Imperio: ensayo sobre la ficción
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 23 de Septiembre de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Estrenos, Fantástico | Tiempo de Lectura: 5m 17s | Leido 437 veces.
Un cineasta independiente es alguien que por definición se mantiene ajeno o alejado de los grandes centros de producción cinematográfica, más no de la industria. En general estos “independientes” suelen estar en el extremo más cercano a las artes en el medio fílmico, sea como autores claramente definidos o como experimentadores permanentes; David Lynch pertenece a las dos posibilidades, como lo confirma su más reciente película “Imperio”.
A lo largo de su carrera Lynch se ha dedicado a profundizar en un tema fundamental: la función de la realidad y la fantasía para la experiencia humana; así no resulta extraño que en Imperio ensaye un análisis del género por excelencia para la exploración de estos dos campos: el cine.
La característica principal en su obra es una forma de misterio que reside en los más insólitos sitios o hechos, un descubrimiento permanente de los inusitado dentro de los anodino o cotidiano, desde la extraña “onirotopía” de “Cabeza Borrada” hasta el caótico mundo de “Picos gemelos”, pasando por la superproducción de “Dunas” su ubicación de lo misterioso no se detiene ni por el rompimiento de los esquemas tradicionales de la ciencia-ficción, ni por la evolución violenta del cine negro, tal como hace en “Terciopelo Azul”.
“Imperio” es una cinta que debe englobarse en el cúmulo de las realizadas para celebrar el centenario de la aparición del cine, porque su tema es el propio medio y sus funciones, pero es la primera que integra al público en el mundo del cine visto por sí mismo, el centro dramático de su trama es el espectador, el espectáculo.
Nikky (Laura Dern) obtiene por fin su oportunidad como actriz con un gran director (Jeremy Irons), que es un alter-ego evidente de Lynch o de Cronemberg, pero es una producción rodeada de leyendas urbanas que hace de ellas mismas el centro de su guión.
Conforme avanza el proyecto la trama y la vida van entrelazando sus signos y significantes, se borra paulatinamente la frontera entre la realidad y la ficción sin que medien diálogos aclaratorios o pistas fílmicas normales (alteraciones del tiempo, repeticiones que indiquen algún hecho concreto, testigos que hagan premoniciones o revelen el pasado) los actores se van enredando y muestran el cruce de mundos que forman el cine: los extras, los estudios, los ejecutivos, los enredos eróticos dentro y fuera del foro, los recuerdos propios y los de los parientes y cercanos; pero también están las imágenes ya plasmadas en la pantalla y en los ojos del espectador, que también aporta su bagaje psicológico.
Cuando Lynch y Dern nos llevan al patético desenlace, la muerte lastimosa de Nikky con un vómito sanguinolento sobre las estrellas del Sunset Boulevard, la cámara retrocede y nos enseña el truco detrás de la trama, porque en su desplazamiento muestra la grúa con cámara robot filmando hasta que en el punto adecuado del movimiento la voz de Irons dice: “¡Corte! Se queda”.
Y todo inicia aquí: las preguntas sobre quién imita a quien, la ficción a la vida o la vida al cine, el diálogo a las palabras o las palabras a las imágenes. Pero a Lynch le ha llevado más de dos horas para decírnoslo sin recurrir al texto ni a la lógica heredada por Descartes, tan solo con la ciencia de un nuevo lenguaje que aún busca método pero ha encontrado sus profetas en artistas como Lynch, Cronemberg, Fellini o Chaplin, todos los que han buscado la frontera entre la realidad y el arte cinematográfico, los que han entendido la ficción como una alternativa ante esta falta de continuidad en la red de la existencia que es la dispersión de las experiencias personales, sociales, históricas, individuales y colectivas que conforman lo que llamamos vida y realidad y carecen de la continuidad que nos presta el cine.
Además hay que dar un reconocimiento al “Maverick” Lynch porque en su proceso de comunicarse con nosotros hacia las nociones de realidad y fingimiento (o ficción, si se prefiere), no excluye citar su propia experiencia personal, es fácil encontrar en los pasajes de la película episodios de la biografía vital y sentimental de David Lynch, el profesional, una forma de honestidad que el mercado narrativo (por escrito o visual) descarta de las artes ante el temor de que los creadores agoten su temática, pero el cine ya ha demostrado el error del mercado con la obra de gente con la talla de Fellini, Bergman, Antonioni, Chaplin, Pasolini, Cronemberg, Kubrick o el propio Lynch, que parecen no tener más vida que su creación, y además nos da una pista de que trata la película en su título original: Imperio Interno, como un apuntamiento hacia ese mundo sin definición que es lo que llamamos “mente..
Imperio. (Inland Empire). D. David Lynch. Con: Laura Dern, Jeremy Irons, Harry Dean Stanton. Guión: D. Lynch. EUA/FRAN/POLO. 2006.
Textos Relacionados
Lynch: el David de los agujeros negros
Imperio: ensayo sobre la ficción
Dunas, el dolor de cabeza de David Lynch.
Dunas, ayer y hoy el inevitable mesianismo.
Textos Relacionados
Lynch: el David de los agujeros negros
Dunas, el dolor de cabeza de David Lynch.
Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código