La historia del cine mexicano es una página a medio escribir que necesita de muchos autores, desde los registros oficiales de películas elaborados por los productores, el Banco Cinematográfico y algunas entidades curiosas, la ausencia de datos sobre la industria o el medio de comunicación más trascendente del siglo XX ha sido angustiosa, hasta la aparición de trabajos como el de Emilio García Riera y sus seguidores, sin embargo las carencias son cada vez más evidentes, por eso cada nuevo texto se recibe con avidez, como ahora esta muy necesaria obra Los Bracho, tres generaciones de cine mexicano.
De Julio Bracho todos sabemos su trascendencia, bastaría con dos de sus películas para recordarlo siempre (Nuevo amanecer y La sombra del caudillo), de su hija Diana todavía se dirá bastante, sea como actriz o como luchadora por la industria, pero de los otros se sabe muy poco; hay quien ni siquiera sabe que Andrea Palma era de la familia, ni que otros familiares estaban tras los telones armando escenarios, preparando gente, preparando actores, y el libro nos informa a los no involucrados en la historia “familiar” de la industria.
Su autor Jesús Ibarra es joven, su esfuerzo un acto amatorio por el medio y por su panteón cercano a todos, su prosa sencilla y sin complejidades para cualquier lector, y su investigación periodística el más notorio de los esfuerzos profesionales que destaca la valoración de datos significativos en medio del maremagno de futilezas en el género de espectáculos que es la única fuente documental para ver la persistencia de una industria desaparecida sin caer en la fatuidad de lo propio de los “espectáculos”.
Venga a cuento porque la misma noción de espectáculo fue desvirtuada por casi cien años de Star System imitado por la prensa y la industria de nuestro país, y sigue infectando las nuevas formas audiovisuales de comunicación por una impertinencia creciente de sostener una forma de ver al cine, el teatro y hasta la televisión que nada tiene que ver con el verdadero sentido ritual del espectáculo, y esto es parte de lo que se logra con el texto de Ibarra.

Desde que iniciamos el viaje por la vida de Andrea Palma, la lectura nos atrapa por su sencillez y sentido directo de la información, conforme pasamos a cada uno de los miembros de estos cineastas parece necesario seguir adelante, las notas periodísticas y las entrevistas oportunas prestan un panorama vital de cada uno de ellos, pero siempre nos falta la opinión del autor, que, salvo por algunos juicios breves, se eclipsa voluntariamente ante una trayectoria difícil de juzgar pero ya muy evaluada por la crítica, que no hace acto de presencia más que en lo personal.
Desde luego que el punto más interesante del libro es que nos permite reconocer la entraña de la industria como un negocio de familias donde todos los miembros de un apellido (Bracho, López, Negrete, etc.), o aquellos que emparentaban directa o indirectamente con él, ocupaban puestos claves delante y detrás de las cámaras. Ibarra nos entera de la existencia de una”edad media” del cine mexicano caracterizada por la floja calidad de sus películas, y la sitúa entre la filmación de “Distinto amanecer”, de Julio Bracho, y la época de oro, aísla hasta lo indecible la obra de una buena cantidad de directores, actores, fotógrafos y cineastas en general en un acto de crítica tan totalitario que desplaza el supuesto eclipse que pretende su prosa superficial.
El caso es que el libro resulta indispensable para la historia del cine y para quienes deseamos saber más de nuestro cine, cuando menos tiene una filmografía eficaz y amplia de cada uno de los Bracho, pero igual que siempre, los datos técnicos en frío dan poco, la películas han sido (nos guste o no) historia que contar, y si en la ficha no se integra esa historia está incompleta, y es un defecto general de todas las filmografías hechas en México, tal vez porque no hay una perspectiva de mercado que diga que un lector se quiere enterar de todo para entrar al mercado.
Como obra editorial, “Los Bracho, tres generaciones de cine mexicano”, pertenece a la colección Miradas en la oscuridad, de la Dirección general de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, y poco o nada tiene que ver con el trabajo cotidiano que acerca del cine se realiza cotidianamente en el CUEC o el la Filmoteca de la UNAM, tal vez por ello sea que un investigador egresado del Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, que se autodenomina Investigador Independiente, sea incluido en el acervo universitario en lugar de los muchos trabajos de investigadores universitarios que se enmohecen esperando publicarse o se convierten en pequeños artículos perdidos en el maremagno de las secciones y revistas de “espectáculos” que leen, a veces, los adolescentes.
Los Bracho, tres generaciones de cine mexicano. Col. Miradas en la oscuridad. D.G.P.F.E., UNAM, México, 2006. 446. pp.