Tony Curtis: el Niño Bonito de la Universal (Primera Parte)

Escrito por on jun 3rd, 2007 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

tony-curtis-autografo.jpg“Yo comencé a los cinco años, no como actor sino como espectador. Y aquellas películas me permitieron soñar con lo que quería ser de mayor”.
Tony Curtis

“Hace 50 años que trabajo en el mundo del cine y sigo vivo. Muchos de mis amigos ya no están y yo sí. O sea que debe de ser por algo”.
Tony Curtis

Hace unos días en un programa de noticias de espectáculos, se le dedicó un reportaje al actor Tony Curtis, en donde se mostraban los estragos causados, después de 82 años, por el paso del tiempo, en el rostro de quién fuera considerado “el niño bonito por excelencia” del cine norteamericano en los años cincuenta, cuando era una de las máximas estrellas de los Estudios Universal, al lado de Rock Hudson y Jeff Chandler.

tony_curtis_pintura.jpgTony Curtis nació en la ciudad de Nueva York el 3 de junio de 1925 y su verdadero nombre es el de Bernard Schwartz, hijo de Mono Schwartz, un actor de cierto renombre teatral en su ciudad natal de Budapest, en Hungría. Mono emigró a Estados Unidos en busca de fortuna al terminar la Primera Guerra Mundial. Se casó en Nueva York. Al nacer su hijo se convirtió en sastre y posteriormente en tendero para poder mantener a su familia, dejando en el olvido su carrera de actor, pues su acento de extranjero le impedía ser bien aceptado en los escenarios neoyorkinos.
Esta carrera la retomaría su hijo Bernard al término de la Segunda Guerra Mundial cuando ingresó al Dramatic Workshop, famosa escuela de actuación en Nueva York. Al poco tiempo trabajó en la obra “Golden Boy”, donde lo vio un buscador de talentos de la Universal, quién le contrató para el cine y le convenció del cambio de nombre.

Yvonne de Carlo y Tony Curtis

Yvonne de Carlo y Tony Curtis

Tony Curtis debutó en 1948 en “Sin Ley y Sin Alma” (Criss cross), donde aparecía en un pequeño bit, bailando con la estrella de la película Ivonne de Carlo, sin llevar crédito alguno. Era apenas una fracción de segundos lo que el público podía verle, pero después del estreno de la cinta, cuando el estudio consideró darle mejores oportunidades, se inventaron una campaña de prensa, en que había llegado un alud de cartas de admiradoras a la Universal, pidiendo fotos del “chico bonito” que bailaba con Ivonne de Carlo, claro que para esto también ayudó que en 1949 volvió a aparecer en un pequeño papel de pandillero en “Dime Con Quién Andas” (City across the river), llamando, ahora sí, la atención del público femenino, merced a una promoción en revistas especializadas, con los típicos reportajes, proporcionados por el Estudio, en donde se le presentaba como una de las más sólidas nuevas promesas de la Universal.

Los reportajes tuvieron cierta repercusión y en 1951, cuando ya había hecho otras seis breves apariciones y terminado sus estudios de actuación en la productora, fue cuando la Universal decidió lanzarlo en plan estelar al lado de Piper Laurie, quién a la sazón se consideraba la chica con mayor porvenir en dicho estudio. La cinta en cuestión fue “El Príncipe Bandolero” (The prince was a Thief) una simpática cinta de aventuras orientales de bajo presupuesto que fue un éxito de taquilla, colocándolo en el camino del estrellato y siendo la primer ocasión en que uso el nombre de Tony Curtis.

Antes aparecía en los créditos con el nombre de Anthony Curtis, como fue el caso en los westerns “Bandidos en la Sierra” (Sierra), “Winchester ‘73” y “Jinetes del Odio” (Kansas riders). El primero fue dirigido por Alfred E. Green y aunque no es uno de los mejores de Audie Murphy, resulta bastante entretenida su visión. Murphy era acusado injustamente de un crimen que no había cometido, por lo cual huía de la ley, yendo a caer en la gavilla de unos bandoleros, en donde estaba Curtis, se hacían amigos y si no mal recuerdo al final de la misma este ofrendaba su vida, para salvar la de Murphy, quién lograba probar su inocencia. En “Winchester ‘73” era el soldado que recuperaba el rifle del jefe indio “El Joven Toro”, interpretado entonces por el aún desconocido Rock Hudson. Rifle que motiva el título del filme y el recorrido de mano en mano del mismo, en este extraordinario western de itinerario de venganza dirigido por Anthony Mann y estelarizado por James Stewart.

