Gregory Peck: El Mayor Héroe Cinematogrfico
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 12 de Junio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 24m 1s | Leido 2108 veces.“Es el actor que trabaja más duro de los que conozco. Con cuidado, Gregory Peck, intentó evitar ser encasillado en el prototipo de héroe y se convirtió en una de las estrellas más versátiles de Hollywwod”.
Henry King.
“En las películas, las estrellas interpretan personajes, es decir representaciones construidas de personas”.
Richard Dyer.
Días antes de su muerte, acaecida en Los Angeles, el 12 de junio de 2003, Gregory Peck supo del resultado de una encuesta, realizada entre aficionados al cine, donde recibió el reconocimiento de ser considerado “el mayor héroe cinematográfico”, por su caracterización del abogado Atticus Finch, en la memorable cinta “Matar un Ruiseñor” (To Kill a Mockingbird, 1962) y por la cual recibió el Oscar del Mejor Actor en la entrega correspondiente a los premios de la Academia de 1962.
Eldred Gregory Peck nació en La Jolla, cerca de San Diego, en el estado de California, el 5 de abril de 1916. A los cinco años, cuando se divorciaron sus padres, fue mandado a vivir con su abuela materna, la cual era gran aficionada al cine, llevándolo en esa época por lo menos una vez a la semana. En sus últimos años, cuando ya estaba prácticamente retirado del cine, el actor se dedicaba a realizar presentaciones personales en colegios, clubs de servicio y en convenciones, las cuales consistían en relatar remembranzas sobre su vida en los escenarios teatrales y los sets cinematográficos, al tiempo que señalaba, invariablemente, que la primera película que más le impresionó, cuando su abuela lo llevaba al cine, fue la versión clásica de “El Fantasma de la Ópera” (The Phantom of the Opera,1925), protagonizada por Lon Chaney.
Influenciado por su padre, que era un farmacéutico de origen irlandés, entró a la Universidad de California, en Berkeley a estudiar la carrera de paramédico y aunque parece ser que logró terminarla durante sus estudios fue picado por el “bicho” de la actuación, después que el director teatral de la universidad le puso el ojo y le invitó a tomar parte en el grupo de teatro de la Facultad, Peck, quién para esa época ya era un joven atlético, guapo y varonil con 1.90 de estatura, le replicó que no sabía nada de actuación, a lo que el profesor le contestó: “con su físico, eso no importa en absoluto” y así fue que realizó una audición para el papel de “Starbuck”, en la versión teatral de “Moby Dick”. Ya en 1939, su último año en la escuela, intervino en cinco piezas y al terminar sus estudios se marchó a Nueva York para realizar una audición de ingreso en el Sanford Meisner’s famed Neighborhood Playhouse o sea el Meisner de Sanford del Teatro del Vecindario. Estando en la escuela, tomando clase de baile con la renombrada Martha Graham, sufrió una caída, la cual le provocó un daño severo en la espalda, razón para ser rechazado por el ejército, al pretender enlistarse cuando entraron los Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Gradualmente y en pequeños papeles comenzó a trabajar en teatro y para 1942, bajo la dirección de Guthrie McClintic, se presentó en Broadway en la obra Star Morning de Emily Williams, recibiendo críticas favorables a su actuación, llamando la atención a los buscadores de Hollywood. El productor David O. Selznick le vió en la obra, proponiéndole de inmediato un contrato de dos años, pero Peck lo rechazó. Al poco tiempo, aceptó la oferta de $ 10,000 dólares del guionista Casey Robinson para hacer el rol protagónico de un joven líder guerrillero de la resistencia rusa, en la cinta “La Gloria de un Beso” (Days of glory, 1944) al lado de la bellísima Tamara Toumanova, talentosa bailarina, pésima actriz y novia del guionista y coproductor Robinson, sin embargo no es difícil comprender que a consecuencia de la guerra, no había mucha disponibilidad de material humano que pudiera hacer el papel de una chica rusa, sin olvidar que era el momento cuando la Unión Soviética y los Estados Unidos eran aliados en su lucha contra el fascismo, por lo que se tomo como un gesto de buena voluntad que en una historia, sobre la lucha de un grupo de la resistencia rusa, estuviera alguien de ese origen. “La Gloria de un Beso” es una típica cinta de propaganda bélica, dirigida por Jacques Tourneur, recordable por marcar el debut en el séptimo arte de Gregory Peck. Estando, esa cinta, aún en su proceso de terminado, cuando sólo se habían visto “rushes”, ya los diversos estudios buscaban afanosamente contratar al actor, siendo la Fox la vencedora de esa puja, al ofrecerle un salario de $ 750.00 dólares a la semana, que ganaría durante el rodaje de “Las Llaves del Reino” (Keys of the Kingdom, 1944) y debido a retrasos en el plan de trabajo, le llevaron a embolsarse $ 26,000.00 dólares después de impuestos. Suma fabulosa para la época y más para un debutante, agregando que por su personificación del Padre Francis Chisholm recibió su primera de cinco nominaciones al Oscar de mejor Actor.
