Deborah Kerr: la rosa inglesa (Primera Parte)

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Nov 2nd, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

deborah-3.jpg. “Era una época de arquetipos: había mujeres que eran sex-symbols como Marilyn Monroe y otras que ejercían de grandes damas como Audrey Hepburn. Deborah Kerr podía ser las dos”.

Jeanine Basinger

La recién fallecida Deborah Kerr formó parte, en la década de los cuarenta y cincuenta, de la pléyade de pelirrojas, como Maureen O’Hara, Eleanor Parker y Rhonda Fleming, entre otras que figuraron en primer plano en Hollywood, las cuales lucían elegantes, voluntariosas, llenas de confianza en sí mismas, además de bellas, con un cierto toque de sensualidad, que sabían manejar con discreción pero eficacia para atraer a los hombres, quienes lograron llamar la atención de los espectadores de esa época, más que por su bellaza, debido a sus dotes histriónicas. (Obviamente la bomba sensual Rita Hayworth, entra en otra categoría de pelirrojas).

Deborah Kerr murió el pasado martes 16 de octubre de este 2007, en Suffolk, Inglaterra, debido a complicaciones en el Mal de Parkinson que le aquejaba desde hace varios años, razón que la llevó a mantenerse recluida en su mansión de Suiza y alejada de su esposo Peter Viertel, quién también se encuentra recluido, en su casa de Marbella, España, aquejado por otros males, que no le permitieron acompañarla, ya que pasaban, conforme al clima, temporadas en una residencia u otra.

La última vez que asistió a un evento público fue en 1994 para recibir el Oscar Honorario que le concedió la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood, por su brillante trayectoria en el cine, pues a pesar de sus seis nominaciones al Premio de Mejor Actriz, nunca lo obtuvo. A partir de esa fecha en que ya tenía el Mal de Parkinson, prefirió mantenerse encerrada, alejada del público para que se la recordara con la elegancia y el donaire de sus mejores días en las pantallas.

deborah-7-coronel-blimp.jpgDeborah Jane Kerr-Trimmer, nació el 30 de septiembre de 1921 en Helensburgh, en Escocia. Era hija del capitán Arthur Kerr-Trimmer quién vivía retirado del ejercito, como consecuencia de las secuelas de heridas y estar expuesto a gases tóxicos durante la Primera Guerra Mundial. De carácter tímido logró superarlo o canalizarlo gracias a la influencia de una tía -maestra de actuación- a los quince años Deborah encontró su vocación, ingresando a la Escuela de Arte Dramático de Bristol. Aunque obtuvo una beca para estudiar ballet, la edad y su estatura de 1.69 mts. la convencieron para mejor encaminar sus pasos a los escenarios teatrales, ya que de continuar en el ballet, solo podía aspirar ha ser parte del coro o conjunto.

A finales de 1939 se mudo a Londres, después de haber trabajado en Bristol, en algunas compañías de repertorio. A principios de 1940 hizo su debut en el West •End de Londres, en la obra “Heartbreak House”, protagonizada por la gran dama de los escenarios londinenses de la época Dame Edith Evans y el galán Robert Donat. Deborah siempre reconoció los consejos de Dame Edith: “Ella era muy estricta. Me enseño sobre el “timing” o el ritmo para interpretar las escenas, al igual que economizar en los gestos y saber manejar mis manos, al señalarme que las usaba demasiado, al inicio de mi carrera”.

