Tyrone Power: el niño bonito de la Fox (Segunda Parte)
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 4 de Julio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 20m 22s | Leido 1450 veces.
En 1941, iniciada ya la Segunda Guerra Mundial en Europa y con altas posibilidades de la entrada de Estados Unidos a la misma, los estudios se aprestaron a realizar cintas de ambiente bélico, siendo una de ellas “Un Yankee en la R.A.F.”, en la cual se juntaron las máximas estrellas de la Fox del momento o sea Tyrone Power y la rubia Betty Grable, la cual para esas fechas ya era conocida como “la chica de las piernas del millón de dólares” y había desplazado del trono de la Fox, a la vieja amiga de Ty, Alice Faye. Si bien en “Un Yankee en la R.A.F.” tiene algunas buenas escenas de lucha áerea y s eve con cierto agrado, habría, en todo caso, que consignar que en su momento se modificó el final previsto, ya que en sus exhibiciones de prueba Power moría, dejando en la viudez a Betty, pero el público rechazaba dicho final, por ello se volvió a filmar uno en que la pareja volvía a encontrarse en Londres, después de la derrota de los ingleses y franceses en Dunquerke.
Ese mismo año de 1941 se encontraría con otra de las actrices de la Fox, poseedora de un rostro enigmático, fascinante y sugestivo: Gene Tierney, en el filme “El Hijo de la Furia” (Son of Fury), regresando así al universo de las aventuras de época, muy en el estilo de su primer gran éxito “Lloyds de Londres”, tan del gusto de sus fans. Todavía ese año actuaría en un extraño melodrama de corte psicologista titulado “Esto Ante Todo” (This above all) con Joan Fontaine, dirigidos por Anatole Litvak.
La entrada a la guerra por parte de los Estados Unidos, trastocó los planes de la Fox y previendo que pronto enrolarían a Tyrone Power, se aceleró la realización de “El Cisne Negro” a principios de 1942, llevando a Maureen O’Hara de coprotagonista. Se trata de otra de sus obras legendarias, en el rol del pirata “Jamie Warning”, lugarteniente del temible filibustero Henry Morgan, quedando como una de las clásicas dentro del género de piratas.
Igualmente al comunicársele a Tyrone que se reportara de inmediato a la Marina, la Fox negoció que lo hiciera hasta el 24 de agosto de 1942, a cambio de ponerlo en una cinta bélica de propaganda con tema de un grupo de marinos a bordo de un submarino, en una heroica misión, titulada “Tiburones de Acero” (Crash dive) al lado de Dana Andrews y Anne Baxter, actriz con la cual mantendría una larga relación amorosa fuera de los sets.
Power, efectivamente, entró al servicio activo y estuvo en varias misiones de combate en el Pacífico, con su escuadrón 353, en sitios como Okinawa, Guam e Iwo Jima. En noviembre de 1945 regresó a los Estados Unidos y el primero de enero de 1946 fue dado de baja con el grado de Primer Teniente.
Darryl Zanuck de inmediato le ofreció un nuevo contrato en la Fox por varios años, con la obligación de filmar para ellos, dos películas al año, sin opción a escoger los guiones. En esos días el estudio había comprado los derechos de “Al Filo de la Navaja” (The razor’s edge) del prestigiado y prolífico W. Somerset Maugham, un enorme novelón de más de 600 paginas o cuartillas, con su mensaje seudo filosófico y seudo religioso, en una onda orientalista, bastante popular en la época y la cual se suponía iban a estelarizar Gregory Peck, Maureen O’Hara y Alice Faye, bajo la batuta de George Cukor, pero al retrasarse la confección del guión Cukor se salió del proyecto y al final de cuentas Zanuck estimó que Tyrone Power estaría perfecto en el rol del nihilista “Larry Darrell” para regresar por la “puerta grande” al cine, después de su alejamiento de cuatro años de los estudios. La terminó dirigiendo el estimable Edmund Goulding, director de varios melodramas dignos de recordar en posterior ocasión. Los otros protagonistas fueron Anne Baxter, Gene Tierney, John Payne y Clifton Webb. Power reanudó su “romance” con Anne Baxter, ya que la lejanía de su hogar, a causa de la guerra, había provocado estragos en su matrimonio con Annabella. Aunque intentaron una reconciliación, un desafortunado accidente ocurrido en su casa, el 20 de mayo de 1946, cuando daban una fiesta de bienvenida a David Niven y su nueva esposa Primula, esta en un momento en que estaban jugando una especie de versión de los “encantados”, se cayó de las escaleras golpeándose en la nuca y a consecuencia de ello murió al día siguiente, sin recobrar el conocimiento. Lo traumático del evento provocó a Annabella la necesidad de salir de su casa aceptando trabajar en Broadway en la obra “No Exit” de Jean Paul Sastre, haciendo el papel de una lesbiana. Esta separación los llevó a formalizar su divorcio en enero de 1948.
