“Le bastó estar allí para que el mito prosperase: la leyenda de una belleza que se dirigía directamente a lo clásico, a los orígenes mismos de toda noción del equilibrio. Aunque sus papeles estuviesen perdidos en la mediocridad del siglo, Ava representó la sublimidad de la belleza en la idea y en la forma”.
Terenci Moix.
“Sin intentarlo era una mujer muy sexy. Todo lo que tenía que hacer eran entrar en una habitación”.
Arlene Dahl.
A los diez años contemple, admire y me excitó el magnetismo sexual que irradiaba la presencia de Ava Gardner, en ese momento estaba en el esplendor de su belleza física y pude captar de forma visible la diferencia entre una chica atractiva y una mujer que transpiraba erotismo, al grado de provocar sueños eróticos a los espectadores, que la hicimos uno de los grandes sex-symbols y una de las máximas estrellas de la historia de la MGM, a pesar de una filmografía compuesta por cintas en las cuales domina la mediocridad y sólo unas seis o diez de ellas, entre cincuenta y siete títulos, merecen ser recordados como algo más que meros vehículos para el lucimiento de la actriz.
Ava Lavinia Gardner nació el 24 de diciembre de 1922, en el pequeño poblado de Brogden, Carolina del Norte y murió el 25 de enero de 1990. Fue la última de los siete hijos de Mary Baker Gardner. Creció en el seno de una familia de granjeros de escasos recursos y Ava tenía que ayudar a recoger tabaco en el campo. Al sobrevenir la Gran Depresión de 1929, se marchó, junto con sus padres a Newport, New Virginia, en donde pusieron una casa de huéspedes, atendida por ella y su madre, pues sus hermanas mayores ya se habían casado y el padre, al poco tiempo de llegar a Newport, cayó enfermo, con una infección de pecho, que no le permitía bajarse de la cama, hasta que murió un año más tarde.
La madre mantenía un rígido control sobre la hija, conforme iba creciendo y su cuerpo adquiría la silueta escultural, junto con sus atractivos ojos verdes, cabellos castaños, pómulos prominentes y labios sensuales que le abrieron las puertas de Hollywood. Ava recordaba que la primera cinta que vio fue “Tierra de pasión” (Red dust, 1932) con Clark Gable y Jean Harlow, sin saber que veinte años después haría el papel de Kelly, justamente al lado de Gable en el remake de dicho filme titulado “Mogambo” (Mogambo, 1953).
En el verano de 1940 al pasar unas vacaciones en Nueva York, con su hermana mayor Bappie, quien vivía con su esposo el fotógrafo Larry Tarr, le hizo una serie de fotos para promocionar su estudio, las cuales puso en el escaparate y un año más tarde se las mostró al buscador de talentos de la MGM Ben Jacobson, quién consiguió la autorización de Howard Dietz, jefe de publicidad de la MGM para hacerle una prueba. Al oírla hablar con su acento sureño, decidieron fuera sin sonido, una vez que consultaron con Marvin Schenck, quién estaba a cargo de los buscadores de talentos. La impresión de la prueba, según la narraba Schenck y la retoma Jane Ellen Wayne en su libro “Los Hombres de Ava” es esta: “Fue desastrosa. Terrible. Pero de cualquier modo vimos la prueba y nos dejó sin aliento. Se veía torpe e incómoda, pero todos queríamos acostarnos con ella. ¡Que mujer!”.
La prueba se mandó a Los Angeles y se tuvo una opinión similar. Se les ordenó la enviaran a la costa oeste, donde le harían un nuevo estudio. Ava llegó a Hollywood el 23 de agosto de 1941 y realizó la prueba con sonido, bajo la dirección de George Sydney. Cuando vio la demostración Louis B. Mayer señalo, palabras más o menos: “no sabe hablar y no sabe actuar, pero es sensacional. Mándala a estudiar durante un año y le repetimos la prueba”. Le dieron un contrato de 50 dólares semanales, por siete años, con evaluaciones semestrales y opción a renovarlo o cancelarlo a criterio del Estudio, tal y como se estilaba en la época.
