La Frágil Jean Seberg

Escrito por on sep 8th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano, Escritores. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

seberg-4.jpg“…el juego de espejos en el que se iban reflejando, imagen dentro de la imagen dentro de la imagen, la pasión y los celos, el deseo y el amor, la juventud y la vejez…”
Carlos Fuentes.

Nota introductoria:

El 8 de septiembre de 1979 –hace 28 años- fue encontrada, dentro de su automóvil, la actriz Jean Seberg, aparentemente con varios días de haber fallecido, pero quedó durante un tiempo en las fichas biográficas tal día como el de su muerte, aunque recientemente se ha consignado que murió el 30 de agosto. Independientemente de la fecha exacta de su muerte siempre es bueno recordar a esta encantadora actriz de ojos azules, que alborotó nuestra adolescencia, al irrumpir en las pantallas cinematográficas como “Santa Juana” en la versión fílmica de la obra de George Bernard Shaw que dirigiera Otto Preminger en 1957.

A principios de los setenta se mencionó que estaba involucrada con el movimiento de las “Panteras Negras”, lo que motivo una furiosa persecución de parte del FBI, el cual llegó al grado de que difundir o filtrar la versión de que su hija Nina Hart Gary, nacida el 23 de agosto de 1970 y muerta dos días más tarde, no era en realidad hija de su segundo marido el novelista Romain Gray, sino producto de su relación con el activista Raymond Hewt. Dicho infundió o intromisión flagrante en su vida privada le provocó, si cabe así decirlo, una mayor inestabilidad emocional que desde su adolescencia había mostrado, ya que durante los setenta fue notorio que vivía en un persistente estado de depresión, lo cual hizo aceptable la versión de su suicidio, aunque no falto quién especulara que, debido a su simpatía por las “Panteras Negras”, hubiera sido asesinada, dadas las circunstancias extrañas de su muerte en un carro abandonado.

Si bien Romain Gray siempre adujo que Nina era su hija, posteriormente Jean Seberg reveló que se había embarazado de ella, durante una etapa en que estuvo separada del novelista y mantuvo relaciones con un estudiante “revolucionario” de nombre Carlos Navarra. La muerte de la niña se atribuyo como causa directa a que la actriz tomaba, en exceso, pastillas para dormir durante el embarazo, que minaron la salud de la niña. Igualmente se supo que la actriz había ya tratado de suicidarse, en otras siete ocasiones, en la fecha del 25 de agosto, aniversario de la muerte de su hija Nina.

fuentes-4-ok.jpgA mediados de 1994 el escritor Carlos Fuentes publicó su novela “Diana o La Cazadora Solitaria”, inspirada en la figura de la actriz que me llevó a publicar en la revista CRISOL número 47 de diciembre de 1994, que editaba en la ciudad de Aguascalientes un texto titulado “Jean Seberg o Diana Soren”, el cual paso a reproducir, como parte de esta evocación de la imagen de Jean Seberg, que espero les resulte interesante y sobre todo vigente.JEAN SEBERG O DIANA SOREN

Disfrutaba un domingo de julio de este año de la visión de una película en televisión, cuando el teléfono comenzó a sonar. Después del consabido “hola”, José Luis Esparza, quién llamaba desde la ciudad de México, se fue directo al grano:

-Fíjate Gustavo que tengo aquí en mi casa a unos amigos, entre los cuales está Antonio Díaz Alemón y salió a la conversación el último libro de Carlos Fuentes “Diana o la Cazadora Solitaria”; el cual entre paréntesis esta espléndido; me lo he leído prácticamente de un sentón -¿tu ya lo leíste? Porque aquí hemos hecho una apuesta y necesitamos que nos la aclares, pues tanto “El Chamuco”, que representa a la contraparte, como yo estuvimos de acuerdo en que serías un buen árbitro y está escuchando en la extensión.

-La apuesta consiste en saber quién es la actriz a la que Carlos Fuentes bautizó como Diana; cuál es la película que hizo junto con Clint Eastwood y cual la que estaba filmando en México?. ¿Entonces ya te leíste “Diana, la Cazadora Solitaria”?

