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Piratas del Caribe, cine globalizador.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 19 de Junio de 2007 | Categorias: Aventuras, Cine Norteamericano, Estrenos, Fantástico | Tiempo de Lectura: 5m 22s | Leido 610 veces.

piratas-1-poster-maldicion.jpgDesde los años ochenta se inició la explosión virtual de nuevas formas de hacer cine, la mayoría de ellas provenientes de Asia y Oceanía, en especial de Hong-Kong y Nueva Zelanda; su característica fundamental ha sido la fantasía incontrolada y la referencia contínua a mitologías ajenas a occidente pero sin dejar de lado la influencia que los mitos y leyendas grecorromanos han dejado en el lenguaje audiovisual.

Viene a cuento porque en “Piratas del Caribe” todas estas características se han convertido ya en una fórmula que propicia la taquilla, hasta cierto punto. La fórmula de un mundo parecido al que conocemos en donde las leyes de la física no se aplican a los fenómenos que suceden en su seno corresponde claramente al género de la fantasía, donde impera más que otra cosa el cumplimiento de los deseos, y como en relatos bien conocidos desde “Las mil y una noche” todo deseo trae consecuencias no siempre del gusto de los participantes, y esta es la condena destinada a Jack Sparrow (Johnny Deep).

piratas-2-deep.jpgLa mejor virtud de las tres películas de Gore Verbinski consiste precisamente en este personaje estrechamente apegado a la fama de los marinos como mentirosos y exagerados, para mayor virtud fantástica Sparrow es un personaje crepuscular que oscila entre la vida y la muerte, que existe en los planos reales y fantásticos de una imaginación desatada y sin ubicación nacional de cualquier tipo, además se sitúa su sitio en el paraíso fiscal internacional, las Islas Tortuga (hoy Islas Caimán), perpetuo sitio de piratería que solo tiene competencia en Hong-Kong y Tepito.

Desde luego la finalidad evidente del personaje es descalificar cualquier identidad cultural reconocible, desde su inicio se sitúa como un paria de los mares en busca de cumplir el sueño de ser capitán de navío y ejercer la piratería como una bandera de libertad, y desde luego el blanco de sus actividades es el imperio español y la armada británica (elemento de castigo y destrucción de los sueños de libertad en este contexto), y a pesar de que su lengua es la inglesa a cada instante nos señala su expatriación voluntaria utilizando frases y palabras en francés o español del Caribe.

Su lógica es la misma que impera en los juegos de video: avanzar en línea recta hacia un objetivo que se alcanzará, eventualmente, luego de perder y ganar vidas en el transcurso y acumular “méritos” y poderes; con este esquema de desarrollo, perfectamente reconocible para cualquier videoactivo del siglo XXI, el desarrollo de la trama a lo largo de tres películas, hasta ahora, es simplemente una guía para mantener el estatus de jugador interactivo que los nuevos medios electrónicos establecen para el ciudadano del futuro: un pasivo agente de producción individuada sin más asociación que la que el juego (o trabajo por la Red bien que el juego de relaciones electrónicas asociado) permite en función de un dominio centralizados que de esta manera se permitirá evitarse el trabajo de cumplir como Estado y eludirá los conflictos de masas que aquejan a los gobiernos nacionales en todo el mundo, sean o no desarrollados.

Desde luego esta es una de las funciones globalizadotas de los nuevos medios, establecer un cambio social de alcance planetario sin afectar los proyectos trasnacionales de conservar el sistema de beneficios para un grupo dominante sin que involucre responsabilidades públicas más allá de permitir los satisfactores del individuo aislado siempre y cuando éste sirva como engrane de la maquinaria productora de elementos financieros. Esta resulta una visión claramente de pesadilla y de teoría de la confabulación en tanto hace todo sospechoso de pertenecer a un organismo indetectable que conspira para su propio beneficio sin considerar a los demás seres humanos, pero en la actualidad todo puede ser tomado desde esta perspectiva, si no ahí está el ejemplo de cintas como “El código Da Vinci” y las aventuras de Lara Crofft.

En realidad la última película (hasta ahora) de Sparrow simplemente nos cambió la jugada involucrando al galancito Orlando Bloom como la víctima propiciatoria para las aventuras del Holandés Volador, que si bien ya han sido tratadas por el cine (como en “Pandora” de Albert Lewin, y más seriamente en obras europeas como “De Vliegende Hollander”, de Jos Stelling) su leyenda ha trascendido el tiempo desde su primera presentación multitudinaria con la ópera de Wagner, así que hay un público cautivo para estas potenciales aventuras de mar y muerte y no solamente el de los juegos de video sino los sobrevivientes del exquisito gusto por la Ópera.

piratas-2-keira-y-blume.jpgEl asunto es averiguar si Bloom tiene la gracia de Deep para encarnar el héroe crepuscular, si la crítica a la moralidad pública y sus hipocresías de alcance histórico que en la televisión neozelandesa han hecho ya toda una mitología global que se extiende en el tiempo y el espacio a partir de series como Xena, Cleopatra 2525, donde todos los dioses (comenzando por el Yavèh israelita) son susceptibles de ser vencidos por la carnalidad de las heroínas o por la tecnología maldita de los futuristas.

Piratas del Caribe, La maldición del perla negra. (Pirates of the Caribbean, The curse of the black pearl). D. Gore Verbinski. Con: Johnny Deep, Geoffrey Rush, Orlando Bloom. Guión: Ted Elliot y Ted Rossing. EUA. 2003.
Piratas del Caribe, el cofre del hombre muerto. (Pirates of the Caribean, Deadman’s chest). D. Gore Verbinski. Con: Johnny Deep, Keira Knigthley, Geoffrey Rush, Orlando Bloom. Guión: Ted Elliot y Ted Rossing. EUA. 2006.
Piratas del Caribe, hasta el fin del mundo. (Pirates of the Caribbean, at worlds end). D. Gore Verbinski. Con: Johnny Deep, Keira Knigthley, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Billy Nighy. Guión: Ted Elliot y Ted Rossing. EUA. 2006.
Pandora. (Pandora and the Flying Dutchman). D. Albert Lewin. Con: James Mason, Ava Gardner, Nigel Patrick. Guión: A. Lewin. GB. 1951.
De Vliegende Hollander, de Jos Stelling. Con: Renè Groothof, Veerle Dobbleleare, Nino Manfredi. Guión: Hans Hessen y J. Stelling. Hol/Alem/Belg. 1995.
Cleopatra 2525. D. John Laing y Wayne Rose. Con: Gina Torres, Victoria Pratt, Jennifer Sky. Guión: Chris Black y Melissa Blake. NZ. 2000. TV.
Xena, la princesa Guerrera. (Xena, the warrior princess), D. Charlie Haskel. Con: Lucy Lawless, Renèe O’Connor, Ted Raimi. Guión: Adam Armus y Nora Kay Foster. NZ. 1997.

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