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Ernesto Alonso: El Peor Actor de Cine…

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 24 de Agosto de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Mexicano | Tiempo de Lectura: 5m 30s | Leido 607 veces.

ernesto_alonso-1.jpgAl partir de nuestro plano todo mundo deja rencores, alegrías y la reja en que trepan los simios para Ciudadano Kane, el verdadero yo que susurra alguna palabra clave que jamás nos llevará a conocer a una persona, ni en vida ni después, pero que siempre será el motivo para corrillos y chismorreos. Es lo que ha sucedido con Ernesto Alonso.

Personaje destacado en el mundo de la farándula por su particular gusto en el vestir, Alonso fue una de las estrellas más deslumbrantes del cine mexicano, pero solo fue estrella, actor nunca; ni siquiera las direcciones de Emilio Fernández y Luís Buñuel pudieron quitarle el amaneramiento rígido de su desenvolvimiento ante las pantallas.

Entre sus papeles más recordados destaca el de Felipe de Jesús, el niño que sería santo cuando reverdeciese la higuera, según la leyenda popular sobre su santidad, y que en la pantalla adaptaron Salvador Elizondo y Julio Bracho para realizar la que quizá sea la peor película de propaganda religiosa jamás filmada; tan mala que ni siquiera los bodrios españoles sobre la catequización en África o en Molokay fueron peores.

ernesto_alonso-3.jpgFue una película que pretendió introducir en la industria toda la fuerza de una religión fuertemente asentada entre la población, que ensalzaba al único mexicano (además de le Virgen de Guadalupe) que merecía la atención del Vaticano, pero sus chinitos de café jamás se acercaron ni de lejos a la corte del Shogungado, mucho menos a una época del Japón que para nuestro país debería ser significativa, puesto que en aquellas islas de oriente, y justamente en la ciudad de Nagasaki, los mexicanos dejaron su huella varias veces: primero con la crucifixión de Felipe, después con la expedición de Francisco Días Covarrubias que estudió ahí el paso de Venus en el siglo XIX, pero también porque después de la bomba atómica, el escuadrón 201 fijó su presencia con un monumento improvisado en que los pilotos de la Fuerza Expedicionaria Mexicana dejaron constancia del dolor y solidaridad mexicana para con las víctimas de la guerra.

En fin, que el cine comenzaba por no dársele a don Ernesto, lo siguiente fue seguir con Bracho en “La virgen que forjó una patria”, y con Miguel Contreras Torres en su patrioterísima “El padre Morelos”, su figura comenzó a ser identificada con el criollo Ignacio Allende, pero su aparición era secundaria, no destacaba más allá de lucir bien el uniforme realista de un luchador por la independencia que, según aquellos guiones de Contreras Torres y René Capistán, tan solo fue comparsa de Hidalgo y (en menor medida) de Morelos.

Claro que no todo quedó ahí; en el “Ensayo de un crimen”, con Buñuel, repitió la hazaña que haría famoso a Arturo de Córdoba por “El”: convertir sus carencias actorales en una ventaja parta retratar un sicótico, Archibaldo de la Cruz quedó para siempre en la memoria fílmica del mundo, como sucedería con un papelillo breve y significativo en calidad de médico de emergencias para la película “Reportaje”, con Emilio Fernández.

Luego todo fue un camino hacia la desaparición, una búsqueda de significar la formación teatral para las pantallas, enlazar las enseñanzas y manierismos de los profesores de actuación (venidos de España, de Alemania, de Japón) al medio visual por excelencia, hasta que apareció la panacea: la televisión.

Sería ocioso intentar una crónica del ascenso como actor, director y productor para el medio electrónico por parte de Alonso, es demasiado y la Internet tiene bases de datos muy suficientes para satisfacer esa curiosidad, si es que se tiene, pero lo que Alonso hizo para la televisión mexicana solo se compara al trabajo de grandes productores fílmicos de otros tiempos, porque fue un constructor de trabajo y creador de una cultura de la imagen que puede no ser del agrado de alguien, pero es, en definitiva, la que distingue a la televisión mexicana de todas las demás.

ernesto_alonso-2.jpgCuriosamente en la televisión de México se cultivó el género por excelencia del cine: el melodrama, pero hay muy poca familiaridad entre los productos de ambos medios: mientras que el cine formó un género de gran influencia en la población, un escape para las lágrimas no derramadas en la vida cotidiana (por pudor o por vergüenza, por lo que fuese) y un motivo de imitación de modos de ver y hacer la vida, la televisión hizo del melodrama una fábrica de engendros híbridos que se salvaron gracias a la intervención de Ernesto Alonso.

La experiencia en el cine llevó al actor hidrocálido a incursionar en los géneros populacheros de fantasmas y temas de miedo propios de los años cincuenta y sesenta, pero era solamente trabajo, jamás se comprometió con personajes extraídos de esas fantasías enloquecidas y de bajo presupuesto, de hecho Alonso jamás habló bien de esos “temas de evasión” para consumidores de tercera corrida y mascadores de chicle, y sin embargo, con el paso del tiempo la televisión lo obligó a revalorar al género y crear al mejor personaje de la televisión mexicana: Enrique de Martino, un ser cuya maldad se parecía a la de personajes internacionales tan importantes como Boris Karloff o John Malkovich.

Bajo la dirección de Raúl Araiza en “El maleficio”, su actuación estuvo muy por encima de cualquier medida anterior de profesionalismo, en esta encarnación del mal Alonso comprendió el valor de los géneros populares para difundir ideas, para aproximarse a las dimensiones profundas de la cultura popular, y también el valor de manipular las emociones para hacer razonar al espectador, y esa sería la línea que como productor de televisión, pero también como director y formador de actores.

Mucho hay que decir de lo que hizo para lograr que la televisión mejorase sus sistemas de producción, para que adoptase y aún crease tecnologías apropiadas para reducir costos y tiempos de producción, pero más que cualquier otra cosa fue su sitio para la actuación, encontró en ella el nicho que jamás pudo del cine, aunque pueda no gustarnos la televisión es innegable su influencia a partir de la mitad del siglo pasado, y todavía no hay actor o productor del medio que le llegue cerca, porque, entre otras cosas, los que él formó, se fueron al cine o abandonaron la profesión.

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Hay un comentario

  1. Pero era peor por su amaneramiento?, creo que es muy cruel decir que una persona es mala, porque tiene ciertas tendencias o modos, no se debe de juzgar, bueno es lo que pienso.