Por cierto fue en “Winchester ’73 la única ocasión en que compartieron créditos Hudson y Curtis, quienes eran solo unos principiantes en 1949 cuando se filmó y si se recuerda su participación en esta, es más que nada por lo que hicieron posteriormente. En cuanto a “Jinetes del Odio” dirigido por Ray Enright se centra en las correrías de Jesse James (Audie Murphy) cuando estaba en la pandilla del renegado Quantrill, durante la guerra civil. Curtis interpretaba al joven Kit Dalton, quien más tarde, al igual que Jesse James, tendría su propia banda, pero en rigor eso no era parte de lo narrado por “Jinetes del Odio”, que junto con “Bandidos de la Sierra” y “Su Último Cartucho” (The Cimarron Kid) de Budd Boetticher, conformaban un programa triple de matinée de cintas protagonizadas por Audie Murphy, favoritas de los jóvenes de la época.

tony_curtis_principe-bandolero.jpgPero estábamos en que Tony Curtis logra un hit en “El Príncipe Bandolero”, aunque antes de su estreno filma “Sed de Amor” (Flesh and fury) dirigida por Joseph Pavney, en donde hace de un joven boxeador ansioso de buscar el campeonato mundial, desviándose, en parte de su objetivo, por la influencia de una ambiciosa chica (Jan Sterling), aunque cae en varios de los tópicos del género “Sed de Amor” es rescatable por sus escenas de boxeo.

Ya visto el éxito de “El Príncipe Bandolero” la Universal se aprestó a reunir nuevamente a Piper Laurie y Tony Curtis, ahora en una entretenida comedia “Casada y Sin Marido” (No room from the groom) dirigida por Douglas Sirk, que no es precisamente uno de los grandes melodramas del danés y tuvo poca repercusión en taquilla, alertando a los estudios sobre el gusto de los aficionado a querer ver a Laurie y Curtis enfrascados en aventuras orientales y para ello los volvieron a juntar en otro ameno filme de época titulado “El Hijo de Alí Baba” (Son of Ali Baba). Lo malo, para Curtis, del éxito de “El Príncipe Bandolero” y “El Hijo de Alí Baba”, fue que sirvieron para encasillarlo en la tipificación de “niño bonito” y el estudio busco darle papeles fáciles que no tuvieran muchas complicaciones en su construcción dramática.

tony_curtis_-y-janet.jpgEn 1953 filmó un largo metraje, por primera vez, al lado de Janet Leigh, con la cual se había casado el 4 de junio de 1951, con quién estaría unido por diez años, antes de abandonarla para casarse con la jovencita Christine Kauffman (Tony y Janet en 1949 habían trabajado en un corto metraje dirigido por Jerry Lewis, antes de que el actor tuviera éxito y Janet ya era una estrella con futuro en la M.G.M. por lo cual no puede hablarse de un matrimonio de compromiso para tapar habladurías sobre las preferencias sexuales de Tony, como parece ser el caso de otros matrimonios en la época, en particular el de Rock Hudson). Con Janet Leigh tendría dos hijas Jammie y Kelly. Ambas buscaron hacer carrera en el cine, pero sólo la primera lograría el triunfo con el nombre de Jammie Lee Curtis. La cinta en cuestión “El Gran Houdini” (Houdini) es una fantasiosa biografía del célebre escapista Harry Houdini, no obstando para ser una de las favoritas de los aficionados de la época.

“As de Campeones” (All american, 1953) de ambiente deportivo; “Prohibido”(Forbbiden, 1953) exótica cinta de “cine negro” ubicada en Macao; “Rivera del Heroísmo” (Beachhead, 1954) sobre dos soldados que se quedan varados en una isla del pacifico, enfrentándose a un batallón de japoneses y “Carrera de Hidalgos” (Johnny Dark, 1954) en la cual era un ingeniero de automóviles de carreras, fueron cuatro filmes, que solo le sirvieron para darle lustre a su estrellato. Por cierto en “Carrera de Hidalgos” compartió créditos por cuarta y última ocasión con Piper Laurie, una excelente actriz, a la que la Universal no supo sacarle mayor partido, pero que consiguió una de sus mejores actuaciones como compañera de Paul Newman en “El Audaz” (The hustler, 1961) y seguramente las nuevas generaciones, asiduas al cine en televisión, la han visto en el clásico filme de terror “Carrie”, precisamente como la madre de la protagonista.

tony_curtis_escudo-2.jpg“El Escudo Negro” (The Black Shield of Falworth, 1954) dirigida por el eficaz Rudolph Mate y donde compartió créditos con Janet Leigh sería otro de sus grandes éxitos, al hacer de un noble proscrito que tiene que enfrentarse, en un “juicio de Dios”, con el caballero que acuso falsamente a su padre de traición. Muy en el estilo de “Ivanhoe”, “Los Caballeros del Rey Arturo” y “El Príncipe Valiente”, la Universal dio la batalla, en cuanto a filmes de aventuras medievales, populares en ese momento, con la entretenida “El Escudo Negro”, una de las grandes favoritas en las matinées de la época, presentada, casi siempre en el programa, junto a “Atila Frente a Roma” (Sign of the pagan, 1954) en la cual Jack Palance, como el bárbaro huno Atila, le robaba la película a Jeff Chandler.

En “El Robo del Siglo” (Six bridges to cross, 1955) de Joseph Pevney, Tony Curtis hizo el rol de un pandillero, teniendo oportunidad de mostrar ser algo más que un galán bonito, en esta versión muy libre de la historia del célebre robo a la factoría Brinks con un botín de 2 millones de dólares, debida al periodista Joel Dinen, quién tuvo oportunidad de entrevistar en la prisión al jefe de la banda Tony Pino y a partir de ello elaborar su biografía de la carrera criminal de un chico abandonado en la niñez, el cual en la adolescencia empieza su carrera delictiva, impulsado por las circunstancias. “El Robo del Siglo”, dentro de ese género de sociología criminal resulta interesante su visión.

tony_curtis_tres-amores-en-paris.jpg“Tres Amores en París” (So this is Paris, 1955) dirigida por Richard Quine es una regular comedia musical, recordable porque nos demostró que el baile no era su fuerte, tal y como pudieron constatarlo, recientemente, los suscriptores de Sky que pueden ver Cinecanal Classics.