deborah-6-black-narcius.jpgLa leyenda nos cuenta que estando en una ocasión en un restaurante con su agente, se le quedó mirando el director y productor de origen húngaro Gabriel Pascal. Después se acercó a su mesa y le preguntó a su agente: “¿Quién es esta dulce virgencita?” Acto seguido le propuso hacerle una audición, resultando positiva esta, dándole el rol de Jenny Hill, la chica miembro del ejercito de salvación, en la versión fílmica de la pieza de George Bernard Shaw “La Comandante Bárbara” (Major Barbara, 1941), cuyo rodaje estaba preparando. Como la filmación todavía tardaba, tuvo oportunidad de trabajar bajo las órdenes del reputado Michael Powell en “Sombras de la Noche” (Contraband/Blackout, 1940), pero su parte fue eliminada, quedando solo unas dos o tres escenas, en donde aparece como extra, razón por la cual no recibió crédito alguno y su debut oficial fue en “La Comandante Bárbara”, quedando harto complacido Pascal con su actuación, ofreciéndole de inmediato un contrato en su productora. Pascal, al no tener un proyecto en puerta, comenzó a “prestarla” a otros productores, apareciendo en varias películas que la fueron dando a conocer como en “Love on the doll, 1941) y “El Hombre del Destino” (Penn of Pennsylvania, 1942”. Obtuvo una buena parte en “El Castillo del Odio” (Hatter’s castle, 1942) como la hija dominada por su padre tiránico (Robert Newton), llamando la atención de la crítica y siendo considerada por el Motion Picture Herald como la “estrella del mañana”. Entonces Michael Powell le ofreció el estelar de “Coronel Blimp” (The Adventures of Colonel Blimp, 1943), teniendo oportunidad de dar muestras de su talento, al interpretar tres diferentes personajes. Bajo las ordenes de Alexander Korda participa en la entretenida comedia “La Mujer Lejana” (Perfect strangers, 1945) sobre un matrimonio inglés que, a causa de la guerra, han vivido, prácticamente, separados, sin tener oportunidad de conocerse. A este film siguieron dos exitosas producciones de J. Arthur Rank Organisation: “La Rebelde se Rinde” (I see a dark stranger, 1946) y “Narciso Negro” (Black Narcius, 1947) otra vez bajo la dirección de Michael Powell y Emeric Pressburger, siendo su film más recordado de esta etapa en el cine ingles, por el cual cobró la cantidad de 5,000 libras, por su papel de la noble y abnegada misionera.

Arribo a Hollywood a principios de 1946 contratada por la Metro Goldwyn Mayer, al haber impresionado al jerarca Louis B. Mayer, quién le vio posibilidades para ser la sustituta o relevo de Grear Garson en los roles de dama típicamente británica, al tener un aire victoriano en su presencia y modales. La MGM le pagó a Gabriel Pascal 200,000 dólares por su contrato, mientras la actriz signaba un acuerdo por siete años con la compañía, ganando un sueldo inicial de 3,000 dólares a la semana, con aumentos escalonados, hasta llegar a 7,000 dólares los últimos dos años.

Deborah se había casado con Anthony Bartley el 28 de noviembre de 1945, con el cual procreó sus dos hijas Melanie Jane que nació en diciembre de 1947 y Francesca, unos años después. Y aunque los primeros años de su estancia en la meca del cine delataban una felicidad domestica, esta contrastaba con su decepción con Hollywood y en particular con la MGM, al encasillarla en sus primeros dos filmes en roles convencionales de dama de compañía.

deborah-8-hucksters.jpg“Mercader de Ilusiones” (The hucksters, 1947) dirigida por Jack Conway y basada en el best seller de Frederic Wakeman, por cuyos derechos pagó la MGM 200,000 dólares, fue su primer filme, compartiendo el estelar con Clark Gable. Mientras la novela era una descripción descarnada y crítica de los métodos poco éticos de las compañías de publicidad, para lograr vender cualquier producto a los consumidores, la versión fílmica se convirtió en un melodrama dulzón, con mensaje ejemplificante y toda la cosa, con un Gable, casi en plan de Quijote del público, al negarse a usar argumentos falaces para sus campañas publicitarias, mientras se enamoraba de la viuda de un oficial ingles Kay Dorrance (Deborah Kerr), dejando colgada de la brocha a su antigua novia, interpretada por la voluptosa Ava Gardner, quién luce bellísima, siendo de lo más recordable de “Mercader de Ilusiones”. Por cierto que en el guión original Kay esta casada, pero Gable le exigió a Mayer que la hiciera viuda, debido a que no se vería bien, ante su público femenino, que tuviera una relación adultera, ya que le afectaría en su imagen pública. Mayer aceptó la sugerencia, no sin contestarle a Gable, en tono irónico: “es malo cometer adulterio en la ficción, aunque en la vida real si se vale”. En clara alusión a los años en que vivió, Clark Gable, un apasionado romance con la comediante Carole Lombard, debido a que su esposa Ria Langham, se negaba a concederle el divorcio, hasta que llegaron a un satisfactorio acuerdo económico, que le permitió casarse con la Lombard en 1939. Relación, por cierto, conocida por el público, sin que menguara el imán de taquilla de Gable o la Lombard por ello. Como dato adicional de “The Hucksters”, en su tiempo se mencionó que la historia estaba basada en hechos de la vida real, más o menos encubiertos, en que se tenía como base a la empresa publicitaria MCA y a su presidente fundador Jules C. Stein, que en la película es el personaje de Dave Lash, interpretado por Edward Arnold, así como su asistente Lew Wasserman, pero que quedo irreconocible, con tantas virtudes cívicas que le pusieron al personaje de Gable, aunque al final de cuentas, para el público de hoy en día, poco importa si los personajes de la película o la novela, mejor dicho, tienen referentes reales, en todo caso “Mercader de Ilusiones” pasa seguido en TCM Classic Hollywood, por lo que hay manera de constatar los méritos de este melodrama, en que para nuestro gusto lo más rescatable es la aparición de Ava Gardner en ella.

