Tony Curtis: el Niño Bonito de la Universal (Tercera Parte)
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 5 de Junio de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano | Tiempo de Lectura: 11m 50s | Leido 783 veces.Ira Hayes fue un soldado americano de origen indio, que combatió en la II Guerra Mundial, el cual estuvo en la toma de la isla de Iwo Jima y que terminado el fragor del combate, ayudó a otros cinco compañeros a levantar la bandera de las barras y las estrellas, en una colina de la isla, cuyo momento fue captado por uno de los fotógrafos corresponsales de guerra en el Pacífico, siendo la foto publicada en el Life, la marina decidió erigir un monumento y hacer “héroes de guerra” a los seis. Dicha decisión le provocó una serie de conflictos emocionales a Ira, sabedor que su mérito era inocuo y a lo mucho circunstancial, pues otros compañeros que no estuvieron en la foto, tenían mas merecimiento que él, para tener la “Medalla de Honor”. Termino por caer en el alcoholismo y aunque en el filme al final parece que logra superarlo, al recibir un homenaje, lo cierto es que al poco tiempo recayó y murió a consecuencia de su adicción, sin, aparentemente, haberse reconciliado consigo mismo. Evidentemente que el tono de “El Último Héroe” (The outsider, 1961) dirigida por Delbert Mann, tiene otra de las buenas actuaciones del “niño bonito” Tony Curtis, film amargo, con la única concesión de ese aparente final pero, mostrado con tal ambigüedad, que resultaba difícil de creer. Ciertamente “El Último Héroe” no es una comedia y es un drama cuya visión provoca molestia, dejando un sabor triste, con un mensaje claro sobre los estragos de la guerra en los individuos, más no es una mala película. Efectivamente Ira Hayes es uno de los personajes de la laureada cinta de Clint Eastwood “La Conquista del Honor” (Flags of our fathers, 2006), sobre el mismo tema de la puesta de la bandera de las barras y las estrellas en una cima de la isla de Iwo Jima.
El impersonal director J. Lee Thompson, pero eficaz técnico para las cintas de grandes conjuntos y de acción tuvo a su cargo la realización de “Taras Bulba”, basada en la novela de Nicol Gogol, con adaptación de Walt Salt, más preocupado por encontrar y justificar las escenas espectaculares, que ahondar en las motivaciones libertarias de los cosacos y reduciendo una lucha milenaria, entre los diversos pueblos residentes en Ucrania, a un litigio entre capuletos y montescos, motivado por el amor de la noble princesa polaca (Christine Kauffman) y el cosaco Andrey Bulba (Tony Curtis), lo cual provoca ser repudiado por su padre Taras Bulba (Yul Brynner) y llevándolos al enfrentamiento fraticida. Un vez que aceptamos las anteriores limitaciones en la adaptación de tan rica novela, es posible disfrutar de este monumental filme, en donde fueron bien aprovechados los grandes espacios abiertos y las colosales escenas épicas filmadas en Argentina, lugar en el cual Tony Curtis inició su romance con su coestrella de origen alemán, entonces apenas una chiquilla de 18 años, motivando su divorcio de Janet Leigh.
“20 Kilos de Líos” (40 pounds of trouble, 1962) marca el debut del canadiense Norman Jewison en el megáfono, con esta comedia familiar inspirada remotamente en “Muñequita del Hampa” (Little Miss Marker), uno de los grandes éxitos de Shirley Temple. En “20 Kilos de Líos” Tony Curtis es el gerente de un casino, el cual tiene que lidiar con una niña (Claire Wilcox) olvidada por su padre y para evitar problemas con las autoridades del juego, Curtis se ve obligado a hacerse pasar por su padre. Lo que mejor recuerdo de esta comedia menor es la bella presencia de la menudita Suzanne Pleshette y sus inolvidables ojos violeta.
En “Capitán Newman” (Captain Newman, M.D. 1963), dirigida por David Millar, Gregory Peck es el psiquiatra Newman, encargado de un pabellón psiquiátrico, durante la segunda guerra mundial, que lucha por tratar de curar a sus pacientes de neurosis de guerra, enfermedad que los mandos militares se niegan a reconocer como tal y la atribuyen a una estratagema cobarde de los soldados para no regresar al frente de batalla. Realizada en un tono de comedia dramática, en cierta medida recuerda el conflicto que como comandante de su escuadrón afrontaba en Almas en la Hoguera (Twelve o’clock high), aunque en aquella el enfermo era Peck, al igual que en la forma de responder el coronel (Eddie Albert) a las reacciones de los soldados, nos presagia los absurdos de Trampa 22 (Catch 22), o de Atrapado Sin Salida (One Flew Over the Cukckoo’s Nest, 1975), sobre la dificultad para demostrar la locura. Al lado de Peck participaba la bellísima Angie Dickinson, y destacaban en sus actuaciones Tony Curtis, como un pícaro enfermero encargado de la proveeduría, que recuerda en mucho su similar rol en “Sirenas y tiburones”, pero en realidad quién se “roba” la cinta es el cantante de rock Bobby Darin, en el rol de un soldado acusado de cobardía, al cual, al igual que en un momento dado se dijo de Tony Curtis, ahora la sorpresa prejuiciosa era con saber que Bobby Darin ¡actuara!