A pesar de haber estado nominada al Oscar de Mejor Película “Al Filo de la Navaja” y que Anne Baxter lo ganara en la categoría de actriz secundaria por su rol de “Sophie”, este no tuvo éxito de taquilla. Con el tiempo ha quedado considerado entre los “films de culto”. El fracaso económico, en ese momento, significó que la Fox interpretara el mensaje del público como su rechazo a ver a Tyrone Power en dramas contemporáneos y se le volviera a utilizar en historias de aventuras y espadachines, con el objeto de que recuperara el sitio de “super estrella”. Antes de tomar tal decisión Zanuck aceptó “arriesgarse” con Tyrone Power, quién estaba ansioso de cambiar su imagen de “niño bonito” y le puso en la cinta “El Callejón de las Almas Perdidas” (Nightmare alley), dirigido nuevamente por Edmund Goulding, llevando de coprotagonistas a Joan Blondell y Coleen Gray. Se trata de un sórdido drama sobre la vida de un grupo de personas que viven, se aman y odian en el microcosmos de una “feria” de juegos mecánicos, con todo y su espectáculo de la mujer araña. Si bien Power consiguió convencer a varios críticos sobre sus avances en materia de actuación, el público no se volcó en la taquilla, aunque con el paso del tiempo, esta excelente cinta ha logrado, igualmente, estar considerada como “film de culto” y ser carne apetecible de cine clubs y cinetecas.
Pero ya señalábamos que la Fox decidió regresarlo a sus papeles familiares de aventurero de época o galán romántico, así en el verano de 1947 arribó a México a filmar bajo las órdenes de Henry King, el churro seudo histórico “Un Capitán de Castilla” en que era un tal Pedro de Vargas en que huyendo de la Santa Inquisición se enrola en la expedición de Hernán Cortes para la conquista de México. Lo rescatable de la película es la presencia de la bella Jean Peters, su fiel sirvienta que secretamente lo adora. Igualmente Cesar Romero hace toda una disfrutable creación de su personaje Hernán Cortes. Quién tenía gratos recuerdos de su participación en “Un Capitán de Castilla” era el actor Víctor Junco, quién esa época era uno de los promisorios galanes de nuestro cine, el cual hablaba muy bien inglés, al cual contrataron, por cinco días, para hacer de comparsa en el ejército del conquistador, pero dado su conocimiento del idioma, le fueron alargando su contrato, porque les ayudaba en el manejo de los conjuntos. Al contar la anécdota Don Víctor se ufanaba que mientras como galán del cine nacional le pagaban, en esos días, apenas unos 5,000 pesos por estelar en una película como “Doña Diabla”, por su labor de extra, en esa cinta gringa se había embolsado, algo así como 15,000 dólares.
En esos momentos también se filmaba aquí “Tarzán y las Sirenas” (Tarzan and the mermaids), con Johnny Weissmuller y Brenda Joyce como “Jane” y quién era vieja amiga de Tyrone, con la cual había trabajado en “Llegaron las Lluvias”. Brenda le presentó al actor a una bella aspirante a actriz de nombre Blanca Rosa Welter, conocida como Linda Christian, con la cual empezó a mantener relaciones sentimentales; aunque al mismo tiempo, en la prensa de la época, fueron noticia los frecuentes fines de semana que vino a pasar al lado de Ty, la ardorosa Lana Turner, con quién sostuvo un tórrido y conflictivo amorío, muy dentro de la personalidad posesiva de la célebre “chica del suéter”.
Al declinar su status de estrella la Fox buscó ponerle en cintas de bajo coste, pero que tuvieran una cierta rentabilidad, siendo el caso de las entretenidas comedias románticas “El Amor que tu me Diste” (The luck of the irish) con Anne Baxter y “Ese Impulso Maravilloso” con Gene Tierney filmadas en 1948.
