Jane Russell: El busto, mito erótico del cine de los ’40
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 21 de Junio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 11m 28s | Leido 1090 veces.
En 1941 saltó a la fama la modelo Jane Russell, gracias al escándalo provocado por la forma como el discutido hombre de empresa Howard Hughes estaba fotografiando sus prominentes senos, en todas las posiciones posibles, con pronunciados escotes, durante el rodaje de la película “El Proscrito” (The Outlaw), lo cual le dejó como saldo, entre otras cosas, el mote de “El Busto”, a esa exuberante morena, cuya leyenda, en torno a su descubrimiento, va en el sentido de que Hughes la conoció como recepcionista de su dentista, quedando deslumbrado por sus medidas de 38D-25-26, ofreciéndole de inmediato hacerla estrella.
Ernestine Jane Geraldine Russell nació el 21 de junio de 1921 en Bemidji, Minnessotta, Estados Unidos. Su padre era un Teniente de la Armada y su madre una estudiante de drama, la cual actuó en una compañía de teatro de repertorio. Después de dejar la Armada su padre y vivir una corta temporada en Canadá, la familia se trasladó a California. Jane era la única mujer, al lado de cuatro hermanos varones. La madre la encaminó a estudiar actuación con la célebre maestra María Ouspenskaya, al tiempo que tomaba también clases de piano y canto. Las necesidades económicas de la familia la llevaron a laborar de recepcionista, aunque, igualmente, se daba su tiempo para hacer trabajos de modelo, cuando Hughes la contrató en exclusiva, junto con los consabidos chismes en torno a sus deberes extras, fuera del set, de acompañante del excéntrico millonario.
En realidad fue más el bullicio hecho a través de la prensa, que lo que realmente el público pudo ver en la pantalla, después de la legendaria batalla legal de Hughes con la censura de su país, para que le permitieran exhibir “El Proscrito”. Los espectadores actuales pueden tener una idea del célebre litigio, sobre la pueril disputa de que tanto es moralmente permitido que las actrices tuvieran senos prominentes y los mostrarán en una pantalla, viendo la cinta biográfica del controvertido magnate “El Aviador” (The Aviator, 2004) dirigida por Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio en el papel de Howard Hughes.
Al final de cuentas Jane Russell terminó por no enseñar nada en “El Proscrito”, aunque si se le puede considerar al filme como uno de los más eróticos de la historia, en la medida que su sensualidad se fundó en la frustración del espectador, ante la insolente y agresiva imagen sexual de la actriz que parecía enseñaría mucho y terminaba por mostrar poco, aunque sugería mucho.
Debido a sus múltiples problemas con la censura “El Proscrito” tuvo muy poco éxito económico cuando se pudo estrenar a mediados de los cuarenta, pero toda la publicidad que la rodeó durante su rodaje y hasta su explotación comercial, benefició enormemente a Jane Russell, quién se convirtió, prácticamente, en una “estrella” antes de que el público pudiera haber visto su primer película, pero ya estaba enterado de que Hughes había diseñado un brassier especial para contener y resaltar adecuadamente esa parte de su cuerpo, con la que generosamente la había dotado la naturaleza.
Después de su “lanzamiento” en “El Proscrito” la actriz se dedicó a trabajar en centros nocturnos, aprovechando la promoción que se hizo en torno a su voluptuoso cuerpo, equiparándola con Mae West: ama y señora del erotismo y el ardor vulgar en el cabaret y el cine.
Su segunda película fue el melodrama “Esclava de un Recuerdo” (Young widow, 1946) dirigida por Edwin L. Marin, llevando de co-protagonistas a Louis Hayward y Faith Domergue, otra de las chicas “propiedad” de Hughes. Pero su primer gran éxito, tanto artístico como de público fue en la extraordinaria farsa satírica “El Cara Pálida” (The Pale face, 1948) dirigida por Norman Z. McLeod, con el comediante Bob Hope como un cobarde dentista, en el viejo oeste, al cual la legendaria Calamity Jane o sea nuestra Jane Russell, en labores de agente encubierto para el gobierno lo utiliza de pantalla, para no ser descubierta por los malhechores que anda persiguiendo. “El Cara Pálida” es una cinta clásica del western satírico, que a los asistentes a las matinees en los cincuenta nos permitió descubrir a una Jane Russell enfundada, casi con calzador, en unos entallados conjuntos de blusa y pantalón que, obviamente, ayudaban a resaltar su prominente figura de 1.70 mts. en una película, supuestamente, inocente autorizada para todo el público. Y si “El Cara Pálida” era excelente, otro tanto se puede decir de la secuela “El Hijo del Cara Pálida” (Son of a Pale face, 1952) dirigida por el gran director de comedias Frank Tashlin, que en la primera sólo había sido co-guionista.
