Dunas, ayer y hoy el inevitable mesianismo.
Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 17 de Julio de 2007 | Categorias: Ciencia Ficción, Cine Norteamericano, Que ver en TV | Tiempo de Lectura: 13m 20s | Leido 790 veces.La obra de David Lynch es en sí polémica, sin embargo el director estadounidense (que también es narrador, actor, productor y hombre equipo para cine) resulta uno de los más disfrutados y disputador autores de “cine de culto”, cualquiera que sea el significado de ese término fuera del mercado; sin embargo una de sus películas ha sido satanizada por el público: “Dunas”, la película monumental que realizó casi enteramente en México durante los años de intercambio entre Churubusco y Hollywood, y que fue de las primeras con que se ensayó el estreno simultáneo en todo el planeta.
La historia de la lucha entre las familias Harkkonen y Atreides por el dominio del sector productivo del Imperio Galáctico del Padisham Shaddam IV, resulta un ejercicio de afición por el género en la novela original de Frank Herbert, y en pantalla es toda una prueba de realización y sostenimiento para la atención del público, sin embargo por escrito es mucho más fácil de digerir si la consideramos una de las clásicas novelas de aventuras por entregas del siglo XIX, y de hecho se parece mucho a la obra de Miguel Zévaco, pero en una sola sentada dentro del vientre oscuro de las salas resulta excesivo para cualquier espectador, tal vez eso fue determinante para las fallas en taquilla, que no en la puesta en pantalla.
En la época de las series televisivas la realización de “Dunas” resulta más convincente, y de hecho ha sido mucho más productiva, especialmente en las manos del director John Harrison, pero no puede ser descartado el trabajo de Lynch, que originalmente fue realizado para el medio electrónico, aunque cristalizó en el cine.
La verdad es que por la pantalla menor la obra recupera un poco su espíritu de relato aventurero, y solo hay que lamentar que su reparto no sea tan brillante como el de cine, aunque no desmerezca en nada la actuación de William Hurt en vez del Sensacional Jurguen Pochnow como el jefe original de la casa de Atreides, aunque si lamentamos la ausencia de Sting y Kenneth McMillan como los villanos Harkkonen, lo mismo que la sustitución de Patrick Stewart por P.H. Moriarty como Gurney Hallek, el defensor personal de los Atreides en la lucha por la supremacía para el comercio de la extraña especia del desértico planeta Arrakis.
En el fondo la película es incomprendida por sus novedades en ciencia-ficción, su proposición de viajar por el espacio-tiempo utilizando una raza de gusanos que emplean la “especia” como vehículo para romper las leyes físicas se deriva del concepto, nuevo para entonces, de los agujeros de gusano en astrofísica, y la validez que impone Herbert en su concepto era una forma de aproximación al concepto físico matemático que, de todas formas resulta intraducible a lenguaje llano, por más que pueda uno comprenderlo o no; el asunto es que en torno a este método hipotético de viajar venciendo las barreras de tiempo y espacio es el verdadero centro de la acción, pero Herbert metió una subtrama dramática que denunciaba el poder del pensamiento fundamentalista islámico y un homenaje a la Hégira del profeta.
Pero no es solamente una parábola de la historia antigua del Islam, sino una reevaluación del Islam moderno, ese que en Mu’ammar al-Qadaffi (Muhamar Kadafi para los occidentalizados) persigue y entrona al panarabismo de Gamal Abdel Nasser en el norte de África, que en el proceso de algunos años convirtió a Libia en una potencia del desierto llevando los sistemas más costosos de irrigación y cantidades industriales de agua (transportando iceberg hasta Libia) y promoviendo un nacionalismo árabe que hoy es el dolor de cabeza mayor para occidente y en especial para los EUA.