fuentes-2.jpg-La novela apenas la acabo de comprar; pues como tienes tantos años de no vivir aquí en Aguascalientes, se te olvida que si bien con la llegada de la Librería de Cristal, VIPS y Sanbors, las novedades literarias ya no tardan veinte años en llegar, que dijera Octavio Paz, todavía se dilatan entre quince a veinte días en arribar, en relación con su aparición en el DeFe y, como estaba leyendo otros textos, ahorita Carmen luz (mi esposa) lo está haciendo; pero de cualquier manera te diré que la apuesta la gana quién haya dicho que la actriz es Jean Seberg, quién trabajó con Clint Eastwood y Lee Marvin en “La Leyenda de la Ciudad Sin Nombre” o sea “Paint your wagon” en su titulo original en inglés. Se trata de ese musical que a ti tanto te gustó cuando lo vimos en el cine Diana y la cinta que estaban filmando en Durango, en enero de 1970, fue “Macho Callahan”. Inclusive basta con ver detenidamente la portada del libro y notarás que los dos fotogramas que vienen en la parte extrema de la derecha corresponden a la célebre secuencia del final de “Sin Aliento” (A bout de soufflé) de Jean Luc Godard. Lo cierto es que Carlos Fuentes, a pesar de cambiarle el nombre a su protagonista, no ha sido cuidadoso en eso de dar “pistas falsas” y ya en algunas reseñas se mencionan los nombres verdaderos de varios de los personajes.

Una vez satisfecha la curiosidad que motivó la llamada de esos buenos amigos que son José Luis y Antonio, los cuales continúan viviendo en el DeFe y, sin que tuvieran a bien manifestarme quién había acertado, irrumpió en la conversación triangulada la nostalgia por las reuniones sabatinas y los años de estudiantes, en que mezclábamos las tardes de ir a la UNAM, con las de solaz esparcimiento en los Cine-Clubs universitarios o de plano en las salas comerciales, para terminar la charla con los consabidos deseos de volvernos a reunir, ahora con nuestras respectivas familias, ya fuera en la ciudad de Aguascalientes o en la de México.

Al día siguiente busqué en mis archivos la nota periodística que publiqué en el diario “El Nacional” de la ciudad de México el 11 de septiembre de 1979, con motivo del suicidio de Jean Seberg, la cual pasó a reproducir a continuación.

seberg-8.jpgEl pasado sábado 8 fue encontrado en París, dentro de un automóvil, el cadáver de la actriz Jean Seberg, la cual había desaparecido desde el día 30 de agosto; fecha que se presume fue la de su muerte.

Jean Seberg nació el 13 de noviembre de 1938, en el pequeño pueblo de Marshalltown, Iowa, Estados Unidos. Ella contaba que se había decidido a ser actriz después de haber quedado vivamente impresionada por la actuación de Marlon Brando en “Vivirás Tu Vida” (The men, 1950). Estudió teatro y drama en su pueblo, habiendo llegado a trabajar en algunas obras como “Our Town” y “Picnic”, entre otras.

A finales del año de 1956 la Columbia Pictures y el director Otto Preminger anunciaron con gran fanfarria que iban a buscar una nueva estrella, a la cual lanzarían, en plan estelar, en el papel de La Doncella de Orleáns, en su película “Santa Juana”(Saint Joan, 1957), basada en la obra de teatro de George Bernard Shaw y adaptada al cine cpor Graham Greene. Obvio es decir que tal concurso lo ganó Jean Seberg. Desde su primera aparición se caracterizó por interpretar personajes de una aparente fragilidad externa, pero de una gran fuerza interior, que los hacía salir adelante.

seberg-5-santa.jpg“Santa Juana” constituyó un rotundo fracaso para su director desde el día de su estreno mundial en París, donde la crítica lo vapuleo de manera inmisericorde. Al estreno asistió Jean Seberg, quién no hablaba ni una palabra de francés, pero inmediatamente se enamoro de Paris y de Francia, a la que llegó a considerar su segunda patria.

Su segundo filme también fue dirigido por Otto Preminger y se trató de “Buenos Días, Tristeza” (Bonjour tristess, 1958) basado en la cursi y blandengue novela rosa de la escritora francesa Francoise Sagan, en la cual lo único inolvidable es la presencia de Jean Seberg en el papel de la adolescente angelical y perversa: Cecile.

seberg-3-buenos.jpgDe este film y su principal protagonista nos dice, entre otras cosas, el director Francois Truffaut en su libro “Las Películas de Mi Vida”, lo siguiente: “El cine es el arte de la mujer, o sea, de la actriz. El cometido del director consiste en conseguir que unas mujeres hagan cosas hermosas. En mi opinión, los grandes momentos del cine se dan cuando hay coincidencias entre las dotes de un director y las de una actriz dirigida por él; Griffith y Lillian Gish, Sternberg y Marlene, Fritz Lang y Joan Bennet, Rendir y Simone Simon, Hitchcock y Joan Fontaine, Rossellini y la Mangani, Ophuls y Danielle Darrieux, Fellini y Massina, Vadim y B.B. y podemos también añadir Preminger y Jean Seberg”.

