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El sufrimiento de Marilyn Monroe

Escrito por Gilberto Calderón Romo | 27 de Junio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Cine Norteamericano, Testimonios | Tiempo de Lectura: 6m 44s | Leido 3223 veces.

5 de agosto de 1962

marilyn-comezon.jpgCuesta trabajo creerlo, pero si Marilyn Monroe viviera, sería dos meses más vieja que Fidel Castro –nació en Los Ángeles el 1 de junio de 1926- una anciana arrugada y un triste testimonio de la beldad que embrujó al público hace cincuenta años.

El mito de Marilyn se construyó a partir de su imagen, de la figura que aparecía tanto en películas como en la múltiple iconografía que las revistas especializadas se dieron a difundir por el mundo occidental. Una rubia sonriente, rubicunda, graciosa y atrevida, vino a cumplir el papel que un poco antes que ella, llenaron otras actrices que convertidas en postales, sirvieron para mitigar la soledad de los soldados norteamericanos en la II Guerra Mundial y que ya habían prefigurado los ilustradores de revistas que se dedicaron a la exaltación de la figura femenina.

marilyn-calendario.jpgEl cine, hermanado con la prensa gráfica y luego con el radio y la televisión, fue un vehículo para la difusión de dramas arrebatadores y consignas publicitarias, que agregó como uno de sus subproductos más rentables, la formación de ídolos que poblaran los vacíos emocionales de millones de seres que comenzaban a vivir en espeluznantes megaurbes.

Pronto se supo que la vida en colectividad, especialmente si es acelerada, requiere de bienes subjetivos que le den contenido o su apariencia, a la existencia de los individuos.

marilyn-portada.jpgLas pinup girls reprodujeron la función simbólica del cuerpo de la mujer, que en su momento cumplió la escultura grecorromana y que llegaría a su expresión masiva en revistas como Playboy.

Marilyn coincidió con el apogeo de esta masificación de la imagen y por lo que se vio, con la multiplicación de apetitos insatisfechos que fueron convocados por su estampa. Fue un experimento democrático. Los medios de comunicación hicieron posible que todo el mundo tuviera a su alcance una porción de la estrella, de su sonrisa arrebatadora, su voz tipluda y, lo más importante, su cuerpo abundante y redondo en miles de poses. Bastaba una mirada en el cine o a una foto, para establecer la ilusión del contacto directo con al luminaria y obtener la brizna de felicidad que ella prometía.

marilyn_monroe_460.jpgMarilyn era un poco de cielo en la Tierra y todos querían su parte, por eso Joe DiMaggio el famoso beisbolista, se casó con ella y quiso convertirla en recatada ama de casa cocinera de espaguetis y Arthur Miller, le atribuyó aptitudes de intelecto desbordado de los que carecía. Escritor destacado, no pudo hacer literatura con el drama que con ella convivió, simplemente porque no se dio cuenta que lo tenía en casa. Pensaba quizá que las grandes obras eran cosas de época y de otras épocas y no asuntos domésticos. Marilyn –su esposa- estaba bien para la comedia y no para tragedias shakesperianas.

A un delirio semejante sucumbieron Lee Strasberg del Actor’s Studio y su familia, que la adoptaron como suya y de manera más perversa e interesada, lo hizo su analista, el siniestro doctor Ralph Greenson quien le alimentó la dependencia a los sicotrópicos para que no se fuera de su lado. Todos la usaron o quisieron apropiarse de ella –incluido el mexicano Pepe Bolaños que tuvo un breve romance con la diva cinematográfica- sin parar mientes en que la muchacha era un ser desesperado.

marilyn.jpgLos grandes consumidores de Marilyn la apetecían como una droga alucinante, y poco les importaba su quebranto personal. No tenía derecho a sufrir, sino simplemente a sonreír para sus fans. No otra cosa era lo que la mercadotecnia proponía: La chica de blanco que luce las piernas en la rejilla del Metro en Manhattan, la que duerme desnuda con una gota de Chanel Número 5, la mejor amiga de los diamantes, la cabaretera pueblerina de Bus Stop, la animadora de los soldados en Corea, tiene la obligación de vivir para diseminar la felicidad y el optimismo, hacerlos llegar a todos los rincones y a cada uno de los corazones solitarios. No había que esperar cristianamente la muerte ni llevar una vida disciplinada a los mandamientos, para gozar los frutos de la Gloria, sino simplemente, ver una película o contemplar una revista, para alcanzar estadios de éxtasis incomparable.

marilyn-somthing.jpgLa estratagema era tan convincente que capturó la imaginación del mismo presidente John F. Kennedy, un hombre enfermo que espantaba el final del tiempo –de su tiempo- con ejercicios fálicos apresurados y dementes. Marilyn le regaló un Happy Birthday en el Madison Square Garden que es un hito en la sensualidad de mundo y en la capacidad de entrega. La rubia no lo cantó con la voz, sino con todo su glamoroso cuerpo, presto a estallar en un vestido escarlata inconcebiblemente ceñido, pero para entonces, el mandatario ya se había dado cuenta que bajo la máscara de platino, había un ser patético y doliente, urgido de la protección de un hombre fuerte, tal vez, la figura de un padre sustituto que el frívolo Kennedy –asustado de las consecuencias que pudieran acarrearle sus correrías con la dama del cine – no quiso asumir. Le encargó a su hermano Bob, el Procurador de Justicia - según las versiones más aceptadas- la misión de hacerle el paro quitándole de encima a la amante cuya fragmentada salud mental, convertía en una amenaza para la presidencia. El escándalo potencial a la vuelta de la esquina.

A Bob Kennedy se le ocurrió que el mejor camino para cumplir la encomienda del Ejecutivo, era probar la mercancía y vino a duplicar el drama. Él tampoco quiso pagar la alta factura de haber disfrutado el rubicundo y anhelado manjar.

El 5 de agosto de 1962 –hace 45 años- se descubrió el cuerpo inerte y desnudo de Marilyn en su propia cama. Empuñaba un teléfono como si hubiera intentado pedir ayuda en un último momento de lucidez, ayuda que, por lo visto, no llegó. Tenía entonces, 36 años de edad. La muerte congeló el mito en el momento en el que su físico comenzaba a revelar las huellas de una decadencia mental y emocional que ya tenía mucho tiempo larvándose, y que estaba en estadio de metástasis.

Su fallecimiento repentino incentivó el interés de todos por su vida. Afloraron desde entonces, las circunstancias desconocidas de su biografía. Supimos que la Diosa había sido huérfana, hija de una mujer mentalmente trastornada; vivido en hogares sustitutos y en un orfanatorio, que creció en medio de un horizonte de desolación y que llegó al trono de la fama y al nudo de la admiración colectiva, con tremendas grietas interiores. Cocteles de alcohol y pastillas le permitieron sobrellevar un poco la existencia y utilizar su sonrisa y su atractivo desbordado, para huir hacia adentro, ocultando en el sitio más oscuro de su psique, la carga de su desesperanza.

El cine y las industrias gráficas pueden obrar el milagro de que nuevas generaciones, las que nacieron incluso cuando ella ya había desaparecido, vengan a participar del embrujo que quedó enlatado en los soportes de la imagen masiva, porque ella podrá haber muerto, pero siguen vivos los espacios vacíos que ella colmaba y seguirá colmando mientras los seres humanos continúen persiguiendo el ideal de la belleza, reclamando su cercanía y respondan a la necesidad de llenar con símbolos, los vacíos que a cada rato nos deja la prosaica vida real.

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