Stanley Kramer: Realizador de Cine de Tesis. (Segunda Parte)

Escrito por Gustavo Arturo de Alba on Ago 28th, 2007 y archivado en Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

kramermaster2.jpgDespués de “No Serás un Extraño” y “Orgullo y Pasión” vendría “Fuga en Cadenas” (The Defiant Ones, 1958) la cual sería la tercer cinta de Stanley Kramer como director y está considerada, aun por sus detractores, como su mejor trabajo. Kramer regresó al tema que le había dado gran éxito como productor: la discriminación racial. La trama era sencilla dos presos que se odian y deetestan, uno blanco y otro negro, escapan encadenados juntos, siendo perseguidos por un pelotón de sureños sedientos de sangre. El viaje les permite a los fugitivos conocerse y terminar fraternizando. Tony Curtis logró una de sus más significativas actuaciones. Si bien la actuación de Sidney Poiter no desentona, al lado de la de Curtis, el personaje nos llega a chocar, por su exceso de “conciencia” sobre la situación histórica del negro, ya que se nos presenta como un arquetipo.

Los autores del libro, arriba mencionado, “El Arma del Celuloide” nos señalan en torno a “Fuga en Cadenas”: “La intención simbólica del filme fue puesta claramente de manifiesto por los coguionistas Harold Jacob Smith y Nederick Young en una carta dirigida a Bosley Crowther, crítico cinematográfico del New York Times: ‘El verdadero triunfo, en la medida que un actor es capaz de expresarlo, reside en que los hombres superan una serie de principios éticos impuestos por una superestructura social anormal, que originariamente les hizo pensar que eran enemigos’.

“El aplauso acordado a “Fuga en Cadenas” contribuyó en buena medida a la decadencia de las listas negras. Al igual que muchos otros autores “proscritos” que pasaron a la clandestinidad, Ned Young utilizó el seudónimo de Nathan E. Douglas en este libreto, por el cual “Douglas” recibió el Premio de la Academia. A esta altura de las cosas, algunos realizadores cinematográficos de Hollywood, como Stanley Kramer, estaban hartos de la hipocresía de la industria que compraba los guiones de autores que figuraban en las listas negras, pero les negaban su lugar en los títulos de la pantalla con sus nombres reales. Kramer reveló la charda mediante una ironía ‘fílmica’. En la secuencia inicial de “Fuga en Cadenas” vemos un camión que transporta a los prisioneros encadenados; los coguionistas son los choferes del camión. Los nombres de Nathan E. Douglas y Harold Jacob Smith están sobreimpresos bajos sus rostros cuando aparecen en la pantalla… para deleite de los conocedores que están en el secreto”.

on_the_beach.jpgEl ambiente de tensión mundial, derivado de la “guerra fría” y la posibilidad del uso de las armas atómicas, al desencadenarse una “Tercera Guerra Mundial” que parecía inminente, era un gran tema de impacto que muy difícilmente podría dejar pasar Kramer, cuando la novela “On the Beach” de Nevil Shute se convirtió en un “best seller” con todo y su mensaje de advertencia de que nos acercábamos, como humanidad, al abismo ante la hecatombe nuclear que nadie parecía tener, en aquellos años, la voluntad de detener. El resultado fue el melodrama verborraico “La Hora Final” (On the Beach, 1959). Desafortunadamente Kramer refutó todas las críticas con la endeble argumentación de que sus detractores eran “halcones” que propugnaban por la guerra y detestaban la paz. Había que olvidarse del aburrimiento que producía la visión de “La Hora Final”, por que se trataba de un filme de mensaje de aliento a los hombres de buena voluntad. En todo caso lo que no se olvida es que un elenco donde estaban Gregory Peck, Anthony Perkins y Fred Astaire, quién destacaba era Ava Gardner, la cual nos ofreció una de sus mejores actuaciones en el rol de una mujer alcohólica, a la cual su soledad y el vislumbre de la destrucción del mundo, la lleva a buscar desesperadamente los brazos de un abúlico Peck, en una de sus más inexpresivas actuaciones.