El 27 de enero de 1949 estando en Italia para el rodaje de “El Príncipe de los Zorros” (Prince of foxes), aprovechó para casarse con Linda Christian en una antigua iglesia católica del siglo X de la Romaina Francesca, la cual estaba siendo utilizada como parte de los escenarios naturales de ese film, más que nada recordado por la actuación de Orson Welles en el papel de “Cesar Borgia”. De Roma viajó a Londres para participar en “La Rosa Negra” (The black rose), pretencioso film de aventuras sobre un soldado de fortuna en el siglo XIII, plagado de soporíferos diálogos, con los cuales se pretendía contrastar las visiones de un europeo, enfrentado a la de los mongoles y los chinos. Nuevamente quién domina la cinta es Orson Welles en el rol de un cruel jefe de las hordas mongoles, así como es digna de mencionar la excelente fotografía en escenarios naturales, debida al británico Jack Cardiff.
Al rehusarse Gregory Peck a trabajar en “Patrulla Indómita” (An American guerrilla in the Philippines”, entonces Power se tuvo que encargar de dar vida a un líder americano de la guerrilla filipina, durante la Segunda Guerra Mundial, en este pasable film bélico, dirigido por el prestigiado cineasta alemán Fritz Lang. Regresó a principios de 1950 a Hollywood a rodar el excelente western “Dos Contra el Destino” (Rawhide) bajo la dirección de Henry Hathaway, llevando de pareja a Susan Hayward, una de las actrices favoritas de nuestro lector y amigo Everardo Brand.
En rigor “Dos Contra el Destino” es un film mixto en el cual se entrelazan el western y el “film noir”, razón por la cual los fanáticos de uno u otro género suelen “mirarlo por encima del hombro” al momento de incluirlo en las antologías respectivas. Si nos atenemos a aspectos formales de trasfondo de la puesta de escena, estamos ante un western peculiar, en donde si bien no tenemos escenas de cabalgatas, ni ataques indios o, grandes balaceras, a excepción de la final, ni un romance que nos distraiga, si estamos ante una historia claustrofóbica, en que la tensión se va acumulando ante la espera de los malhechores, quienes tienen cautivo al empleado de una posta de diligencias, así como a una pasajera, ya que los forajidos pretenden asaltar una diligencia que llegará repleta de un cargamento de oro. Mientras el empleado o sea Power trata de idear alguna forma de enfrentarlos, ya que sabe sólo les será útil para darles confianza a los guardianes del cargamento para entrar a la posta, pero una vez cumplido dicho objetivo será eliminado. La atmósfera de suspenso va in crscendo, conforme va caminando el metraje del film y, si mucho me apuran les diría que se trata de una película cuya visión influyó en Sergio Leone, en particular para la puesta en escena de la secuencia inicial de “Erase una Vez en el Oeste” (C’era una volta il west), al grado de utilizar al excelente actor secundario Jack Elam para que repitiera sus elaborados manierismos de asesino paranoico, tanto en uno y otro filme.
Viendo su carrera cinematográfica ir a ninguna parte, el actor buscó darle un giro, regresando a los escenarios teatrales, al aceptar presentar desde el 19 de julio de 1950, en Londres la obra “Mr. Roberts”, la cual ya era todo un éxito en Broadway con Henry Fonda en el mismo personaje. La recepción del público fue cálida y las criticas elogiosas, manteniendo excelentes recaudaciones, sin embargo, después de seis meses de representaciones, la Fox le urgió su regreso a los foros, a cumplir su contrato de dos filmes por año. Originalmente se le tenía previsto para el rol de “Marcelo” en “El Manto Sagrado” (The robe), al lado de Ingrid Bergman o Jennifer Jones, pero al decidirse que se probaría en ese drama religioso la técnica del cinemascope, la producción se retardó y al final de cuentas los protagonistas fueron Richard Burton y Jean Simmons. Power logró una solución intermedia, ya que sin dejar “Mr. Roberts” filmó en Londres “El Hombre de Dos Mundos” (I’ll never forget you) con Ann Blyth, sobre una romántica historia mágica de dos personajes que viven, su apasionada relación, en dos diferentes épocas. Las secuencias desarrolladas en el siglo XVIII eran en blanco y negro y las contemporáneas en color. Sin ser una cosa maravillosa la cinta se ve con agrado, aunque en su momento no fue atronadora su recepción, entre el público femenino. Esta historia ya había sido filmada en 1933 con el título de “The Berkeley Square” bajo la dirección de Frank Lloyd, con Leslie Howard y Valerie Taylor; pero para los jóvenes cinéfilos actuales es más fácil reconocer esta trama si les decimos que sirvió de base para la comedia “Kate y Leopoldo” (Kate and Leopold) filmada en el 2001, con Meg Ryan y Hugo Jackman, como la pareja romántica.
