Al Diablo Con el Diablo: Bedazzeld
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 6 de Septiembre de 2007 | Categorias: Cine Norteamericano, Cine de Siempre en DVD, Comedia, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 5m 5s | Leido 568 veces.
Con cierta frecuencia, como suele acontecer en los canales Platino y Golden, se ha programado en estos últimos meses la cinta “Al Diablo Con el Diablo” (Bedazzeld, 2001), cuyo mayor atractivo es disfrutar de la super sexy Elizabeth Hurley, enfundada en un diminuto bikini en rojo, trayendo, como adorno en su cintura y cuello enredada una serpiente, que precisamente es la imagen más socorrida para promocionar la cinta.
Imagen que de inmediato, merced a su título original en inglés, nos remite a que se trata de un “remake” de “Un Fausto Moderno” (Bedazzeld) realizada por Stanley Donen en 1967, llevando en el rol de “Lujuria” a Raquel Welch, la cual, para variar, sería conveniente que también la programaran para disfrutar de ese film de culto.
Y efectivamente se trata de una nueva versión de la sicodélica sátira de la leyenda de Fausto, la cual escribieron y protagonizaron los comediantes ingleses Peter Cook y Dudley Moore, a partir del texto clásico de Marlowe. Igualmente las variantes de Goethe y Byron también han sido llevadas a la pantalla cinematográfica, aunque no con la desfachatez de “Bedazzeld” y que aquí pasó, como ya lo señalamos antes, con el título de “Un Fausto Moderno”.
La palabra “bedazzle” en inglés significa, conforme al Diccionario bilingüe Velázquez, Deslumbrar, quitar la vista o confundirse con el resplandor. Si nos atenemos al tono de farsa de las dos cintas, la última acepción: “Confundirse con el resplandor” sería un título más adecuado, ya que nos daría una mejor idea de que el pobre diablo de “Elliot” (Brendan Fraser en “Al Diablo con el Diablo” y Dudley Moore en “Un Fausto Moderno”) se queda atolondrado o más bien dicho deslumbrado con la oferta del Demonio de comprarle su alma, a cambio de concederle siete deseos. Como se trata de una sátira, el “chamuco” resulta todo un truhán travieso y pícaro, quién gozara burlándose de “Elliot”, al concederle sus deseos con jiribilla, pues si por ejemplo le pide ser toda una “estrella” gigante del baloncesto con multitud de admiradoras dispuestas a caer rendidas en sus enormes brazos, solo una “cosa” se la pondrá diminuta…
Lo cierto es que “Al Diablo con el Diablo” ha resultado una comedia floja, en que los “gags” resultan más simpáticos contados que vistos en la pantalla, pues la realización de Harold Ramis es harto pueril y carente de inspiración, siendo lo más rescatable la presencia cachonda de Elizabeth Hurley, en su rol de la mujer diablo, única modificación acertada con relación a la anterior en que Peter Cook era “Luzbel”.
Posiblemente la distancia y el paso de los años han hecho que en mi evocación nostálgica el filme de culto irreverente “Un Fausto Moderno”, realizada con la elegancia que sabía imprimirle a sus filmes Stanley Donen, lo vulgar de muchas situaciones fueron resueltas con un cierto donaire, sin quitarle el tono de “mamonería” y de vodevil que tenía la obra de Cook y Moore, los cuales en los años sesenta eran una exitosa pareja cómica en los cabarets londinenses, con su irrespetuoso sentido del humor, muy en la moda de esa década en que todos los símbolos de la civilización occidental eran puestos en la picota del ridículo, merced a un sabroso cotorreo irreverente, que aún recordamos con cierta simpatía, como esa secuencias en un callejón, cuando Dudley le pregunta, con cierta conmiseración, al “Angel Caído” las razones de su rebeldía, estando tan cerca del resplandor de Dios. Entonces le responde es que Dios en su perfección, sólo quería que estuviéramos alabándole y cantando sus excelencias. Sin embargo como percibe que Dudley no se convence con su respuesta, Cook se sienta sobre la tapa de un contenedor de basura, el cual hace las veces de trono divino y le exige a Moore que comience a decirle cosas bonitas, así como que baile alrededor de él. El hombre que ha vendido su alma, comienza de manera animosa a cantar lo excelso de su creador, pero llega un momento que al reclamo del Diablo porque le diga más cosas bonitas y nuevas, el humano se agota y le dice, más o menos, “ya me agoté. Es muy aburrido esto de nada más estar admirándote y estar deslumbrado por tu belleza. ¿Qué te parece si cambiamos los papeles?”. Luzbel de inmediato le contesta: “¿Ahora ya entiendes porque me rebelé?”.
En la nueva versión ha sido expurgada dicha secuencia, pues hoy se viven tiempos de reconciliación y no contestatarios, por ello es que “Al Diablo con el Diablo” ha quedado como una comedia inocua, a la cual le han quitado toda su virulencia de antaño, cuya visión, lo repito, sólo se soporta por la fresca e insinuante actuación de la exnovia de Hugh Grant, o sea la apetecible Elizabeth Hurley.
Y para terminar la nostalgia, en relación con “Un Fausto Moderno”, cabe recordar que Raquel Welch hizo una pequeña participación en el rol de “Lujuria”, como la atracción principal en la discoteque londinense, donde bailaba una danza sexual, trepada en una jaula, en que resultaba inalcanzable para Moore, pero harto deleitable para el público cinematográfico de la época, al grado que es una de las secuencias más recordables por parte de los fans de la siempre potable Raquel Welch.
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