“La Mascara Púrpura” (Purple mask, 1955) dirigida por Rudolph Mate significo otro éxito para el actor, a quién le cayó como anillo al dedo su rol de un petulante noble, quién ocultándose bajo una mascara encabezaba la rebelión de los aristócratas, en 1803 para sacudirse el yugo de Napoleón y poder escapar de la guillotina. En “La Mascara Púrpura” podemos encontrar varios duelos de espadazos bien realizados, haciendo recordable este filme de aventuras, remake de otro protagonizado por Leslie Howard en los años treinta con el título de “El Pimpinela Escarlata”. Volvió a estar bajo las ordenes de Rudolph Mate en “Amor Justiciero” (The rawhide years, 1955), tratándose del único western que protagonizo, en donde hacia el rol de un jugador en uno de los “barcos de juego” en el río Mississipi, pero no es de los sobresalientes en el género. Al igual que “Campeón Sin Victoria” (The square jungle, 1955) en donde sin fortuna se pretendió volverlo al ambiente del cuadrilátero, que tan buenos resultados le había dado en “Sed de Amor”.

 

Burt Lancaster, Gina Lollobrigida y Tony Curtis en Trapecio

Burt Lancaster, Gina Lollobrigida y Tony Curtis en Trapecio

Su primera aparición importante en un papel que requería algo más que su atractiva presencia lo tuvo en 1956 al lado de Burt Lancaster y Gina Lollobrigida en “Trapecio”, dirigida por Carol Reed. El paso del tiempo ha sido favorable para “Trapecio”, en que sin los prejuicios de la época sobre la “sorpresa” de que pudiera actuar, resulta más fácil disfrutar de la eficiencia técnica de Carol Reed, para hacer verosímiles sus escenas del trapecio, amén de la presencia de Gina Lollobrigida luciendo su espléndida belleza, razón suficiente para disfrutar de esta cinta de ambiente circense, mucho mejor que la sobrevalorada “El Espectáculo Más Grande del Mundo” de Cecil B. de Mille. “Trapecio” es un remake de la cinta alemana “Varieté” realizada en 1929 y a su vez el filme de Carol Reed inspiró la copia mexicana “La Venenosa” estelarizada por Ana Luisa Peluffo. “Trapecio” ha estado siendo exhibida reiteradamente en “Cinecanal Classics”, asi que si usted es suscriptor de ese canal le recomendamos checar la programación para disfrutar de su visión o buscarla en el mercado del DVD.

Blake Edwards realizó dos insulsas comedias musicales con Frankie Lane, que nunca tuvieron estreno en México, antes de llamar la atención con su tercer filme “Los Amores de Mr. Cory” (Mr. Cory, 1957), iniciando una fructífera relación con Tony Curtis, en cuatro películas. En “Los Amores de Mr. Cory” Curtis es un joven ambicioso que sale de su natal Chicago, para ir a trabajar a un hotel de lujo en Wisconsin, donde conoce a un viejo jugador profesional (Charles Brickford) el cual esta dispuesto a financiarlo, en los circuitos clandestinos de juego, al verle dotes para jugar al póker. De esta manera Curtis entabla relación con “Abby” una rica chica de sociedad (Martha Hyer) y ve así su oportunidad de ascenso social, aunque no lo logra, sobre todo por pretender hacerlo con trampas y engaños, quedando solo una rendija, en un final engañoso, en que Cory acepta que quién esta enamorado de él, es”Jen”(Kathryn Grant) la hermana menor de “Abby”. Analizada en perspectiva la carrera de Blake Edwards, podremos encontrar en “Los Amores de Mr. Cory” ya algunas de las virtudes del director, sobre todo en el estilo y su elegancia narrativa, así como una velada crítica social, con cierta virulencia irónica, pero si la cinta se mantiene en un tono de melodrama edulcorado, seguramente fue debido a que Edwards, como director principiante, seguramente cedió a muchas presiones del estudio y no llevar hasta las últimas consecuencias el final trágico, que se llega a percibir unos cinco minutos antes de que termine la película, cuando “Abby” lo rechaza. Pero como bien dice Adolfo Bellido en su ensayo “El típico dandy americano”:  “En “Los amores de Mr. Cory” se encuentra en ciernes el estilo Edwards: planos largos para conseguir una mayor intensidad en la interpretación, los “delicados” momentos amorosos (utilizados como tiempos muertos en la narración) y la huida del subrayado dentro de una escena, para lo cual evita utilizar los insertos”. Filme menor, pero cuya visión resulta agradable.

