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Días de Campo, o el triunfo del Realismo Mágico

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 13 de Agosto de 2007 | Categorias: Estrenos, Melodrama, Otros países | Tiempo de Lectura: 4m 9s | Leido 352 veces.

dias-1.jpgPor mucho tiempo el cine fantástico ha luchado con sus imposibilidades para acercarse a la literatura latinoamericana, especialmente a la modalidad del realismo mágico promulgado por Alejo Carpentier, y no es que hayan faltado directores avocados a buscar sus posibilidades audiovisuales, solo que la obra de genios como Glauber Rocha o Alejandro Jodorowsky apenas han tocado los umbrales de sus posibilidades expresivas, aunque han abierto puertas nuevas para el arte cinematográfico; solo que no llevaron a la pantalla la riqueza del texto procedente de autores como Juan Rulfo, Gabriel García Márquez o el propio Carpentier.

Desde luego hay que partir de la imposibilidad real de que el cine y la narrativa escrita tengan paralelismos exactos, su naturaleza difiere en demasiadas cosas a pesar de que cine y literatura van juntas desde la aparición del medio visual, por eso es tan asombroso encontrar una película que tenga el carácter estético que atribuimos al género latinoamericano.

La película de Ruiz está dedicada a los que ahora llamamos eufemísticamente “tercera edad”, es decir, a los viejos; pero no es una película como las que acostumbramos ver sobre la vejez: llena de nostalgias dolorosas (no se si hay alguna que no lo sea), sino se desliza en esa pista resbalosa de la nostalgia por el futuro, trabaja con la imagen del destiempo, de alguita manera nos hace pensar que después de los cuarenta años de edad perdemos la capacidad de soñar, ya lo único que obtenemos al dormir son recuerdos y en vez de las pesadillas que llegan a atosigarnos antes de eso quedan remordimientos vívidos que ocupan el tiempo que no pertenece a la vigilia.

dias-2.jpgCon “Días de campo” Ruiz nos entrega la imagen de una forma de ver y vivir que enlaza cualquier tiempo, cualquier recuerdo, que reconoce el lenguaje no solamente como utilización del verbo sino del gesto, pero al mismo tiempo nos recuerda (como antes lo había hecho Antonioni) que no sirve para expresarlo todo, porque el todo comunicable rebasa el tiempo y el espacio. En las imágenes de Ruiz se percibe la lejanía de los rumores de Comala, rumores que en su caso cristalizan en las inevitables y permanentes goteras de la casa de campo, en las presencias fantasmales que negamos auque estén ante nuestros ojos, en los recuerdos nunca pronunciados que ellas significan.

Con una cámara que se mueve siempre lenta y precisamente hacia dejarnos ver lo que Ruiz quiere, el director nos va llevando por la piel y la conducta de sus personajes, nos conduce al interior del sueño intemporal de la vejez, de la creación intelectual sometida al recuerdo pero no a las trampas del dolor y la desesperación, sino a la revalidación del vivir, de la memoria con sus obsesiones, de una visión de la muerte como una suerte de continuidad de la existencia mejor que como la simple supresión de las presencias.

dias-3.jpgLo curioso es que este emigrado a fuerza de su Chile natal hacia Francia, ha cambiado tanto su identidad latinoamericana que ahora, luego de toda una vida fuera del Cono Sur, reconoce en su profundizadla inevitable marca de la cultura criolla, solo que con él sucede lo que decía Octavio paz de la distancia: le ha dado dimensión de profundidad hacia el ser de la América hispano parlante, le capacita para entender y hacer entender mejor a sus influencias literarias (García Márquez, Borges, Alfonso Reyes), pero sobre todo a cabrera infante (de quien realizó Tres tristes tigres hace años, como su ópera prima en 35 milímetros), y que, como productor posee una extraña concepción de los hispánico nuestro cuando envía una copia de su película con subtítulos en francés:”..porque piensa que el español de los chilenos no es accesible para los mexicanos…” Según declaró la representante de su distribuidora (Canela Films) al anunciar la exhibición por acá de la cinta.

La nota extraña es justamente la realización de estos subtítulos, que lo hacen a uno que reflexiones acerca del subtitulaje como fuente de incomunicación: hay más distancia entre el francés mondado que traduce sus diálogos en “chileno” que lo que resulta incomprensible para las formas mexicanas (y colombianas, y bolivianas, y argentinas) de habla, hace que cada vez más veamos que la globalización tiene retos que no habrán de ser superados. Que bueno que la película de Ruiz (que dejó el Raúl españolizado en vez del Raoul Franco, para su crédito en esta cinta) desdiga con imágenes, ritmo y fotografía los prejuicios globalizadotes de la uniformidad imposible que buscan otras cinematografías y otros directores menos auténticos.

“Días de campo”. D. Raúl Ruiz. Con: Marcial Edwards-Mario Montilles (Don Federico), Bélgica Castro (Paulita), Ignacio Agüero (Daniel Rubio). Guión: R. Ruiz. CHIL/FRAN. 2004.

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