Veronica Lake: La Chica del Peinado del Siglo”
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 9 de Julio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 7m 8s | Leido 980 veces.
La publicación de la nota sobre James Dean fue motivo para sostener una amena charla, con el cinéfilo y comunicólogo René Magaña, sobre varios aspectos del cine y en particular la influencia del mismo, para imponer, en un momento determinado, modas y costumbres, tal y como sucedió con Dean y su famosa chamarra, al igual que su peinado, tan imitado por los jóvenes de los años cincuentas.
Y fue precisamente esto lo que nos llevó a recordar a Verónica Lake, quien logró la preferencia del público y se encumbró como una de sus favoritas, en los años cuarentas, gracias a su peculiar peinado platino que le cubría parte del lado derecho de su rostro, con su largo y blondo cabello.
Su peinado, conocido como PEEK-A-BOO-BANG, fue tanto motivo de su ascenso en el estrellato como el que se hundiera en el anonimato. Al estar basada su personalidad en un “estilo físico intransferible, tuvo problemas para mantenerse, ya que en un momento determinado el Departamento de Guerra de Estados Unidos exigió a la Paramount obligar a la actriz ha modificar su peinado, porque entrañaba un serio peligro en las fábricas de armamentos, operadas -en su gran mayoría- por mujeres durante la Segunda Guerra Mundial.
El problema consistía en que las operarias, al peinarse igual que la actriz, corrían graves riesgos de que su pelo quedara atrapado entre los engranes de alguna máquina, con lo cual podían y mejor dicho se llegaron a provocar accidentes, con fatales consecuencias para las seguidoras de Verónica Lake.
En rigor este hecho anecdótico es lo que le da una cierta trascendencia al paso de Verónica Lake por el cine, al mostrarnos la fuerza del medio para imponer determinadas modas en el vestir y el arreglo personal de los espectadores.
De otra manera el encumbramiento de la actriz sería sólo recordado como el de una más, entre tantas, que en un momento tuvieron el cetro de la popularidad cinematográfica y tan rápido como se elevaron, cayeran en el más atroz anonimato, tal y como sucedió con esta actriz, quién a causa de una hepatitis murió en la ciudad de Burlingten, el 7 de julio de 1973. Su verdadero nombre era Constance Frances Marie Ockelman y nació el 14 de noviembre de 1919, en Brooklyn, Nueva York. Su padre era de origen germano-danés y era trabajador de los muelles de Brooklyn.
Verónica Lake debutó en el cine en 1939, en calidad de extra, en una comedia de la RKO titulada “All Women have secrets”, usando el nombre de Constance Keana, el cual fue cambiado por la Paramount en 1941, cuando la contrató en exclusiva y la lanzó a la fama en el filme “Vuelo de Águilas” (I wanted wings) al lado de William Holden y Ray Milland.
Su primer éxito lo tuvo en 1942 en la extraordinaria comedia “Por Meterse a Redentor” (Sullivan’s travels) de Preston Sturges y en el papel protagónico Joel McCrea. Ese mismo año realizó otra de sus recordables actuaciones en el género de las comedias en “Me Casé con una Bruja” (I married a witch). Se trata de una de las “obras menores” que realizara el gran director francés René Clair, durante la época en que estuvo en Hollywood, a causa de la ocupación nazi de Francia. Verónica Lake interpretaba a una angelical y seductora bruja, que supuestamente había sido quemada en el siglo XVII, en Salem y la cual a través de los siglos había ido reencarnado, hasta llegar al presente, cuando se enamoraba de un candidato a gobernador, interpretado por Frederic March, al cual ayudaba a obtener el triunfo, al tiempo que perdía sus poderes mágicos al encontrar el amor. “Me casé con una Bruja” sirvió de inspiración para una popular serie de televisión en los años sesentas.