Su siguiente filme “La Mentira Maldita” (Swett smell of sucess, 1957) de Alexander Mackendrick, es la amarga, pero excelente historia sobre la corrupción periodística, encarnada por un influyente columnista (Burt Lancaster) quién se auto erige en la conciencia moral de América, tratándose en el fondo de un simple chantajista, con problemas incestuosos. Guillermo Cabrera Infante a propósito de la estulticia del doblaje en España, toma como ejemplo a “La Mentira Maldita” en su artículo “Por Quién Doblan las Películas”, recopilado en su libro “Cine o Sardina”como muestra de ello: “En esta película Tony Curtis, que trajinaba servil para el vil Burt Lancaster, calumniaba en la prensa de Nueva York al novio de la hermana de Lancaster, cuya pasión incestuosa era la araña de la trama. En el original Curtis llamaba al renuente Romeo, que era un jazzman, con los epítetos épicos de drogómano, mal músico y comunista. En la versión doblada el pobre calumniado seguía siendo mariguano y mal músico ¡pero había desaparecido el carnet del partido! ¿Quién blanqueó al músico rojo? Cualquiera sabe. Pero el que sabe sabe que el membrete estaba ahí antes en la banda sonora. No es que el doblaje pueda servir como he dicho a una forma obsoleta de censura, sino que el mismo doblaje es una forma de censura”. En “La Mentira Maldita” encontramos otra de las excelentes actuaciones de Tony Curtis, amén de ser uno de los mejores filmes sobre los entretelones del periodismo amarillista.

En “Los Ojos del Padre Tomasino” (The midnight story, 1957), hacía de un expolicia que investigaba por su cuenta el asesinato de un sacerdote que había sido su protector en su adolescencia. Fue dirigida por Joseph Pevney un artesano de la Universal que merece una revisión, ya que al igual que “Sed de Amor” y “El Robo del Siglo”, este policiáco mantiene adecuadamente una atmósfera de suspenso, haciendo recomendable su visión.

Vikings b “Los Vikingos” (The vikings, 1958) realizada por Richard Fleischer es uno de los mejores filmes de aventuras medievales, en que junto con la espectacularidad de sus escenas de batalla, se contaba con un buen reparto encabezado por Kirk Douglas, productor de la cinta, a quién acompañaban Tony Curtis, Janet Leigh y Ernest Borgnaine. Se encuentra ya copia de “Los Vikingos” en los video clubs, para poder constatar que el paso del tiempo no ha hecho mella en este filme.

Aparecería después en el interesante melodrama bélico “Rencor Implacable” (Kings go forth, 1958) de Delmer Daves, en el cual volvía a su rol del chico guapo arribista, quién en esta ocasión pretendía enamorar a la aristócrata francesa Natalie Wood, a la cual repudiaba al enterarse que su padre era un millonario negro originario de La Martinica. La acción se ubicaba en la Segunda Guerra Mundial en Francia. La crítica especializada suele ensalzar en demasía a Delmer Daves por sus westerns y menospreciarlo por sus melodramas, en particular los tres que hizo con Troy Donahue, pero una visión desapasionada de “Rencor Implacable” (disponible en DVD) nos debe de llevar a ponderar la solvencia narrativa de Daves, tanto en el western, como en el melodrama.

fuga-en-cadenasLa única nominación al Oscar le llegaría merced su actuación en el drama social de Stanley Kramer “Fuga en Cadenas” (The Defiant Ones, 1958) en el cual Curtis era un blanco racista que por azahares del destino, trata de escapar de la prisión encadenado a un negro (Sidney Poiter). Con todo y el ampuloso discurso antirracista del liberal Kramer, quizás esta sea su mejor película, merced a las sólidas actuaciones de Tony Curtis y Sidney Poiter, que saben mantener la tensión dramática, dando la sensación de un auténtico odio y rechazo mutuo, entre el blanco y el negro, obligados por las circunstancias a ayudarse, si es que pretenden sobrevivir y alcanzar la libertad.

“Yo y Ellas en Paris” (The perfect furlough, 1958) es su segundo filme bajo las órdenes de Blake Edwards y fue una exitosa comedia, en la cual Curtis era un soldado acuartelado en una base en el ártico, junto con otros 103 compañeros, los cuales ya dan muestras de agotamiento anímico al tener más de seis meses lejos de su hogar y, sobre todo de compañía femenina, por ello el alto mando, decide levantarles la moral haciéndoles un sorteo, para que el ganador pase una semana en Paris, acompañado por la “pin-up” de éxito en el momento. El pícaro de Curtis resulta ser todo un Don Juan, quién con trampas gana el sorteo y ha partir de allí, comienza una serie de alocadas aventuras de enredos, al sentirse engañado por suponer que la “pin-up” (Linda Cristal) estaba dispuesta a todo, con tal de levantar la moral de los solados, simbólicamente representados por él. Curtis se topa con una teniente (Janet Leigh) cuyas estrictas órdenes son las de mantener en el terreno de lo platónico, los escarceos amorosos del pícaro soldado. Blake Edwards se maneja con mayor soltura en la ironía y el humor en “Yo y Ellas en París”, haciendo una aguda crítica a la hipócrita moral sexual del ejército y por ende de la sociedad americana, donde muestra notorios avances, en relación a “Los Amores de Mr. Cory”, en cuanto a ir estableciendo su universo temático.

