Robert Taylor: el hombre del perfil perfecto

Escrito por on jun 9th, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano, Destacado, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Robert Taylor: el hombre del perfil perfecto

robert-taylor-2.jpg“Nunca he sido un buen actor, supongo. Menos mal que me hicieron trabajar en un montón de buenas películas”.
Robert Taylor

“Por 17 años fue el Sr. Mayer (Jefe del Estudio MGM) quién me guió. Nunca me negué a trabajar en una película, que él personalmente me hubiera pedido que la hiciera”.
Robert Taylor.

Spangler Arlington Brugh quién naciera el 5 de agosto de 1911, en Filley, Nebraska y murió el 8 de junio de 1969. Fue el único hijo de Spangler Andrew Brugh y Ruth Stanhope Brugh. Su padre era un comerciante exitoso, quién cambió de profesión, cuando su esposa padeció una enfermedad crónica del corazón, graduándose de médico para ayudarla en su curación, razón por la cual siempre abrigó esperanzas de que su hijo siguiera sus pasos. Al tiempo que la madre desarrolló una tenaz hipocondría, así como un carácter dominante, reflejándose en la dependencia del hijo con la madre, durante toda su vida.

Sin embargo, Spalngler Arlingnton el cual sería mejor conocido por su nombre artístico de Robert Taylor, mostró mayor inclinación por la música, siendo un buen ejecutante de cello y con aptitudes artísticas, aunque terminó por ingresar al Pomona Collage para estudiar medicina, a principios de los años treinta, donde se graduó en 1933. Estuvo en el grupo de teatro del colegio encabezando el reparto de muchas de las representaciones escolares, lo cual le permitió hacer una prueba para Samuel Goldwyn, pero finalmente fue reclutado por la MGM, con un contrato de exclusividad por 7 años, iniciando con un sueldo de 35 dólares a la semana y, a pesar de los naturales incrementos lo convirtió en la gran estrella peor pagada de la MGM, estudio con el cual estuvo bajo contrato durante 25 años, siendo el segundo actor con más tiempo al servicio de la productora, sólo superado por Lewis Stone, quién se mantuvo bajo contrato de la MGM durante 29 años.

robert-taylor-3.jpgRobert Taylor irrumpió en el cine en un momento en que los estudios ofrecían al público una generación de estrellas masculinas apolíneas, razón que llevó a los publicistas de la MGM a presentarlo como “el hombre del perfil perfecto”, mientras Tyrone Power era considerado “el niño bonito de la Fox” y Errol Flynn “el hombre bello y bien formado de la Warner”, por mencionar a los tres principales galanes de ese corte durante los treinta y cuarenta, cuya influencia se vería reflejada en las novelas y la vida cotidiana de esa época, donde era fácil escuchar decir a la gente en el barrio: “ese se cree un Robert Taylor” o aquel que gustaba de presentarse muy acicalado, no faltaba la muchacha o el envidioso que le dijera: “te has de sentir Tirone Power”. En cierto sentido la imagen de Robert Taylor resultaba un tanto más masculina que la de Tyrone Power o un tanto más enigmática que la festiva de Errol Flynn, pero como estaba al servicio de las estrellas femeninas de los melodramas que protagonizó al inicio de su carrera, se le consideraba un poco más que una bella figura decorativa, en dichos filmes.

Robert Taylor firmó en febrero de 1934 con la MGM y después de varios meses de intensos preparativos fue prestado a la Fox para un pequeño papel en la comedia “Handy Andy” (1934) al lado del popular comediante Will Rogers. Luego en la Universal participa en “Siempre Hay un Mañana” (There’s alway tomorrow” en un pequeño papel, al igual que sólo será un bit lo que hará en “Frente al Destino” (Wickerd woman, 1934), aunque este tercer film será ya para su casa la MGM. Colabora en la serie de la MGM “Crime Does Not Pay” en el corto de 19 minutos“Buried Loot” (1935). Lleva el tercer crédito en el melodrama de hospital y médicos “Entre el Amor y la Muerte” (Society doctor, 1935) concebido originalmente para el lucimiento de Chester Morris, pero quién llama la atención del público femenino es Robert Taylor compitiendo por el amor de la enfermera Virginia Bruce.