Desde esta perspectiva Kadafi se convirtió en la punta de lanza del Islam contra la falta de equidad por parte de los países de Europa y América hacia los árabes, y su mayor crimen fue alentar las luchas libertarias de facciones extremistas que encontraron refugio en su país, por lo que el régimen de Ronald Reagan realizó bombardeos a Trípoli y Bengassi como una acción antiterrorismta que continúa hasta hoy en otras partes. La novela de Herbert nos remite a esta historia reciente de manera hiperbólica, pero también a las relaciones entre Oriente y Occidente como un eje troncal de nuestra humanidad que jamás exploramos, que apenas descubrirán las nuevas generaciones a través de obras como la de Orham Pamuk y otros autores “occidentalizados” por el mercado editorial.
En realidad la obra de Herbert se refiere al periodo crucial de interrelación entre árabes y cristianos durante el renacimiento mediterráneo, justamente la parte mejor escrita por Emilio Salgari (“El Capitán Tormenta” y El León de Damasco) haciendo la crónica de las intrigas cortesanas en contraste con el heroísmo de los caballeros en ambos bandos, justamente el modelo que toma Herbert para desarrollar la trama de “Dunas” y sus secuelas.
La narrativa de Frank Herbert se encuentra imbuida en el estilo característico de la Fantasía Heroica aplicado en la Ciencia-Ficción: la revalidación de una terminología y estructura propias de los mitos y leyendas antiguos a una realidad sui géneris, solo que este autor traslada el estilo de un pasado supuesto (los “tiempos Hiborios” inventados por Robert E. Howard en la serie de novelas “Conan”) a un futuro que proyecta su momento histórico y social; justamente el crecimiento del fundamentalismo islámico que se gestaba al final de los años sesenta en el régimen egipcio de Nasser y tenía la pretensión de reconocimiento en todo el mundo: este es el mundo de Arrakis y el culto al Muad’dib Atreides.
Quizá esta fue la razón principal para que David Lynch se avocara a realizar la adaptación audiovisual de la principal novela del periodista y fotógrafo Herbert, trabajo que perdurará más allá del cine hasta las series televisivas posteriores, sin embargo será con la película producida por Rafaela De Laurentiis donde Lynch ensayará el estilo individual que habr´ça de onvertirlo en un director de “culto”.
La búsqueda para convertir conceptos surgidos del trabajo con el lenguaje verbal en imágens visuales será la principal caacteerñística del trabajo de David Lynch, ya desde “El Hombre Elefante” y “Cabeza Borrada”, el trabajo de Lynch resulta un esfuerzo difícil de comprender en busca de que las emociones sean expresadas en imágenes, así sea en su trabajo de ficción o en los documentos que elabora para complemento de sus filmaciones (como las entrevistas para “Twin Peaks”, en DVD), pero a partir de “Dunas” ese trabajo se transforma en una obsesión cuyo primer gran logro es la desconcertante “Terciopelo Azul”, donde lo cotidiano es explorado hasta profundidades insospechadas convirtiendo un relato policiaco en ua verdadera obra de fantasía aterrorizante que nunca abandona la distancia de lo cotidiano, sino le abre nuevas perspectivas insospechadas.
En “Dunas” esta labor desataca por sus referencias continuas al mundo verdadero del actuar y la ideología del líder libio Kadafi, pero solamente como una introducción a la mirada poco inocente hacia el mundo del Islam que desenvolvía sus conceptos religiosos y políticos en vías a inundar el mundo, como la Intifada y la Yijad, los movimientos bélicos cuya extensión ha provocado ahora la movilización ante el terrorismo sin rostro, que en aquellos años se comenzaba a adjudicar al panarabismo que reclamaba sus territorios e intereses enajenados por las potencias occidentales.
El reto mayor para llevar a imagen “Dunas” debe haber sido decidir entre la película de corte político y la cinta de acción, Lynch parece haberse decidido por la segunda pero sin desentenderse de lo político, solo que la concentró en los aspectos palaciegos del entrenamiento y educación de Paul Atreides (Kyle McLachan) y la rivalidad de Dama Jessica (Francesca Annis) y la Reverenda Madre Ramallo (Silvana Mangano) por el control de la orden femenina de las Bene Gesserit, así como en las contradicciones entre el emperador Padishah (José Ferrer) y los miembros inhumanos de la Hermandad de la especia.