La extraordinaria comedía satírica sexual “Una Eva y Dos Adanes” (Some like it hot, 1959) dirigida por Billy Wilder, con una exuberante Marilyn Monroe en su máximo esplendor, fue otro de sus grandes éxitos, en la cual el acoplamiento con Jack Lemmon, resulta perfecto, para que tanto Lemmon como Curtis se luzcan en sus roles de músicos en bancarrota, que para sobrevivir tienen que travestirse y trabajar en una banda de mujeres. El American Film Institute, con justa razón, la ha considerado la mejor comedia del cine americano en el siglo XX. Así que si no la ha visto acuda a su video club favorito a rentarla o adquiera el DVD, para que la disfrute a plenitud.

marilyn_monroe_et_tony_curtis_referenceEn cuanto a su relación con Marilyn Monroe, recién terminado el rodaje circuló como suya la frase de que hacer las escenas de amor con ella “Fue como besar a Hitler”. Más tarde quiso explicar que aquello lo había dicho al calor del enfado que tenía con la actriz por causa de su informalidad en el rodaje. Y más recientemente en relación a la actriz ha dicho, en un tono mas conciliador, frases como la siguiente: “¡Pobre Marilyn!; cuando rodamos la película, ella tenía problemas, estaba enferma, no llegaba nunca a la hora, no se sabía el texto y los productores la querían despedir. Diez años antes, cuando ella tenía 19 años y yo 22, habíamos sido amantes durante cuatro meses. Así que al llegar a la escena más tórrida de ‘Una Eva y Dos Adanes”, Marilyn decidió que iba a hacer todo lo posible para provocarme una erección. Y lo logró!. Alguna vez he comentado que besar a Marilyn era como cogérsela”.

Las dotes de comediante de Tony Curtis fueron siempre comparadas con Cary Grant, al grado de considerársele el heredero natural de este y cuando uno los ve juntos en “Sirenas y Tiburones” (Operation Petticoat, 1959) dirigida por Blake Edwards, la comparación entre los estilos de actuación no se hace esperar, ya que no hay diferencia entre uno y otro, sino que simplemente Curtis prolonga en si mismo, el fino estilo para la comedia de Grant, sin que parezca una parodia, paradójicamente en un filme que es una parodia de los heroicos filmes de guerra de submarinos. Y que como bien señala el ya citado Adolfo Bellido: “Una película llena de gags impecables (el torpedo que hunde un… camión, la invocación del hechicero, los sucesivos robos de materiales, incluida la puerta del comandante de la isla…), que van creando esa parodia de la guerra (a la que volverá Edwards posteriormente en ¿Qué Hiciste en la Guerra Papi?) y lo absurdo de la misma (unos ataques escasamente gloriosos, equivocar una misión secreta con el extraño color del submarino, o ser salvados por lanzar desde el submarino prendas íntimas femeninas)”.

“No falta la escena de amor con botella de champagne, y algunos de los momentos muertos del cine de Edwards (las canciones de uno de los marineros). Al final el amor triunfa y desde el presente contemplamos la fuerza del pasado creador de amistad y honestidad (?). Brillante filme, pues, que no lleva, desgraciadamente, a sus últimas consecuencias las propuestas críticas y paródicas previstas. Eso sí, hay que admirar el dibujo de algunos de sus personajes secundarios: el marinero que tiene pintado en su pecho el busto de una mujer, la futura “clousseauniana” mujer de Cary Grant, el marinero experto en mecánica y la mujer ídem…”

El grato recuerdo que guardo de “No Es Dama, Es Mi Mujer” (Who was that lady, 1960) vista por última ocasión hace unos 40 años en el cine Plaza, es que se trataba de una enredada comedia, en donde todas las situaciones absurdas se desataban a partir de que Janet Leigh entraba a la oficina de su esposo Tony Curtis, a quién encontraba en los brazos de una de sus alumnas, dándole un apasionado beso y siguiendo el sabio consejo de que aún agarrándolo a uno con las manos en… salvo sea la parte, hay que negarlo, entonces se dedica, asesorado por su gran amigo escritor de televisión (Dean Martin), a urdir toda una historia sobre la chica, argumentando que era un agente del FBI, la cual estaba investigando a Curtis. Y bueno, ustedes ya saben, que una mentira lleva a otra y en el caso de “No Es Dama, Es Mi Mujer” a una serie de disparatadas situaciones, desarrolladas a un veloz ritmo, por el veterano director George Sidney.

El lirismo de Robert Mulligan, con su pudoroso sentido de manejar las situaciones sentimentales hacen de “La Taberna de las Ilusiones” (The rat race, 1960) una agradable comedia dramática, en la cual Tony Curtis es un músico llegado a Nueva York a buscar fortuna, el cual se encuentra con Debbie Reynolds, en la taberna que justifica el título en español, quién a su vez es una bailarina de music hall, que acepta compartir su departamento con el joven desempleado, bajo el arreglo de que toda la relación se llevará en términos platónicos. Independientemente del previsible final, lo rescatable del filme es la manera natural en que va desarrollándose la trama de la relación amistosa entre los dos personajes, en esta historia debida a la pluma del prestigiado dramaturgo y guionista Garson Kanin.