Louis B. Mayer no desdeña los reportes de las opiniones de los espectadores en las exhibiciones de prueba de “Entre el Amor y la Muerte” y de inmediato empareja a Taylor y Virgina Bruce en el melodrama “Lobos de Broadway” (Times square lady, 1935) cuyas ardientes escenas de amor entre los dos protagonistas resultan harto convincentes, pues no por nada mantenían una relación amorosa fuera de cámaras.

robert-taylor-y-powell.jpgHace de galán acompañante de la bailarina Eleanor Powell en la comedia musical “Broadway Melody” (Broadway Melody of 1936, 1935) antes de ser prestado a la Universal para protagonizar al lado de Irene Dunne el culebrón “Sublime Obsesión” (Magnificent obsesion, 1935) dirigido con gran maestría por John M. Sthal, basado en el grueso best seller de Lloyd C. Douglas. Taylor logra encumbrarse en el estrellato como el irresponsable playboy Bobby Merrick, cuya vida es salvada a costa de la de un eminente médico, pues en el hospital sólo se cuenta con un aparato de pulmón artificial, que esta ocupando Bobby después de un accidente. Al sentir el rechazo de los miembros del hospital, Bobby busca a la viuda del doctor Helen Hudson (Irene Dunne), quién no desea verlo. Más tarde Helen sufre un accidente que le causa la pérdida de la vista y ahora aunque quiera no puede ni mirarlo. Estando en Paris Helen, acompañada de su hijastra Joyce Hudson (Betty Furness), a donde ha ido en busca de un médico que le cure la ceguera, conoce a Bobby, quién queda prendado de su belleza e inician un romance, interrumpido abruptamente por Helen al enterarse de quién es realmente Bobby y desaparecer de la ciudad. Bobby entra en una crisis de conciencia y decide regresar a la Universidad a terminar sus estudios de médico. Años más tarde deviene en un famoso cirujano y, obviamente, termina operando a Helen, que recupera la vista y el amor de Bobby, al cual ahora si ya puede ver.

robert-taylor-y-greta.jpg“Sublime Obsesión” fue una de las cintas más populares y taquilleras de 1936, convirtiendo, efectivamente, a Robert Taylor como uno de los grandes amantes del cine, en ese momento. Curiosamente el remake realizado en 1954 por Douglas Sirk, titulado igualmente “Sublime Obsesión” (Magnificent obsesion, 1954) con Jane Wyman y Rock Hudson fue el vehículo que catapultó a Rock Hudson como el gran galán de la Universal en los años cincuenta.

Establecido como galán Taylor, la MGM de inmediato lo pone en una serie de melodramas con sus grandes estrellas femeninas, iniciando con Janet Gaynor en “Ansia de Vivir” (Small town girl, 1936); “Esposa Anónima” (Private number, 1936) al lado de Loretta Young, para seguir con “La Esposa de Su Hermano” (His brother’s wife, 1936) junto con Barbara Stanwyck buscando aprovechar la enorme publicidad gratuita en los revistas de cine, con su apasionado romance, el cual, efectivamente, culminaría en matrimonio el 13 de mayo de 1939, cuando prácticamente Mayer lo obligó a hacerlo, para acallar los rumores de que Taylor no se decidía debido a la oposición de su dominante madre de perder a su hijo, razón por la cual Barbara y Robert se veían a escondidas lejos de la vista de la progenitora. Con Joan Crawford estelariza “La Divina Coqueta” (The gorgeous hussy, 1936). Pero indudablemente la culminación de ese año, aunque estrenada en 1937 es “La Dama de las Camelias” (Camille, 1937). Mientras para los espectadores siempre Greta Garbo será la inolvidable Margarita Gauthier del celuloide, el Armado Duval por excelencia para el público femenino lo es Robert Taylor como el arquetipo del galán romántico, cuya pureza podía enamorar a una cortesana como Margarita en la esplendida versión de la obra de Alejandro Dumas, hijo, dirigida magistralmente por George Cukor.