Sin ser un enorme éxito de taquilla, como otras de tema religioso realizadas en ese tiempo, entre las cuales destacan, “Bernardette” (Song of Bernardette, 1943), “El Buen Samaritano” (Going my Way, 1944) y “Las Campanas de Santa María” (The Bells of St’s Marys,1945), “Las Llaves del Reino” lo estableció, efectivamente, como “estrella” al recibir en 1945 la primera de las cinco nominaciones al Oscar de mejor actor que obtendría a lo largo de su fructífera carrera. Las revistas de cine se referían a él, en ese tiempo, como “el hombre más guapo de Hollywood”, así como de los jóvenes astros con más futuro, por ello no es de extrañar que nuevamente los estudios buscarán firmarlo, pero aconsejado por su agente Leland Hayward y su convicción de no dejarse encasillar o estereotipar en determinados papeles, lo llevaron a negarse a signar contratos de exclusividad, pues quería mantener el control de su carrera. Aceptó una oferta de la MGM por cuatro películas en cinco años, ganando 35,000 dólares por la primera y un aumento de diez mil, conforme fuera haciendo cada una de las otras tres, pero teniendo la libertad de realizar, en medio de ellas, otras películas, en los estudios que quisiera.
“El Valle de la Abnegación” (The Valley of Decison, 1945) dirigida por Tay Garnett, fue la primera que hizo para la MGM en 1944, compartiendo créditos con Greer Garson, a la sazón la actriz mas taquillera de la productora, especialista en melodramas. A continuación David O. Selznick lo puso bajo las órdenes de Alfred Hitchcock en “Cuéntame tu Vida” (Spellbound, 1945) la cual si bien en el contexto de la filmografía de Hitchcock no esta inscrita entre sus obras maestras, fue un vehículo muy eficaz para consolidar en el gusto del público a Gregory Peck, al tiempo que Ingrid Bergman se convirtió en una de las actrices favoritas de Hitchcock, sobre todo por su participación en la siguiente película de ellos dos que fue “Tuyo es mi Corazón” (Notorius, 1945), sin embargo como ahora estamos haciendo un acercamiento a la biofilmografía de Gregory Peck, los remitimos en este mismo blog al texto sobre la segunda gran belleza sueca de Hollywood, no sin antes señalar que a la actriz le causó cierta turbación tener de galán, por primera ocasión, a alguien dos años menor que ella.
Regresó a la MGM para filmar “El Despertar” (The Yearling, 1946) la cual con el paso de los años se ha convertido en uno de los melodramas clásicos para pubertos, siendo constantemente programado en la TV de los Estados Unidos. En cuanto a Peck le significó su labor en “El Despertar” recibir en 1946 su segunda nominación a mejor actor.
Acto seguido logra uno de sus más resonantes éxitos como el cínico Lewt McCanels en el delirante western “Duelo al Sol” (Duel in the sun, 1946) de King Vidor, al lado de la sensual Jennifer Jones, no haciéndole mella ante el público su caracterización del amoral y cínico Lewt; por lo que no tuvo empacho en aceptar otro rol de antihéroe en “Sin Honor” conocida asi en México cuando se estreno, pero cuando fue reciclada se hizo con el título que tuvo en España: “Muerte en el Corazón” (The Macomber Affair, 1947) de Zoltan Korda, basada en el cuento de Ernest Hemingway “The Short Happy Life of Francis Macomber”, la cual no tuvo éxito de taquilla, a pesar de ser una de las adaptaciones más fieles al universo literario de Hemingway.
Peck se repuso del tropezón de “Muerte en el Corazón” al conseguir una de sus mejores actuaciones en el drama antirracial “La Luz Sale Para Todos” (Gentelman’s agreement, 1947) en donde era un periodista que se hacía pasar por judío, para poder realizar un reportaje sobre el antisemitismo soterrado en la sociedad norteamericana. Gregory Peck recibió por este film su tercer nominación al Oscar de Mejor Actor.