Tony Curtis y Laurence Olivier en Espartaco

Tony Curtis y Laurence Olivier en Espartaco

Más que nada por amistad con el productor-actor Kirk Douglas, aceptó realizar el papel del esclavo “Antonino” en el interesante filme espectacular “Espartaco” (Spartacus, 1960) de Stanley Kubrick y cuya participación de Tony Curtis es recordada en la cinta, debido, sobre todo, por la célebre secuencia en que “Antonino” baña a su amo “Craso” (Laurence Olivier) y se insinuaba un diálogo con connotaciones homosexuales, que la censura de la época nos escamoteó, pero que ahora al ser restemasterizada “Espartaco” para su lanzamiento en DVD, ha sido reincorporada al filme. Es obvio que “Espartaco” merece un comentario más amplio, que este incidental sobre cuestiones de censura, pero lo dejaremos para mejor ocasión en que hagamos la semblanza de Kirk Douglas o de Stanley Kubrick.

“El Gran Impostor ” (The great impostor,1961) de Robert Mulligan es un filme fallido, basado en la increíble vida de Ferdinad de Mara, quién incapaz de construir su propia personalidad, se dedicaba a suplantar la vida de otros, pero a pesar de algunos buenos episodios, ya que se nos muestra a Ferdinad, en algunas de sus imposturas, la cinta nunca logra cuajar, a pesar de la versatilidad de Curtis, para interpretar diversos roles de un mismo “personaje”.

El_sexto_heroe-761286905-largeIra Hayes fue un soldado americano de origen indio, que combatió en la II Guerra Mundial, el cual estuvo en la toma de la isla de Iwo Jima y que terminado el fragor del combate, ayudó a otros cinco compañeros a levantar la bandera de las barras y las estrellas, en una colina de la isla, cuyo momento fue captado por uno de los fotógrafos corresponsales de guerra en el Pacífico, siendo la foto publicada en el Life, la marina decidió erigir un monumento y hacer “héroes de guerra” a los seis. Dicha decisión le provocó una serie de conflictos emocionales a Ira, sabedor que su mérito era inocuo y a lo mucho circunstancial, pues otros compañeros que no estuvieron en la foto, tenían mas merecimiento que él, para tener la “Medalla de Honor”. Termino por caer en el alcoholismo y aunque en el filme al final parece que logra superarlo, al recibir un homenaje, lo cierto es que al poco tiempo recayó y murió a consecuencia de su adicción, sin, aparentemente, haberse reconciliado consigo mismo. Evidentemente que el tono de “El Último Héroe” (The outsider, 1961) dirigida por Delbert Mann, tiene otra de las buenas actuaciones del “niño bonito” Tony Curtis, film amargo, con la única concesión de ese aparente final pero, mostrado con tal ambigüedad, que resultaba difícil de creer. Ciertamente “El Último Héroe” no es una comedia y es un drama cuya visión provoca molestia, dejando un sabor triste, con un mensaje claro sobre los estragos de la guerra en los individuos, más no es una mala película. Efectivamente Ira Hayes es uno de los personajes de la laureada cinta de Clint Eastwood “La Conquista del Honor” (Flags of our fathers, 2006), sobre el mismo tema de la puesta de la bandera de las barras y las estrellas en una cima de la isla de Iwo Jima.

El impersonal director J. Lee Thompson, pero eficaz técnico para las cintas de grandes conjuntos y de acción tuvo a su cargo la realización de “Taras Bulba”, basada en la novela de Nicol Gogol, con adaptación de Walt Salt, más preocupado por encontrar y justificar las escenas espectaculares, que ahondar en las motivaciones libertarias de los cosacos y reduciendo una lucha milenaria, entre los diversos pueblos residentes en Ucrania, a un litigio entre capuletos y montescos, motivado por el amor de la noble princesa polaca (Christine Kauffman) y el cosaco Andrey Bulba (Tony Curtis), lo cual provoca ser repudiado por su padre Taras Bulba (Yul Brynner) y llevándolos al enfrentamiento fraticida. Un vez que aceptamos las anteriores limitaciones en la adaptación de tan rica novela, es posible disfrutar de este monumental filme, en donde fueron bien aprovechados los grandes espacios abiertos y las colosales escenas épicas filmadas en Argentina, lugar en el cual Tony Curtis inició su romance con su coestrella de origen alemán, entonces apenas una chiquilla de 18 años, motivando su divorcio de Janet Leigh.

“20 Kilos de Líos” (40 pounds of trouble, 1962) marca el debut del canadiense Norman Jewison en el megáfono, con esta comedia familiar inspirada remotamente en “Muñequita del Hampa” (Little Miss Marker), uno de los grandes éxitos de Shirley Temple. En “20 Kilos de Líos” Tony Curtis es el gerente de un casino, el cual tiene que lidiar con una niña (Claire Wilcox) olvidada por su padre y para evitar problemas con las autoridades del juego, Curtis se ve obligado a hacerse pasar por su padre. Lo que mejor recuerdo de esta comedia menor es la bella presencia de la menudita Suzanne Pleshette y sus inolvidables ojos violeta.