robert-taylor-y-vivian.jpgSu etapa de seductor y amante trágico culmina en 1940 con el melodrama que marcó a esa generación de cinéfilos: “El Puente de Waterloo” (Waterloo bridge, 1940) dirigido por Mervyn LeRoy, en la cual Robert Taylor es un capitán del ejército americano, que conoce casualmente a una bailarina (Vivien Leigh), al estar caminando en el puente que da título a la cinta. Sobreviene un bombardeo –estamos en la Primera Guerra Mundial- obligándolos a buscar un refugio. Naturalment6e se enamoran, pero el vaivén de la guerra, obliga al capitán a marchar al frente en la Europa Continental, no sin antes prometerle que regresará a casarse con ella. Desafortunadamente una nota equivocada de prensa da cuenta de la muerte del capitán. La chica cae presa de la desesperación y en su rodar cuesta abajo termina prostituyéndose. El capitán, que solo ha sido herido, regresa a Londres a buscar a la bailarina, pero ella temerosa de la reacción del hombre que ha amado y no sea capaz de perdonarla la pérdida de su virtud, prefiere lanzarse al vacío desde el puente de Waterloo. Amor, desamor, tristeza, pasión y tragedia desfilan con una mágica áurea de sentimentalismo a lo largo del filme, en un perfecto manejo de las situaciones, con una puesta en escena en que destaca la brillante fotografía en blanco y negro de Joseph Ruttenberg y una música evocadora del maestro Herbert Stothart. Cuando la vi por primera vez, a finales de los cincuenta, en una de esas semanas del recuerdo de “Joyas de la MGM”, todavía lograba provocar las lagrimas de las espectadoras esta historia trágica de amores desdichados, en donde encontramos una de las mas creíbles actuaciones de Robert Taylor, al lado de la imborrable presencia de una bellísima Vivian Leigh, que hacen a “El Puente de Waterloo”, uno de los mejores melodramas fílmicos del siglo XX.

robert-taylor-y-lana.jpgLa MGM en un intento de darle un giro a su imagen de amante seductor le hizo protagonizar, en 1938, “Ruge la Multitud” (The crowd roars) sobre un boxeador que no solamente tiene que luchar contra su oponente en el ring, sino contra el jefe de un grupo de apostadores, que quieren obligarlo a pelear para ellos. Era un papel de duro con el cual se buscaba alejarlo de sus roles de galán bonito, sirviendo de antecedente para que en 1941 con el western “Galante y Audaz” (Billy the Kid) entre en plena fase de la segunda etapa de su carrera, en papeles de galán aventurero, de gangster o policía corrupto que es redimido en el último rollo, por el amor de una mujer, aunque para ello tenga que estar dispuesto a ofrendar su vida, en aras de la salvación de la chica que ama, como sucede en ese estupendo thriller “La Senda Prohibida” (Johhny Eager, 1942) con una arrebatadora y sensual Lana Turner, capaz de hacerle perder la cabeza a cualquier galán que se le acerque. Años después será Janet Leigh quién le obligara a sacrificarse y liberarse de su pasado de corrupto policía en “Pecado y Redención” (Rogue Cop, 1954), vengando la muerte de su hermano menor, causada por los gangsters que le controlaban.

robert-taylor-poster-batan.jpgEn plena Segunda Guerra Mundial estelariza uno de los mejores filmes de propaganda bélica “La Patrulla de Batán” (Bataan, 1943) sobre un grupo de heroicos soldados, que permanecen en el frente de batalla, deteniendo el ataque de los japoneses en una península, para darle oportunidad al grueso de su escuadrón a poder emprender la retirada, junto con el General MacArthur, para que después de su gesta suicida y antes de que aparezca el letrerito de “The End”, escuchemos en off la célebre arenga del líder guerrero con su “Volveremos”, lo cual para las fechas en que la veíamos en las matinees del cine Encanto, en los cincuentas, ya sabíamos que no tardarían John Wayne y Anthony Quinn con su “Regreso a Batán” (Back to Bataan, 1945) a vengar a los hombres de la patrulla de Taylor. Si en su momento era muy eficaz “La Patrulla de Batán” para exaltar los ánimos patrióticos, ahora se ve como una de las mejores muestras de cine de género bélico o guerra, magistralmente realizado por el sólido artesano Tay Garnett, sobre todo en las secuencias nocturnas, con la tensión del ataque inminente.