deborah-1.jpgEn “Infierno en el Alma” (If winter comes, 1947) dirigida por Victor Saville, aparte de compartir créditos con Walter Pidgeon, pareja habitual de Grear Garson, es poco lo que se puede decir de este confuso melodrama ubicado en Inglaterra, un poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, en el cual también tenían participación importante Angela Lansbury y Janet Leigh.

Dentro de la filmografía del director George Cukor la cinta “Eduardo, Mi Hijo” (Edward, my son, 1949) esta considerada como una obra menor o quizás algo peor, demasiado ambiciosa y al mismo tiempo fallida. Basada en la pieza teatral de Robert Morley y Noel Langley vamos siguiendo el ascenso del arribista financiero Arnold Boult (Spencer Tracy), cuya mayor ambición es poseer el mayor dinero posible, que le permita introducir a su hijo Eduardo, en las altas esferas de la sociedad inglesa, sin parar mientes en los métodos para conseguir riqueza o que su hijo sea aceptado en los mejores colegios y círculos sociales, sin darse cuenta que sólo esta consiguiendo la destrucción de su hijo y su esposa Evelyn Boult (Deborah Kerr).

Quizás el mayor lastre en “Eduardo, Mi Hijo”, sea en el sentido de que el guionista Donald Ogden Stewart no logra hacernos olvidar en su adaptación el origen teatral de la historia, al igual que lo esquemático y previsible de la misma , cuya mayor originalidad es de que centrada en Eduardo, nunca aparecía en escena, aunque era el centro de la misma, con los personajes siempre hablando y viviendo en relación a él. Sin embargo, como toda obra fallida, resulta interesante su visión merced a la actuación de un Spencer Tracy, en un rol de cierta villanía atípico en él, así como cierta atmósfera lúgubre captada magistralmente por el cine fotógrafo Freddie Young, en particular en las escenas de interiores en la nada acogedora y fría casa de los Boult, pero sobre todo la estupenda caracterización de Deborah Kerr, como la frustrada y alcohólica Evelyn, incapaz de detener el camino de destrucción a que llevaba a la familia Arnold, en su enfermiza y ególatra ambición de otorgarle abolengo a su familia a cualquier precio. Merecidamente Deborah Kerr recibió su primera de seis nominaciones al Oscar de Mejor Actriz, aunque la triunfadora en ese año fuera Olivia de Havilland por su interpretación en “La Heredera” (The heiress, 1949).

“Tres Pretendientes” (Please believe me, 1950) dirigida por el artesano Norman Taurog, especialista en comedias y la cual pasa por el canal de TCM Classic Hollywood con el, título de “Cree en Mi”, es una entretenida pieza menor, la cual se mira con agrado, si no tiene uno mayor pretensión que pasar un rato entretenido, con los enredos de tres galanes (Robert Walker, Mark Stevens y Peter Lawford) que pretenden conquistar, durante la travesía en barco de Inglaterra a Estados Unidos, a la bella Deborah Kerr, a la cual suponen heredera de una rica fortuna en Texas, que le ha sido dejada por un minero, con el cual se carteaba, sin conocerlo personalmente.

minas-del-rey.jpgEn rigor su primer gran éxito internacional le vendría con su participación en la clásica cinta de aventuras “Las Minas del Rey Salomón” (King Solomon’s mines, 1950) dirigida por Compton Bennett y Andrew Marton y que es la versión más apreciada por los cinéfilos de las varias que se han realizado a partir de la adaptación de la novela del ingles H. Rider Haggar, publicada por primera vez en 1885 en Londres y la cual sigue editándose y fascinando a las diversas generaciones de lectores que se han acercado a este esplendido libro de aventuras y sueños de riqueza instantánea en ignotas regiones.