“Heredarás el Viento” (Inherit th Wind, 1960) basada en la obra de Jerome Lawrence y Robert E. Lee sobre el juicio a un maestro de escuela de un pueblo del sur, allá en la década de los veinte, en el pasado siglo, acusado de enseñar la teoría de la evolución de Darwin, en su clase de biología, contraviniendo a lo que la Biblia nos dice sobre la creación del mundo y del hombre, a pesar de estar, una vez más ante un “tema controversial” y una realización deficitaria de la estructura teatral de la obra original “Heredarás el Viento”, a nuestro gusto, resulta rescatable merced a las estupendas actuaciones de Spencer Tracy y Fredric Marh.

juicio.jpgEn cuanto a “Juicio de Nuremberg” (Judgment at Nuremberg, 1961) no comparto el cínico comentario del crítico Gavin Lambert cuando dijo: “Es un Drama sobre los Campos de Concentración, con un elenco Superestelar y Apariciones de las Víctimas como Invitados Especiales”. Vista hoy en día, a la distancia y sin los prejuicios del momento a la obra de Kramer, resulta un sólido alegato sobre la necesidad de tribunales internacionales, para dirimir crímenes que rebasan el ámbito de lo nacional, para entrar en los terrenos de lo que se denominan crímenes contra la humanidad. Maximilian Schell recibió el Oscar de Mejor actor por su actuación como el abogado alemán defensor. Pero en rigor hay mayor solvencia en la caracterización de Spencer Tracy, como uno de los jueces, al igual que resultan impactantes las breves apariciones de Judy Garland y Montgomery Clift La disertación final de Tracy sobre el porque se deben de condenar a los nazis y la responsabilidad de los subordinados al aceptar llevar a cabo órdenes, a todas luces atentatorias de los principios o simplemente aberrantes, que no se pueden soslayar bajo el principio de obediencia a la autoridad, sino que los convierte en cómplices y artífices solidarios de un régimen de injusticia, se complementa con los argumentos del juez alemán, encarnado por Burt Lancaster, en cuanto a tomar conciencia de su responsabilidad, al posibilitar el basamento jurídico para los desmanes de Hitler, en particular contra el pueblo judío, pero en lo general contra los alemanes que no estaban de acuerdo con el nazismo.

Después vendría “El Mundo Esta Loco, Loco, Loco” (It’s a mad, mad, mad, world, 1963) con su reparto multiestelar de comediantes, encabezado por Spencer Tracy y Mickey Rooney, con la cual si bien Kramer no logró la “comedia de las comedias” con sus homenajes, harto concientes y explicitos, a las escenas de pastelazos y freneticas persecusiones que inundaban y caracterizaron a las comedias clásicas del cine mudo de Mack Sennett y sus seguidores, también es cierto que resultaba más divertida de lo que estuvieron dispuestos a reconocer los detractores de todo lo que oliera a Kramer.

En relación a “La Nave del Mal” (Ship of fools, 1965) mas nos vale tender un piadoso silencio, ya que una vez más el “gran tema” de denuncia sobre el nazismo se diluía en la banal trama melodrámatica, yendose a pique esa “nave” con todo y su extenso reparto estelar encabezado por Vivien Leigh, Simone Signoret, José Ferrer, Oskar Werner, Elizabeth Ashley y George Segal.

adivina.jpgVolvería a tener un éxito económico y regular, en términos artísticos con “Adivina Quien Viene a Cenar Esta Noche” (Guess Who’s Coming to Dinner, 1967) en la cual encontramos la actuación póstuma de Spencer Tracy, con su discurso sobre las dificultades para lograr matrimonios interraciales armónicos, aun en hogares liberales. El tiempo le ha quitado “oportunismo” al mensaje y resulta ahora más fácil encontrarle una serie de méritos tanto en las actuaciones de Tracy, Katherine Hepburn y Sidney Poiter, como en la solidez del argumento, que en la época fueron soslayados, por el prejuicio con que se recibía cada nueva obra de Stanley Kramer.

Todavía dirigiría otras seis cintas antes de retirarse: “El Secreto de Santa Vittoria” (The Secret of Santa Vittoria, 1969); “Revoluciones por Minuto” (R.P.M., 1970); “Denme un Joven y les Daré un Hombre” (Bless The Beasts and Children, 1971); “Pozo de Odio” (Oklahoma Crude, 1973); “Los Implacables” (The Domino Principle, 1977) y “Más Allá del Amor (The Runner Stumbles, 1979). La única, a nuestro gusto, digna de recordar es “Denme un Joven y les Daré un Hombre” sobre un grupo de seis adolescentes que durante su estancia en un campamento, durante sus vacaciones de verano, emprenden su “viaje” de maduración para entrar al mundo de los adultos, cuando deciden rescatar a una manada de búfalos, a los cuales un grupo de insensibles cazadores pretenden exterminar. Una vez más, fiel a su costumbre, Kramer aprovecha el momento de la conciencia ecológica para incursionar en el tema de moda, aunque en esta ocasión lo hace con buenos resultados, pues quizás después de “Fuga en Cadenas” esta sea su mejor cinta.