“Sombras en la Nieve” (Song of Russia, 1944) realizada en la época de la cooperación ruso – americana, durante la Segunda Guerra Mundial, fue su última cinta que hizo antes de enrolarse en la Fuerza Área donde tuvo el grado de Teniente instructor de pilotos, durante tres años. En el film Taylor es un director de orquesta que se enamora de una pianista rusa con la cual se casa. Se van a Estados Unidos, pero al sobrevenir la guerra ella decide regresar a luchar en su pueblo natal contra los nazis, a donde, si no mal recuerdo, la sigue Taylor. Lo que si decía en un momento de este film de propaganda bélica era esta frase: “Los rusos son nuestros amigos, nuestros aliados, debemos entenderlos y acompañarlos en su lucha contra el nazismo”. Frase y película de la que después abominaría al ser llamado a declarar ante el tristemente célebre Comité de Actividades Antinorteamericanas (HUAC) presidido por Joseph McCarthy en 1947. Taylor vocifero que había sido obligado a filmar ese film a pesar de haberle dicho a Mayer –según el actor- que era un guión marcadamente pro-comunista. Delató a los guionistas Richard Collins y Paul Jarrico como comunistas, junto con más nombres de actores y guionistas que ya habían sido denunciados previamente por otros compañeros, aunque hizo demasiado énfasis en manejar al actor Howard DaSilva como miembro prominente del Partido Comunista, lo que provocó la entrada inmediata de este actor a las “listas negras” que oficialmente no existieron, pero durante varios años no encontró trabajo este actor, como muchos otros en similar situación.

Robert Taylor junto con Ronald Reagan, John Wayne, Sam Wood y Ward Bond, entre otros prominentes miembros de la comunidad de Hollywood, fue de los fundadores de la Asociación “Motion Picture Alliance for the Preservation of American Ideals” de corte derechista, por lo que nunca ocultó ser de pensamiento de extrema derecha y no es de extrañar su conducta delatora y colaboracionista durante la “caza de brujas en Hollywood”, amén de que sus diversas opiniones de corte político rayaron siempre en la ingenuidad, por no decir en la tontería.

robert-taylor-ivanhoe-liz.jpgAl regresar de la guerra a pesar de realizar algunos filmes interesantes como el drama de suspenso “Corrientes Ocultas” (Undercurrent, 1946) con Katherine Hepburn, dirigida por Vincente Minnelli o el magnifico western pro indio “La Puerta del Diablo” (The devil’s doorway, 1950) su carrera entró en un bache en cuanto a resultados en taquilla, pero tuvo la fortuna de que Clark Gable se negará rotundamente a enfundarse en un uniforme de centurión romano, cayendo así en sus manos el rol del perseguidor de cristianos Marco Vinicio, que por el amor de la bella Ligia (Deborah Kerr) se enrola en la nueva fe en el peplum “Quo Vadis” (Quo Vadis, 1951), teniendo siempre la duda, como espectador, que había sido más convincente: ¿el “rollo” del mensaje cristiano o los seductores pechos de Deborah Kerr? El éxito de taquilla y público de “Quo Vadis” le dio un nuevo aire a la carrera de este actor, sobre todo en filmes de época como las disfrutables “Ivanhoe” (Ivanhoe, 1952) con una Elizabeth Taylor deslumbrándonos con su belleza en el rol de la “hechicera” Rebeca. Otro tanto ocurría con la seductora Ava Gardner como la reina Ginebra en “Los Caballeros del Rey Arturo” (Knights of the round table, 1954) con Taylor en el papel de Sir Lancelot y la estimable “La Corona y la Espada” (Quentin Durward, 1955) con una divertida y apreciable Kay Kendall.

Junto a estos filmes y ya en pleno auge de galán aventurero destacan los westerns “Caravana de Mujeres” (Westward the woman, 1951) de William A. Wellman; “Torbellino de Pasiones” o conocida también como “Una Vida por Otra” (Ride vaquero, 1953) de John Farrow, junto con Ava Gardner, con la cual, por cierto, al filmar con ella “Soborno” (The bribe, 1949) mantuvo una fuerte relación amorosa fuera de cámaras, so pretexto de que su relación con su esposa Barbara Stanwyck estaba naufragando (finalmente se divorciarían el 21 de febrero de 1951) y su auto estima, en cuanto a capacidad sexual, se encontraba en niveles muy bajos y, según el decir de Ava Gardner en su libro de memorias, ella ayudó eficazmente a elevar su hombría.