Apremiado por la Fox para que cumpliera con su segunda cinta de ese año, las diferencias, entre la productora y el actor crecieron, al rechazar participar al lado de Maureen O’Hara en “La Ley del Látigo” (Kangaroo), una especie de mediocre western australiano, dirigido por Lewis Milestone y con el Peter Lawford en el rol previsto para Power. Tampoco se presentó al rodaje de “La Hechicera de Haití” (Lydia Bailey), en la cual debería de compartir créditos con su vieja amiga Linda Darnell. Finalmente se realizo el film con Dale Robertson y Anne Francis. Todavía se negaría a participar en el western argentino “El Camino del Gaucho” (The way of the gaucho) al lado de Gene Tierney. Lo sustituyó Rory Calahoun. Al final de cuentas aceptó zanjar las diferencias filmando, bajo la batuta de Henry Hathaway, el excelente film de espionaje “Misión Peligrosa en Trieste” (Diplomatic courier), así como ya no pudo rehusarse a estar en el rutinario western “El Soldado de la Reina” (Pony soldier).
Molesto por lo anterior y estando en una etapa de negociación de un nuevo contrato con la Fox, aceptó la oferta de su amigo y productor Ted Richmond, para que por un porcentaje de las ganancias trabajara en la Universal – Internacional en la cinta “La Octava Maldición” (The Mississipi gambler). Originalmente la productora había pensado en Jeff Chandler o Rock Hudson, pero Richmond los convenció de llevar a Power, el cual desde “María Antonieta” en que fue prestado a la MGM, no había participado en un filme que no fuera producido por la Fox. El recuerdo que guardó de “La Octava Maldición” es el de una entretenida cinta de aventuras, en donde había sendos duelos de honor a espadazos y pistola, realizada adecuadamente por el director Rudolph Mate, al igual que contaba con la participación de dos de mis bellas actrices favoritas de la Universal: Julia Adams y Piper Laurie.
“La Octava Maldición” significó una aceptable jugada para el actor, tanto por que fue un éxito de taquilla dejándole buenos dividendos, como en el sentido de que la Fox aceptó mejorarle sus condiciones contractuales, regresándolo a los proyectos clase “A” y que pudiera filmar con otros estudios. La primera película en esta etapa fue “Llamas en la India” (King of the Khyber rifles) dirigida en 1953, por su viejo conocido Henry King, en cinemascope y a todo color, como se solían anunciar en los años cincuenta estas ambiciosas producciones. “Llamas en la India” es una especie de “Gunga Din” sin aguador, pero con conflicto interracial de romance entre el capitán euroasiatico Tyrone Power con la inglesa Terrie Moore, hija del comandante británico a cargo del puesto donde da servicio Power, con el trasfondo de la rebelión histórica conocida como el Motín Sepoy en 1857 en la India. En rigor se trata de un remake de la cinta “The Black Watch”, realizada en 1929 por John Ford. Antes del inicio de dicho filme y después de terminarlo Tyrone Power regresó a los escenarios teatrales llevando de gira, por toda la Unión Americana, la obra “John Brown’s body”, resultando una sorpresa para muchas personas su desenvolvimiento en el teatro.
Y sería precisamente con el viejo maestro irlandés John Ford, que Power volvería a tener un sonado éxito de taquilla con “Cuna de Héroes” (The long gray line). El actor gustaba de contar que: “una mañana de enero de 1954, recibí un telefonema. ‘¿Tyrone Power?… soy John Ford. Tengo una historia que me gustaría que la hicieras’. Le respondí: Bien. ¿Cuándo empezamos? Entonces Jack me replicó: ‘No quieres conocer primero sobre que trata la historia’. Le respondí: No. Hace once años hablamos vagamente de hacer un filme juntos, así que no puedo esperar igual tiempo para que lo definamos. Si tu dices que yo estaré bien en ese personaje, es suficiente razón para mi de aceptarlo”.
