Gene Kelly: innovador del musical (I parte)
Escrito por Gustavo Arturo de Alba | 30 de Mayo de 2007 | Categorias: Actores y Actrices, Biofilmografias, Cine Norteamericano, Directores, Musical | Tiempo de Lectura: 10m 51s | Leido 1058 veces.
El 2 de febrero de 1996 murió el actor, bailarín, coreógrafo y director de cine Gene Kelly, famoso por sus importantes aportaciones a la comedia musical, a través de cintas como “Un Día en Nueva York”, “Cantando Sobre la Lluvia” y “Siempre Hay un Día Felíz”.
Es casi un lugar común decir que las películas musicales son, en términos generales, las que mejor sobreviven al paso del tiempo y cuya reiterada visión, se soporta más fácilmente que la de otras muestras del arte cinematográfico.
La valiosa obra de directores de la talla de Antonioni; Fellini; Buñuel; Welles; Bergman; Stroheim; Renoir; Resnais, Kubrick y muchos más, cuyas películas son pasto fértil para los Cine Clubes, requieren -precisamente- de un marco adecuado, que resalte y contextualice su valor, acorde con el espíritu de la época en que fueron realizadas, para poder captar mejor sus aportes, al desarrollo del cine.
Por otro lado tenemos al valioso género de “la comedia musical americana”, cuyo disfrute de sus obras, sean estas clásicas, maestras o simplemente las de soporte, resulta más sencillo gozar de su visión, como puede constatar hace unos días, cuando con un grupo de amigos aficionados al cine, pero sin mayores conocimientos de procesos históricos, nos recetamos un programa triple, por supuesto que en DVD, compuesto por “Erase una Vez en Hollywood”; “Un Día en Nueva York” y “Cantando Bajo la Lluvia”, en sus versiones originales, sin el molesto doblaje.
Los comentarios giraron en su mayoría sobre la labor de Gene Kelly, Stanley Donen, Cyd Charisse, Vera Ellen, Fred Astaire y otros de los grandes nombres del musical, pero hoy hablaremos precisamente de Gene Kelly quien nació el 23 de agosto de 1912, en la ciudad de Pittsburgh, Pennsylvania, en los Estados Unidos y el cual llegó a ingresar a la Universidad a estudiar Derecho, antes de decidirse a ser bailarín profesional.

En una entrevista con John Sandilands decía sobre su vocación lo siguiente: “Jamás bailé, hasta la adolescencia. Mi ambición era ser un gran atleta. Era gimnasta y jugaba hockey sobre hielo para pensar que, si seguía en eso algún día sería profesional. Jamás imaginé que me ganaría la vida bailando y ciertamente nunca me levanté en las mañanas para ir corriendo a practicar, como el niño Mozart con el piano. De hecho en ese entonces pensaba que sólo un MARICA haría cosas por el estilo. Supongo que empecé a bailar porque descubrí que mi hermano ganaba algo de dinero con eso, taloneando en los clubes, y parecía estar adquiriendo muchas novias nuevas. Cuando aprendí algunos pasos, descubrí que me gustaba bailar y que era bastante bueno para ello. Parecía tener mucho en común con los ejercicios acrobáticos que había estado haciendo”.
“Después, sólo tuve que sobreponerme a la idea de que la danza era sólo para muchachas, pero terminé el proceso bastante rápido y jamás me han vuelto a entrar esos complejos. En Norteamérica, seguimos tendiendo a pensar que la gracia y la belleza son algo exclusivamente femenino, pero yo no lo creo así. Es posible hallar ambas cosas en tipos que uno no llamaría afeminados: Un gran futbolista como Pelé o un gran boxeador como Muhammed Alí”.