En la primera semana en la MGM durante un recorrido, llegó al set de “Música y Juventud” (Babes on Broadway) en el momento del rodaje de la escena donde Mickey Rooney hacía una imitación de la explosiva brasileña Carmen Miranda, con todo y su enorme sombrero adornado de frutas tropicales. Fue presentada con Mickey, quién desde ese momento la asedió hasta lograr casarse con ella el 10 de enero de 1942. La actriz en su libro de memorias “Ava mi vida”, relata sus temores y prejuicios ante el sexo en su primera noche, ya que su madre, como buena provinciana, nunca había hablado sobre ello al respecto. Por su parte Rooney declararía con manifiesto orgullo su gran satisfacción de ser el primer hombre en “poseer” a la diosa sexy Ava Gardner, al comprobar que era virgen.
El matrimonio fue un desastre desde el inicio. Mientras Ava se hubiera resignado a ser ama de casa y olvidarse de su carrera cinematográfica, Mickey sólo reconocía una obligación para con su esposa: el compartir su cama: el resto del tiempo se lo pasaba filmando o en compañía de sus amigos jugando golf y de parranda con otras mujeres. El divorcio se le concedió el 21 de mayo de 1943, coincidiendo, ese mismo día con la muerte de la madre de la actriz que padecía un cáncer desde meses antes.
Mickey en ningún momento influyó para que la MGM le diera algún papel y el estudio no le dio trato especial, ya que primero querían siguiera aprendiendo, sobre todo, a hablar bien y quitarse el fuerte acento sureño con sus clases de dicción que le daba la maestra Gertrude Vogeler, quién fuera caricaturizada estupendamente por Gene Kelly y Stanley Donen en la siempre recordable secuencia de “Cantando en la lluvia” de enseñanza de dicción.
Después de su separación de Rooney inició una relación con Howard Hughes. En su autobiografía afirma sólo haber sido buena amiga durante toda la vida del excéntrico multimillonario, quién solía reconocer que siempre le había intrigado que tanto Katherine Hepburn como Ava Gardner rechazaron todas sus propuestas matrimoniales, mientras un sinfín de estrellitas hacían lo indecible con tal de atraparlo.
Lana Turner y Ava Gardner fueron amigas, casi inseparables, desde que llegó a Hollywood la sureña y aunque Lana no le presentó a su exesposo, el músico Artie Shaw en 1945, la relación no se marchitó a consecuencia de Ava casarse con Artie el 17 de octubre de ese año. Todo indica que aparte de ser muy inteligente, Artie era muy conflictivo en sus relaciones sexuales. Presumía de intelectual y se burlaba de Ava porque sólo hubiera leído un libro en su vida: “Lo que el Viento se Llevó” de Margaret Mitchell, amén de ordenarle que se callara, debido a su ignorancia, cuando estaban en reuniones con intelectuales, haciendo hincapié en haberse casado con ella por su belleza y cuerpo, pero no por su cerebro. Obviamente le matrimonio no duro mucho tiempo, al separarse en 1946.
Según una amiga intima, la relación con Artie le produjo una especie de quiebre o giro en su conducta a la actriz. Se tornó agresiva en su relación con los hombres, como si buscara desquitarse de ellos. Era fornicar y salir corriendo. Solo sexo y risas, como lo señala Jane Wllen Wayne en su libro ya citado. En el invierno de 1946 se veía, prácticamente al mismo tiempo, con Fernando Lamas, Peter Lawford, Mel Torme y John Huston. Igualmente su afición al la bebida s empezó a ser notoria.