Verdaderamente la película hubo de enfrentar serios problemas de comunicación por la novedad y densidad del tema creado por Herbert, las tres horas de proyección fueron totalmente insuficientes para recrear el ámbito de tensión bélica y política de la novela, Lynch hubo de recurrir a una riqueza visual que a ratos resulta inexplicable por lo abigarrado de los temas entreverados de la formación del Mesías de Dune (Paul Atreides), la lucha feminista de las Bene Gesserit, la intriga palaciega involucrando a las familias Atreides, Harkkonen y al propio emperador Padishah más los transportadores de la Hermandad, por otra parte la novela centra su atención en el hecho de que se trata de un planeta desértico que habrá de ser convertido en un vergel merced a la acción del Muad’dib, y entonces el final en que la lluvia llega por primera vez al planeta como premio al triunfo de la revolución, se transforma en un recurso cursi e incomprensible, especialmente porque con ello llega el fin que solo se explicará hasta las novelas subsecuentes.
De hecho el mérito de la serie televisiva es justamente abordar la mayoría de los asuntos soslayados por la película, abundar en detalles para los que el tiempo de televisión daba lugar, solo que el lenguaje de Herbert se volvió a contraponer con las posibilidades en imagen, al menos para lo que realizó finalmente John Harrison, y en especial parece haber padecido la carencia de estrellas de la talla suficiente para enriquecer el gigantesco drama espacial: se extraña sobremanera la actuación de Sting e Ian McNeice como los Harkkonen, de Silvana Mangano para la Monja psíquica, mientras que Alec Newman no alcanza el brillo de Kyle McLachan como Paul Atreides , aunque en “Los Niños de Dune” supera la imagen propiciada por la novela con una actuación especialmente lúcida bajo la dirección de Grez Yaitanes, y el papel de Sean Young como la consorte Chani apenas resulta cubierto por Barbora Kodewtová, aunque en Los niños de Dune despliega una sensualidad que ni siquiera el propio Herbert pudo describir tan bien como las imágenes de Yaitanes.
Otro asunto que ha de ser considerado es la utilización de los efectos visuales, que en el caso de la película fueron realizados en parte desde la filmación misma en los Estudios Churubusco de México, a cargo de Antonio Beltrán y con digitales a cargo de Joseph Halin y Jim Healy, y la concepción de imagen para pantalla gigante por Lynch estuvo viciada por el marco del glamour, del predominio de lo nuevo como señal de futurismo, recurso poco convincente que Harrison compensó en la televisión dándole a todo un aspecto de viejo y usado que atrapa mejor al espectador.
Desde luego que estos méritos corresponden mejor al trabajo de Miljen Kreka Kljakovic y Theodor Pastek en el diseño de producción y de vestuario, que sustituyeron a Benjamín Fernández y Bob Rigwood, que habían actuado bajo las órdenes de Rafaella DeLaurentiis trabajando en México; sin embargo no es tan solo un asunto referido a mejorías superficiales, sino a formalidades que transforman lo profundo del tema, especialmente para acentuar la calidad política como trasfondo de las acciones propuestas.
Porque realmente se trata de eso: el tema central de la serie literaria de Dunas trata del poder: de la política y su sostenimiento. La obra de Frank Herbert fue considerada por muchos como el inicio de una “novela ecológica”, principalmente en función del cambio climático con que premia a los combatientes la revolución de Arrakis, pero en el fondo había una preocupación política más trascendental en Herbert: la proliferación de los fundamentalismos, la expansión del pensamiento religioso hacia las esferas ganadas a la religión en la evolución de la política, que en los años sesenta apuntaba hacia un retorno a la teocracia primero desde el Islam y después expandiéndose en la inquietud religiosa tanto en Oriente como en occidente.
Ciertamente que el tiempo dio razón al escritor por cuanto a sus temores, y la única unificación posible de los árabes se dio en torno a la Guerra Santa, la Yijad Islámica, cuya prueba mayor fue el embargo petrolero de los años setenta, sin embargo el ciclo de Dunas tenía como finalidad explorar los vericuetos del poder, la psicología de quines lo sustentan, así como sus motivaciones en una forma novedosa por tratarse del gobierno de multitudes inmensas (un imperio galáctico, en este caso).