Dejando para otra ocasión las comparaciones entre las diversas versiones y su apego a la novela, cabe señalar que Deborah Kerr luce espléndida como Elizabeth Curtis, la dama encopetada con cargos de conciencia, que la han llevado a trasladarse a cierta región de África al encuentro de su esposo Sir Henry Curtis, el cual unos años antes fue allí en busca de las legendarias minas de diamantes del Rey Salomón. Con la ayuda de su hermano John Good (Richard Carlson) logra convencer al guía Allan Quartermain (Stewart Granger) de llevarla a la inexplorada tierra de los kukuanas.

minas-del-rey-2.jpgLa representación que hizo Deborah Kerr de esa dama de porte aristocrático, de modales exquisitos, con su capacidad para saber mantener la ecuanimidad y serenidad ante cualquier situación, manejando con discreción sus emociones y sólo permitiéndose que afloraran las chispas de la atracción sexual con Quartermain o sea Stewart Granger, cuando ya estaba convencida de la muerte de su marido, fueron los elementos que la dejaron establecida con la imagen o el tópico de “toda una dama”, sabedora de conducirse con propiedad sin romper con la rígida moral victoriana de una inglesa de cepa.

deborah-4-quo-vadis.jpgEncorsetada en el tópico se traslada en la espectacular producción “Quo Vadis” (Quo Vadis, 1951) a los primeros años del cristianismo, en la Roma pagana de Nerón, como la virginal y sosa Lygia, sin embargo capaz de hacerse acompañar al martirio por el bravo militar Marco Vinicio (Robert Taylor), que espera ver consumado su amor en un hipotético cielo prometido. Lo cierto que si ha estas alturas sigue siendo soportable la visión de esta banal apología de los primitivos cristianos, no es precisamente por la melcocha y cursilería que destilan sus protagonistas, sino por el destacado trabajo de secundarios como Peter Ustinov en su estupenda y recordable caracterización del desquiciado emperador Nerón, la cual ha servido de modelo o inspiración de otros actores, cuando se trata de mostrar el arquetipo de emperadores enloquecidos en otros filmes de similar jaez, al igual que no le queda a la saga la interpretación de Leo Genn como el sarcástico Epicúreo.

elprisionerodezendacartel1.jpgVuelve a ser la adecuada y pasiva pareja del héroe metido en aventuras sinfín y estupendos duelos de espadazos, en la no menos recordable versión de “El Prisionero de Zenda” (The prisioner of Zenda, 1952) dirigida con bastante soltura por el artesanal Richard Torpe, en que volvió a ser pareja de Stewart Granger en el doble rol de Rudolf Rassendyll y el Rey Rudolf V de Ruritania y Deborah como la bella y sacrificada Princesa Flavia, acompañados de un estupendo villano Rupert of Hentzau, intepretado magistralmente por James Mason. La simple presencia de este trío es razón más que suficiente para gozar de este clásico film de aventuras, amén del irresuelto duelo entre Mason y Granger.

Es poco lo que recuerdo de “Torres Negras” (Thunder in the east, 1953) dirigida por Charles Vidor, con Alan Ladd en el rol de un traficante de armas, que parece un agente encubierto de la CIA, en misión en los primeros años de independencia en la India, para controlar a grupos guerrilleros operando en la frontera con Pakistán. Mientras que Deborah Kerr es una dama inglesa con la cual se relaciona Ladd, más que nada para justificar la inserción de un romance en un film de aventuras de la Paramount, que no aportó nada para la carrera de la Kerr, salvo una amistad con el actor, al cual consideraba encantador, aunque ello no necesariamente implique un “affair” entre ellos. Debemos señalar, en este aspecto, Deborah Kerr siempre actuó con absoluta discreción y si bien en un momento determinado se especuló sobre posibles romances fuera de los sets con Stewart Granger, Alan Ladd y Burt Lancaster, sin llegarse a dar pruebas de tales asertos, esto no impidió que la chismosa de Hedda Hopper hubiera dicho, en referencia a su vida con Anthony Bartley: “Todos cometemos el error de jactarnos de su ‘perfecto matrimonio’, cuando todos sabemos que esto no es verdadero”. Lo único cierto es que se divorció de Bartley en 1959, aunque parece que tenían algunos meses o quizás dos años de vivir separados, aunque hasta el 23 de julio de 1960 se casara Peter Viertel del cual sólo la muerte los separaría.