En su autobiografía Ava nos relata “En el período comprendido entre 1941, cuando llegue a Hollywood, y 1946, cuando rodé “Posada Sentimental” (Whistle stop) y “Los Asesinos” (The Killers), aparecí en diecisiete películas. Nadie se dio cuenta. Las películas no eran memorables, que digamos y necesitarías una lupa para verme”.
Y efectivamente sería hasta que hizo “Posada Sentimental” o “El Truhán como se conoció en México “Whistle stop” dirigida por Léonide Moguy, la cual a pesar de ser una mala película al ser proyectada en un preestreno de prueba en un cine de Pomona, el público masculino respondió con gran entusiasmo a las fogosas escenas entre George Raft y la actriz. Ava, con sus labios abiertos acercándose provocativamente a los de Raft. Igualmente tuvo una escena trayendo solamente una bata de seda, delineando su escultural cuerpo, dejando poco para la imaginación calenturienta de los espectadores. Así, después de 17 filmes, en el 18, gracias a los buenos oficios de Moguy, no tuvieron necesidad los espectadores de una lupa, para distinguir a Ava Gardner en “Posada Sentimental”.
Después de trabajar como productor asociado, en la Warner Brothers, al lado, principalmente, de Hal Wallis, el columnista y guionista Mark Hellinger decidió probar fortuna como productor independiente en la Universal, con una adaptación del cuento “Los Asesinos” de Ernest Hemingway. Hal Wallis le ayudó “prestándole” a su recién contratado descubrimiento Burt Lancaster y como había visto “Posada Sentimental” consideró estaría perfecta Ava Gardner en el rol de Kitty Collins, la chica que causaba la perdición del exboxeador “El Sueco”. En un principio la MGM se rehusaba a ceder a la Gardner, pero después de comprometerse a que la utilizaría por lo menos seis semanas, pagándole al estudio 1.000 dólares semanales, aceptó participará en “Los Asesinos” (The Killers, 1946), bajo las órdenes de Robert Siodmak, siendo la cinta que encumbró a sus protagonistas Ava Gardner y Burt Lancaster.
Y si bien Ava había dicho no querer ser un sex-symbol, sino una actriz, será a partir de esas dos cintas que se fue moldeando su personaje y personalidad, deviniendo en uno de los máximos objetos sexuales del cine americano de los años cuarenta y cincuenta, sin que a la mayoría del público le importaran sus capacidades histriónicas, frente a esa belleza que personificaba, conforme a las gacetillas de la época, la imagen hecha carne del sexo devorador.
A partir de allí comenzaron los buenos papeles para Ava en la MGM o por lo menos que la pusieran al lado de las grandes estrellas ya consagradas del estudio como Clark Gable en “Mercader de Ilusiones” (The hucksters). Más tarde haría en 1948 “Venus Era una Mujer” (One touch of Venus). Se trata de una comedia tonta, en la cual una estatua de la diosa Venus de Anatolia, cobraba vida, gracias al beso que le daba el superintendente de la tienda (Robert Walker) en que estaba en exhibición. La cinta resultó un fracaso en su estreno, pero pronto se corrió la voz que cuando “adquiría” vida la estatua, Ava sólo estaba cubierta por una ligera túnica que dejaba poco a la imaginación, convirtiéndose así en un triunfo para la Gardner su participación en esta cinta camp, cuando paso a formar parte de los programas dobles. Para no variar sostuvo durante la filmación un tórrido romance con su coprotagonista Robert Walker, teniendo un desenlace desagradable debido a la conducta violenta del actor, provocada por su alcoholismo.
Siguió “Soborno” (The Bribe) en donde era una cantante de un cabaretucho de mala muerte, perdido en un país imaginario de Centroamérica, la cual se enamoraba de un agente federal interpretado por Robert Taylor, con el cual, para variar, tuvo un romance extra cámaras.