Gene cuyo verdadero nombre era Eugene Curran Kelly, fue el tercero de cinco hijos de James Patrick Kelly y Harriet Lee Curran. Los tres hombres James, el segundo, Gene y Fred el quinto de los hijos de la pareja se dedicaron profesionalmente a bailar, influidos, en gran parte por su madre, la cual siempre tuvo vocación por dedicarse al teatro y a la danza, así que cuando tenía 18 años comenzó a tomar clases de baile, como un complemento de su preparación atletica. Al sobrevenir el crak de 1929 se vio obligado a buscar trabajo, para auxiliar a sus padres en el sostenimiento de la familia, siendo su primer empleo de instructor de gimnasia en la YMCA, al mismo tiempo que junto con su hermano Fred comenzó a bailar en centros nocturnos. En el año de su graduación, 1933, en la Universidad de Pittsburgh, Gene fue el encargado de organizar la fiesta de fin de cursos, estando a cargo de la dirección de la compañía de estudiantes, al ya comenzar a destacar como director de escena y coreógrafo. Después de la graduación entró a estudiar Leyes, sin embargo a los dos meses abandonó dicha carrera, convencido de que su verdadera vocación era la de ser bailarín. Junto con su madre puso una escuela de danza “The Gene Kelly Studio of the Dance” en Pittsburgh. En el verano de 1937 emigró a Nueva York con el objetivo de labrarse un sitio como coreógrafo. Para abril de 1938 ya estaba a cargo de la coregografía de la revista “Hold Your Hats”, compuesta por varios sketchs, apareciendo en seis de ellos Kelly, inclusive tenía un solo titulado “La Cumparsita” y el cual le sirvió de base para el sofisticado número de danza ¿española? o ¿mexicana? que interpretaba en “Leven Anclas” (Anchors Aweigh, 1945). A partir de allí destacó, tanto como bailarín y coreógrafo, en varias comedias musicales como “Leave it to me”; “One for the Money”; y “Pal Joey”, ésta última en 1941 y cuyo papel protagónico le llevó directamente a Hollywood, al recibir una oferta de la Metro Goldwyn-Meyer, para trabajar al lado de Judy Garland en 1942, en la comedia “Mi Chica y Yo” (For me and my gal), dirigida por Busby Berkeley.

Pero antes de llegar a su labor cinematográfica en Hollywood, demos algunos datos de su vida sentimental. Cuando fungía como director de danza en la comedia “Billy Rose´s Diamond Horseshoe” conoció a una bailarina de 17 años llamada Betsy Blair, casándose el 22 de septiembre de 1941 y con la cual tuvo una hija de nombre Kerry, quién nació en octubre de 1942 y la cual estudió Psicología. En 1956 se divorció de Betsy y en 1960 se casó con Jeanne Coyne, quién había sido antes esposa de su amigo Stanley Donen. Con Jeanne procreó dos hijos: Timothy y Bridget. Jeanne era una adolescente cuando llegó de Pittsburgh, a finales de los años cuarenta a trabjar como bailarina en la cinta “El Pirata” (The Pirate, 1949). A partir de allí Kelly la tuvo como asistente de coreografía en todas sus películas, hasta que se casaron y ella se retiró a atender su hogar.
En la citada entrevista líneas arriba, Gene Kelly reconoce a Berkeley como su maestro y nos dice: “Admito sin coerción que plagié toda mi técnica cinematográfica de Busby Berkeley. Él fue quien mostró por vez primera lo que podía hacerse con una cámara de cine y un número bailable. Todo su interés se centraba en la cámara. Así que mientras uno estaba haciendo lo suyo, había siempre un millón de muchachas tocando violines o un regimiento de marinos pasando por ahí. Los números que hacía no eran de danza, eran números cinematográficos, y el crédito por añadir esa dimensión corresponde a él”.
Berkeley había llevado en los treinta a la comedia musical a su cima, encumbrándose como el primer clásico del género, al presentarla como un gran espectáculo pleno de esplendor, de lujo y barroca composición, logrando conseguir verdaderas maravillas de abstracción visual, hechas con vestuarios, decorados y hermosas mujeres principalmente; pero se había limitado a encerrarlas en el convencionalismo de una revista musical, en donde toda la acción se justificaba porque los bailarines o los cantantes trabajaban en un teatro.