“La interpretación desigual, era el punto fundamental de la película, pero en cualquier caso, cuando Jean Seberg está en la pantalla (es decir, todo el rato) no nos fijamos más que en ella, en el menor de sus graciosos mohines, en la más leve de sus miradas. La forma de su cabeza, su tipo, su forma de andar todo en ella es perfecto, y su sex-appeal resulta inédito en cine. Está llevada, controlada, dirigida hasta el milímetro por su director, que podría pasar por su novio, lo que no sería nada sorprendente ya que hay que estar de verdad enamorado para conseguir esa exactitud en las expresiones. En short azul desflecado por los lados, en bermudas, con falda, en vestidos de noche, en traje de baño, en camisa masculina y los faldones sueltos, con camisa masculina y las puntas de os faldones anudados sobre el ombligo, en plan desaliñado o en plan elegante, -en todo momento-, Jean Seberg, con su pelo corto color rubio cenizo y su perfil de faraón, con sus enormes ojos azules abiertos y sus destellos de malicia adolescente, lleva sobre sus espaldas todo el peso de la película, que es un poema de amor que le ha dedicado Otto Preminger”.

Su siguiente filme sería “El Rugido del Ratón” (The mouse that roared, 1959) de Jack Arnold. Una divertida comedia satírica hecha más, para el lucimiento de Peter Sellers, con su derroche de virtuosismo o exhibicionismo al interpretar tres papeles, que de la bella Jean Seberg. Pero en la cuarta nos daría otro de sus personajes inolvidables: la Patricia Franchini de “Sin Aliento” (A bout of soufflé, 1959) de Jean Luc Godard, al lado de Jean Paul Belmondo.

A partir de “Sin Aliento” Jean Seberg permanecerá más tiempo en Francia que en Estados Unidos; además si en algún país fue considerada como una “gran estrella” fue en ese, donde gracias a gente como Godard y Truffaut y la revista “Cahiers du Cinema”, fue encumbrada, prematuramente, a las alturas de “mito” cinematográfico, debido a sus caracterizaciones de Cecile y Patricia. A las cuales se vendría a sumar el de Lilith, personaje principal de ese poético filme del mismo nombre “Lilith (1964) dirigido por Robert Rossen, el cual trata sobre la esquizofrenia y el “enfermo” deseo de posesión: física y sexual, de sí misma y de todo el mundo que la rodea, por parte de esa hermosa, pero peligrosa Lilith, interpretada sobriamente por Jean Seberg, quién admirablemente nos envuelve y nos muestra la tan delgada e invisible muralla que separa a los “adaptados”, de los “enfermos”, en ese asilo psiquiátrico en el cual se desarrolla la película “Lilith”.

seberg-7-lilith.jpgEn su vida privada fue siempre una mujer conflictiva y en constantes tratamientos psiquiátricos e inclusive llegó a escribir dos libros sobre sus experiencias en este sentido y la esquizofrenia, los cuales hacen pensar mucho en una posible fusión o prolongación entre la frágil Jean y la autodestructiva Seberg Lilith. Más de cualquier manera, mientras exista una sala cinematográfica, en la cual podamos ver “Buenos Días Tristeza”; “Sin Aliento” o “Lilith” no podremos dejar de admirar su bello rostro, con sus enormes ojos azules y salpicada su piel de pequeñas pero perceptibles pecas, que le daban un permanente toque de adolescente; pero más que nada su pelo corto que –al igual que el famoso peinado del pelo largo de Verónica Lake-, se impuso como una moda al final de los años cincuenta, gracias a ella, la frágil y encantadora Jean Seberg.

Al releer esta nota, sobre la actriz publicada en El Nacional, como lo señale líneas arriba, caigo en la cuenta que califico de “cursi y blandengue novela rosa” a “Buenos Días, Tristeza”, considerada cuando su publicación, a principios de los años cincuenta, como escandalosa y casi pornográfica, amén de satanizar a la entonces adolescente novelista Francoise Sagan, por atreverse a hablar tan crudamente y con desparpajo de los sueños y la vida sexual de una chiquilla de dieciséis años, pero es que la novela la vine a leer por las fechas en que escribí el comentario y el tiempo ya había hecho sus estragos en nuestros estrechos criterios de liberalidad sexual, sobre todo en cuanto lo que se podía escribir al respecto, pues es indudable que los años sesenta, en muchos sentidos, marcaron el fin y el principio de muchas cosas o paradigmas, tanto a nivel nacional como internacional.