Por ello Lynch hizo tanto por destacar la naturaleza brutalmente renacentista de los Harkkonen y el maquiavelismo de los Atreides, solo que el valor de su significado se perdió en el maremagno de la acción; por eso estaba pensada para serie de televisión desde un principio; en la actualidad el ciclo se reduce a una dupla (Dunas y los niños de Dunas), quedando fuera de la pantalla los análisis psicopolíticos (si se me permite el neologismo) acerca de las familias y el emperador que basa su gobierno en la organización religiosa (colocada en conflicto por sus facciones) que provoca como el Mesías interplanetario, y una burocracia parásita que ocupa sitios intermedios donde la fe no puede operar efectivamente.
La serie visual es asequible en DVD, y en cuanto a las novelas la obra de Herbert comprende Dunas (1966), El Mesías de Dune (1969), Los Hijos de Dune (1976), Dios emperador de Dune (1981), Los herejes de Dune (1984) y La casa capitular de Dune (1989), que en su mayoría están publicados en español por Plaza y Janés, aunque por su extensión y abundancia en el mismo tema me parecen adecuados solamente para los fanáticos de la ciencia-ficción.
Dunas. (Dune). D. David Lynch. Con. Francesca Annis, Kyle McLachan, Sting, Patrick Stewart. Guión: David Lynch basado en la novela de Frank Herbert. EUA. 1984.
Dunas. (Dune)(TV). D. John Harrison. Con: William Hurt, Alec Newman, Saskia Reeves, Matt Keeslar, P.H. Moriarty. Guión: J. Harrison, basado en la novela de Frank Herbert y el guión para TV de D. Lynch. EUA/CAN/ITAL/ALEM. 2000.
Los hijos de Dunas. (Children of Dune). D. Grez Yaitanes. Con. Alec Newman, Julie Cox, Ian McNeice. Guión: John Harison, basado en la novela de Frank Herbert. EUA/ALEM. 2003.
Hombre elefante, El. (The elephant man). D. David Lynch. Con: Anthony Hopkins, John Hurt, Anne Bancroft. EUA/GB. 1980.
Cabeza borrada. (Eraserhead). D. David Lynch. Con: Jack Nance, Chjarlotte Stewatr, Jeanne Bates. EUA/GB. 1978.
Reparto agregado: Paul Atreides: Alec newman.
Edward Atterton: Duncan Idaho.
James Mcavoy: Leto Attreides II.
Alice Kinge : Lady Jessica Atreides.
. Barón Vladimir Harkkonen- Ian McNeice.
FX: Dune,cine: Anthony Withlock; TV, Gary Beech y Russell Johnson. John Baker y Antonio Beltrán, encargados de los efectos especiales en estudio (Churubusco), mientras para el 2000 Joseph Halin y Jim Healy se encargaron de los efectos digitales.
Dunas. (Dune). D. David Lynch. Con. Francesca Annis, Kyle McLachan, Sting, Patrick Stewart. Guión: David Lynch basado en la novela de Frank Herbert. EUA. 1984.
Dunas. (Dune). D. John Harrison. Con: William Hurt, Alec Newman, Saskia Reeves, Matt Keeslar, P.H. Moriarty. Guión: J. Harrison, basado en la novela de Frank Herbert y el guión para TV de D. Lynch. EUA/CAN/ITAL/ALEM. 2000.
Los hijos de Dunas. (Children of Dune). D. Grez Yaitanes. Con. Alec Newman, Julie Cox, Ian McNeice. Guión: John Harison, basado en la novela de Frank Herbert. EUA/ALEM. 2003.
Reparto agregado: Paul Atreides: Alec newman.
Edward Atterton: Duncan Idaho.
James Mcavoy: Leto Attreides II.
Alice Kinge : Lady Jessica Atreides.
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