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Homenaje a Pancho Sánchez

Escrito por Juan Antonio de la Riva | 10 de Octubre de 2007 | Categorias: Cine Mexicano, Guionistas, Testimonios | Tiempo de Lectura: 4m 18s | Leido 427 veces.

pancho.jpg (Nota del Editor: En la Cineteca Nacional se llevó a cabo, entre el 3 y el 7 de octubre de este año un Homenaje al crítico y guionista Francisco Sánchez, con la exhibición de cinco de sus más logradas historias al ser llevadas al cine. En el progrma mensual de la Cineteca se publicó un texto justificativo o alusivo a las razones de la distinción, por parte de Juan Antonio de la Riva, que hemos estimado conveniente ofrecer a nuestros lectores)

Conocí a Francisco Sánchez primero como crítico de cine. Yo vivía en Durango y él escribía en la sección de espectáculos del periódico deportivo Esto. Sus comentarios sencillos, directos, claros y precisos fueron mi guía como cinéfilo de provincia ávido de ver buen cine. Llegué a considerarlo como mi maestro y así me refería a el cuando comentaba el estreno de películas memorables como Barbarroja de Akira Kurosawa, Cuando las brujas arden de Michael Reeves o El Dorado de Howard Hawks.

Al poco tiempo me vine a la Ciudad de México y conocí a Francisco primero como maestro en la escuela de cine. Supe que era de Acuña, Coahuila y así, merced a esa generosa cualidad provinciana que cobija a los paisanos, en poco tiempo ya éramos amigos. Además nos hermanaba la adicción fílmica que encuentra en el hecho de contar películas uno de los mayores placeres de ver cine. Descubrí y compartí con él y gracias a él películas notables. Y como decía Claude Rains en Casablanca, aquel fue el inicio de una hermosa amistad.

pancho1.jpgFrancisco, no ha sido solamente crítico y cinéfilo; movido por la misma pasión también escribió guiones para cine. Sus primeros trabajos, Las noches de Paloma y Amor libre, fueron dirigidos por otros amigos y maestros entrañables como Alberto Isaac y Jaime Humberto Hermosillo. Conocedor del cine mexicano y cercano al medio fílmico donde ha sido muy apreciado por su posición como crítico que no se dedicó a denostar al cine nacional, escribió una vasta cantidad de guiones abordando los mas diversos géneros con singular fortuna: El tonto que hacía milagros de Mario Hernández, que le valió el Ariel por el mejor guión; La tregua de Alfonso Rosas Priego y El tigre de Santa Julia de Alejandro Gamboa, entre muchos otros. El me incentivó a escribir y realizar Vidas errantes, mi primera película. Juntos escribimos Pueblo de madera y ese fue para mi un nuevo aprendizaje pues mas que un trabajo aquel guión fue la síntesis de muchas ideas de lo que creemos que puede ser una película sobre la provincia mexicana.

Infatigable lector, ha incursionado en la literatura con sus relatos de Tierra que fue mar, Postales de los años de esplendor y La mujerte por el que obtuvo el Premio Comala. En su breve pero intenso trabajo literario es posible apreciar las cualidades de un escritor brillante y acucioso.

Por otra parte, sus libros dedicados al cine son, como suele decirse con frecuencia, imprescindibles para aquellos que somos unos viciosos del cine y hemos encontrado en él una fuente inagotable de conocimientos de toda índole: Todo Buñuel ( y su segunda edición corregida y mejorada Siglo Buñuel), Hermosillo, pasión por la libertad, Crónica antisolemne del cine mexicano, La comezón del séptimo arte, Océano de películas, Luz en la oscuridad , Cinefilia es locura y está por editar Cine Nuevo Siglo.

pancho21.jpgEn estos libros Francisco asume cabalmente los postulados de su propio Manifiesto de anticrítica cinematográfica para hablar del cine como una obsesión totalizadora y lo mismo reconoce al cine clásico que a las películas

que alguna vez fueron desdeñadas; dedica pormenorizados análisis a grandes cineastas igual que a aquellos realizadores menos recordados que han sido significativos para muchas generaciones de espectadores y sitúa al cine mexicano en el contexto social en que ha sido realizado para entender y valorar las virtudes que le han permitido sobrevivir múltiples crisis a lo largo de su existencia. Tal vez por ello, los lectores de Francisco Sánchez tenemos sus libros como obras de consulta permanente y así podemos conjuntar el placer de ver cine con el gozo de leer a un escritor que lejos de pretender la posteridad con sus juicios, nos hace partícipes de sus memoriales fílmicos.

En una costumbre que nos identifica, hasta la fecha cada encuentro con él se inicia no con la consabida frase de “¿Cómo estás?” sino con la pregunta por alguna película reciente o por otra que hemos vuelto a ver y que queremos comentar y compartir. Acaso sea esa la mejor manera de reconocerle a Francisco sus generosas enseñanzas.

Crítico, maestro, escritor y cineasta, Francisco también ha cultivado un entrañable sentido de la amistad y creo que es un privilegio saber que uno pertenece a ese círculo que no cesa de crecer y en el que tienen cabida todos aquellos que profesan la misma irredenta pasión por el cine y por la vida.

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