“El Gran pecador” (The Great Sinner) basada en la obra “El Jugador” de F. Mijailovich Dostoyevski, a pesar de estar dirigida por Robert Siodmak y participar en ella Gregory Peck, Melvyn Douglas y Ethel Barrymore fue un completo desastre, yéndole un poco mejor, en cuanto a resultados en taquilla, en su siguiente cinta “Mundos Opuestos” (East Side, West Side), regular melodrama en donde, una vez más, era una cantante que trata de seducir a James Mason, casado con Barbara Stanwyck.
A finales de 1948 Ava comenzó a andar con Frank Sinatra, a quién había conocido en 1946 cuando él salía con Lana Turner y en algunas ocasiones los acompaño la Gardner en sus correrías. Frank y Ava se casaron el 7 de noviembre de 1951. Su relación fue intensa y tormentosa, plagada de un sinnúmero de encuentros y desencuentros, con pleitos violentos y reconciliaciones apasionadas, antes y después de su matrimonio y cada uno opinaba que el otro era el amor de su vida, pero también sabían que no podían vivir demasiado tiempo juntos. (En una ocasión en que estaban distanciados, Frank fue a buscar a Ava, con la intención de reconciliarse, pero al llagar a la casa y encontrarla con Lana Turner, quién a su vez andaba huyendo del asedio de Fernando Lamas y había estado casada, al igual que Ava , con Artie Shaw, así como amante de Sinatra, se agudizó la pelea al acusarlas –Frank- de estar “comparando sus notas” sobre el comportamiento de sus hombres, destruyendo, el cantante, el mobiliario de la sala, pero sin llegar a golpear, en esa ocasión, a las mujeres.
En 1950 filmó para la RKO “Odio y Orgullo” (My Forbidden Past) al lado de Robert Mitchum, sin mayor pena que gloria. Ese mismo año marchó a España, por primera vez, a filmar “Los Amores de Pandora” (Pandora and the flying dutchman), cinta pretenciosa y fallida de Albert Lewin.
Fuera de los sets el rodaje de “Los Amores de Pandora” implicó su enamoramiento de España, la cual, con el paso del tiempo, se volvería uno de sus lugares favoritos de residencia. Tuvo un “desliz” con el lidiador catalán Mario Cabré, que en la cinta hacía, obviamente, el papel de torero. En su autobiografía la actriz confiesa que después de una noche de parranda, al despertarse se encontró en la cama junto a ella, a Mario: “Fue la única vez y no hubo más. Pero no importaba. Mario estaba dispuesto, resuelto, y era más que capaz de anunciar su buena fortuna a los cuatro vientos”. Efectivamente Cabré se puso a conceder entrevistas, como si repartiera derechazos y naturales en el ruedo, declarando su pasión por Ava y lo bien que la pasaban juntos.
Al mismo tiempo en la MGM se preparaba el relevo de Louis B. Mayer por Dore Schary, un ejecutivo menos paternal y mojigato que Mayer, el cual al tomar las riendas del estudio entró en contacto con Ava, pues quería darle un impulso a su carrera, al considerar no se le había prestado la atención debida a su potencial taquillero. Schary le dio el el rol de la mulata “Julie Laverne”, en el remake de la novela – río de Edna Farber “Magnolia” (Show Boat), a pesar de en un principio pensó en Dinah Shore o Lena Horne, pero el director George Sidney insistió que el papel estaba a la medida de Ava Gardner y no se equivocó, pues aunque los protagónicos eran la edulcorada pareja de Kathryn Grayson (Magnolia) y Howard Keel (Gaylord Ravanel), quién brilla intensamente en esa comedia musical es Ava. La actriz grabó sus canciones “Bill” y “Can’t Help Loving That Man” (No puedo dejar de amar a mi hombre), pero el productor no quiso utilizarlas siendo doblada por Annette Warren, sin embargo por razones de contrato, al momento de hacer el disco, con la banda sonora, se tuvo que disponer de la grabación de Ava y el público siempre lamentó no se hubieran incluido en la película.
(Continuará)
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