En el mismo año de 1946 del rodaje de “La Luz Sale Para Todos”, Gregory Peck co-fundo con Dorothy MacGuire y Mel Ferrer el prestigioso grupo de teatro “La Jolla Playhouse”, con el cual hasta ya entrado los años ochenta trabajo en diversas obras, combinando
su labor en el cine con la actividad teatral, en su ciudad natal.
Después de rodar “Agonía de Amor” (The Paradine Case, 1948) de Alfred Hitchcock y “ “El Gran Pecador” (The great sinner, 1949) dirigida por Robert Siodmak para la MGM como parte de su compromiso con dicho estudio, firma un jugoso contrato con la Fox, por el cual se obligaba a filmar 4 películas para ellos en un lapso de 8 años, cobrando una cantidad cercana al millón de dólares por cada uno, aunque de hecho en ese lapso filmó 6 cintas para dicha productora y así fue como regresó a la senda del triunfo en el excelente western “Cielo Amarillo” (Yellow Sky, 1948) de William Wellman. En “Cielo Amarillo” más que en “Duelo al Sol” Gregory Peck va a establecer el tipo de personaje del western que lo va a caracterizar en posteriores cintas del género. Ni malo, ni tampoco un bueno o héroe de una sola pieza será su personaje, ya que “Cielo Amarillo” entra en la categoría o más bien prefigura al tipo de western que va a dominar a lo largo de la década de los cincuenta, en que la complejidad psicológica de los personajes, nos enfrenta a historias en que la tajante línea divisoria de buenos y malos desaparece, para que como lo señala J.L. Rieupeyrout en su libro “Le Western ou le cinéma américain per excellance” a medida que va evolucionando el personaje de Peck: “avanza, se equivoca, duda, parte de nuevo. Se hace simplemente humano, sin que esta promoción se lleve a cabo bajo presión de grandes imperativos de orden superior, dependiendo de la patria, la civilización o el progreso”.
“Almas en la Hoguera” (Twelve O’Clock High, 1949) le significó a Gregory Peck su cuarta nominación al Oscar en su rol del General de Brigada Frank Savage y la primera de las seis ocasiones en que sería dirigido por el veterano Henry King, con el cual mantuvo una sólida amistad, hasta su muerte en 1982.
La siguiente colaboración con Henry King devino en el extraordinario western “Fiebre de Sangre” (The gunfighter, 1950) sobre un pistolero que llega a un pueblo, en busca de su esposa y su hijo, a los cuales no ha visto en años, sin embargo su fama de hombre rápido con la pistola le precede y le impide tener un poco de paz y reposo. La cinta fracasó en su corrida normal de estreno y ha sido el tiempo la que ha permitido revalorarla, como uno de los más sólidos antecedentes del llamado western intelectual de los años cincuenta, inclusive por encima de “A la Hora Señalada” (High Noon, 1952), cinta que por cierto Peck rechazó realizar, debido a la experiencia en taquilla de “Fiebre de Sangre” y que consideraba de tema similar a esta, razón por la cual el rol de Will Kane cayó en manos de Gary Cooper, quién ganó su segundo Oscar, por su actuación en “A la Hora Señalada”.
Después de realizar para la Warner Brothers las cintas “Solo los Valientes” (Only the valient, 1951) y “El Conquistador de los Mares” (Captain Horatio Hornblower, 1951) regreso a la Fox para filmar bajo las órdenes de Henry King “David y Betsabé” (David and Bathsheba,1951) su única y poca afortunada incursión en los terrenos del mundo bíblico, aunque no deja de tener cierto interés este peplum, con Susan Hayward en el rol de la seductora Betsabé.
Entretenida es la cinta de aventuras marítimas “El Mundo en sus Brazos” con Ann Blyth y Anthony Quinn, bajo las órdenes de Raoul Walsh, sobre intrigas palaciegas y amorosas, con el trasfondo de la compra de Alaska a Rusia, por parte de los Estados Unidos. Más recordada es su nueva incursión en el universo de Hemingway en la adaptación de “Las Nieves del Kilmanjaro” (The snows of Kilmanjaro, 1952) con una Ava Gardner simplemente inolvidable en su rol de Cynthia.