Con más pena que gloria fue el resultado de la insulsa comedia de enredos maritales “Mounsieur Cognac” (Wild and wonderful, 1964) de Michael Anderson, en la cual compartió créditos con su esposa Christine Kauffman, sin verse en la pantalla la “magia” de la relación de estas dos estrellas, en la cual lo único que destacaba era la diferencia de edades entre ellos dos.
Aunque se trata de una de las comedias menores de Vincente Minnelli el recuerdo que tengo de “Un Amor del Otro Mundo” (Goodbye Charlie, 1964) es de una película disparatada, con algunos momentos jocosos, por lo absurdo de la historia en donde Charlie, un playboy, asesinado por un esposo celoso, rencarna en una mujer (Debbie Reynolds), como una especie de castigo divino, para que sepa lo que se siente ser asediada por machos como él, en la otra vida. Tony Curtis es George, el amigo de Charlie que va a ayudarlo a descubrir quién es su asesino. Si bien ya en los sesenta había un poco de liberalidad, es obvio que la situación equivoca del enamoramiento de George, con Charlie la mujer, se prestaba a mayores implicaciones de amistad homosexual, que lo apenas sugerido por Minnelli, para no inquietar a las buenas conciencias de la época. Hoy en día es fácil encontrar, en la televisión, varias cintas de adolescentes, con el tema de estas lecciones de “cambio de sexo”, inspiradas algunas de ellas en “Un Amor del Otro Mundo”.
Dentro de la formula marcada por las exitosas “Problemas de Alcoba” (Pillow Talk, 1959) y “Vuelve Amor Mío” (Lover come back,1962) protagonizadas por Rock Hudson y Doris Day, hay que inscribir la comedia “El Sexo y la Joven Soltera” (Sex and the single girl, 1964) de Richard Quine, en la cual Tony Curtis era un periodista “amarillista”, enviado por su jefe Henry Fonda, a desenmascarar y “destruir” a la sexóloga Natalie Wood, autora de un best seller sobre el comportamiento sexual de las norteamericanas. Curtis, quién previamente ya había publicado un artículo calumnioso al respecto, al conocer casualmente a la doctora y ser atraído por ella, se le presentaba con otro nombre, provocando los consabidos enredos y el tener que deshacer los entuertos que su
prejuiciosa actitud había provocado. Se trata de una comedia menor en la cual el director Richard Quine, no se atreve a llegar a los niveles de cinismo, humor grueso y virulencia de Billy Wilder, en su intento de crítica a la mojigatería sexual de sus compatriotas y quizás por ello “El Sexo y la Joven Soltera”, pasó con más pena que gloria durante su estreno, sin embargo últimamente he leído algunos comentarios elogiosos sobre la cinta, ahora que está disponible en DVD, que motivan a realizar una revisión de la misma, en estos tiempos de mayor apertura para los mensajes feministas, que se supone contiene la película, aunque para nosotros siempre estuvo en el nivel de un artículos fresa de Cosmopolitan, ilustrado en cinemascope y a todo color.
Indudablemente la más lograda de las cuatro cintas que realizaron juntos Tony Curtis y el director Blake Edwards es “La Carrera del Siglo” (The great race, 1965), donde luce ese estilo rebosante de humor de Edwards, para destruir convencionalismos, llevando hasta sus últimas consecuencias la sátira a sus modelos paródicos del cine de género, el western, el filme de época y la comedia de pastelazos, pero aceptando que en rigor toda burla o imitación es en si misma un homenaje y en ese sentido funciona, sobre todo, la utilización de un sinnúmero de “gags” inspirados en lo mejor del estilo de las comedias de Mack Sennett y Hal Roach, pero en particular en El Gordo y el Flaco (Stan Laurel y Oliver Hardy). Filme en que no hay un momento de respiro, ya que la sucesión de “gags” y situaciones graciosas es interminable, aún en aquellos en que se supone que Tony Curtis y Natalie Wood se confesarán su amor, pero es indudable que Jack Lemmon y Peter Falk tienen los roles mas lucidores en esta estupenda comedia “La Carrera del Siglo”.