Indudablemente “Cuna de Héroes” no es uno de los grandes títulos de la extraordinaria filmografía de John Ford; inclusive puede ser tildada de lacrimógena y cursi esta historia sobre el entrenador de reclutas en West Point, Marthy Maher, basada, precisamente en su novela, semi autobiográfica “Bringing up the brass”, más en su momento, como ya lo señalamos, significó un triunfo en la taquilla para Power, quién llevó de compañera de reaparto a Maureen O’Hara y si estuviera firmada por otro director, seguramente la percepción de la misma sería diferente, dado que “Cuna de Héroes” es una historia evocadora, donde se entremezclan el drama y la comedia, en una narración fluida. ¡Vamos! Es una obra menor de Ford, que para muchos significaría una obra maestra en su filmografía.
Ese mismo año rodó para la Fox, nuevamente bajo la dirección de Henry King “Pasión Indómita” (Untamed) con Susan Hayward. Es una especie de “Lo que el Viento se Llevó”, ubicada en Sudáfrica, durante la guerra de los Boers, a mediados del siglo XIX, en que el peso de la historia recae en el personaje femenino, acorde con el arquetipo que representaba tan bien la Hayward, entre otras, de la mujer voluntariosa, tenaz, orgullosa y racial que sabía sobreponerse a todos los obstáculos con tal de lograr sus objetivos.
Y si la carrera de Power volvía a renacer, tanto en el cine como en el teatro, las cosas no marchaban bien en su hogar, pues en octubre Linda Christian pidió la separación y al año siguiente en agosto de 1956 obtuvo el divorcio, una vez que se arreglaron en un millón de dólares sus diferencias, para poder mantener a sus dos hijas: Romina Francesca y Taryn. Linda pretendía reanudar su carrera y fue una de las causas argüidas como razón del divorcio, puesto que Tyrone no le permitía desarrollar sus potencialidades, según ella. Más tarde sus hijas buscaron hacer carrera en el cine, pero no destacaron mayor cosa. Taryn se inició en México protagonizando, con el entonces jovencísimo Fernando Allende una versión de la clásica novela romántica de Jorge Isaacs “María”.
En 1955 sólo filmó una cinta la cual al año siguiente, cuando se estrenó, le significó el regreso a las listas del “top offie”, entre las 10 estrellas más taquilleras de la temporada. Obviamente estamos hablando de la recordable y lacrimógena biografía fílmica del pianista Hedí Duchin, muerto a los 41 años de leucemia. Aunque para muchos cinéfilos, como el buen amigo Sergio Moreno, no tiene caso seguir viendo la cinta, más allá de la mitad, una vez muerta su aristócrata y rica primer esposa Marjorie Oelrich, interpretada por la siempre guaperríma Kim Novak, ya que sus fanáticos admiradores pierden el interés, alegando que ya no hay mucho que disfrutar en “Melodía Inmortal” (The Hedí Duchin story). Claro que lo anterior es una exageración, en virtud de que la presencia de Victoria Shaw, como la segunda esposa de nombre Chiquita, también resulta grata, al igual que la banda sonora, con las interpretaciones de Carmen Cavallaro de los éxitos al piano de Eddie Duchin.
La representación en Londres, en 1956, de la obra de Bernard Shaw “El Discípulo del Diablo” fue otra de sus satisfacciones en el teatro, al igual que en enero de 1957 la interpretara en Dublín, donde los irlandeses le dieron un recibimiento digno del “hijo pródigo”, al regresar a la ciudad de donde habían partido su bisabuelo y su padre, después de haberse labrado un nombre en los escenarios teatrales de su país natal. Ese mismo enero, su recién creada compañía “Copa Producciones” filmó en Inglaterra la que sería su única producción “El Mar No Perdona” (Abandon ship). Se trata de un intenso drama, basado en un hecho real, sobre un grupo de sobrevivientes a un naufragio, quienes logran abordar un bote salvavidas, resultando insuficiente para subir a todos al mismo y, entonces el oficial, interpretado por Tyrone Power, toma la decisión de quienes deben de ser bajados del bote, para que el mayor número posible de los más aptos logre salvarse, sino todos se hundirían. Su coestrella femenina Mai Zetterling se convirtió en su nuevo romance, sin embargo también compartía algunas veladas con la exuberante Anita Ekberg. (Por cierto que así como circularon las notas sobre sus romances femeninos, también se rumoró en voz baja, en especial a finales de los cuarenta, sobre una relación homosexual con Howard Hughes, la cual ha quedado más a nivel de chisme, como otras historias en relación a Hughes. También se insinuó que Errol Flynn y Tyrone Power eran algo más que compañeros de juerga).
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