Al finalizar “Las Nieves del Kilmanjaro”, a mediados de marzo de 1952, Gregory Peck emprendió un largo viaje de 18 meses por Europa, con el objeto de filmar algunas cintas en el Viejo Continente, al igual que por razones de exención de impuestos le era conveniente trabajar fuera de Estados Unidos. La primera parada del viaje fue Roma, donde le esperaba William Wyler para la realización de “La Princesa que Quería Vivir” (Roman Holiday), la cual significaría un rotundo éxito de taquilla y público, tanto para Peck como para su agraciada dama joven: Audrey Hepburn, con esa historia moderna de La Cenicienta que logra vivir dos inolvidables días de fuga en Roma, paseando con un periodista, que le ha ocultado su identidad a la princesa.
Gregory Peck fue siempre un actor discreto, en cuanto a su vida privada y para esas fechas continuaba casado con Greta Rice, con la que se había unido en 1942, pero en esos momentos vivían separados, así que no tuvo empacho en tener en Roma, durante varias semanas, un romance con June Rally-Watkins, una modelo de origen australiano. El actor la invito a que lo acompañara a París, al finalizar el rodaje de “La Princesa que Quería Vivir”, mas por razones de trabajo en Estados Unidos, rehusó acompañarle. En la ciudad Lux, el actor se acordó del teléfono de la periodista francesa Veronique Passani y la invitó a comer. Veronique le había entrevistado, en la Ciudad Santa, para un reportaje en la revista Life y cuando recibió la llamada, lo pensó dos veces, ya que tenía, ese mismo día, una cita para comer con Jean Paul Sartre, en cuya casa iba a conocer a Albert Schartwz, pero suponiendo que habría otra oportunidad para charlar con el científico, canceló el compromiso, aceptando salir con Peck. Iniciaron un romance que una vez divorciado de Greta Rice en 1955, culminó en el altar al año siguiente y, como en los cuentos, vivieron felices hasta que la muerte del actor los separo.
“Gente de Noche” (Night people, 1954); “El Hombre del Millón” (The million pound note, 1953) y “La Llanura Purpura, The purple plain, 1954) son las otras tres cintas que rodó en Europa, para regresar a Estados Unidos a filmar el sólido melodrama “El Hombre del Traje Gris” (The man in ther gray fannel suite, 1956) y embarcarse con John Huston en la aventura de “Moby Dick” (Moby Dick, 1956) como el capitán Ahab, en una de sus mas controvertidas actuaciones.
“Designios de Mujer” (Designing woman, 1957) dirigida por Vincente Minnelli, con Lauren Bacall es una de sus más exitosas comedias; al igual que el western “Los Depravados” (The bravados, 1958) que realizó bajo las órdenes de Henry King, son de los mejores de su filmografía, al igual que el western “Horizontes de Grandeza” (The big country, 1958) el cual coprodujo junto con el director William Wyler; mientras que caen en el saco de los olvidables la presuntosa cinta anti bélica “La Gloria se Escribe con Sangre” (Pork Chop hill, 1959); el melodrama biográfico sobre la relación del escritor Scott Fitzgerald y la cotillera Sheila Graham titulado “Mi Amada Infiel” (Beloved infidel, 1959) y “La Hora Final” (On the beach, 1959) de Stanley Kramer sobre un supuesto ataque nuclear que destruye a la humanidad.
En cuanto a “Los Cañones de Navarone” (The guns of Navarone, 1961) dado su estruendoso éxito en taquilla y que provocará una decena de secuelas con similar arranque temático sobre un grupo de soldados en misión suicida, es mejor guardar prudente silencio sobre sus relativos méritos cinematográficos, ya que indudablemente el eficaz artesano J. Lee Thompson supo imprimirle un adecuado ritmo de suspenso y acción a este film favorito del público. En todo caso resulta más interesante el siguiente film de Thompson y Peck que fue el estupendo thriller de suspenso “Terror” (Cape Fear, 1962) y del cual Martin Scorsese realizó un remake en 1991 “Cabo de Miedo” (Cape Fear), en que como homenaje incluyó en pequeños papeles a Gregory Peck y Robert Mitchum que habían sido los protagonistas del original.
Después de participar en el episodio “La Fiebre del Oro” dirigido por Henry Hathaway y que es uno de los cinco que componen “La Conquista del Oeste” (How the West Was Won, 1962) donde Peck era el cínico jugador de poker, en un barco del Missouri, le llega el papel de su vida o por lo menos por el cual será siempre recordado y que le vale en esta quinta ocasión llevarse el Oscar de Mejor Actor por su caracterización de Atticus Finch en “Matar un Ruiseñor” (To kill a mockingbird, 1962).