En “Capitán Newman” (Captain Newman, M.D. 1963), dirigida por David Millar, Gregory Peck es el psiquiatra Newman, encargado de un pabellón psiquiátrico, durante la segunda guerra mundial, que lucha por tratar de curar a sus pacientes de neurosis de guerra, enfermedad que los mandos militares se niegan a reconocer como tal y la atribuyen a una estratagema cobarde de los soldados para no regresar al frente de batalla. Realizada en un tono de comedia dramática, en cierta medida recuerda el conflicto que como comandante de su escuadrón afrontaba en Almas en la Hoguera (Twelve o’clock high), aunque en aquella el enfermo era Peck, al igual que en la forma de responder el coronel (Eddie Albert) a las reacciones de los soldados, nos presagia los absurdos de Trampa 22 (Catch 22), o de Atrapado Sin Salida (One Flew Over the Cukckoo’s Nest, 1975), sobre la dificultad para demostrar la locura. Al lado de Peck participaba la bellísima Angie Dickinson, y destacaban en sus actuaciones Tony Curtis, como un pícaro enfermero encargado de la proveeduría, que recuerda en mucho su similar rol en “Sirenas y tiburones”, pero en realidad quién se “roba” la cinta es el cantante de rock Bobby Darin, en el rol de un soldado acusado de cobardía, al cual, al igual que en un momento dado se dijo de Tony Curtis, ahora la sorpresa prejuiciosa era con saber que Bobby Darin ¡actuara!

wild-and-wonderful Con más pena que gloria fue el resultado de la insulsa comedia de enredos maritales “Monsieur Cognac” (Wild and wonderful, 1964) de Michael Anderson, en la cual compartió créditos con su esposa Christine Kauffman, sin verse en la pantalla la “magia” de la relación de estas dos estrellas, en la cual lo único que destacaba era la diferencia de edades entre ellos dos.

Aunque se trata de una de las comedias menores de Vincente Minnelli el recuerdo que tengo de “Un Amor del Otro Mundo” (Goodbye Charlie, 1964) es de una película disparatada, con algunos momentos jocosos, por lo absurdo de la historia en donde Charlie, un playboy, asesinado por un esposo celoso, rencarna en una mujer (Debbie Reynolds), como una especie de castigo divino, para que sepa lo que se siente ser asediada por machos como él, en la otra vida. Tony Curtis es George, el amigo de Charlie que va a ayudarlo a descubrir quién es su asesino. Si bien ya en los sesenta había un poco de liberalidad, es obvio que la situación equivoca del enamoramiento de George, con Charlie la mujer, se prestaba a mayores implicaciones de amistad homosexual, que lo apenas sugerido por Minnelli, para no inquietar a las buenas conciencias de la época. Hoy en día es fácil encontrar, en la televisión, varias cintas de adolescentes, con el tema de estas lecciones de “cambio de sexo”, inspiradas algunas de ellas en “Un Amor del Otro Mundo”.

Dentro de la formula marcada por las exitosas “Problemas de Alcoba” (Pillow Talk, 1959) y “Vuelve Amor Mío” (Lover come back,1962) protagonizadas por Rock Hudson y Doris Day, hay que inscribir la comedia “El Sexo y la Joven Soltera” (Sex and the single girl, 1964) de Richard Quine, en la cual Tony Curtis era un periodista “amarillista”, enviado por su jefe Henry Fonda, a desenmascarar y “destruir” a la sexóloga Natalie Wood, autora de un best seller sobre el comportamiento sexual de las norteamericanas. Curtis, quién previamente ya había publicado un artículo calumnioso al respecto, al conocer casualmente a la doctora y ser atraído por ella, se le presentaba con otro nombre, provocando los consabidos enredos y el tener que deshacer los entuertos que su prejuiciosa actitud había provocado. Se trata de una comedia menor en la cual el director Richard Quine, no se atreve a llegar a los niveles de cinismo, humor grueso y virulencia de Billy Wilder, en su intento de crítica a la mojigatería sexual de sus compatriotas y quizás por ello “El Sexo y la Joven Soltera”, pasó con más pena que gloria durante su estreno, sin embargo últimamente he leído algunos comentarios elogiosos sobre la cinta, ahora que está disponible en DVD, que motivan a realizar una revisión de la misma, en estos tiempos de mayor apertura para los mensajes feministas, que se supone contiene la película, aunque para nosotros siempre estuvo en el nivel de un artículos fresa de Cosmopolitan, ilustrado en cinemascope y a todo color.

Indudablemente la más lograda de las cuatro cintas que realizaron juntos Tony Curtis y el director Blake Edwards es “La Carrera del Siglo” (The great race, 1965), donde luce ese estilo rebosante de humor de Edwards, para destruir convencionalismos, llevando hasta sus últimas consecuencias la sátira a sus modelos paródicos del cine de género, el western, el filme de época y la comedia de pastelazos, pero aceptando que en rigor toda burla o imitación es en si misma un homenaje y en ese sentido funciona, sobre todo, la utilización de un sinnúmero de “gags” inspirados en lo mejor del estilo de las comedias de Mack Sennett y Hal Roach, pero en particular en El Gordo y el Flaco (Stan Laurel y Oliver Hardy). Filme en que no hay un momento de respiro, ya que la sucesión de “gags” y situaciones graciosas es interminable, aún en aquellos en que se supone que Tony Curtis y Natalie Wood se confesarán su amor, pero es indudable que Jack Lemmon y Peter Falk tienen los roles mas lucidores en esta estupenda comedia “La Carrera del Siglo”.