Comedia sexual típica de los sesenta es la pieza teatral “Boeing –Boeing” de Marc Camoletti, llevada al cine en 1965 por John Rich con Tony Curtis y Jerry Lewis, acompañados por la bellas Dany Saval, Christiane Schmidtmer y Suzanne Leigh, a las cuales hay que agregar a la siempre simpática Thelma Ritter. Tony Curtis es un playboy que mantiene relaciones al mismo tiempo con tres azafatas, ya que cuando una esta en Paris, las otras dos andan volando, pero resulta que un día se cierra el aeropuerto y las cosas se le complican con la visita de su colega corresponsal (Jerry Lewis) quién pretende instalarse en su apartamento y Curtis de ninguna manera esta dispuesto a compartir sus novias. El ritmo es vertiginoso y el acoplamiento entre Lewis y Curtis, resulta adecuado para la comedia, sobre todo contando con el soporte de Thelma Ritter, en una de sus últimas actuaciones antes de su muerte, acaecida en 1969, en su típico papel de la sirviente metiche, pero solapadora de la activa vida sexual de su patrón.
“No, Con Mi Mujer No” (Not with my wife, you don’t, 1966) de Norman Panama. Durante la Guerra de Corea la enfermera Virna Lisi es pretendida por dos oficiales (Tony Curtis y George C. Scott), al termino de la misma se decide por casarse con Curtis, entonces Scott, quién es su superior se dedica a hacerle la vida de cuadritos, enviándole en cuanta misión se le ocurre, para separarlo de la siempre guapérrima Lisi y así tener oportunidad de convencerla de que se divorcie de Curtis. Quizás por que la formula ya estaba muy utilizada en la comedia americana de esa década, nunca logra despegar “No, Con Mi Mujer No” y se mantiene como una comedia menor.
“Arrivederci Baby” (Drop dead darling, 1966) de Ken Hughes, con Tony Curtis y la bella italiana Rossana Schiaffino es una comedia, aparentemente inspirada o tratando de subirse en el éxito de la estupenda comedia de Richard Quine “Como Asesinar a Mi Esposa” con Jack Lemmon y Virna Lisi, la cual nunca logra funcionar y francamente la última media hora resulta tediosa. Una de las comedias más flojas de Tony Curtis.
En la tercer ocasión en donde en forma seguida compartió créditos con una belleza italiana, como lo era en ese momento la super cachonda Claudia Cardinale, pudo por fin tener un éxito con “No Hagan Olas” (Don’t make waves”, corrosiva comedia satírica dirigida por Alexander Mackendrike, sobre los muchachos y muchachas surfistas en el sur de California, donde lucía su adolescente belleza Sharon Tate.
Marchó a Italia en 1968 a participar en una farsa medieval, digna del olvido, titulada “El Cinturón de Castidad” al lado de Monica Vitti, dirigida por Pasquale Festa Campanile. A su regreso a Estados Unidos tiene una destacada actuación en el rol del asesino en serie Albert De Salvo en la cinta “El Estrangulador de Boston” (The Boston strangler, 1968) realizada por Richard Flesicher, siendo en rigor su último gran papel y que marca el momento de su declive como estrella, aunque ha seguido participando en el cine, pero más que nada en roles secundarios, la mayoría de ellos para el olvido o mejor dicho que le han permitido sobrevivir y sobre todo en la televisión donde tuvo un segundo aire en una serie al lado de Roger Moore.
En 1993 publicó su autobiografía en la cual confesaba haber tenido relaciones sexuales con más de 4,000 mujeres a lo largo de su vida. Relaciones que iban desde un simple acostón o rapidín en el baño de un restaurante, hasta algunas más duraderas. Señala que, cuando en los inicios de su carrera, con la política de los estudios de hacerlos siempre acompañar por otra actriz, buscando con ello promover en las revistas de los aficionados los romances entre “estrellitas”, lo sintió como una autorización u obligación de tener que acostarse con todas sus damas jóvenes y coprotagonistas de sus películas, situación que lo llevó a no saber mantener relaciones duraderas o estables con sus parejas, a pesar de sus cinco matrimonios. Acepta que el torbellino de la vida de una estrella y la inseguridad en saber si seguirá estando en el favor del público, lo llevaron, una buena parte de su vida en Hollywood, a depender del alcohol y las drogas, con diversas entradas y salidas, debido a recaídas, en clínicas especializadas, hasta que a partir de los ochenta comenzó a sentirse aliviado y poder convivir y hacer las paces con sus hijos, en particular con Jamie Lee y Kelly, sus hijas que tuvo con Janet Leigh, a las cuales no les prestó ninguna atención durante su niñez. Como parte de su terapia dedica sus tiempos libres a pintar, aunque parece ser que sin los logros de un Anthony Quinn, pero como bien decía la locutora de Radio y Televisión Española, los grandes años de Tony Curtis, cuando era uno de los favoritos de los aficionados al cine, fueron en los cincuenta y los sesenta, razón por la que se le recuerda en el 82 aniversario de su natalicio.
Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código