En sentido estricto “Matar un Ruiseñor” fue el último gran campanazo de Gregory Peck, aunque todavía encontramos algunas buenas películas y actuaciones suyas en su filmografía, como tal es el caso de “Capitán Newman” (Captain Newman, M.D. 1963) dirigida por David Millar. “La Sangre Llama” (Behold a Pale Horse, 1964) de Fred Zinneman, sobre un guerrillero republicano, que regresa a su pueblo natal, 20 después de terminada la guerra civil española, a cobrar venganza. El thriller de suspenso “Espejismo” (Mirage, 1965) dirigido por Edward Dmytryk, subestimado en el momento de su estreno, al considerarse un mero refrito de “Cuéntame tu Vida”, merece una revisión que nos aleje de la primera lectura errónea del mismo.
Con casi similar acierto que en “Charada” (Charde, 1962) el director Stanley Donen nos ofreció su divertimento de espionaje “Arabesque” (Arabesque, 1966) con un Gregory Peck en el papel de un egiptólogo, el cual es “contratado” para descifrar un jeroglífico, al tiempo que se enreda con la supuesta amante (Sophia Loren) del jefe de los espías.
Al interesante western de itinerario y aprendizaje, titulada “La Noche de la Emboscada” (The Stalking Moon, 1969) dirigido por Robert Mulligan le siguió el sobrevalorado western “El Oro de Mackenna” (Mackenna’s gold, 1969) dirigido por J. Lee Thompson, supuesta saga sobre la búsqueda de una antiquísima montaña de oro, perdida en un cañón. Pero más allá de nuestra opinión sobre J. Lee Thompson, parece que Gregory Peck se sentía a gusto bajo sus ordenes y participo en “El Embajador” (The Chairman, 1969) sobre un científico americano que es enviado a China Comunista, en una misión de espionaje, llegando a tener contacto con el mismisimo Mao Tse Tung. Los coqueteos echeverristas, de la época, con el líder chino nos salvaron, por medio de la censura, de ver este bodrio, según podemos leer en las críticas extranjeras, aunque a principios de los noventa llegó a pasar en televisión aquí en México.
Mucho más entretenida resulta la flojita cinta de ciencia ficción “Abandonados en el Espacio” (Marooned, 1969) dirigida por John Sturges, en la cual Peck es un jefe de la Nasa, encargado de traer de regreso a la Tierra a tres astronautas capitaneados por Richard Crenna, al lado de james Franciscus y un, no tan joven, Gene Hackman. “El Sheriff Atrapado” (I Walk the Line, 1970) dirigido por John Frankenheimer. Peck es un sheriff rural que descubre el escondite de unos contrabandistas de whisky, en una apartada montaña de Kentuckey, sin embargo en el sitio sólo encuentra a la hija (Tuesday Weld) del clan. Atraído por la chica se olvida de su trabajo e inicia una relación que terminará destruyéndolo.
A pesar de un inicio prometedor “Su Venganza era Matar” (Shootout, 1972) dirigido por el veterano Henry Hathaway, naufragó por su exceso de diálogos y poca acción, con un impasible Gregory Peck, el cual creía estar en una reedición de sus westerns “Fiebre de Sangre” y “Los Depravados”.
Su carrera tendría un ligero levantón con la exitosa “La Profecía” (The Omen, 1976) cuyo papel del embajador Robert Thorn, había rechazado Charlton Heston, llegándole de rebote a Gregory Peck.
Sin el impacto de “Patton” la biografía fílmica del general MacArthur resulta harto rescatable y la caracterización de Peck en el rol protagónico resulta convincente. En México se exhibió con el título de “El General Rebelde” (MacArthur, 1977), dirigida por Joseph Sargent.
Desde “Duelo al Sol” Gregory Peck no había vuelto a interpretar a un villano, por lo menos no de forma tan explicita, como fue el caso del médico nazi Josef Mengele en la entretenida “Los Niños del Brasil” (The Boys From the Brazil, 1978) con un Laurence Oliver haciendo de su contraparte, en el rol de cazador judío de nazis.
En la década de los ochenta trabajo en algunas cintas para la televisión, pero realmente su tiempo lo ocupo, después de publicar su autobiografía “An Actor’s Life” en 1978 en dar conferencias en universidades y clubs de servicio, sobre su experiencia actoral, tanto en cine como en teatro, actividades que abandono, cuatro años antes de su muerte, al ya no poder improvisar con fluidez ante las audiencias, que le contrataban.
