Persona de Ingmar Bergman
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 20 de Agosto de 2007 | Categorias: Cine de Siempre en DVD, Directores, Melodrama | Tiempo de Lectura: 5m 8s | Leido 928 veces.
En su libro “Miradas al Cine” José de la Colina incluye una cita de Ingmar Bergman, respecto al título de película “Persona” (Persona,1966) que dice: “Hay una palabra que siempre me había obsesionado y que me vino al pensamiento: persona el vocablo latino con que se designaban las máscaras detrás de las cuales, en la antigüedad, los actores ocultaban el rostro (…) Yo estaba encantado: mi film llevaría ese título curioso ‘Persona’, palabra cuyo primer sentido fue extremadamente alterado, porque de significar máscara, pasó a designar al que se oculta tras ella”.
“Persona” es la historia de dos mujeres que pareciera que quisieran fundirse en una sola. Dos mujeres cuyas identidades nos resultan por momentos intercambiables como lo señala José de la Colina en el libro ante citado: “El vertiginoso drama desarrollado en
‘Persona’ es el del encuentro y el desencuentro de dos mujeres, su paulatina identificación, la lucha de Elizabeth (Liv Ullmann) por apoderarse de ese otro personaje poderosamente vivo que es Alma (Bibi Andersson), y el casi agónico combate de Alma negándose a la identificación, a ser un mero doble, un personaje más de Elizabeth. Porque cada una de ellas es la otra respecto a quien la mira, y condena en un cuerpo, en un alma incógnita, una otredad del mundo entero, esa otredad que nos desafía a que la poseamos y la anulemos fundiéndola en nuestro yo”.
Después de los créditos de la cinta, en lo que, Bergman, mediante la utilización de películas viejas nos parece que quisiera advertirnos que estamos simple y sencillamente viendo un filme, en el cual van a cobrar vida y sentido unos personajes porque así lo quiere el director, vemos una representación teatral de “Electra” en la cual la actriz Elizabeth Vogler tomará la decisión de aislarse del mundo, negándose a hablar en un momento determinado. Lo anterior hará que su psiquiatra le recomiende una temporada de descanso en un sitio aislado cerca del mar, con la única compañía de la enfermera Alma.
Elizabeth ha decidido retirarse horrorizada por la vida, por la existencia humana, negándose a seguir participando de la vida, una vez que ha tomado conciencia de su impotencia y desesperación por lograr comunicarse. Por ende no es nada gratuito que Elizabeth sea una actriz de teatro y que tomemos literalmente el principio del filme como una advertencia, por parte de Bergman, de que sólo estamos viendo una película, ya que todo esto es para mí un juego, en el que Bergman nos quiere platear, desde el inicio, la incertidumbre entre lo que es “real” y la “ficción”, y a medida que el personaje de Alma vaya cobrando conciencia de su angustia ante la posibilidad de ser o de identificarse con Elizabeth; una vez que se ha desmoronado su identidad superficial de enfermera, se habrá establecido la contradicción entre lo que significamos o somos y lo que creemos significar o ser. Por lo que en última instancia la película puede ser sólo eso: una película. Pero También, como una obra de arte, es una interpretación de la realidad, de nuestra realidad, con lo cual se posibilita nuestra identificación con los personajes.
Al igual que con “A Través de un Vidrio Oscuro” podemos recurrir al evangelista San Pablo en su primera carta a los Corintios, en el capítulo 13, versículo 12: “Ahora vemos por espejo, en oscuridad; más entonces VEREMOS cara a cara; ahora conozco en parte, más entonces conoceré como soy conocido”, para explicarnos y entender un poco esa obsesión de Bergman por retratar y plasmar rostros constantemente en sus filmes, en especial en “Persona” , agregando lo que dice José de la Colina, una vez más: “El rostro, espejo del alma, dice el lugar común. A partir de ese espejo que a veces es un espejo oscuro, Bergman trata de conocer a sus personajes, a esos seres que viven entre su verdad y su ilusión, mirándose en los ojos del otro o en la mirada que les devuelve su propio rostro desde el espejo”.
Quizá sea “Persona” la cinta que tiene el final más desolador y carente de esperanza, pues al final de cuentas “Persona” no resuelve nada, porque con gran honestidad Bergman la termina sobre el rostro de Alma, que expresa o denota una terrible ambigüedad, en el momento en que vestida de enfermera –otra vez- se dispone a “regresar al mundo” sin saber si vuelve derrotada, es decir destruida su identidad o con la intención de volver a empezar de nuevo, una vez pasada su crisis. Final desolador en el que percibimos la importancia de la necesidad de Alma, de Bergman y quizás de nosotros por lograr aprehender a comunicarnos con los “otros, para dejar de estar como islas en el mundo”.
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