Ampliemos un poco más estos conceptos acudiendo al crítico e historiador español Manuel Villegas López, en su libro “Los Grandes Nombres del Cine” al señalar: “Como Minnelli y Donen, Kelly entra en el cine cuando la revista musical clásica, ha llegado a su cúspide y a sus límites. Con ellos, la revista musical se hace eminentemente cinematográfica. Y para ello hay que verificar esta doble transformación, en apariencia contradictoria; saltar sobre el realismo estricto y lógico y, a la vez, llevar la acción y la danza hacia este realismo. El cine sonoro, en sus comienzos, debía justificar la música de manera realista y viable: si sonaba un piano, alguien tenía que tocarlo en la pantalla, aunque fuese traído de la manera más ilógica, a fuerza de buscar la lógica. Después vino la música de fondo, ambiental, subjetiva, que no necesitaba de tal coartada. Pero la comedia musical siguió presa de este convencionalismo lógico y, si el protagonista debía bailar o cantar sus números musicales, tenía que ser un cantante o bailarín”.

“La revolución en la que es primera figura Gene Kelly prescindió de esta realidad obligada y el actor podía cantar y bailar, aunque fuese un marinero, un turista, un pintor, un ciudadano cualquiera; también se libera de la comedia sofisticada, y puede ser drama, tragedia… El ‘musical’ pertenece a otro mundo, fuera de la realidad, y sobre todo tenía otro ritmo propio, que justificaba plenamente ese mundo. Es decir, y esto es lo fundamental, se acogía a la lógica y a la realidad del tiempo cinematográfico, con sus leyes propias y sus intrínsecas necesidades. El realismo estaba superado, con todas sus restricciones y exigencias imitadoras. Entonces se podía llevar la danza, la canción y la música a la plena realidad, sin que ésta los coartase. No se precisaba el gran espectáculo deslumbrador. Por el contrario se iban a buscar, con mucha frecuencia –a veces luchando con los criterios de la productora-, los lugares reales donde la acción se desarrollaba: Nueva York, París o el campo. Porque todo ello iba a sufrir la gran metamorfosis de transformar lo real en la irrealidad del ritmo musical, del tiempo cinematográfico, con sus leyes propias, que aquí adoptan las de la danza, la canción y la música. Todo se revaloriza en función de esta otra dimensión fundamental, porque la película es, ante todo, música. Es lo que Gene Kelly ha llamado ‘el film-danza’, donde todo danza, desde la acción a los decorados, a los personajes… Todo tiene que estar en ‘tempo’ de baile, incluso lo que no estaba bailado, ni cantado. El film entra en otro ritmo y, por ello, todo cobra otro significado, incluso lo más realista. Así se hace ballet con una calle donde transitan la gente y los vehículos, se baila con un maniquí o con una escoba, se canta y danza el hecho más vulgar de la lluvia que cae sobre la ciudad. El realismo salta sobre el realismo, sin negarlo, sino llevándolo a la dimensión fundamental del ritmo cinematográfico”.
Así tenemos que Gene Kelly junto con Vicente Minnelli y Stanley Donen vino en los cuarenta a revolucionar la comedia musical, al derribar el convencional realismo de que sólo los bailarines o cantantes, bailaran o cantaran en escena, llevando a la comedia musical a otro mundo fuera de la realidad, imponiéndole un ritmo propio, que se va a venir a justificar en ese mundo… en el mundo de la fascinación cinematográfica.
A partir de Gene Kelly, la cámara dejará de ofrecer el punto de vista de un espectador sentado en el teatro, viendo hacia el escenario, para volverse una expresión mínima de la danza y el bailarín. En ningún otro género como la comedia musical, se nos llegará a mostrar de manera plena la diferencia, entre lo que es la imagen con su espacio y tiempo reales, y lo que es el conjunto del filme con su espacio y tiempo cinematográfico.
(continuará)
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