Jane Fonda se encargó de levantar como un proyecto personal la producción de la versión fílmica de la novela de Carlos Fuentes “Gringo Viejo” (Old Gringo,1989) sobre Harriet, una institutriz americana que viaja a Chihuahua, en 1913, con el objeto de hacerse cargo de la educación de los hijos de un hacendado. Engañada por el administrador de la hacienda y utilizada por el general villista Tomás Arroyo, termina viéndose involucrada en el conflicto revolucionario, manteniendo relaciones sentimentales con Arroyo y conociendo a un viejo poeta y periodista contestatario, que ha ido a México, en busca de la muerte.
Inicialmente se contrató para el papel del poeta a Burt Lancaster, pero unos días antes de empezar el rodaje en México, cayó enfermo y tuvo que abandonar el proyecto, quedando en manos de Gregory Peck, quién hizo su último gran papel protagónico, imprimiéndole credibilidad a ese personaje que ha llegado a México, huyendo desencantado de unos Estados Unidos al borde del agotamiento, en busca de una nueva vitalidad, que espera encontrar, en lo que se supone será un renacimiento de esta nación, a través del sacrificio y la sangre que se derramara, en la lucha fraticida, en busca de un mundo mejor.
Después de “Gringo Viejo” tendría, Gregory Peck, la pequeña intervención, ya mencionada, en “Cabo de Miedo” (Cape Fear, 1991) cuando hablamos de “Terror”, la cinta que inspiro a este remake. Y un papel un poco más extenso en la entretenida comedia “Con el Dinero de los Demás” (Other People’s Money, 1991) de Norman Jewison, en la que Peck es un viejo industrial que se rehúsa a vender su fábrica a Danny de Vito, en el rol de un depredador de la bolsa de Nueva York, apodado Link el liquidador, especialista en adquirir empresas para llevarlas a la quiebra. No se trata de una de las mejores obras del irregular Jewison, pero resulta de cualquier forma entretenida esta comedia, sobre todo por Danny de Vito.
En 1993 fue coproductor de la película para televisión “The Portrait” dirigida por Arthur Penn en la cual su hija Cecilia Peck, hacía… efectivamente el papel de su hija, al lado de Lauren Bacall, como su esposa. El tema era sobre la eutanasia y un pacto suicida que establecían Peck y Bacall, ya que ninguno de los dos quería seguir viviendo cuando sobreviniera la muerte de uno de ellos. Y todavía tuvo oportunidad Gregory Peck de actuar en 1998 para la versión en televisión de “Moby Dick” en que hizo el papel del Ministro Mapple, que en la versión cinematográfica interpreto Orson Welles. Sin olvidar que la primera ocasión en que trabajo en una obra de teatro, en la escuela hizo el papel de Starbuck, con lo cual se establece un círculo en su periplo por el mundo de la actuación, en que cuyo principio y final estuvo Moby Dick.
Como epílogo de este texto le cederemos el espacio al crítico español E. Rodríguez Marchante, que al día siguiente de la muerte de Gregory Peck, publicó en el diario “El Pais” un texto sobre el actor que concluye así: “El marco en el que quisiera uno colgar para siempre el recuerdo de Gregory Peck es el de aquel hombre bueno llamado Atticus Finch que, en ‘Matar un Ruiseñor’, se aplacaban en su regazo los miedos de sus hijos mientras que cobraban vuelos sus ilusiones. Atticus Finch es, sencilla e inequivocamente, el padre, la esencia pura de lo paternal, la encarnación de esa dureza inquebrantable pero llena de blanduras que construye y necesita la mirada infantil… Cuando Harper Lee escribió su obra maestra no pudo soñar alguien mejor para que se colara en el interior transparente de Atticus Finch, el abogado detrás de sus gafas y delante de todos sus principios, y de toda una tabla redonda contra la que se iban a estrellar los peores dragones y las más anchas depresiones”.
“Gregory Peck es Atticus Finch, el padre que todos hubiéramos querido tener, pero, sobre todo, el padre que todos hubiéramos querido ser. Capaz de cambiarle el vuelo torpe a ese personaje sórdido y eterno que encarna Robert Duvall (el «loco» Arthur Boo Readley) hasta convertirlo a los ojos de sus hijos en el vuelo gracioso del ruiseñor. Hace sólo unos días, una encuesta entre aficionados al cine consideraba que el personaje más bueno de la historia era el de Atticus Finch, el abogado bendito de ‘Matar un ruiseñor’… Pues de ese personaje, el mejor que ha habido nunca, se quedará colgado para siempre el recuerdo de actor de Gregory Peck. Pero, si alguien lo prefiere por Roma en una vespa, ahí lo tiene también”.
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