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Del documental, la ciencia y el análisis.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 2 de Junio de 2007 | Categorias: Libros de Cine | Tiempo de Lectura: 5m 16s | Leido 281 veces.

Muy pocas veces se encuentran estudios sistemáticos de medios de comunicación por autores nacionales entre los libros publicados en México, mucho menos aún títulos especializados en cine; cuando los hay generalmente son evaluaciones nostálgicas de películas comerciales o filmografías sumarias en un intento sociológico de comprensión mediática, por eso es tan estimulante que aparezca un texto especializado y cuidadoso en su objetivo y métodos como la más reciente publicación de Karla Paniagua Ramírez: “El Documental Como Crisol”*.

En un mercado controlado por el cine comercial de ficción, la aparición de un interés creciente hacia el documental parece una tendencia a refrescar el panorama fílmico donde los géneros han caído en el tedio y la repetición crecientes mientras la fantasía fílmica tiende tan solo a reproducir la realidad en términos de absurdo; por otra parte el nuevo documental tiende a buscar en la inserción de partes de ficción con lo que parece contradecirse la facultad de documento en este tipo de películas, y justamente sobre este carácter del documental es que Karla Paniagua hace su aproximación a las relaciones del cine con la realidad y el conocimiento.

Con un sentido del cine inusual entre los especialistas de la antropología, Paniagua analiza las relaciones del cine en tanto medio y la realidad que pretende reflejar en la pantalla, pero concentra su interés en el proceso de realización como condicionante para aproximarse a una cierta verdad o “discurso de sobriedad”, según su propia consideración, para abordar temas de antropología, y el libro se convierte en una búsqueda de métodos para aproximarse a los fenómenos del ser humano con pretensión científica, y en esta situación es que el libro se convierte en una discusión acerca de la ficción en el cine.

Ciertamente la condición de espectáculo exige del cine recurrir a lo ficticio, a la narrativa que comunique lo fantástico o lo emotivo a un número creciente de receptores, difícilmente se puede relacionar al cine con pretensiones de enseñanza o promoción del conocimiento, y a pesar de que en su origen la cinematografía pretende tan solo captar la vida tal y como es, según la declaración de los hermanos Lumière, los mismos cineastas primitivos se vieron en la necesidad de dar coherencia narrativa y cambiar el orden de los hechos fotografiados para presentar un punto de vista.

El trabajo principal del libro consiste en establecer la mecánica de investigación documental durante el proceso de filmación, basada en tres clásicos del género Karla Paniagua analiza los motivos y el procedimiento seguido por Robert Flaherty, Dziga Vertov, y la pareja Jean Rouch-Edgar Morin, estableciéndolos como un paradigma de realización cumplida en tanto una cinta de corte antropológico. Quizá la mejor parte de este análisis consiste en explicar las ligas de la realización con fines científicos auxiliada con los recursos del cine de ficción, la comprensión tácita de que el cine en tanto lenguaje sigue sus propias reglas para relacionarse con el público y a pesar de las diferencias radicales en la finalidad de la filmación los autores eligieron seguirlas para que sus películas quedasen dentro del corpus de exhibición para todo el medio.

Para la Paniagua resulta indispensable comprender al documental como parte del cine y no como una entidad diferente; para quienes están interesados en el cien como medio de comunicación y como forma de expresión resulta invaluable este trabajo donde además del desarrollo escrito la autora tuvo el cuidado de añadir un disco de imagen pertinente de las cintas que trata, además de acompañarla con las tablas de análisis elaboradas cuidadosamente para cada una de las partes analizadas selectivamente para completar el trabajo teórico por escrito.

A pesar de que el estilo para escribir el libro está precisamente ajustado al ensayo de análisis científico de comunicación y desde la perspectiva de la antropología, hay en su desarrollo una mayor vocación a las ciencias de la comunicación en su forma avanzada, donde confluyen los métodos de análisis lingüístico y semiológico, y a pesar de exigir el lenguaje especializado de estas disciplinas la autora ha tenido el cuidado de escribirlas de forma accesible y en un estilo agradable que permite aprovechar fácilmente las aportaciones que hace al estudio del cine, sector en el que exhibe un conocimiento riguroso y preciso sin pedanterías.

Infortunadamente es un libro que no tiene como pretensión llegar al público de cine, o al que lee sobre esta materia, sino que su público natural son los especialistas, ojalá y hubiese un librero avezado que lo coloque en las librerías cercanas a los cines y especialmente a las salas universitarias para promover un tema que por el momento es trascendental para el cine mexicano: el documental, que cada vez más se desarrolla en todos los niveles de la actividad cinematográfica, lo mismo comercial que en el ámbito del arte ya la propaganda, pero no hay suficiente literatura especializada para que accedan a ella los cineastas y filmadores que se inician, con lo que cada vez parece que todo comienza, los documentales adolecen de las mismas fallas de siempre, tal vez porque todo mundo pretende hacer ficción y solo tiene acceso a filmar su realidad circundante sin que pueda establecer teóricamente sus posibilidades.

Es ahí donde el libro de Karla Paniagua cobra importancia por cuanto es buena fuente para aclarar los límites del cine documental y el de ficción, además de que sirve muy bien como introducción a cualquier buena reflexión acerca de la propia ficción y sus relaciones tanto con la realidad circundante como con la manera de expresar una idea de forma coherente en cualquier forma de expresión audiovisual.

Ciertamente que en cuanto texto de divulgación científica tiene muchas virtudes, y que haciendo un resumen del método seguido por Paniagua podríamos decir que es una buena muestra de la influencia determinante de pensadores como Marshall McLuhan por cuanto la sumatoria de la tesis que sustenta Paniagua podría definirse como “la comprensión del proceso es el mensaje”, en vista de la forma en que la autora enlaza la relación entre realizador, sujetos de filmación y público, en tanto fenómeno cultural.

*El documental como crisol. Análisis de tres clásicos para una antropología de la imagen. Por Karla Paniagua, México, Publicaciones de la casa chata, CIESAS, 2007, 114 pp.

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Hay 2 comentarios

  1. Señor Espinoza Rangel:
    Sería recomendable que antes de publicar sus textos, los sometiera a un corrector de estilo. Lo he venido siguiendo desde hace un tiempo y sus sesudas reflexiones, son absolutamente inentendibles, debido a su erroneo, (o ausente) uso de los signos de puntuación. Para muestra, lea usted el primer párrafo de su escrito sobre el documental. Nueve líneas con solo dos comas. un punto y coma (que no venía al caso) un dos puntos y un punto y fianal. Eso si, como siete diferentes ideas totalmente parrafadas.

  2. Sr. Espinoza:

    Agradezco los comentarios sobre mi libro. Con mucho gusto informaré a los posibles interesados sobre los puntos de venta: kpaniagua@hotmail.com