Elvis Presley, Hace Treinta Años
Escrito por Gilberto Calderón Romo | 16 de Agosto de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 4m 15s | Leido 544 veces.
El 16 de agosto de 1977 -hace 30 años- Elvis Presley fue encontrado muerto en el baño de su casa Graceland en Memphis, Tenn. Esta es una evocación de su figura.
Elvis Presley tuvo mala suerte. Se sobrevivió quince años. Cayó como una lata vacía (Tírese después de usarse), cuando su presencia tenía el mismo sinsentido que sus Cadillacs, que su ropa reluciente y llamativa y sus copetes desaforados, en una civilización agobiada por la escasez de energéticos y el uso generalizado de los jeans. En sus últimos lustros, se convirtió en un dinosaurio, profeta sin feligresía, bestia grotesca, disco negro de acetato vencido por los compactdics.
Ídolo de la juventud, fue desleal. Su longevidad ofreció su imagen como el espanto de la carne abotagada, el testimonio de la fugacidad vital de sus contemporáneos. Terminó como el espejo entrópico donde sus seguidores se vieron a sí mismos en su triste madurez. Finalmente, el Hotel de los Corazones Rotos no era una canción, sino una verdad fatal e ineludible.
James Dean, necesario antecedente, fue más afortunado. Desde el timón calcinado de su Porsche dejó su mirada suspendida en el espacio para que la melancolía fuese la ilustración acusadora de la soledad adolescente. Con el abuelo Marlon Brando, sustentó la tesis de que las máquinas eran la compensación de la neurosis y el mundo se movió con tableteo de motocicletas y rugidos de auto sport. El cadáver de Dean sobre las arenas de California fue el corolario de una nostalgia sin pasado, vigorosa y auténtica. El Rebelde desaparecía sin haber perseguido otra causa que su desesperación atormentada.
Presley rehabitó y rehabilitó la orfandad de los jóvenes; recogió el desafío y ofreció derrumbar lo establecido con una guitarra y a golpes de cadera. Su voz elástica se unió a la estridencia para inaugurar el lenguaje muscular: A la liberación social por la liberación de los sentidos. La edad de las calcetas se columpió en sus contorsiones espasmódicas.
El Rey Criollo fue demoledor. Avasalló y vendió discos, películas e imágenes. El soul negro se amalgamó con el country para anunciar desde Nashville, Memphis y todo Tenesi, el nuevo lenguaje.
Los Beatles fueron la catarsis. La ofensiva de Liverpool llevó divisas a Inglaterra. Eran los fresas y el tránsito entre los fresas y los gruecsos, el reino de la introspección, los paisajes interiores, las drogas y las flores. La búsqueda del ser abandonó el falso triunfalismo del consumo. Al fin y al cabo, Elvis fue subsumido en el Establishment y cumplió su servicio militar en Alemania.
La marginación deliberada y la fraternidad hippie, se ofrecieron como alternativa y contrapunto a las nauseabundas guerras de Johnson y de Nixon, a la primavera de Praga y al circo electoral. Si el consumismo ha de degradar la sociedad, que se degrade sola.
Janis Joplin, Hendrix, Morrison y los Rolling tenían el Nuevo Testamento escrito en canciones viscerales, en gritos desgarrados, en una laceración emocional que se vencía, se suicidaba y se agotaba en sus propias resonancias.
Presley era un viejo al que la chamacada no dejaba envejecer. Se presentó en el Madison Square Garden ante los hijos de sus fans originales, y quiso ofrecer su repertorio renovado, compuesto por melodías y gospels, pero los adolescentes rabiaron hasta que lograron que les interpretara, otra vez, rocanroles como Hound Dog, Heartbreak Hotel, Blue Suede Shoes, Teddy Bear, Jailhouse Rock o KIng Creole, como si el tiempo se hubiese congelado desde los 60s.
Se refugió en Las Vegas en donde pudo actuar ante sus contemporáneos, más dúctiles para seguir su evolución melódica, y más condescendientes con su grotesca figura. Ante ellos, pudo lucir sus capas de lentejuelas de Batman extraviado y se dejó engordar como una vaca.
John Lennon construiría su Nirvana particular en los altos del oneroso edificio Dakota de la 5ª. Avenida de Nueva York, pero no resistió la tentación de mostrarlo al mundo, no en un acto de presunción, sino para ofrecerse como muestra de que en la cúspide de la fama se puede uno tomar algunas libertades, hasta la de cohabitar con una sombra.
Presley optó por casarse con una joven bella, fue consecuente con su escasa formación intelectual y no se asombró cuando descubrió que la muchacha tenía el corazón de plástico. No podía esperar de ella una cosa diferente cuando la cazó, casi una niña, en Alemania.
En realidad no esperaba nada. Fue empujado por los tumultos de uno a otro concierto sin comprender lo que pasaba, hasta que el anuncio conque el promotor de un pequeño teatro de provincia, quiso atajar a los multitudes ardientes que querían un último encore: Elvis has left the building, se convirtió en una profecía.
En efecto, desde hace 30 años, Elvis ha abandonado el edificio.
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