Y aunque dio buenas muestras de su capacidad para la comedia, sin embargo donde más lució su estilo de VAMP o de mujer fatal fue en el género de los filmes negros o policiacos como “Una Alma Torturada” (This gun for hire), “El Hombre que Supo Perder” (The glass key) la cual en televisión suele pasar con el título de “La Llave de Cristal” y “La Dalia Azul”, llevando en ellos de co-estrella a Alan Ladd.
Todas estas cintas motivaron el siguiente comentario hacia la actriz por parte del crítico John Russell Taylar en “Film and Filiming”, “¡Ah, cuánta tensión podía aportar por aquella voz extrañamente ronca, por el provocativo SWING de sus hombros, hasta alcanzar la culminación, en un momento apoteótico: Cuando los dedos dejaban de lado la melena rubia, que le ocultaba medio rostro, y revelaban la gloria de unos ojos brillantes y enormes, las mejillas ligeramente hundidas, los labios rudamente perfilados, que marcaban el apogeo del GLAMOUR de la década…”.
Fue precisamente su estilo de VAMP lo que sirvió de inspiración a James Ellory autor de la novela “L.A. Confidencial”, llevada al cine por Curtis Hanson en 1997, para darle a su personaje de la prostituta Lynn Bracken, cuyo atractivo para sus clientes era el de parecerse a una determinada actriz y así hacer efectiva su fantasía erótica de hacer el amor con su “estrella” favorita. Kim Bassinger consiguió una convincente caracterización de la prostituta doble de Verónica Lake, logrando obtener el Oscar de Mejor Co Actriz por su desempeño en ese estupendo filme de “cine negro”, que perdió la estatuilla de Mejor Película, ante la sobrevalorada “Titanic”.
Efectivamente, Veronica Lake fue estrella de una década en la cual filmó 28 películas y sólo recordables junto a las ya mencionadas, la policíaca “Yo la Maté” (The hour Before the dawn); el entretenido western “La Venganza de Ella”’ (Ramrod) dirigido por André deToth, quién fuera su marido por espacio de algunos años; las aventuras exóticas en “Saigón”, al lado, una vez más, de Alan Ladd y; quizás también pueda verse “Huracán de la vida” (Slattery’s hurericane) con Richard Wildmark de su galán, quién era un piloto e investigador del clima, en que para la fecha de su realización, allá por 1949, nos impresionaba con sus escenas del avión entrando en el ojo de un huracán, como parte de la investigación de dichos fenómenos; pero seguramente con los ojos de un espectador actual, saturado de discovery channel y similares, ya no resulte ni novedoso, ni emocionante la labor del personaje de Richard Widamark.
En realidad la actriz rodó muy pocas que se salieron de los lineamientos de las producciones clase “B”, a pesar de haber sido la estrella más popular de la Paramount durante la guerra. De allí que Verónica, como ninguna otra diva de su tiempo, nos sirva de claro ejemplo de la irresponsable explotación de un sistema despiadado, como es el de Hollywood, el cual no tiene empacho en reducir de manera total a un ser humano a símbolo más que provisional para satisfacer durante un breve tiempo las ofertas y demandas que decretaron el “estilo” Verónica Lake, sin importarle lo que le hacían al ser concreto, al cual una vez que ya no tuvo demanda en el mercado lo desecharon fácilmente, dejándola hundirse en el alcoholismo y en el más oscuro anonimato. Después de sus años de gloria, su caída llegó al extremo de que en los años sesentas, trabajaba de mesera en una cafetería.
En esos mismos años sesentas salió, momentáneamente, del anonimato al publicar su autobiografía, en la cual de manera ecuánime y lúcida describe sus años de apogeo, que también fueron de humillación y explotación por parte de la Paramount. Pero volvemos a repetir, Verónica Lake sólo será recordada en la arqueología de Hollywood como “LA CHICA DEL PEINADO DEL SIGLO”. Y no por sus películas o por sus desgarradoras memorias que terminan de forma irónica y patética con la frase: “¡LARGA VIDA AL CABELLO CORTO!”.
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