Comedia sexual típica de los sesenta es la pieza teatral “Boeing –Boeing” de Marc Camoletti, llevada al cine en 1965 por John Rich con Tony Curtis y Jerry Lewis, acompañados por la bellas Dany Saval, Christiane Schmidtmer y Suzanne Leigh, a las cuales hay que agregar a la siempre simpática Thelma Ritter. Tony Curtis es un playboy que mantiene relaciones al mismo tiempo con tres azafatas, ya que cuando una esta en Paris, las otras dos andan volando, pero resulta que un día se cierra el aeropuerto y las cosas se le complican con la visita de su colega corresponsal (Jerry Lewis) quién pretende instalarse en su apartamento y Curtis de ninguna manera esta dispuesto a compartir sus novias. El ritmo es vertiginoso y el acoplamiento entre Lewis y Curtis, resulta adecuado para la comedia, sobre todo contando con el soporte de Thelma Ritter, en una de sus últimas actuaciones antes de su muerte, acaecida en 1969, en su típico papel de la sirviente metiche, pero solapadora de la activa vida sexual de su patrón.

curtis “No, Con Mi Mujer No” (Not with my wife, you don’t, 1966) de Norman Panama. Durante la Guerra de Corea la enfermera Virna Lisi es pretendida por dos oficiales (Tony Curtis y George C. Scott), al termino de la misma se decide por casarse con Curtis, entonces Scott, quién es su superior se dedica a hacerle la vida de cuadritos, enviándole en cuanta misión se le ocurre, para separarlo de la siempre guapérrima Lisi y así tener oportunidad de convencerla de que se divorcie de Curtis. Quizás por que la formula ya estaba muy utilizada en la comedia americana de esa década, nunca logra despegar “No, Con Mi Mujer No” y se mantiene como una comedia menor.

“Arrivederci Baby” (Drop dead darling, 1966) de Ken Hughes, con Tony Curtis y la bella italiana Rossana Schiaffino es una comedia, aparentemente inspirada o tratando de subirse en el éxito de la estupenda comedia de Richard Quine “Como Asesinar a Mi Esposa” con Jack Lemmon y Virna Lisi, la cual nunca logra funcionar y francamente la última media hora resulta tediosa. Una de las comedias más flojas de Tony Curtis.

En la tercer ocasión en donde en forma seguida compartió créditos con una belleza italiana, como lo era en ese momento la super cachonda Claudia Cardinale, pudo por fin tener un éxito con “No Hagan Olas” (Don’t make waves”, corrosiva comedia satírica dirigida por Alexander Mackendrike, sobre los muchachos y muchachas surfistas en el sur de California, donde lucía su adolescente belleza Sharon Tate.

Marchó a Italia en 1968 a participar en una farsa medieval, digna del olvido, titulada “El Cinturón de Castidad” al lado de Monica Vitti, dirigida por Pasquale Festa Campanile. A su regreso a Estados Unidos tiene una destacada actuación en el rol del asesino en serie Albert De Salvo en la cinta “El Estrangulador de Boston” (The Boston strangler, 1968) realizada por Richard Flesicher, siendo en rigor su último gran papel y que marca el momento de su declive como estrella, aunque ha seguido participando en el cine, pero más que nada en roles secundarios, la mayoría de ellos para el olvido o mejor dicho que le han permitido sobrevivir y sobre todo en la televisión donde tuvo un segundo aire en una serie al lado de Roger Moore.

En 1993 publicó su autobiografía en la cual confesaba haber tenido relaciones sexuales con más de 4,000 mujeres a lo largo de su vida. Relaciones que iban desde un simple acostón o rapidín en el baño de un restaurante, hasta algunas más duraderas. Señala que, cuando en los inicios de su carrera, con la política de los estudios de hacerlos siempre acompañar por otra actriz, buscando con ello promover en las revistas de los aficionados los romances entre “estrellitas”, lo sintió como una autorización u obligación de tener que acostarse con todas sus damas jóvenes y coprotagonistas de sus películas, situación que lo llevó a no saber mantener relaciones duraderas o estables con sus parejas, a pesar de sus cinco matrimonios. Acepta que el torbellino de la vida de una estrella y la inseguridad en saber si seguirá estando en el favor del público, lo llevaron, una buena parte de su vida en Hollywood, a depender del alcohol y las drogas, con diversas entradas y salidas, debido a recaídas, en clínicas especializadas, hasta que a partir de los ochenta comenzó a sentirse aliviado y poder convivir y hacer las paces con sus hijos, en particular con Jamie Lee y Kelly, sus hijas que tuvo con Janet Leigh, a las cuales no les prestó ninguna atención durante su niñez. Como parte de su terapia dedica sus tiempos libres a pintar, aunque parece ser que sin los logros de un Anthony Quinn, pero como bien decía la locutora de Radio y Televisión Española, los grandes años de Tony Curtis, cuando era uno de los favoritos de los aficionados al cine, fueron en los cincuenta y los sesenta, razón por la que se le recuerda en el 82 aniversario de su natalicio.

P.D. Murió el 29 de septiembre de 2010, en Las Vegas, Nevada, Estados Unidos de un paro cardíaco.

Para ir al archivo de  textos de Gustavo Arturo de Alba, hacer clic en su nombre

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