Entre los dos westerns satíricos filmó cuatro películas iniciando con “Su Tipo de Mujer” (His kind of woman, 1951) dirigido por John Farrow, aunque Hughes hizo que Richard Fleischer y Nicholas Ray volvieran a filmar algunas escenas, al igual que realizaron otras adicionales para esta extraña y caótica muestra de “Cine Negro”, considerada por algunos críticos como un film de culto. Robert Mitchum llevaba el estelar masculino en “Su Tipo de Mujer”, enfrentándose al gangster Nick Ferraro interpretado por Raymond Burr, antes de alcanzar la fama como el criminalista Perry Mason.
Regulares resultaron la comedia “Don Dinero” (Double dynamite, 1951) interpretada por Jane, junto con Frank Sinatra y Groucho Marx, al igual que el thriller policíaco “Crimen en Las Vegas” dirigida por Robert Stevenson y con Victor Mature y Vincent Price, en los principales roles masculinos. Mucho más interesante es “Macao” (Macao, 1952) dirigida por Josef von Sternberg, en la cual Jane Russell es una cantante de cabaret, envuelta en una intriga policíaca, junto con Robert Mitchum, es otro de los llamados films de culto, por tratarse de una obra de Sternberg, a quién Hughes le dio el encargo de convertir a Jane Russell en otra mujer fatal, a la manera en que el director había moldeado a Marlene Dietrich. Hay algunos momentos afortunados de Jane Russell, pero definitivamente no desbanca al mito de la Dietrich. Por cierto, en plan de cotilleo, les contamos que en una ocasión al ser entrevistado Robert Mitchum sobre sus experiencias amorosas fuera del set con sus coestrellas, al ser inquirido en relación a Jane, se limitó a contestar que siempre había respetado a las mujeres de su jefe y amigo Howard Hughes o sea que quiso decir que “no andaba pedaleando las bicicletas de sus cuates”.
“Bella y Bandolera” (Montana Belle, 1952) es un aceptable western realizado por Allan Dwan en 1948, pero que fue estrenado hasta 1952 aprovechando el éxito de “El Hijo de Cara Pálida”, con Jane Russell en el rol de Belle Starr, una malhechora de Oklahoma que estuvo implicada con la pandilla de los Dalton. Es poco el rigor histórico que encontramos en “Bella y Bandolera”, pero su visión resulta entretenida.
Pero quizás su mejor cinta y en donde lució con grandes dotes para la comedia fue en su siguiente, la ya clásica “Los Caballeros las Prefieren Rubias” (Gentleman prefer blondes, 1953) de Howard Hawks y al lado de Marilyn Monroe. Y fue, precisamente, haciendo una imitación de la Monroe, donde más simpática se veía. Aparte de que ambas “estrellas” no se cansaron de mostrar sus encantos en varios números musicales; algunos de ellos de antología. Después hizo una especie de secuela titulada en México “Escándalos en París”, pero cuyo título original en inglés “Gentlemen Marry Brunettes” o sea “Los Caballeros se Casan con las Morenas”, no dejaba dudas sobre el parangón que se quería hacer en relación a la magnífica comedia de Hawks, pero indudablemente que el mediocre director Richard Sale no tuvo la suficiente inspiración para llevar a buen puerto una comedia en que Jane Russell hacía una mala imitación del personaje de Marilyn Monroe y la bella Jeanne Crain una mala imitación del personaje de Jane Russelll, en la insuperable “Los Caballeros las Prefieren Rubias”.
“Línea Francesa” (French line, 1954) es una pasable comedia. “La Sirena del Caribe” (Underwater, 1955) dirigida por John Sturges, con Richard Egan y Gilbert Roldan como un par de aventureros en busca de un supuesto tesoro oculto, en los restos de un galeón español, eran auxiliados por Jane Russell, encargada de sumergirse en las turbulentas aguas del Caribe, para justificar la pródiga muestra de sus encantos en traje de baño, siendo esto último lo más rescatable de esta rutinaria cinta de aventuras subacuaticas. Y como es poco lo que recuerdo del melodrama “Falso Orgullo” (Foxfire, 1955) dirigido por Joseph Pevney, con Jeff Chandler y Dan Druyea de galanes de la Russell, omitiré algún comentario para no caer en imprecisiones y pasar a ese extraordinario western “Garras de Ambición” (The Tall Man, 1955) dirigido por Raoul Walsh, filmada en su mayor parte en Durango, México, en la cual también actuaban Clark Gable, Robert Ryan y Cameron Mitchell. Walsh maneja de forma estupenda el cinemascope, captando en toda su dimensión épica los espacios abiertos, desde la primera toma en que vemos en la lejanía emerger de la nieve a dos jinetes (Clark Gable y Cameron Mitchell), para más adelante emocionarnos en las tomas con grúa del arreo del ganado por la planicie y otras que sería largo enumerar, pero independientemente de su trama, la riqueza visual de “Garras de Ambición” la hace uno de los grandes westerns de Raoul Walsh.