Regresó a los brazos de Stewart Granger como la abnegada y hasta cierto punto sosa Catherine Parr, la cual debe de defender su amor por Thomas Seymour -guardián de la futura reina- de la caprichosa adolescente Isabel (Jean Simmons), en el popular melodrama de intrigas palaciegas, con cierto sustrato histórico “La Reina Virgen” (The young bess, 1953) dirigido con acierto por George Sidney. Se insinúa una especie de triangulo amoroso, en el cual por la manera de presentarlo, el público femenino de la época, pañuelo en mano, terminaba por tomar partido a favor de la aprendiz de reina, que a fuerza de desengaños amorosos iba curtiendo su carácter, que con el tiempo la convertiría en la gran Isabel I de Inglaterra.

caesar-11.jpgSalió airosa en su papel de Portia en la lograda versión de la tragedia de William Shakespeare “Julio Cesar” (Julius Caesar, 1953) dirigida por Joseph L. Mankiewicz, a la que sólo la crítica insidiosa de la época la subestimo por su prejuicio a que Marlon Brando fuera Marco Antonio. Con todo el tufo de puesta en escena teatral que tenga esta adaptación, sale airosa de su posible revisión que hagamos de ella, ahora que se encuentra disponible en el mercado del DVD.

La primera ocasión en que el dúo de la gran elegancia y estilo integrado por Cary Grant y Deborah Kerr trabajaron juntos, fue en la poca afortunada comedia “La Mujer que Yo Soñe” (Dream wife, 1953) que marcó el debut y casi la despedida en funcionmes de director, del excelente guionista Sidney Sheldon, en la cual Grant se empecina en perseguir a Tarji (Betta St John), la hija de de un jeque árabe, como su ideal de esposa, sin darse cuenta que la diplomática y sofisticada Effie (Deborah Kerr) es la verdadera chica de sus sueños. El gran carisma de Cary y Deborah es el único sostén o razón para ver esta comedia.

deborah-5-traje-de-bano.jpg“¿Qué? ¿Acaso me crees un estúpido?” fue la aireada respuesta del magnate de la Columbia Harry Cohn, al agente Bert Allenberg, cuando le prepuso que su representada Deborah Kerr era la indicada para hacer el papel de la adúltera Karen Holmes, una vez que la temperamental Joan Crawford, por no gustarle el vestuario, había rechazado participar en la versión fílmica del best seller de James Jones “De Aquí a la Eternidad” (From here to eternity, 1953) que iba a dirigir Fred Zinnemann.

El productor Buddy Adler, el director Fred Zinnemann y el guionista Daniel Tardash terminaron por convencer a Cohn de la sorpresa e impacto que tendría en el público, la presencia de Deborah Kerr en un papel tan alejado de su encasillamiento de distinguida dama inglesa, en la tenía colocada la MGM. Inclusive Deborah, quién quería con todas sus ganas ese papel, como parte de su labor para convencer a Zinnemann, se le presentó con el pelo teñido de rubio, aunque sabia que la película sería rodada en blanco y negro, pero estaba dispuesta a cambiar en todo su imagen. El director, en posteriores declaraciones, siempre afirmó haber intuido el potencial y la carga de sensualidad que ocultaba Deborah, en sus insulsos papeles de dama virginal. Por ello nunca dudó que estaría mejor que la Crawford, pues su imagen de dominadora y agresiva sexual, le habría dado otra textura al personaje de Karen Holmes.

deborah-9-rubia.jpgEfectivamente Deborah con su sutileza para insinuarse y encelar al sargento Milton Warden (Burt Lancaster) enriquece al personaje, al no dar la pueril apariencia de una insatisfecha sexual o depredadora, por falta de atención de su marido el capitán Dana Holmes (Philip Ober), sino de un ser más complejo necesitado no solamente de sexo, sino también de cariño y comprensión.

Hay muchas otras razones para considerar a “De Aquí a la Eternidad” como un filme importante, pero tratándose de Deborah Kerr, quien logró su segunda nominación al Oscar por su brillante creación de Karen, no puede uno sustraerse a la mención de la célebre escena del beso acostados en la playa con ella en la atrevida posición de estar casi encima de Burt Lancaster y apartándose dando por terminado un tórrido encuentro y aunque ambos portaban pudorosos trajes de baño, el romper de las olas y el solo hecho de la posición de ella, era más que suficiente, para la época, el sugerir e ir demasiado lejos, en el cine norteamericano, en cuanto a lo que se podía mostrar en cuanto a acoples sexuales y apasionados besos, sobre todo en una relación pecaminosa, entre una mujer casada y un subalterno de su marido. Los espectadores de hoy seguramente les parecerá un leve faje y esbozarán una sonrisa, al enterarse de que dicha secuencia fue un escándalo y objeto de todo tipo de comentarios, sobre todo de los oficiosos defensores de la moral y la buenas costumbres.
(Continuara)

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