seberg-2.jpgClaro que la conversación con José Luis sirvió de acicate para iniciar de manera presta la lectura de “Diana o La Cazadora Solitaria”, la cual me fue atrapando en la medida que avanzaba, sobre todo por ese juego de espejos al que convida Fuentes, haciendo notorio lo inasibles que son todos los seres humanos, pues a lo mucho captamos imágenes de ellos. Imágenes que nosotros consideramos reales y es posible que lo sean, pero en todo caso son fragmentarias. O como dice Diana Soren “pretender atrapar y explicar la complejidad de un ser humano, a través de biografías encapsuladas”, mismas que nos absuelven de pensar, reduciendo toda una vida, la mayoría de las veces, en una frase más o menos ingeniosa o en abigarradas síntesis, donde casi siempre lo único que encontramos es un sinfín de chismes, que nos pretenden vender como aproximaciones a comprender la problemática interna de una persona, tal y como podría servir de ejemplo la nota periodística que reprodujimos líneas arriba, publicada cuando el suicidio de la a actriz. O que tal si nos quedamos meramente con la frase: la autodestructiva y ninfómana Jean Seberg. La cual parece decir bastante, pero también oculta mucho.

Carlos Fuentes tuvo la posibilidad de convivir durante casi tres meses con Jean Seberg. Vivir una apasionante relación amorosa, cuya huella es innegable en su vida ¿O acaso se requiere mayor prueba que esa novela a la cual podemos tildar de autobiográfica que es “Diana o La Cazadora Solitaria”? A lo cual, por cierto, respondió el escritor en una entrevista con Sol Almada y publicada en la revista semanal de El País, num. 106, del 20 de noviembre de 1994: “En gran medida, pero sólo en la medida en que soy capaz de cobrar distancia frente a mí mismo y frente a otras personas, y someterlas a la prueba de la imaginación, a la prueba literaria. No es una autobiografía novelada; lo que me interesa no es confesarme, sino poner a prueba, someterla a la prueba de la literatura”.

Más adelante agrega Fuentes: “Esta es una historia sujeta a prueba literaria, pero la historia interna es una cuestión interna. No puedo exteriorizarla como experiencia propia. Sólo puedo hacerlo como evento literario, evento confrontado a un mundo verbal. Son dos cosas diferentes”.

Carlos Fuentes

“-Por qué ha querido correr el riesgo de recordar?”

“-Porque quizá ha llegado un momento en mi vida en que quiero ver si puedo imaginarme a mí mismo. Todos los horrores del mundo vienen de la incapacidad para imaginar a los demás. Cortés asesino a los aztecas a diestro y siniestro porque no era capaz de entender su mundo, de imaginarlo. Creo que en la vida diaria, personal debemos hacer el esfuerzo de imaginar al otro; no en términos psicológicos. Es un deber que tenemos todos y eso es lo que hice en esta novela; imaginarme a mí mismo, imaginar a Diana. Todas las personas que no aparecen con su nombre real son personas que he tenido que imaginar para respetarlas, para reconocerlas”.

Lo cierto es que Fuentes logra trascender el material autobiográfico más allá del mero cotilleo, del regocijo por reconocer que Lew Cooper no es otro que Lee J. Cobb o, que Luisa Guzmán es la forma de nombrar o mejor dicho imaginarse a su primer esposa Rita Macedo, así el recién galardonado con el Premio Príncipe de Asturias, supera la supuesta literalidad de la anécdota real, tornándola en materia literaria, donde termina por importarnos mas lo auténtico o propiamente novelístico, por encima de la precisión biográfica o como diría Héctor Aguilar Camín: “En ese más allá de consistencia dramática y elevación simbólica que sólo puede alcanzar una novela” y aunque esto último lo dice Aguilar Camín en una reseña que realizó sobre “Diana o La Cazadora Solitaria”, publicada en “Cuadernos de Nexos” Num. 72 de junio de 1994, vala para aplicarlo igualmente también para él en un juicio sobre su novela ¿también sospechosamente autobiográfica? “La Guerra de Galio”.

seberg-6.jpgIndudablemente que el fondo de la historia de “Diana…” es el de la indagación de una pasión amorosa, por lo tanto no es de extrañar que sus páginas estén plagadas de erotismo; de esa literatura erótica que ya en otras ocasiones ha explorado y explotado de gran manera, tanto en el fondo como en la forma Fuentes, sobre todo en su espléndida novela “Cambio de Piel”, cuya reciente y nueva lectura, nos ha permitido revalorarla y modificar opiniones negativas que teníamos sobre ella, cuando la leímos allá por 1970, recién publicada.

Por lo pronto ya “Diana o La Cazadora Solitaria” nos ha permitido presentar una evocación de Jean Seberg y aproximarnos o intentar participar en ese juego de espejos e imágenes que nos propone Fuentes, como una de las posibilidades de acceder al disfrute pleno de su sobria novela “Diana o La Cazadora Solitaria”, cuya lectura esperamos haber sugerido de manera fehaciente.

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