Javier Coma en su “Diccionario del Western Clásico” en su capítulo dedicado a Walsh resalta:”Quizás resultara significativo que mediante “Garras de Ambición”, se citara a sí mismo y con referencia a su primer gran western, “The Big Trail”, en diversos pasajes. La comparación entre los dos films, puede servir para constatar el largo camino recorrido por su autor: desde la epopeya colectiva, descrita en función de movimientos corales, a que dio lugar “The Big Trail”, hasta la sarcástica mirada en torno a los protagonistas, veteranos, de “Garras de Ambición”, habían transcurrido veinticinco años y se había materializado una evolución considerable en los puntos de vista de Walsh, ahora ya decantado hacia la mordacidad y el escepticismo; cabría simbolizar las distancias entre las tragedias de los años cuarenta y las comedias de la segunda mitad de los años cincuenta con las figuras de los intérpretes respectivamente característicos, Errol Flynn y Clark Gable. Éste, a la edad de cincuenta y cinco años, aportó a “Garras de Ambición” y a la pesimista farsa con cierta ebullición sexual “Un Rey y Cuatro Reinas” un look de hombre de vuelta de todo y relativamente perdedor que encajaba en la actitud desencantada de Walsh”. Otro tanto se puede decir del personaje aguerrido de Jane Russell, como una pionera del Oeste, obligada a mantener un constante enfrentamiento con los dos hombres (Gable y Ryan) que pretenden controlarla y disputársela, aunque quizás lo mejor que se puede decir de la actuación de la Russell es que no se dejó avasallar por Gable y Ryan en sus escenas que realizaron juntos.
“La Gitana” (Hot Blood, 1956) dirigida por Nicholas Ray, con Cornell Wilde y “La Descarada” (The revolt of Mamie Stover, 1956) vuelta a ser dirigida por Raoul Walsh, con Richard Egan son sus últimos títulos interesantes de su filmografía, en que a partir de allí sus apariciones en el cine se fueron haciendo intermitentes y sólo tuvo un fugaz éxito en “Nacidos Para Perder” (Born losser, 1967) con una breve interpretación y la cual indudablemente no fue la causa de la enorme popularidad de este film de motociclistas y delincuentes juveniles.
Después de “Nacidos Para Perder” hizo algunas esporádicas intervenciones en capítulos de series de televisión y lo último que se supo de ella es que en febrero del 2006 estuvo en una conferencia de prensa, para anunciar que buscaría un puesto de elección en el condado de Santa María, en California, sin llegar a obtenerlo. Al igual que por esos días hizo una declaraciones tronantes en contra de la legalización del aborto en el tono de: “La gente nunca, nunca, debería tener un aborto. No me vengan con eso del derecho de la mujer a elegir qué hace con su cuerpo. Aquí la elección es entre la vida y la muerte”. Recordando que en 1948 cuando se supo embarazada recurrió al aborto como solución para su vida “la única solución aparente era buscar a alguien que me practicara un aborto. El mío fue terrible. Cuando mi médico de cabecera me vio, me dijo: ‘¿qué carnicero te hizo esto?’ Me llevaron al hospital y! casi muero. Nunca he sentido un dolor como ése”. Atribuyéndole a dicho aborto que ya no pudo tener hijos propios, por lo que en 1953 adoptó a una niña que llamó Tracy.
Efectivamente el estrellato cinematográfico de Jane Russell fue fugaz, pero su voluptuosidad y la manera en que supo aprovechar, sobre todo en shows de clubs nocturnos, la publicidad en torno a su exhuberancia, le permitieron mantener una carrera en los escenarios hasta finales de los años setenta, a la vez que ha sido una de las estrellas más socorridas para ser imitada, tanto por mujeres como trasvestis en esos mismos escenarios, como “El Busto” que fuera lanzada a la fama por un audaz Howard Hughes, en el ya lejano año de 1941.
Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código