Otro de sus westerns destacados es el interesante “La Ultima Cacería” (The last hunt, 1956) de Richard Brooks; al igual que “Furia Maldita” (Saddle the wind, 1958) dirigido por Robert Parrish; “El Verdugo” (The hangman, 1959) de Michael Curtiz; pero sobre todo “El Tesoro del Ahorcado” (The Law and Jake Wade, 1958)con Richard Widmark y Patricia Owens, indudablemente el mejor western de John Sturges, por encima de “Siete Hombres y un Destino” (The Seven Magnificent, 1960).

robert-taylor-y-eleanor.jpgEn 1953 filma la estimable “El Honor de su Nombre” (Above and beyond), basada en la historia del Coronel Paul Tibbets, quién se encargo de pilotear el B-29 (Enola Gay) que arrojó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El rol de su abnegada esposa lo hacía la bella pelirroja Eleanor Parker, con la cual haría otras dos cintas, la regular de aventuras en Egipto “El Valle de los Reyes” (Valley of the kings, 1954) y el divertido ¿western? “Profugo del Amor” (Many rivers to cross, 1955), pero en rigor lo destacable es que durante varios años, a partir de la realización de su primer filme, mantuvieron un tórrido romance, que sobrevivió inclusive algún tiempo después de que el actor se casara con su segunda esposa y viuda la actriz Ursula Thiess el 24 de mayo de 1954. Las diferencias de temperamento entre Taylor y la Parker terminaron por deshacer la relación, sin embargo cuando uno les ve en la pantalla, es indudable que transpiran una química de atracción sexual mutua que da credibilidad a sus personajes cinematográficos.

Su última película para la MGM bajo contrato fue la estupenda “La Rosa del Hampa” (Party girl, 1959) dirigida por Nicholas Ray, actuando a su lado Cyd Charisse, quién tiene un número sensacional de strip tese, aunque no es la única razón para ver este thriller, que significo el fin de su relación de 26 años con el Estudio y prácticamente el final de su carrera, pues a partir de allí, aunque realizó otros diez filmes ninguno de ellos levanta el nivel de la mediocridad y más bien tiran a malos y olvidables, pero como bien lo dijera Robert Taylor, en las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta, hizo el suficiente número de buenos filmes, para permanecer en la memoria de los cinéfilos, con su arquetipo de galán romántico y trágico, al igual que aventurero.

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5 comentarios en “Robert Taylor: el hombre del perfil perfecto”

  1. María Alejandra Albarracín dice:

    Durante las audiencias de 1947, el Comité (House Unamerican Activities Committee)fue presidido por el senador John Parnell Thomas.McCarthy entra en escena en la década del ’50. Robert Taylor no nombró en su declaración a Richard Collins ni a Paul Jarrico. De hecho, Richard Collins fue un testigo amistoso.El nombró exactamente a Lester Cole, guionista,Howard Da Silva y Karen Morley, actores. No dijo expresamente que fueran comunistas, pero lo sugirió; también nombró a Lowell B. Mellet, funcionario del gobierno como elemento de presión dentro de la MGM para hacer películas sobre la alianza URSS-USA durante la guerra. En su testimonio, Taylor niega haber sido obligado a filmar “Song of Rusia”, pero en realidad él no quiso hacerla por considerar que había en ella una flagrante propaganda comunista.
    Quien habla ampliamente de esta película en su declaración ante el Comité es Ayn Rand,también una “friendly witness”.Todas las personas que fueron nombradas o “delatadas” en estas audiencias no pasaron a integrar la lista negra a causa de haber sido mencionadas; el Comité desde que se constituyó en 1938,ya había catalogado como comunistas a todas ellas.Las audiencias públicas con artistas famosos se hicieron para darle credibilidad y publicidad a las actividades del Comité, fueron perjudiciales particularmente para todos los “testigos” que participaron,hostiles o amistosos, Robert Taylor uno de elos. La escritora y periodista Linda Alexander habla de la existencia de una carta extorsiva dirigida a Robert Taylor para filmar “Song of Rusia”, también habla de otra carta que Taylor habría enviado al Comité antes de las primeras audiencias públicas donde expresa su desagrado por la forma en que el Comité estaba procediendo en Hollywood. Esta periodista dice que Taylor no se presentó alegremente a declarar sino que fue conminado a hacerlo. Toda esta información aparece en su nuevo libro “Reluctant Witness Robert Taylor, Hollywood & Comunism” que va a ser publicado en mayo en Estados Unidos, aunque ya está disponible en formato e-book. Yo aún no lo he leído. Espero que su trabajo de investigación contribuya a despejar de dudas tantas zonas oscuras de la tristemente célebre “caza de brujas”

