Por sexo o por amor y Pasión.

Escrito por on oct 1st, 2007 y archivado en Cine de Siempre en DVD, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

monica-1.jpgEl amor en la pantalla menor.

El tema de la pareja se ha ido convirtiendo en una exploración casi clínica de la conducta sexual humana a partir de los años sesenta, tras la apertura temática devenida de la abolición del Código Hayes, y hemos tenido de todo menos el reconocimiento del romance en pareja, si salvamos la excepción de “Un hombre y una mujer” de Claude Lelouch, quien también hubo de entrar a la moda analítica con la continuación, veinte años después, de su tema de pareja.

Desde luego que ir al cine para encontrar historias románticas aparece como una actividad de adolescentes, sobre todo muchachas, o de señoras a la antigua, pero el sexo sigue siendo una de nuestras preocupaciones principales, especialmente en sus funciones lúdica y tormentosa, y esas son las modalidades que exploran Bertrand Blier y Bernardo Bertolucci en las cintas que tuve a mi alcance últimamente: “Por sexo o por amor” y “Pasión”.

A la pregunta ¿Qué tanto me amas? Blier responde con una cifra en euros, pero no exactamente como respuesta sino como parábola de las nuevas formas del amor en pareja, al menos es lo que ejemplifica en su película con la magnífica Mónica Belluchi y Bernard Campan, cinta que convierte en una especie de comedia en serio cuyo humor negro se acentúa por la presencia sorprendente de Gérard Depardieu como un alcahuete de categoría.

Lo mejor de la película es, desde luego, la belleza incomparable de la Belluchi, especialmente cuando aparece desnuda en la cama, o en tomas bellísimas de su espalda y curvas a través de una ventana o de la puerta entreabierta. Pero lo esplendente de todo no es su belleza, sino el papel de prostituta engañada que decide por el amor y el deseo en lugar de la fortuna y la seguridad relativa de su propio mundo.

Con un sentido extraño de la comedia en serio Blier nos entrega detalles de la conducta femenina en que los varones jamás reparamos: en una secuencia de lo más decadente y triste la vecina de la pareja Belluchi- Campan escucha los gemidos eróticos de la prostituta mientras trabaja una traducción y va a reclamar a su vecino el escándalo, a lo que él responde avergonzado y se establece una lucha verbal entre la Belluchi y la vecina (Farid Rahouadj) para probar quién es mejor en la obtención de un orgasmo.

El tono de comedia, además de situaciones como la descrita, se logra mediante los juegos de tiempo y espacio en la película: en vez de endilgarnos algún discurso acerca de la moralidad (a través de los amigos, o de los personajes) plantea situaciones alternativas en las que no sabemos si los hechos pasan o se imaginan, si son sueños o delirios en vigilia, si suceden o no. La única realidad perceptible es la vida erótica y la inmensa felicidad del acto sexual que, aunque parezca difícil, jamás llega a la pornografía abierta, ni siquiera el soft-core.

bernardo-1.jpgEl otro caso de erotismo delicado e interesante nos lo entrega Bertolucci en “Pasión”, una extraña historia de intervencionismo en África donde el erotismo juega un papel imprescindible en el interés y el sentimiento de culpa europeo respecto del Continente Negro.

Shandurai es sirvienta en una casa de Roma, su patrón y hospedero es un pianista polaco, el señor Kinsky (David Thewlis- el príncipe de “Corazón de dragón”, ni más ni menos), y ella solo se ocupa de su doctorado en Medicina y del aseo de la casa de Kinsky, pero no sabe que ha despertado la pasión del pianista a quien escucha impávida mientras da sus clases a niños, asombrada al limpiar las piezas de arte que el polaco acumula en su buhardilla luminosa, desesperada con le recuerdo de su marido prisionero en la lejana África ecuatorial.

Porque ahí empieza la trampa: Bertolucci nos entrega un prólogo brutal de miedo y vejación cuando describe claramente las luchas fratricidas de los pueblos negros, la captura del maestro de escuela que se atreve a enseñar libertad y democracia a sus alumnitos y contraviene las disposiciones oficiales sobre educación y sometimiento al régimen (Bertolucci nos lo muestra enseñándoles la diferencia entre Líder y patrón, y a media descripción aparecen los soldados y se lo llevan golpeándolo brutalmente a bordo del camión de redilas); Shandurai sueña la escena muchas veces, se levanta a mirar por la ventana, a pensar en la salida de ese callejón de la memoria. Kinsky la mira a ella con adoración, con estúpida timidez.

No tarda en atarse el drama porque el pianista no soporta ver impunemente los pies descalzos de la mulata, ni su movimiento en torno de la casa, así que le declara su amor, le pide se case con ella o al menos le diga de qué manera puede conquistarla: “saque a mi marido de la cárcel…”

El esto será una búsqueda desesperada por qué es lo que la mujer ama, que disfruta, y la desaparición paulatina de los objetos de arte, el vaciado sistemático del departamento, al mismo tiempo que Kinsky inicia visitas a la iglesia africana de la localidad y comienza una composición musical que no choque con el gusto de la africana, obra que cristaliza en una pieza pentatónica que estrena “entre unos amigos” (los niños a quienes da clases), e invita a Shandurai para que presencia el estreno.

Esa tarde llega la carta en que el marido-maestro anuncia su llegada a Roma, pero Shandurai ya ha sido seducida: la desaparición del arte casero, que aparece misteriosamente en las vitrinas de anticuarios del barrio, la ha convencido de que hay un misterio que llega más profundo de lo que somos capaces de percibir en la distancia que establece Bertolucci hacia el espectador. Esa noche arden los pezones de la mujer, sus manos se mueven involuntariamente por el cuerpo, los pies l llevan al dormitorio del pianista. En la mañana suena el timbre de la puerta cuando un taxi deja a alguien frente al vano: Shandurai no se apura en desprenderse del brazo del amante, él solo mira que llegó la mañana, y Bertolucci nos envía con la cámara a la lejanía de las calles enredadas de Roma.

Resulta imposible traducir las imágenes y su intensidad cotidiana a palabras, un análisis semiológico sería largo y difícil de leer, solo nos queda la recomendación para que, si no puede ser visto por televisión (esas funciones inesperadas del canal 22 del DF) es susceptible de encontrar en DVD, lo mismo que la película de Blier, aunque no siempre hay ofertas en la tienda-café de los búhos. Pero además tenemos la facilidad de no tener que soportar censuras de ningún tipo, salvo la de la propia casa.

Por sexo o por amor. (Combien tu m’aimes?). D, Bertrand Blier. Con. Mónica Belluchi, Bernard Campan, Gerard Depardieu. Guión: B. Blier. ITAL/FRAN. 2005.
Pasión. (Besieged). D. Bernardo Bertolucci. Con: Thadie Newton, David Thewlis, Claudio Santamaría. Guión: B. Bertolucci y James Lasdun. ITAL/GB. 1998.
Un hombre y una mujer. (Un homme et une femme). D. Claude Lelouch. Con: Anouk Aimée, Jean-Louis Trintignant, Pierre Barouh. Guión: J. Lelouch y Pierre Utterhoeven. FRAN. 1966

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1 comentario en “Por sexo o por amor y Pasión.”

  1. alex dice:

    ponte un video para ver

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