El crítico inglés Paul Mayersberg es uno de los pocos que muestra aprecio por la obra del cineasta y en su libro “Hollywood: La Casa Encantada” nos encontramos este comentario: “Stanley Kramer es un cineasta de temas. También Otto Preminger. Pero mientras Preminger se evade del tema lo más rápidamente posible en provecho de los personajes, Kramer lo desarrolla a expensas de sus personajes.”

stanley-1-fuga.jpg“Como regla, Preminger tiende hacia grandes temas: Exodo (Exodus,1960), “Tormenta sobre Washington” (Advise and Consent, 1962) “El Cardenal” (The Cardinal, 1963), pero trata a sus personajes como si intervinieran en historias reducidas, íntimas. La minjimización de vun tema amplio no es una característica de Hollywood. Lo que Hollywood pretende es universalizar, no particularizar. Aunque Stanley Kramer aborda temas que no son tratados por muchos directores de Hollywood (y eso es un buen tanto a su favor), los desarrolla según este esquema de generalización. En el mejor de los casos la reacción del público, en términos generales, acerca de la condición humana es: ‘Muy cierto. Nuestra sociedad tiene falsos valores. Se engaña a sí misma, etcétera?. La reacción es siempre ‘nosotros’ y nunca ‘yo’. Pero cuando el público se enfrenta con una historia bien observada, de personajes claramente dibujados y problemas personales específicos , es mucho más fácil que se sienta reflejado en ella, o mejor dicho, es más fácil que el film suscite resonancias en cada una de las personas que componen el público. Es característico de los cineastas de Hollywood que se sientan interesados por el mundo en general, por la masa del público. Pero en sus intentos de evitar limitarse a una élite, la particularización vital que da consistencia a sus temas y argumentos desaparece. Stanley Kramer explica su opinión acerca de este particular en lo que a su experiencia atañe, aunque no en términos tan tajantes como los que acabo de emplear: ‘Formado en un torbellino social, me he sentido probablemente arrastrado hacia los temas que consciente o inconscientemente, he elegido para mis películas. Estos argumentos no eran atractivos necesariamente para los círculos de financiación y distribución. Al concentrarme en ello para convertirlo en fuente de mi poder, al trabajar en términos muy generales y aceptar algunos compromisos en el reparto u otros conceptos para que mis ideas fuesen más agradables a los distribuidores, me temo que no he profundizado lo bastante en la base artística del cine. En lugar de esto he trabajado sobre una línea muy amplia. He destruido el mundo entero (La Hora Final), tratado la cuestión negra como un problema muy general (Fuga en Cadenas), hablado sobre la libertad de enseñanza en las escuelas (Heredarás el Viento) o intentado determinar la culpabilidad universal (Juicio de Nuremberg), en vez de tratar un tema más íntimo para dejar que su fuerza y profundidad emanasen de la historia misma. Y creo que mi labor no es satisfactoria por esta causa… Creo que hace falta una síntesis, aunque no resulta fácil lograrla’.

lisi.jpgY entonces Paul Mayersberg agrega: “Si Kramer buscase realmente esta simplicidad, no se daría ‘perfecta cuenta’ de que falta algo en sus filmes; por el contrario, sería muy consciente de que en ellos sobran cosas que no hacen el caso o constituyen simples adornos. En Kramer puede apreciarse el gran dilema del director de Hollywood. Pretende ser un artista y al mismo tiempo ser popular. No quiere ser la medianía que realmente es, que se ve obligado a ser. Kramer no ha aceptado las condiciones de la cultura popular de los Estados Unidos. ¿Dónde se halla entonces? Perdido en medio del país del Reader’s Digest, aunque no sea un reaccionario”.

Efectivamente a lo largo de su carrera, como lo señalo Andrew Sarris, Kramer termino por convencer que su liberalismo bien intencionado era auténtico, más allá de sus logros artísticos. Igualmente supo ser solidario con los cineastas perseguidos por el macartysmo, contribuyendo, junto con otras honrosas excepciones del Hollywood medrosos de los años cincuenta, a derrumbar o lanzar al cesto de la basura a la lista negra. Sin embargo al hacer un juicio sobre su obra, siempre nos quedará la impresión de que no pudo escapar a la contradicción entre la grandeza del tema y la falta de profundidad y de pasión en el tratamiento, incluyendo a la mejor de sus cintas “Fuga en Cadenas”.

VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0 (from 0 votes)

Dejar una respuesta

Anunciante 250x250 ad code to be displayed on the inner pages