultivando en el aprecio de las bellas artes, tal y como lo había mostrado desde su infancia en la escuela. Se ha ido Deborah Kerr, pero nos quedan una buena cantidad de filmes, que dan cuenta de su importancia y virtudes actorales, que la hacen ser una de nuestras grandes estrellas favoritas.

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