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  2. María Alejandra:
    Muy interesantes tus comentarios y aportaciones. Efectivamente el capítulos de “la caza de brujas” aún no se cierra, ya que hay mucho por investigar y clarificar, debido a que muchos de los actores y actrices, de alguna manera, fueron obligados o presionados a denunciar a sus compañeros. Estaremos al pendiente de este nuevo libro sobre Robert Taylor de la periodista Linda Alexander.

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  3. María Alejandra Albarracín dice:

    Antes que nada quiero agradecerte por responder a mi comentario.
    Yo leí el testimonio de Robert Taylor y me parece reprobable por su tono chauvinista y por el hecho de nombrar personas. Pero como dije antes, el Comité no necesitaba su información o la aportada por otros, lo que pretendía al convocar a grandes figuras del cine era obtener legitimidad frente a un pueblo norteamericano atemorizado por la amenaza del “peligro rojo” , creada desde el gobierno y difundida por los medios de comunicación. Y naturalmente, Robert Taylor como un republicano devoto que era (íntimo amigo de Ronald Reagan) al igual que Gary Cooper, John Wayne, Robert Montgomery, George Murphy, Adolphe Menjou y otros, fue llamado a colaborar. Yo creo que el único realmente perjudicado por la declaración de Robert Taylor fue el mismo Taylor. Con el tiempo, pasó a integrar otra lista negra, se volvió un actor tabú, inmombrable. Junto a Elía Kazan fue el gran chivo expiatorio de un vasto circo que tuvo numerosos protagonistas y un reparto considerable, por éso me parece hipócrita de parte de la comunidad artística de Hollywood, haber removido en 1989 su nombre del “Robert Taylor Building” en los estudios de la MGM de Los Angeles, rebautizándolo “George Cukor Building”, director que alguna vez dijo sobre Taylor “fue mi actor favorito, y un gentleman, éso es raro en Hollywood”.
    Dalton Drumbo, guionista integrante de la lista negra, obligado a trabajar bajo seudónimos, dijo en 1970 con mucha lucidez: “cuando se vuelva los ojos hacia ese oscuro período no habrá que buscar villanos o héroes, santos o demonios, porque no los hubo, sólo hubo víctimas. A la hora del recuento final todos fuimos víctimas, porque casi sin excepción cada uno de nosotros se sintió obligado a decir cosas que no quería decir, a hacer cosas que no quería hacer, a infligir heridas que realmente no quería intercambiar. Es por éso que ninguno de nosotros, de derecha, de izquierda o de centro, emergió de esa larga pesadilla libre de pecado.”
    Yo te agradezco el rescatar y recordar a esta gran estrella del cine, al que se le ha negado siempre un reconocimiento justo y merecido, juzgándoselo quizás más como testigo amistoso que como actor. Fue primera figura durante tres décadas, como actor recorrió todos los géneros (hasta la comedia musical) ofreciendo sólidas interpretaciones como en “El Puente de Waterloo”, “Johnny Eager” y “La última Cacería”, humanamente sus compañeros de trabajo lo describen como un tipo humilde, sencillo, fino, aplicado a su trabajo y hay que decirlo, aunque a él no le hubiera gustado escucharlo, fue el hombre más devastadoramente atractivo que se haya visto alguna vez en la pantalla.

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  4. Alberto dice:

    Un verdadero gigante el gran Robert.- Inolvidables sus películas, desde Ivanhoe y los Caballeros de la Mesa Redonda, hasta Quintin Durward, Bataán y tantas más.

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  5. José Luis dice:

    En verdad, uno de los galanes mas importantes de la historia del cine. Magnífico actor en películas inolvidables. Con visionar ELPUENTE DE WATERLOO, MARGARITA GAUTIER o QUO-VADIS es suficiente para saber del gran Robert Taylor.

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